Grandes tiendas “La Mosca Blanca”

Vista de las grande tiendas “La Mosca Blanca”

Esta tienda tan recordada en Concepción del Uruguay, fue inaugurada el 28 de abril de 1928, y estaba ubicada en la esquina de calles 3 de febrero y Alberdi.

Pero esta esquina tiene mucha historia. Los registros más antiguos que se tienen de este solar (cuarta manzana), datan del año 1836 y pertenecía a Don Luis Vidal. Luego este vende a doña Rafaela Luque. Esta deja como única heredera de su bien a su hermana Juana Luque de Cabral.

Al fallecer, heredan la casa y terreno sus hijos. Estos venden en 1872, a José Cabral, toda la propiedad. Este al año vende la casa y terreno a la Sociedad García Hnos. Eran dos  hermanos, uno vende su parte al otro.

En el segundo levantamiento de López Jordán, en la provincia de Entre Ríos, esa esquina fue un bastión de defensa.

El 13 de abril de 1884, vende García a don Emilio Fontella.

Vista de la calle 3 de febrero, puede verse el baldío donde luego se construirá el edificio

El 11 de enero de 1890, el Señor Fontella transfiere sus bienes a Amalio Bernales, quien constituye una sociedad con Gutiérrez y fundan una tienda, ferretería, almacén por menor y mayor. Se llamó “La Competidora Argentina”. Cierra definitivamente este comercio en 1904.

Para 1904, la propiedad, es decir todo el solar, es vendida a Antonio Nogueira. Todo lo edificado se demuele y Nogueira construye un edificio comercial, con sótano y entrada en la ochava. Además de las casas familiares, de un hermano y de él.  Inaugurando en 1916, Farmacia y Perfumería “Americana “de Pedro Torrabadella, Almacén por mayor y menor de Antonio Nogueira y Tienda de José Gondel y Zafrilla.

El 31 de mayo de 1924, un incendio afecta todo lo construido. A días de este siniestro ya se había acondicionado el lugar y comenzaron a trabajar.

Edificio Nogueira-Zafrilla, que fuera destruido por un incendio en 1924

El 28 de abril de 1928, se inaugura Tienda Mosca Blanca, el propietario fue Roberto Martínez, quien  había iniciado su actividad comercial en la ciudad de Gualeguay con el nombre de “Blanco y Negro”. Con el correr de los años, tenía sucursales en varias ciudades entrerrianas, abriendo una en nuestra ciudad en la esquina de las calles 9 de Julio y Alem, el 10 de noviembre de 1912, que cierra en 1928 para abrir la tienda “La Mosca Blanca”.

“La Mosca”, como se la llamaba paso momentos de esplendor, donde se vestía la mayoría de los habitantes. Su entrada estaba ubicada sobre la ochava de calles 3 de Febrero y Alberdi y sobre la misma se levantaba el característico letrero que se puede ver en las fotos

En 1970, el salón se reduce y en 1972, se divide el local ocupando la parte que daba sobre calle Alberdi el Supermercado El Supremo, continuando la tienda sobre calle 3 de Febrero hasta si cierre definitivo en el año 1986, luego de 58 años al ,servicio de los Uruguayenses. Hoy en ese solar está el Supermercado de la cadena Dar.

Texto: Civetta, María Virginia/Ratto, Carlos Ignacio. Bibliografía: Rousseaux, Andrés, Edificios con Historia, Tomo I

Heladería Dany´s, la más tradicional de Concepión del Uruguay

Vista del primer local de la, en ese entonces, Confitería y heladería Dany’s, puede verse el mostrador de frente y los distintos productos de confitería en el exhibidor. Foto c. 1970

En nuestra ciudad son pocas las empresas o pequeñas empresas que hayan superado los cincuenta años de vida y que aún continúan con el impulso de sus primeros tiempos.

Hoy vamos a contar la historia de una de ellas, que aún perdura en la ciudad y estamos seguros que nos acompañara por muchos años más. La heladería Dany´s

Fue fundada en noviembre de 1968 por Daniel Ángel Claramunt, hijo de doña Juana Bulay y Teodoro Claramunt. Era una familia de trabajadores con cuatro hijos. Daniel, nació en Concepción del Uruguay y desde muy chico supo del trabajo. A los 12 años ya repartía leche para ayudar a su familia.

Con 14 años entra a trabajar en la Confitería Parra, ubicada en calles 3 de febrero y San Martin (dónde hoy se encuentra el restaurante “Danubio Azul”). Hacia todo tipo de trabajo inclusive mandados. En esta confitería aprendió además del armado de sándwiches, el arte de elaborar helados. Esto último fue lo que le intereso, y a lo que le veía mucho futuro, a pesar que a sus ocasionales patrones no lo veían redituable, y priorizaban otros productos del comercio, como los sándwiches de miga o la bombonería.

En el año 1962 se casa con Olga Lemos, con quien tiene dos hijos, Alejandro y Diego.

La Heladería y Confitería Dany’s

Vista del primer local de la, en ese entonces, Confitería y heladería Dany’s. Foto c. 1970

Es ella quien anima a Daniel Claramunt a independizarse y es cuando decide comprar el terreno ubicado entre Basílica de la Inmaculada Concepción y el edificio Guini. Este terreno formaba parte de la antigua residencia de la familia Piñón, al fallecer su dueño original, los herederos de la antigua casona de Juan Piñón, la ponen en venta, por intermedio del rematador local Valle y Squivo, siendo adquirida el 30 de Octubre de 1957 por los reconocidos comerciantes uruguayenses Moisés y Samuel Guillermo Guini, firmando la correspondiente escritura, en representación de los herederos, Mariana Francisca Piñón de Fernández, interviniendo en el acto notarial la Escribana M. Lema de Cortiñas. Luego en ese terreno se construiría el edificio Guini.

Por solicitud de la iglesia, los descendientes de Piñón, dejaron una franja de terreno, con una antigua construcción, entre el predio adquirido por los hermanos Guini y la basílica. Parte de ese predio, la iglesia lo destino al funcionamiento de la Santería “El Verbo” y el resto, fue alquilado primero y luego adquirido por Daniel Claramunt para instalar ahí su heladería y confitería.

Daniel Claramunt alquila el local en el año 1968, el que finalmente compra, ayudado por un crédito bancario, a fines del año 1971, y luego de acondicionar las instalaciones para este nuevo emprendimiento (anteriormente había funcionado en ese lugar una tienda llamada “El mirlo blanco”), abre finalmente sus puertas en noviembre de 1968.

Hasta el año 1974, la heladería y confitería Dany’s, funcionó en  la vieja construcción, y no solamente era heladería, como la conocemos hoy, sino que además, a la usanza de aquellos tiempos, era además confitería, es decir que se vendían caramelos, bombones, chocolates, todo suelto al peso, masas y sándwiches. El local de ventas era más chico, aproximadamente la mitad del actual salón de ventas. Vale recordar que en ese mismo lugar, años antes de la tienda funcionó la conocida y recordada Confitería y heladería “Ramírez”.

En primer momento el mostrador estaba ubicado de norte a sur del local de atención, tal como se puede ver en alguna de las antiguas fotos que acompañan esta publicación.

Muñeco alusivo al carnaval colocado en el frente de la heladería, en el año 1972

Eran pocas las heladerías que elaboraban sus propios helados para fines de la década de 1960, Daniel recuerda a las heladerías “Uruguay”, de la familia Sittoni, “La Pequeña”, de Ricardo Ratto y otra que ha quedado olvidada en el tiempo, la Heladería Albis, también de elaboración propia o artesanal, ubicada sobre San Martín y bulevar Aráoz.

Por aquellos tiempos, se usaba contar con “heladeros”, que subidos a bicicletas recorrían las calles de la ciudad durante el verano, haciendo sonar una campanita y dando su clásico llamado, que era una fiesta para los chicos de entonces: “Tacita, palito y bombón helado”, tal vez los más recordados sean los de Bonafide, que tenía su comercio en calle Galarza, frente al colegio, pero, durante muy breve tiempo, la Dany´s también tuvo heladeros que recorrían las siestas de Concepción del Uruguay.

También, en aquel entonces, llevó sus helados a Pronunciamiento, lo hacían en un Fiat 1500.

La aceptación de los helados y demás productos de la Dany’s, fue casi inmediato, tal es así que en el año 1971, obtiene el “Certificado de oro en popularidad” para el rubro heladerías, años 1971 y 1972, superando a la RYS, que se ubicó segunda y a la Dión, que ocupó el tercer lugar.

Nuevo edificio, nuevo local

Inauguración del nuevo local en 1974

En el año 1974, la vieja construcción es derrumbada y en el lugar es edificado un nuevo local, en un emprendimientos que iba, en principio, a consistir en un edificio de cinco pisos, reservándose la planta baja para el local comercial. Era un proyecto de gran envergadura, pero quiso el destino que esta pareja terminara separándose en el año 1975, quedando inconcluso esta construcción, alcanzándose a edificar solo la planta baja y el primer piso, tal como se lo puede ver en el día de hoy.

Con esta reforma, se amplió casi al doble el salón de ventas, se cambio la orientación del mostrador y se reubicó la fábrica, que funcionaba en el mismo lugar. Antiguos clientes, recuerdan de esa reforma la hermosa araña que colgaba sobre un voladizo entre el primer piso y el salón de ventas.

Al momento de realizar las excavaciones para la edificación de los cimientos del nuevo emprendimiento, en 1974, fueron encontrados restos de una construcción similar a un túnel, el mismo estaba ubicado al fondo del terreno, y, parecía salir de la iglesia. El mismo estaba tapado de tierra y escombros. Si estos restos pertenecían a un túnel que conectaba a la basílica con el Colegio nunca se sabrá, ya que quedo sepultado en los cimientos de la nueva construcción.

Al momento de su reinauguración, se generó una situación muy especial, ya que el bloque de concejales de la UCR, presentó en 1973, un proyecto de Ordenanza que tenía como fin expropiar el terreno dónde se construiría la nueva heladería, argumentando que ese nuevo edificio perjudicaría la visión de la Basílica, el objetivo de ese proyecto, que finalmente no prosperó, pretendía “preservar la estética y la perspectiva del conjunto arquitectónico”, que ya se hallaba comprometido por la construcción del edificio Guini, a mediados de la década de 1960.

Otra situación que trajo esta remodelación, es que desde ese momento, la Dany’s, dejo de ser confitería, para pasar a ser heladería solamente, como hasta nuestros días.

En el año 1983, Daniel, forma una nueva pareja con la Sra. Gloria Pinget, quien lo acompaña desde entonces, en la vida y fabricación de helados desde entonces.

Frente de la Dany’s ya con el local reformado, año 1985.

En los primeros años fabricaban una treintena de gustos de helados, siendo los más vendidos, los gustos de dulce de leche y chocolate en primer lugar y la vainilla y el limón en segundo término.

Hoy superan los sesenta gustos, una amplia variedad donde se elaboran helados a la crema, helados al agua, helados diet y en breve, helados para celiacos. Es de destacar que para los gustos tradicionales se siguen usando las mismas recetas con que se empezó a fabricar el helado, allá por 1968.

Con el tiempo, las clásicas máquinas elaboradoras de helado verticales, que necesitaban de mucho esfuerzo físico, Ya que había que manejar el helado con una gran pala de madera semejante a un remo, fueron reemplazadas por nuevas máquinas, de carga horizontal, originarias de Italia, las que permanentemente se actualizan de acuerdo a las exigencias del mercado y de las autoridades sanitarias. Esta nueva tecnología no impide que sus helados sigan siendo considerados “Artesanales”, ya que su elaboración es de pequeñas cantidades logrando así un producto de cualidades únicas. Esto también permite que siempre el helado que se ofrece sea fresco y recientemente elaborado.

En la actualidad, y como viene pasando desde hace ya varios años, Daniel no está solo, lo acompañan sus hijos, que le dan a la fábrica,  una impronta de actualidad, cuidando cada detalle y muy atentos al requerimiento de los clientes.

Anécdotas

Una de las épocas que podríamos llamar de oro fueron los años 1980, cuando fue el auge del turismo en nuestra ciudad. “Había momentos en que era tanta la cantidad de gente que circulaba en torno a heladería, la Basílica y la Delfina (Confitería, ubicada en San Martín y 3 de Febrero), que había noches que se cortaba el tránsito. Los escalones de la Basílica fue un lugar de encuentro, el lugar elegido por los jóvenes de muchas generaciones.

Otras épocas de gloria para la Dany’s fue cuando se llevaban a cabo los corsos en la plaza Ramírez, ya sea el tradicional de murgas, carrozas y cabezudos, en la década de 1970 y los modernos de comparsas, hasta mediados de la década de 1980, que es cuando esté comienza a decaer.

Una vieja foto muestra una ambientación realizada para estas fiestas, se trata de un gigantesco muñeco de alambre y tela que ornamentaba la entrada al local, construido por el artista local “Pajarilla” Ángel Sotelo, alguien que, según nos comenta, no tiene el suficiente reconocimiento de la ciudad por sus trabajos, sobre todos en carrozas y cabezudos del viejo carnaval. El “Negro Pajarilla” Sotelo era un amigo de la familia, quien aparte de armar las carrozas y trajes de muchos carnavales era quien vendía los clásicos copos de nieve, garrapiñada, globos y todo tipo de juguetitos en plaza Ramirez todos los fines de semana.

Por el local pasaron muchísimos famosos de nivel nacional. Entre los ya desaparecidos, Antonio Carrizo y Leonardo Simons en la época de Música en Libertad.

Frente de la Dany’s ya con el local reformado, año 1985.

Muchos de los entrañables personajes de la ciudad también han pasado y disfrutado de los helados de la Dany’s, entre ellos Pocho, quien iba en las siestas, cantaba y contaba las historias de su novia, la “Beba” y el recordado Luisito Bonato, gran vidrierista de la ciudad que trabajaba en la óptica Gargano y solía pasar por el local como seguramente por tantos otros, con una bolsa enorme de galletas que compraba para tomar mate con su mamá y que la repartía casi toda entre los conocidos comerciantes.

Otro personaje que solía concurrir a la heladería era Carlitos Schiavo, quien, recuerdan, que parándose junto al mostrador podía pasar un buen rato en silencio si no se le hacia su heladito. Hay otro personaje que nos visitaba siempre que una vez cansado de esperar su heladito, dio la vuelta al mostrador y se sirvió su helado. Solo lo observábamos y entre risas se fue muy tranquilo.

En 1990, se reforma el lugar, tomando la fisonomía actual, claro que con el paso de los años se van haciendo pequeños ajustes en la decoración, como por ejemplo la  colocación de fotos de la heladería en diferentes épocas, algo que atrae la atención de los clientes del lugar.

Esta familia de heladeros no inventó el helado, pero hoy, si pasan por el negocio, le recomendamos hacer una pausa y degustar de sus nuevos y clásicos helados “bien caseros”, algo cada vez menos común en nuestra ciudad.

Texto: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuente: Conversación con Daniel y Alejandro Claramunt

 

 

La “Marcela” (SIBSAYA S.A.)

La “Marcela” hacia 1980

Sus orígenes

En el año 1880, Nicolás Miloslavich, funda una fábrica de licores con el nombre de “La Argentina”-en agradecimiento a la tierra que lo había acogido- en la esquina de las calles Galarza y América (hoy 14 de julio) local que en la actualidad es ocupado por “Radio Mecano”, produciendo diversas bebidas y aperitivos con hierbas de la región, industria que no le era desconocida, por provenir de una zona en que la industria licorera era muy importante

Nicolás Miloslavich en el año 1899 crea un aperitivo que primeramente denominará “Aperitivo Argentino” y a partir del 7 de mayo de 1907 pasa a denominarse “Gran Aperitivo Argentino” realizado en base a conocidas hierbas de la flora entrerriana, entre las que se encontraban la yerba del lucero o lusera (Pluchea Sauveolens) marcela, arazá, además angélica,  quina, miní, centaura etc, siendo aprobada su fórmula por la oficina de química de la provincia por certificado Nº 24.931 serie “A”, declarándolo apto para el consumo, puro, con soda o con agua según se desee .El aperitivo estimula el apetito y tonifica el estómago

El aperitivo se comercializó posteriormente con el nombre de “Paisano” pero como en su  composición, predominaba la hierba lusera, llevó a su creador a cambiarle de nombre por el de “Lucera” (sic) a partir del  13 de marzo de 1909, modificándose posteriormente  la grafía por ”Lusera” siendo registrada la marca bajo el Nº 21.952, en base al análisis químico realizado por el Dr. Luis Eugenio Grianta, residente en Buenos Aires en ése entonces, quién con el correr de los años perfeccionará la fórmula original, sin perder su esencia.

El aperitivo tuvo amplia aceptación, circulando primeramente entre un reducido grupo, pero al poco tiempo el círculo se fue ampliando, surgiendo la idea de encarar su producción en forma industrial.

En una asamblea popular, realizada el 12 de octubre de 1913, en los salones del Centro Comercial de Concepción del Uruguay, que en ésas circunstancias funcionaba en la planta alta del teatro 1º de Mayo, se constituye la empresa “Sociedad Anónima Lusera Compañía Limitada”  con un capital inicial de $ 250.000.

Al quedar constituida la sociedad, Nicolás Miloslavich cede a la misma, los derechos de propiedad que tenía sobre la fórmula del “Aperitivo Lusera”, pasando a ser uno de los principales accionistas y manteniendo a su cargo la dirección técnica de la fabricación del aperitivo.-

La Sociedad Anónima Lusera Compañía Limitada, fue reconocida como tal por el gobierno de la provincia de Entre  Ríos el 23 de diciembre de 1913.

La aceptación del “Aperitivo Lusera” por parte del público, llevan a el directorio, entre una de las primeras medidas que toman, a buscar un terreno adecuado para levantar el edificio de la fábrica dado que las antiguas instalaciones de “La Argentina” de la esquina de Galarza y América (14 de julio) habían quedado chicas y no había posibilidad de ampliaciones futuras.

Don Rodolfo Miloslavich

Al fallecer el 18 de Octubre de 1932, en Buenos Aires, asume la conducción de la empresa familiar su hijo Rodolfo (padre de la distinguida historiadora Uruguayense Doña María del Carmen Miloslavich de Álvarez) continuando la tradición licorera de su padre, de quién hereda la fórmula de un nuevo aperitivo el que perfecciona realizado en base a la yerba silvestre “marcela” el que es puesto en venta al público en febrero de 1936, bajo el nombre de “Aperitivo Argentino Marcela”.

Al año siguiente, la empresa incorpora a su línea de productos  la yerba mate  “Marcela”  la que para promover sus ventas en los avisos en los periódicos locales y radio CW-35 “Radio Paysandú (ROU)  anunciando “premios en efectivo” dentro de los paquetes, como órdenes por relojes, baterías de cocina, ceniceros, mates y bombillas etc.

Al tradicional aperitivo “Marcela”, con el correr del tiempo la empresa incorpora otros productos -dentro de la línea de licorería- como “Amargo Cambá”, diversos tipos de cañas como “Palanca” y el champaña popular  “Veranol”  etc. siendo la elaboración de estos productos en forma manual, lo que limitaba su producción a apenas 200 a 300 cajones por mes.

 Nace SIBSAYA  SA

Para el año 1946, las instalaciones de calle Galarza y 14 de Julio, fueron quedando “chicas” no existiendo posibilidades de ampliarlas,  lo que lleva a su propietario y director Rodolfo Miloslavich a buscar nuevas alternativas comerciales.

En el mes de  Enero del año siguiente, junto a un destacado grupo de convecinos entre los cuales se encontraban Daniel Tramontín, Efraín Ahumada, Ricardo Stilman, Arón Gamarnik, Salomón Liberman constituyen  la Sociedad Anónima SIBSAYA (Sociedad Industrial de Bebidas sin Alcohol, Alcohólicas  y Anexos) con un capital inicial superior a los $ 150.000 m/m

Su primer directorio estaba formado por: Presidente: Efraín Ahumada; Vice-Presidente: Daniel Tramontín; Secretario: Rodolfo Miloslavich; Vocales: Salomón Liberman, Malcon J.L. Smith, Ricardo Stilman y Arón Gamarnik; Directores Suplentes: Ernesto García Arroyo y Jorge Fabani; Síndico: Manuel Abramovich y Síndico Suplente: Juan P. Scatena

El objetivo de la nueva empresa uruguayense era ampliar la industria licorera del Rodolfo Miloslavich, principalmente en sus acreditados productos “Aperitivo Marcela” y “Veranol” (Champaña Popular).

Fábrica de caramelos “La Productora”

Para la instalación de la nueva planta licorera, la sociedad adquiere el antiguo edificio de la ex fábrica de caramelos “La Productora”, de D Antonio Cladera, construido alrededor del año 1915 ubicada sobre el Bulevar Yrigoyen Nº 1499, entre  las calles Isaías Torres, Ruíz Moreno y vías del ferrocarril.

Refaccionado el edificio, y adecuado para la planta de elaboración y embotellado de los productos de  “La Marcela”, como se la conocía a la empresa en la jerga popular, inicia sus actividades en franco crecimiento, pasando de producir de 300 cajones mensuales en su etapa inicial a 600 cajones diarios, en base a la incorporación de una moderna línea de embotellado y al esfuerzo tesonero y responsabilidad  de sus directivos, empleados y obreros, lo que le permitió ir imponiendo sus productos, no sólo el ámbito local sino que también en el provincial y nacional.

La apertura de nuevos mercados y necesidades propias de una empresa en expansión, dio lugar  a la diversificación de sus productos, incorporando una planta fraccionadora de alcohol medicinal, siendo en ésas circunstancias la única de la provincia de Entre Ríos.

En sus instalaciones, se fraccionó el conocido  vino “Peñaflor”, siendo además la empresa distribuidora exclusiva de la cervecería  “Bieckert”, e incorporó a partir del año 1959 el “Aperitivo Argentino Arazá”, lo que motivó  el incremento de la dotación de su personal llenando un importante aspecto socio-económico de la ciudad.

Este producto a partir del año 1961, pasó a ser producido y comercializado por la firma local de Norberto Aramberry y Butaro S.A bajo el nombre de “Aperitivo Entrerriano Arazá” teniendo además a su cargo la distribución exclusiva de “Naranjakola” y agua tónica “Indian Tonic Shangay”.

Esta empresa tuvo poco duración dado que fue primeramente vendida en el año 1963 y liquida judicialmente en el año 1967.

Nueva generación:

Vista de la Sibsaya hacia 1970

Los pioneros de SIBSAYA por ley de la vida dejaron este mundo, entre ellos Manuel Abramovich  que al fallecer  dejó  “la posta” a  la nueva generación, en la persona de su hijo Raúl Abramovich  quién condujo el timón de la empresa con manos firme.

La nueva dirección, llevó la sociedad a su  mayor desarrollo incorporando nuevas y modernas instalaciones, adquiriendo  terrenos lindantes -hacia el oeste- llegando a tener una superficie de alrededor de 6000 m2 cubiertos, donde se construyen nuevos depósitos del tipo “parabólicos”.

A sus conocidos productos aperitivo “Marcela”, “Caña Palanca” y ”Amargo Cambá”  se incorporan nuevos, como el aperitivo “Americano Marcela”, ”Caña Quemada Marcela” y jugos de frutas de bajas calorías  de pomelo-naranja y limón.

Se incorpora a la fábrica, una planta fraccionadora de conocidos vinos, entre ellos, “Cabo de Plata”, “Cabo de Marfil”, “Campo Daguampa” y “SIBSAYA”.

En el mes de Agosto del  año 1966, a su línea de sus  productos tradicionales, la fábrica en plena expansión incorpora el jugo de pomelo “Veranol”, licor “Rossolis”, grapa “Palanca” y una línea de vinos comunes y fines, entre ellos “Ciudad Real” en tinto, rosado y blanco

Estos productos obtuvieron importantes premios en las exposiciones nacionales e internacionales en que participaron, destacando su calidad, diversas publicaciones especializadas.

A la empresa SIBSAYA SA no escapa el constante apoyo a la comunidad en todos los aspectos sociales y culturales brindando su ayuda solidaria. En el año 1973, auspiciado por la empresa en un conocido local bailable de la época, actúa el reconocido cantor popular Roberto Goyeneche.

Para el aumento de la producción, de los distintos productos elaborados por la Empresa SIBSAYA SA, en el mes de Mayo de 1976 se incorpora una moderna máquina lavadora y embotelladora de botellas marca “Valmarco”, con un rendimiento de 9600 botellas por hora.

La antigua máquina lavadora y embotelladora, fue desmantelada y montada en la subsidiaria establecida en la Ciudad de Corrientes -Avenida Maipú Nº 337- para atender las necesidades del  litoral norte, fraccionando en la misma  la popular caña “Palanca”  y jugos de naranja y pomelo y además depósito de sus diversos productos de su elaboración, permitiendo con ello una mejor atención de los numerosos clientes de la zona.

En Diciembre de 1983, la empresa lanza al mercado, un nuevo producto, denominado “Americano Marcela”, el que rápidamente  fue aceptado por el público por sus cualidades, alcanzando su producción importantes guarismos, pasando a ser “la estrella de la empresa”  el que fuera presentado en diversos eventos licoreros internacionales, obteniendo importantes premios a sus cualidades.

El incremento de la demanda de los productos de SIBSAYA SA y la incorporación de nuevos, como el caso del “Americano”, llevó a la dirección a realizar importantes reformas edilicias y la construcción de nuevos depósitos, como también  la adquisición de una nueva máquina de lavado automático de botellas, que fuera adquirida en la ciudad de Resistencia (Chaco)  con un capacidad operativa de 20.000 botellas por hora, doblando la capacidad  de la que tenía en servicios con anterioridad la empresa la que es vendida a una empresa de una provincia vecina.

El incendio

En las primeras horas de la tarde del lunes 15 de Mayo de 1989 se originó un pavoroso incendio en el sector destinado a la elaboración de licores, contiguo a las oficinas administrativas,  siendo combatido por los Cuerpos de Bomberos de Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, Colón, Villa Elisa y Rosario del Tala,

El incendio se habría producido, al tomar contacto gases desprendido de una cañería de alcohol que tomó contacto con un cortocircuito, propagándose rápidamente, ocasionando pérdidas millonarias

Recuperación y exportaciones

Vista de la “Marcela” en la actualidad

Como el ave fénix que resurgiera de las cenizas,  el siniestro no desalentó a los directivos de la firma SIBSAYA SA, que de inmediato encararon la reparación de los daños producidos, entrando nuevamente en producción a los pocos días.

Como reconocimiento a la alta calidad de los productos elaborados por SIBSAYA SA en el mes de Agosto de 1989 el Comité de Selección del XII Trofeo Internacional de alimentación y bebidas que concede la editorial OFICE, otorgaron a la empresa el máximo trofeo en éste rubro.

En el mes de Enero de 1991, SIBSAYA SA realiza la primera exportación de 1500 cajas de sus productos  “Amargo Cambá”, “Americano Marcela”, “Granadina Marcela”, “Amargo Serrano” y “Amargo Marcela” a la ciudad de Paysandú (República Oriental del Uruguay.

La “media hermana” de “Marcela”, nuestra querida y siempre recordada “Lusera” que había entrado en una situación económica crítica, en el mes de Febrero de 1992, es puesta en venta siendo subastada por un conocido martillero local siendo adquirida por la empresa SIBSAYA SA comprendiendo la compra, terrenos, edificios, máquinas y patentes de sus productos.

El ocaso

En la década de 1990, la industria licorera había entrado en una etapa comercial y económica difícil  que había arrastrado a “Lusera SA” absorbida por  SIBSAYA SA  que tampoco era ajena a los inconvenientes del mercado, pese a los esfuerzos de su Director-Gerente Raúl Abramovich de  sobrellevar la situación, capeando el temporal  por todos los medios, dado que se corría el riesgo de desaparecer del mercado, estos fueron  estériles.

Para fines del año 1994, la situación se hizo insostenible, debiendo ser  vendida a la Empresa Licorera SABA, productora del conocido vermut “Gancia”, con asiento en la provincia de San Juan, cerrando sus puertas definitivamente el  28 de Noviembre de ése año, quedando cesantes treinta y dos obreros, los que fueron previamente  indemnizados, sin contar los jornaleros, fleteros, viajantes etc.

La planta industrial, (máquinas, pipas de almacenamiento, etc.) fue desmantelada, utilizándose sus amplios galpones para “depósito” de la nueva firma propietaria.

Su antiguo edificio, hoy es propiedad de una conocida empresa comercial dedicada al ramo de materiales de la construcción.

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Texto extraído de: Rousseaux, Andrés, “Gloria y ocaso de la “Marcela”” del libro “Concepción del Uruguay, edificios con historia”, Tomo III

 

C. del Uruguay: Las industrias del pasado

Santa cándida, en un álbum de 1820

No cabe duda de que la principal industria que poseyó nuestra ciudad, en el transcurso del siglo XIX, fue la saladeril. Y ello, fundamentalmente, a través de la actividad desarrollada por el saladero Santa Cándida, aunque en la zona también .funcionaron algunos otros establecimientos, por cierto que de mucho menor envergadura, como el de Juan Barañao; el Concepción, del señor La Riera; el San Felipe, etc.

Si bien las saladerías constituyeron la más importante actividad de la zona, no fue, sin embargo, la única. Existieron varias otras, como se verá a continuación.

Las sedas

Al promediar la segunda mitad del siglo XIX, se concretaron dos interesantes iniciativas para incorporar la industria textil  a la vida económica de Concepción del Uruguay. En 1871 la firma Invernizzi y Toschini comenzó la plantación de la morera y la cría del gusano, con tan buenos resultados que, según afirmaciones de la época, la seda obtenida tuvo gran aceptación en Italia y Suiza, dada la calidad del producto. Pero no se crea que una afirmación de esta naturaleza fue originada por un mero afán de propaganda. Por el contrario, existen pruebas evidentes de las bondades de aquellas sedas uruguayenses. En 1877, el Gobierno nacional, de acuerdo con la ley de fomento de la sericultura, otorgo a Invernizzi y Toschini, un premio por sus plantaciones de morera y por los ochenta kilos de capullo presentados.

Un año después, en la Exposición Universal de Paris, se les confirió una medalla por la calidad de las sedas, volviendo a ser premiados en la Exposición Industrial de Buenos Aires, en 1882.

Ciertas dificultades para la elaboración del producto, malograron tan promisorios comienzos y la sericultura no continuó siendo una actividad económica de Concepción del Uruguay, como hubiera podido esperarse de este éxito inicial.

Los paños

“Casas de Urquiza” en 1983, en este mismo edificio pero sobre calle Malvar y Pinto se encontraba la fabrica de paños. Foto: Mario Soria

Algo semejante ocurrió con la fabricación de hilados y tejidos de lana. En 1869, el general Urquiza y el industrial catalán José Ubach y Roca firmaron un contrato para establecer una fábrica de paños en Concepción del Uruguay. Ubach, que viajó enseguida a Europa, enviado por Urquiza, para traer inmigrantes con el fin de continuar la obra de colonización y para comprar máquinas para la fábrica, retornó poco después de asesinado el prócer, lo que no fue un obstáculo para que con su sucesión continuara la empresa, la que en 1871 instaló las maquinarias de vapor. Al año siguiente se inició la producción de paños.

La empresa se denominó “La Industrial Argentina” y, por una ley de marzo de 1873, se autorizó al Poder Ejecutivo de la provincia a otorgarle un préstamo de 10.000 pesos, pagaderos en telas. La fábrica, instalada en una de las propiedades de Urquiza, en la actual calle Juan D. Perón realizó la manufactura de yetas, satines, estameñas, frazadas, etc.

Lamentablemente, los sucesivos levantamientos jordanistas y las prolongadas consecuencias de las luchas que debió soportar la provincia, a lo que se sumaron algunos otros inconvenientes, fueron factores que incidieron en el cierre definitivo de la fábrica. La maquinaria quedó abandonada durante algún tiempo, hasta que en 1881 fue vendida en Buenos Aires.

Aguardientes y cerveza

A la izquierda de la foto la destilería de Reibel, a la derecha el Molino Fabani en construcción

En 1888, el periódico Uruguayense “Fiat Lux” anunció la inminente firma de un contrato entre los señores Schwab y Giraud, propietarios de la “Cervecería Nacional” y el dueño de unos terrenos ubicados en los fondos de la destilería de Reibel y Cía. para establecer una gran fábrica a vapor de cerveza.

Si el contrato llegara a formalizarse –decía esperanzadamente el periódico- “será un progreso más en la industria de esta ciudad y entonces tendremos al este de Concepción del Uruguay convertido en el barrio de las chimeneas o usinas”.

Es indudable la alusión del articulista a la existencia en la misma zona de la ciudad, de lo que por ese entonces constituía el establecimiento industrial más importante de Concepción del Uruguay, la fábrica de licores de Reibel y Cía., fundada en 1886, la que contaba con depósitos de cereales, molinos, alambiques, cocedoras, bombas, etc.

Una descripción de la época hace referencia a “la elegante chimenea de 36 metros de alto, la construcción peculiar de las paredes de piedra labrada y ladrillos con juntas, los terraplenes nivelados, las casas anexas para habitaciones, tonelería, herrería, carpintería licorería, etc.; el tambo instalado en la parte inferior con vacas lecheras a pesebre, que comen los residuos de la fabricación y dan una leche sabrosísima y abundante, forman un conjunto que regocija la vista y da aliento al espíritu, deseoso de ver trabajar y progresar a los pueblos de Entre Ríos. Una huerta perfectamente trabajada, contribuye a dar un agradable aspecto a la instalación de la fábrica”.

El catálogo que tengo a la vista, distribuido por la “Destilería a vapor” de Reibel y Cía. menciona los productos que allí se elaboraban: diversos tipos de aguardiente, grapa, kümel, ginebra, coñac, ron, anís, bitter, whisky y diferentes clases de amargos.

Harinas y cigarros

Ex-Molino Maury hacia 1925 (Foto: http://patrimoniouruguayense.blogspot.com/) 

 

 

También tuvieron su importancia en la segunda mitad del siglo XIX, algunas industrias dedicadas a la elaboración de harinas y de diversos productos alimenticios. Hacia la década del 80 existían varios molinos que contaban con los últimos adelantos en la materia. Uno de ellos fue el “Santa María”, de Maury Hnos., que se levantaba junto al Arroyo Urquiza. Mediante un tajamar de diez metros de profundidad, se obtenía una fuerza hidráulica que ponía en movimiento un sistema de molienda húngaro, de trece pares de cilindros de porcelana. Su producción fue abundante y de buena calidad, tanto es así, que en las exposiciones llevadas cabo, en Concordia (1879) y en nuestra ciudad (1884), sus harinas fueron premiadas.

La firma Barione y Chiessa, propietarios de la cigarrería “Nueva Suiza”, elaboraron cigarros de distintos tipos: Virginia, negro, hebra brasileña, picadura Bahía, caporalo, negro común, negro Bahía, etc. También elaboraron rapé de diferentes clases: francés, siciliano, etc.

Infaltables artesanías

Otras pequeñas industrias fueron productoras de vinos, quesos, manteca, galletas, confituras, fideos, etc. y, por supuesto, no faltaron las artesanías: fabricantes de calzado, carpinteros herreros, plateros, talabarteros, tejedores, que satisfacían las necesidades de la población. Los demás productos que no se elaboran en la zona, eran adquiridos principalmente en Buenos Aires, ya fueran de fabricaciones nacionales o traídas del exterior.

Muchas de las manufacturas provenientes de las industrias y de las artesanías que he mencionado, fueron expuestas en la Exposición Feria Rural e Industrial llevada a cabo en Concepción del Uruguay en 1884, con todo éxito.

Ella permitió mostrar una variedad importante de productos, lo que puso de manifiesto, sobre todo, las bondades del suelo de la zona y el trabajo fecundo de sus habitantes.

Edición: Civetta , María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio sobre el artículo de Urquiza Almandóz, Fernando, “Las industrias del pasado” publicado en el diario La calle el 23 de abril de 1999

 

El molino Fabani

Vista del Molino Fabani en el año 1959, puede verse también los galpones de la Barraca Americana y el frigorífico Swift, hoy demolido (Foto: gentileza Graciela Holzmann)

En marzo de 1928, el Sr. Mateo Fabani junto a sus hermanos, propietarios del molino hidráulico del Arroyo Urquiza, adquieren a Augusto S. Rivero, el terreno y edificios de la ex-destilería “La Uruguaya” comprendiendo el terreno una superficie de 3.900 m2 entre las calles 9 de julio al norte, San Martín al sur, calle 4 del este (hoy Zubiaur) al oeste y camino de la ribera (hoy Avenida Costanera Paysandú) al este, abonando la suma de $15 m/n el m2.

Los nuevos propietarios, proyectan construir en el lugar un moderno molino harinero, con máquinas adquiridas en Europa, teniéndose previsto una producción diaria de 65.000 kilos de harina de primera calidad, constituyendo este emprendimiento en un gran progreso para el puerto y la ciudad, con una inversión total en el orden de los $200.000 m/n.

El molino “Concepción” en construcción, detrás, la fábrica del Dr. Reibel, que será demolida (Foto: Andrés Rousseaux)

Los trabajos se inician inmediatamente, procediéndose a la demolición de parte de los antiguos edificios de la ex destilería del Dr. Martín Reibel.

El 13 de julio de 1929, atracó en el puerto local el vapor de bandera alemana “Artemisia” el transporta en su bodegas, las modernas máquinas para el molino de la empresa Fabani Hnos, iniciándose inmediatamente su montaje, por ser intención de los empresarios locales, ponerlo en servicio lo antes posible.

El 2 de noviembre del mismo año, se habilitan las oficinas comerciales del flamante molino en calle 9 de julio Nº 75, iniciando la compra  y acopio de trigo para satisfacer las necesidades del molino próximo a inaugurarse.

El 26 de noviembre de 1929, se inaugura el moderno molino, cuyos propietarios deciden llamarlo “Concepción” en homenaje a la ciudad donde estaba emplazado.

Para el almacenaje del trigo que se adquiere, la firma utiliza los viejos galpones de la ex destilería hasta los año 1935/1936 en que la empresa alemana “Cristian Nielsen” construye los tres primeros silos de almacenaje. Habilitados los nuevos silos, lo que quedaba de la destilería “La Uruguaya” es demolido, para dar paso a nuevas instalaciones del molino harinero.

El Molino “Concepción” de Fabani Hnos. en 1938 (Foto: PNA)

En el año 1947, como anexo al molino harinero, sobre la calle 9 de julio, en el terreno adyacente hacia el oeste, que había sido adquirida a la municipalidad, se construye el molino arrocero.

El 21 de junio de 1971, se suicida el propietario del “Molino Concepción” Sr. Mateo Fabani a la edad de 82 años, desapareciendo de esta forma uno de los pioneros de la industria molinera de nuestra ciudad.

El “Molino Concepción” es adquirido posteriormente por la firma “La Plata Cereal” hasta su cierre el 1º de octubre de 1985.

En enero de 1987, asume su dirección y explotación la firma “Molinos Goldaracena SAIC”, dándosele al molino el nombre de “San Joaquín”.

En el año 1996, pasa a ser explotado por la empresa “ALSEL” hasta la quiebra de la firma propietaria Goldaracena SAIC en el año 1998, lo que motiva su cierre, ante su eminente remate judicial, que se concreta el 23 de abril de 1999, quedando  en poder del Banco de la Nación Argentina en carácter de principal acreedor de la quiebra, en la suma de $1.050.000 m/n.

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos. Texto extraído de la publicación de Rousseaux, Andrés René Desde la fábrica de aguardiente “La uruguaya” al molino harinero “Concepción

La fábrica de aguardientes y licores “La Uruguaya”:

En primer plano el molino Fabani en construcción, detrás la chimenea de la caldera de la fábrica de licores. (Foto Andrés Rousseaux)

A fines del siglo XIX, nuestra ciudad había adquirido un importante desarrollo industrial, contando con varios molinos harineros, fábricas de cigarros, saladeros, etc. destacándose  la industria licorera, encabezada por el pionero D. Nicolás Miloslavich con su aperitivo “Argentino”, que con el transcurso de los años pasaría a ser nuestro conocido “Aperitivo Lusera”, de donde posteriormente se originaría el no menos conocido  “Aperitivo Marcela”.

Otra de las importantes industrias licoreras locales, fue la del Dr. Francisco Martín Reibel, de cuyos datos biográficos me he referido en una nota anterior y que fuera socio fundador de la fábrica de aguardientes y licores “La Uruguaya”.-

La fábrica de aguardientes y licores “La Uruguaya”:

En enero de 1885, el Doctor Francisco Martín Reibel y familia se instalan en Concepción del Uruguay, procedente de Colón (ER) donde había desarrollado una intensa actividad profesional, habiendo incursionado en actividades agrícolas, con la plantación de vides para la obtención de vinos y la siembra de la remolacha para obtener alcohol, habiendo viajado en el año l883 , a Europa para adquirir semillas de éste último producto.

Casa del Dr. Reibel, detrás la chimenea de la fábrica.

En nuestra ciudad, independiente de su profesión y la docencia, fue el precursor de la construcción y puesta en servicios de una fábrica de aguardiente y otras bebidas, constituyendo a tal fin en el año 1886 una sociedad, con distinguidos vecinos uruguayenses, entre los que encontraba el Sr. Pedro Barnetche, la que es registrada bajo la razón social de “Reibel y Cía” recibiendo la fábrica la denominación de “Fábrica de Aguardientes y Licores La Uruguaya”.-

 La sociedad, adquiere un amplio terreno de casi 4.000 m2, en la ribera del Riacho Itapé, sobre la calle actual 9 de julio (terrenos donde hoy se encuentra el ex Molino Harinero Concepción), el que debió ser primeramente desmontado y nivelado para la construcción de la fábrica, trabajos que se inician en el año 1887, bajo la dirección del maestro constructor de nacionalidad italiana Ángel Luiggi o Luissi , amigo del Dr. Reibel y quién había tenido a su cargo la construcción de su residencia privada (“El Castillo del Dr. Reibel)

La fábrica constaba de amplios galpones  donde funcionaban los talleres de tonelería, herrería y carpintería, alojando además las salas de cocción y alambiques.

Toda las máquinas eran accionadas “a vapor” contando al efecto de una gran caldera de la cuál tenía una  hermosa chimenea de ladrillo a la vista ,de unos treinta y seis metros de altura, la que se destacaba desde varios kilómetros de distancia, siendo una importante referencia para los navegantes.

Sobre la ribera del Itapé, se había instalado una poderosa bomba para extraer agua a los efectos de satisfacer las necesidades de la destilería. En sus inmediaciones se había construido un “piletón” de unos tres metros de lado, donde se arrojaba el rezago del maíz elaborado, para ser utilizado gratuitamente, para la alimentación de los caballos de los carreros del puerto.

También los deshechos de la fábrica, eran utilizados para la alimentación de un importante plantel de “vacas lecheras” que sus propietarios poseían, las que daban una abundante y riquísima leche.

La fabrica entró en pleno funcionamiento en el mes de septiembre de 1888, produciendo una variada gama de bebidas alcohólicas, entre las que podemos citar: grapas, diversas clases de aguardientes, ginebra, coñac, ron, anís, bitter, whisky y diferentes clases de amargos que se consumían como aperitivos en esa época.

La fábrica, tenía como dependencias anexas, alojamientos para familias y personal soltero de los empleados y obreros que en ella trabajaban, siendo toda una innovación en el aspecto laboral de la época.

En abril de 1889, una gran creciente del río Uruguay, inundó las instalaciones de la destilería la que debió paralizar sus actividades por varios meses, además de los cuantiosos daños que las aguas produjeron en las instalaciones y máquinas.

El tesón de sus directivos, con la colaboración de sus empleados y obreros, hicieron que al poco tiempo, después que bajaran las aguas, la destilería estuviera nuevamente en marcha.

Para el año 1898, la fábrica comenzó a experimentar una notoria decadencia, abrumada por los quebrantos económicos de las deudas hipotecarias que sobre ella pesaban, más una abultada deuda con el fisco provincial, por falta de pago de los “impuestos internos”, que la llevó a una situación insostenible, sumándose a ello, el fallecimiento el 10 de abril de 1899, del que fuera “alama mater”, el Dr. Francisco Martín Reibel.

Para fines del año 1899, la fábrica estaba totalmente paralizada, habiendo pasado a manos del Banco Hipotecario Nacional, por la deuda impaga, quedando como cabeza visible de la sociedad el Sr. Barnetche.

Papel comercial de la fábrica.

En el año 1904, el periódico local “La Juventud”, publica un interesante artículo, instando a las fuerzas vivas y empresarios locales a “recuperar para la ciudad esta importante industria o reconvertir sus instalaciones para otra actividadproductiva”.

En agosto del año 1905, después de un largo trámite judicial, el Banco Hipotecario, por intermedio del martillero local Sr. Nicanor Larez  pone en venta la fábrica, con todas sus instalaciones principales y anexas, máquinas etc. por el valor de la hipoteca que existía, es decir $95.143 m/n. Al no haberse presentado ningún oferente, es realizado un nuevo remate el 9 de noviembre del mismo año, interviniendo el mismo martillero con una base de $35.000 m/n.

La subasta no tiene el resultado previsto, habiéndose recibido solamente una oferta en la suma de $ 14.000 m/n ,que el banco desestima teniendo en cuenta el valor de las instalaciones y máquinas que superan los $100.000 más el crédito hipotecario y deuda al fisco provincial.

Ante ésta situación, el banco en común de acuerdo con el fisco, deciden rebajar la deuda hipotecaria y fiscal, llamándose a un nuevo remate con una base de $30.000 por las instalaciones, más las deudas $ 19.998,60 m/n.

El 16 de mayo de 1906, sale nuevamente a remate, quedando nuevamente desierta por falta de interesados lo que lleva al banco a rebajar la base, fijándose la subasta para el 11 de julio de ése año. Al fin, el remate tiene éxito y es adquirido en la suma de $ 31.000 m/m más la deuda hipotecaria que había sido reducida a $ 17.999 (la deuda fiscal había quedado condonada por el gobierno provincial para facilitar la venta) siendo adjudicada al Sr. Agusto S. Rivero.

Su nuevo propietario, teniendo encuentra la gran cantidad de obreros que estaban trabajando en las obras del “puerto nuevo o dársena interior”, hace remodelar las instalaciones de la fábrica,  en departamentos, para ser alquilados, transformándose en una casa de inquilinato (conventillo en la jerga popular) hasta su demolición en el año 1928.

 

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos. Texto extraído de la publicación de Rousseaux, Andrés René Desde la fábrica de aguardiente “La uruguaya” al molino harinero “Concepción

 

El Bar-Parrilla “Filippini”

Publicidad de “Parrilla Filippini” aparecida en la revista del Rally 1986

El edificio de la “Parrilla Filippini”

El primer propietario del solar (1/4 de manzana) de la esquina aludida, perteneció a Cipriano de Urquiza (hermano del General Justo José de Urquiza) que lo había recibido del Cabildo de la entonces Villa de Concepción del Uruguay, con el compromiso de “poblar y edificar” construyendo en la esquina propiamente dicha, un edificio de material con techo de paja, aproximadamente en el año 1822.

El solar y vivienda el 30 de marzo de 1829, pasa a ser propiedad de José Ramirez y su señora esposa  Doña Margarita Gonzalez de Ramirez, que en el año 1820 habitaban el partido “del Tala”, en la otra margen del arroyo de La China…”

Al fallecer los esposos José Ramirez y Doña Margarita Gonzalez, la propiedad pasa a manos de sus sucesores que se radican en la ciudad de Buenos Aires, quedando como administrador de los bienes el reconocido escribano uruguayense Wenceslao S Gadea

Este notario, por orden y representación de la familia Ramirez, vende el 23 de julio de 1900, el solar (1/4 de manzana) de la esquina noreste de las calles Rocamora y Colón, con ingreso por la primera de las calles nombradas, a Antonio Rebacco en la suma de $ 25.000 m/n.

En el año 1904, se instala en nuestra ciudad, la Companía de Obras Públicas del Río de la Plata propietaria de la primera usina eléctrica (corriente contínua) con que contaramos, instalando sus oficinas en la antigua casa de Antonio Rebacco.

En 1908 el suministro de energía eléctrica, pasa a manos de la Companía Anglo Argentina de Electricidad (corriente contínua) la que mantiene sus oficinas en la misma casa, hasta el 4 de octubre de 1913, fecha en que se inauguran la nueva usina y oficinas en la esquina de las calles 25 de Mayo y Estrada  actual asiento de la universidad autónoma de Entre Ríos

Al fallecer Juan Rebacco, esta propiedad y otros bienes, pasan en el año 1936 a  sus legítimos herederos, su esposa Luisa Villanueva de Rebacco y sus hijos  Pedro o Pedro Luis, Teresa Luisa o Teresa Juana, María Angela y María Teresa Rebacco, interviendo en el correspondiente acto notarial el escribano local Juan Lema.

 El Bar-Parrilla “Filippini”:

La antigua casa, es alquila por la “sucesión Rebacco” en el año 1940 a Carlos Filippini (Carlitos) quién previa refacciones y adecuaciones de los locales para el funcionamiento de “un bar parrilla” abre sus puertas el 8 de junio de ése año con el nombre de “Petit Bar” (pequeño bar) nombre poco conocido, dado que la jerga popular por años indentificó el negocio como “parrilla Filippini” en alusión al apellido de su propietario, quién contaba con la ayuda de su hermano “Augusto”.

Para la época de verano, la parrilla tenía un “patio al aire libre” en un terreno aledaño sobre calle Colón (de ésa época) el que es vendido el 15 de marzo de 1942 por la viuda de Antonio Rebacco -Doña Luisa Villanueva- a su yerno D Fortunato Zamudio en la suma de $6.600 m/n  continuando alquilado al Sr Filippini, interviniendo en el acto notarial el escribano José Rivera.

La  propiedad de la esquina (donde funciona el bar y parrilla Filippini), el 20 de agosto de 1946, es vendida por los sucesores de Antonio Rebacco, a su hermana Teresa Luisa o Luisa Juana Rebacco de Zamudio interviniendo el escribano Julián Chiloteguy, continuando alquilando el local Carlos Filippini.

El 15 de septiembre de 1957, se inaugura la terminal de omnibus “General  San Martín” en el conocido local “Salón Tavella o Salón Monumental”, frente a la parrilla “Filippini”, siendo ésta el lugar preferido por todos aquellos que debían viajar o arribaran a la ciudad, siendo ésta época la de mayor esplendor de esta tradicional parrilla.

Después de haber estado al frente del negocio, por veinticinco años, Carlos Fillipini, entrega “la posta” en el año 1965 a sus hijos Néstor Edgardo y Carlos Hugo quienes continúan con la tradición familiar, acuñada a través de largos años de esmerada y personalizada atención a sus clientes.

Al poco tiempo, Néstor se hizo cargo de otro tradicional negocio de la ciudad el “restaurante  Isondú” que funcionaba haciendo cruz a la parrilla Filippini, que sigue al timón de  Carlos Hugo continuando la senda de su padre.

El 24 de abril de 1967 -lunes- alrededor de las 0500 horas, un principio de incendio afectó parcialmente la parte posterior del negocio, el que fuera rápidamente sofocado por el Cuerpo de Bomberos Zapadores de la ciudad.

El 23 de noviembre de 1970, se inaugura la nueva terminal de ómnibus “El Supremo” en la manzana comprendida por las calles Rocamora-Dr Scelzi-Galarza y Benito T Martinez (actual de los Constituyentes) siendo intendente de la ciudad Miguel Ángel Gregori. El cambio de emplazamiento de la terminal, va a incidir en el futuro comercial de la tradicional parrilla “Filippini”

Al fallecer el  Fortunato Zamudio, sus bienes quedan en poder de su esposa Teresa Luisa Rebacco, a quién el 14 de junio de 1972, los hermanos Filippini (Néstor Edgardo y Carlos Hugo) adquieren la propiedad de la esquina de las actuales calles Rocamora y Eva Perón, donde funcionaba el “bar y parrilla Filippini” desde el año 1940, interviniendo el la escrituración el reconocido escribano local Néstor Hugo Nichele.

Los nuevos dueños, introducen importantes mejoras para ponerlo en condiciones acorde las nuevas necesidades y evolución comercial de la zona, a partir de la inauguración de la peatonal “Rocamora”

El terreno -sobre calle Eva Perón- donde funcionaba el tradicional  patio al “aire libre” es adquirido por una sociedad, para la construcción de un moderno hotel; no obstante  se continúa usando por los hermanos Filippini, hasta que se inícia la construcción del hotel “Carlos 1°”.

En el año 1997, el decaimiento de la actividad comercial y otros motivos llevan a los hermanos Filippini, a vender el el negocio gastronómico, el 3 de marzo de ése año al Señor Hugo José Francou con la intervención del escribano Roberto Balher. Este fue el fin de un establecimiento de casi 60 años, ya convertido en uno de los “Clasicos” en la ciudad.

Luego vendrían “Vieja Esquina”, “Lo de Pí-Pí” (con relación al nombre de su propietaria “Pipi” Ravenna, en 1999  “Las Cuartetas”, luego, en 2002, Parrilla “El Remanso” de Jorge L Sittoni, muchos otros negocios más, pero claro, eso ya es otra historia.

Texto: Andrés Rousseaux, aparecido en “Concepción del Uruguay. Edificios con historia” (Tomo III)

La “Barraca Americana” (Hufnagel y Plottier S.A. Sucursal Concepción del Uruguay)

Edificio de la “Barraca Americana” 

Antecedentes e Instalación

La historia de las empresas ligadas al comercio en el litoral fluvial argentino, y por ende partícipes de las intensas y variadas actividades en la región de la Cuenca del Plata, registra numerosos antecedentes que hermana a las poblaciones asentadas en las costas de los grandes ríos, prescindiendo de las fronteras administrativas y creando una vasta red de intereses comunes cuya amplitud admite estudios de variado tenor. En tal sentido, el rescate de los ricos archivos empresariales se torna condición sine qua non para comprender en profundidad estas redes económicas, laborales, políticas y sociales creadas en torno a los ríos de la cuenca y su región de influencia. En esta oportunidad, nos detendremos en la historia de la Barraca Americana- perteneciente a la firma Hufnagel y Plottier, y a la sucursal que la misma instaló en el puerto de Concepción del Uruguay- la antigua capital de Entre Ríos.
El origen de esta reconocida empresa comercial, que aún mantiene su operatoria en la Banda Oriental , se remonta a la segunda mitad del Siglo XIX, y a las transacciones que el ex Presidente de la Confederación Argentina , Justo José de Urquiza, mantenía con ka firma A.B. Morton e Hijos, Baltimore, U.S.A., importadora y exportadora. Un hecho casual, el asesinato del por entonces Gobernador de Entre Ríos, determinó el comienzo de la casa comercial que ahora nos ocupa. En efecto, al momento de acaecer los trágicos sucesos del ’70, el Capitán Jhon G. Hufnagel comandaba un barco, el Alfred, que esperaba en el activo puerto de Concepción del Uruguay para comenzar la descarga de mercaderías. La confusión del momento y la necesidad de tomar urgentes decisiones motivaron una reunión en la capital oriental con el reconocedor belga Eugenio Plottier, residente en Paysandú y gran conocedor de la plaza comercial de ambas costas. Este aconseja a su amigo trasladarse hasta Paysandú y vender allí el cargamento que transportaba. El éxito obtenido en aquella primera operación los motivó, previo acuerdo con los hermanos Franklin y Dudley de Morton e Hijos, a fundar una empresa propia, la Barraca Americana, que inició sus operaciones primero en Paysandú a finales de 1870, en 33 Orientales y 8 de Octubre. Razones de orden práctico y de seguridad motivaron este primer movimiento de la firma, pero la decisión de expandirse a otros lugares ya estaba en los planes de los socios y aprovechando los rindes positivos de los ejercicios de las primeras décadas, principalmente basados en la venta de cueros y productos saladeriles, se instalarán en Concordia en 1892, Amberes en 1895. y en Baltimore, tras el cierre de la Casa Morton e Hijos, sucursal que posteriormente llevaron a Nueva York. Plottier era el encargado de las transacciones y arreglos entre exportadores y saladeristas. Su experiencia en el ramo, aquilatada por años de trabajo en empresas familiares en México, le dio a la sociedad importantes contactos y ganancias. En los Folletos Conmemorativos que la firma publicó en 1945 y 1970, éste último con el sugestivo título de Barraca Americana- Un Siglo Construyendo- se reconoce esta interesante labor del intermediario.

 La instalación de una sucursal en Concepción del Uruguay, uno de los anhelos de los socios, se produce recién cuando se remodelan las instalaciones del puerto, cuya operatoria era complicada por el bajo calado, un problema aún latente. Construida la nueva dársena sobre el Riacho Itapé, la zona ribereña adquiere una fuerte presencia comercial. La Sucursal Concordia de la Barraca Americana , hábilmente gerenciala por Héctor Baltar había incorporado a su operatoria materiales de construcción y era además agente comercial de Ford, sus ventas superaban a las de la casa matriz de Paysandú y esto termina por convencer a la firma de la necesidad de instalarse en el nuevo puerto de Concepción del Uruguay, que prometía iguales dividendos.

Las operaciones a través de éste utilizaban su importante enlace vial con el resto de las provincias mesopotámicas para abastecer a sus sucursales y expandir la proyección de la firma hasta lugares insospechados. A partir de 1907 sucesivos buques llevaron y trajeron toda clase de mercaderías a y desde este puerto siendo la madera uno de los rubros más requeridos. Entre marzo de 1907 y mayo del mismo año, Hufnagel y Plottier concretaron la instalación de su primer depósito en la zona portuaria, suceso del que los periódicos lugareños dieron amplia cobertura. El Agrimensor Juan Leo, quien intervino en la mayoría de las delimitaciones y trazas de colonias en la provincia, avaló dicha instalación, que tuvo un costo de inicial $ 12.000 ampliada a otra suma similar para facilitar el desmonte, la nivelación a una cota de 6,50 sobre el río y los accesos ferroviarios en doble extensión, el viaducto conductor y el guinche a vapor correspondiente. La firma tramitó directamente los permisos ante el Ministerio de Hacienda, los dos depósitos, de amplias dimensiones, (12 por 40) estaban unidos de 12 metros de ancho que daba a los cimientos del futuro aserradero. El estilo arquitectónico, inglés; utilizó gruesa mampostería, ladrillos importados y estructuras de entrepisos con perfiles metálicos de gran porte. En el interior de este verdadero complejo, tres vías Decauville iban y venían en un incesante movimiento comercial. (Arquitecto S. Giacomotti e Ing. Windmuller) Las construcciones no detuvieron la operatoria, que siguió a buen ritmo con el rubro maderas en primerísimo lugar, destinado en su mayor parte a la sucursal Concordia. Casi en seguida, se incorpora el combustible, con el que se abastecía a gran parte de la provincia.

La habilitación Municipal obtenida el 1º de agosto de 1910- el Decreto correspondiente es de fecha primero de septiembre del mismo año- le concedió permiso para almacenar los siguientes artículos: Maderas en general, Tierra romana, Baldosas para piso, Tierra Pórtland, Techos lisos y enlosados (azulejos), Yeso, Tejas de canaleta, Tiza, Alambre de toda clase, Aguarrás, Kerosene, Nafta, Carbonato de cal para la industria, Pez de resina, Sulfato e hidratos impuros (soda cáustica y común), Calcio en general y galvanizados, Tirantes de hierro macizos, Bujes, Carbón de piedra, Punta de Paris y estoperoles, Tornillos en general, Arandelas y bulones de hierro.

Los rubros autorizados fueron: ferretería, carpintería, construcción, derivados del petróleo y químicos. El circuito de fletes marítimos hacía que sus barcos nunca navegaran en lastre con lo que se aseguraba ganancias en cada operación. Importantes buques esperaban en rada su turno para la descarga dando una vibrante nota de color y movimiento al nuevo puerto. El 19 de septiembre de 1910 se inauguró oficialmente la Sucursal, que estaba a cargo de Emilio Santa Fe. Los Anales de la Barraca registran como un suceso de gran notoriedad la llegada del Vapor Heraldo, el 28 de diciembre de 1910, con máquinas alemanas que se instalaron en el aserradero a vapor, el cual tenía usina propia.

Expansión de la Sucursal

Promediando 1913 el movimiento comercial, intenso, se vio alterado por el inicio de la primera guerra mundial, debiendo soportar la firma además, las pérdidas causadas por un incendio de grandes proporciones en la entrada a puerto del navío Penobscot. Pero estos inconvenientes no arredraron a los directivos, muy por el contrario, sirvieron de acicate para emprender otra importante inversión en el lugar: la compra de cuatro manzanas aledañas por un valor de $ 60.000. Con posterioridad, entre 1916-17, habiendo obtenido la categoría de Agente Oficial Ford, se construye un amplio y elegante Salín de Exposición y Ventas inaugurado en julio de 1917 con la exhibición de 20 modelos de la afamada marca norteamericana. El salón exposición tenía dos amplios salones de depósito y reparaciones, ofreciendo de esta forma un completo servicio a la amplia cartera de clientes. Completando este incesante ritmo de progreso comercial, se adquieren otras fracciones con la intención de construir un depósito general frente al puerto con lo que la Barraca unificó si frente edilicio y se convirtió en la gran firma portuaria de la ciudad, cuyo radio de seis manzanas casi totalmente edificadas demostraba la proyección obtenida, que se complementaba con las representaciones en ciudades y pueblos de la región: Francisco Gavazzo y Reboratti- Gualeguaychú, (1911) Basavilbaso- Entre Ríos, Curuzú Cuatiá- Corrientes, (1918), Villaguay, (1918) . Este intenso movimiento de expansión quedó detenido hacia 1923, por causas internas y externas entre las cuales podemos mencionar las huelgas de trabajadores marítimos, que aunque no alcanzaron ribetes virulentos demostraron los cambios sociales y laborales operados en la sociedad. Frente a esta nueva contingencia, los gerentes y directivos demostraron su adaptación y buena voluntad- Un dato curioso lo es el hecho de que las instancias de mediación se hicieron en la sede de la Policía Provincial, con el comisario inspector como mediador. Otro aspecto a tener en cuenta fue que las sucursales, todas integradas, en gran parte dependían de los manejos que en cada una de ellas hacían sus directivos. La casa principal de Paysandú tuvo grandes pérdidas en la década del ’20. lo que derivó en una inteligente reestructuración de la firma, quedando las casas uruguayas agrupadas con sede en Montevideo y las de Argentina y ultramar con sede central en Buenos Aires. La sucursal Concepción del Uruguay era el engranaje que movilizaba al comercio del litoral y abastecía principalmente a la Sucursal Concordia.

En lo externo, cuando Ford Motors se dedica exclusivamente a la fabricación de maquinaria bélica pone a la firma en un aprieto por la gran cantidad de pedidos que canalizaba, los que fueron puestos en lista de espera hasta junio de 1919, cuando con gran suceso de público y prensa se realiza la exhibición del Tractor Fordson en un campo de la localidad de Caseros, promocionando su alto rendimiento, la avanzada tecnología y el bajo consumo de combustible.

Un problema recurrente en todas las empresas de la región, denunciado asimismo por las grandes cooperativas agrarias: Fondo Comunal- Lucienville- Lar, fue el de la sistemática falta de vagones ferroviarios para el transporte de la mercadería. La correspondencia entre los gerentes de la forma y el de la Entre Ríos Railway Company fue incesante, pero inútil, ya que los vagones solicitados no llegaban, o lo hacían en muy escaso número. Esta política de retaceo se mantuvo en las administraciones ferroviarias aún después de la nacionalización de los servicios, demostrando la influencia perdurable del rígido sistema implementado por los británicos.

Frente a éste y otros inconvenientes, los responsables de la Barraca aguzaron su ingenio y continuaron ofreciendo a su amplia clientela las últimas novedades del mercado, como los equipos radiotelefónicos, que trasmitían conciertos, noticias y radioteatros desde la sucursal, promocionando hábilmente este nuevo elemento de distracción. Durante varias décadas, hasta 1972, la firma siguió prestando sus servicios y manteniendo una fuerte presencia en la zona portuaria local, y en la región toda. A partir de este año, se inicia la venta de los espacios aledaños a las instalaciones principales, culminando en 1984 con la compra del edificio principal y sus instalaciones por la firma Ivoskevich, culminando de esta forma el ciclo de la firma en la ciudad. Las instalaciones en general, aún pueden observarse en el puerto, donde han sido aprovechadas con fines varios, como clubes, pubs, etc.

El Archivo de la Sucursal Concepción del Uruguay

El fichero rescatado, muy prolijo y detallado, abarca el período 1922-35, momento en que la firma realizó la primera de sus divisiones administrativas, (Montevideo-Buenos Aires). Está compuesto por 3562 fichas correspondientes a 1787 clientes y de acuerdo a su contenido se agruparon en Informes – Manifestación de bienes – solicitudes de crédito y Edictos Judiciales. De los Informes requeridos para acceder al crédito, surge una interesante distribución que arroja un 94,80% de clientes para la provincia de Entre Ríos, lo que equivale a un total de 1694 clientes, seguidos por las provincias de Buenos Aires y Corrientes, con 2,97 y 1,12% respectivamente, y porcentajes ínfimos en Misiones, Mendoza. Santa fe y Córdoba. Algunos de estos destinos demuestran que la visión de futuro u la expansión hacia otros rubros seguía presente, como se verá En el Alto Valle del Rio Negro, (Plottier).

La Sucursal en Concepción del Uruguay aglutinaba los rindes productivos de una vasta región agrícola, esencialmente de colonias pobladas por inmigrantes judíos, suizo-franceses, belgas y alemanes del Volga. Las fichas por Departamento muestran el liderazgo del Departamento madre- Uruguay, con 49,17 % de clientes, seguido por Colón, Villaguay, Gualeguaychú, Concordia y Tala en cifras mucho menores pero que se corresponden con los ligares donde se nombraron representantes o se abrieron agencia y sucursales.

Para conocer las actividades laborales de la clientela se han hecho clasificaciones pormenorizadas, que arrojan los siguientes resultados: Agricultores. 568- Comerciantes 601- Empleados 33, Profesionales Trabajadores 268, Varios 62 y Sin Datos un número importante: 265.
Los Informantes constituyen otro rubro de gran interés, eran los encargados de elevar a la firma los datos preciso del solicitante y en muchos casos, sobre todo tratándose de agricultores, esas fichas nos proporcionan una descripción completa de cantidad de hectáreas poseídas y cultivadas, (14.950-5959-) qué clase de cultivos se implementaban, útiles de labranza, animales, elementos de locomoción, cuadro de situación económica del jefe de familia, y concepto que del mismo tenían los bancos las intendencias o las cooperativas. En razón del enclave geográfico de la sucursal, la operatoria con las colonias judías de los departamentos Uruguay y Villaguay fue vital para el desarrollo agrícola-comercial de la zona. Benito Tieffenberg, vecino de Concepción del Uruguay y miembro de la comunidad, se constituyó en la pieza clave para estos Informes, que totalizan 140 intervenciones sobre un total de 137 clientes colonos de la J.C .A. La mayor cantidad se dio en Basavilbaso, 25, Villa Domínguez, 23, La Capilla 22, Las Moscas, 12, Villa Clara, 12, Pueblo Cazés, 10, La Clarita, 9, Ubajay, 5 y cifras menores en el resto de las colonias cercanas. Agrupados por Departamento, la clientela de la J.C .A. era liderada por Villaguay, 58, Uruguay, 45, Colón, 32 y Concordia 2. Nuevamente.

Todo armonizaba con el radio de influencia de las grandes cooperativas agrarias ya mencionadas, que poco a poco se convirtieron en los máximos informantes y llegaron a alquilar depósitos de la barraca en su etapa de grandes rindes cerealeros, así como promocionaron la maquinaria agrícola que vendía la firma en sus Boletines Cooperativos y en El Colono Cooperador, órgano de prensa de las entidades judías. Para ayudar a las operaciones mayores se trabajaba con el Banco Nación, el de Italia y Río de la Plata y con los Bancos Agrícolas Regionales,- 1920-1940 completando un ágil, efectivo y añorado circuito productivo cuyos datos son fundamentales a la hora de integrar estos aspectos. El trabajo de sistematización de este Archivo aclara con profusión de detalles además, las instancias judiciales por las que pasaron numerosos clientes, la organización del comercio y las pequeñas colonias de departamentos de honda tradición ganadera, como Gualeguaychú, y la amplitud de criterio y concepto comercial de avanzada con que se manejaron los destinos de esta importante sucursal de la firma sanducera.

Por: Celia Gladys López (Directora Instituto de Historia FHAyCS Sede Uruguay, UADER – IEHA – ACADEMICI – GECLA – ADHILAC ARGENTINA – EDULAC. Junta de Estudios Históricos de Entre Ríos). Artículo gentileza Museóloga Ana Trípoli

Santiago Giacomotti (Proyectista)

Placa identificatoria en el frente del cementerio de la ciudad

A lo largo de la historia local muchas empresas , constructores y arquitectos han dejado su huella a través del diseño y  la construcción de diferentes monumentos y edificios, los más conocidos serán tal vez por la magnificencia de sus obras, Juan y Pedro Fosatti (Palacio San José, Basílica de la Inmaculada Concepción, Pirámide de la plaza Ramírez), Pedro Renón (Colegio del Uruguay, ex Capitanía de Puerto) o Bernardo Rígoli (Escuela Avellaneda; Policía de Entre Ríos), en las épocas de gloria de la ciudad, o más cercanos en el tiempo Santiago Giacomotti (Escuela Viamonte, nuevo frente del cementerio municipal, la barraca Americana) o Bruno Nichele (edificio del Centro Comercial, Mausoleo al general Urquiza, Monumento a la República de Italia). En esta oportunidad consideramos importante recordar y destacar  a quien promovió a través de su trabajo el adelanto de nuestra ciudad.

Del libro “El asunto de la Luz” del Prof. Omar Gallay extraemos una reseña de Dn. Santiago N. Giacomotti, de nacionalidad italiana, fue un destacado convecino, proyectista, constructor y director de obras, que dejó su impronta en varios edificios, como en la remodelación del frontispicio del Cementerio Municipal (1900), la construcción de la «Barraca Americana» (1910) – ambos de gran representatividad histórica y de la escuela N° 2 «Juan José Viamonte» (1910).

Hombre inquieto, tenaz y recto en sus procedimientos, supo granjearse el respeto de la comunidad Uruguayense al participar en diversas e importantes actividades alentadoras de progreso.

Falleció el 4 de febrero de 1944, poco antes del medio día, a la edad de 70 años. A pesar que se encontraba enfermo, su muerte tomó de improviso a familiares y allegados. Gran cantidad de convecinos despidieron sus restos, que entonces fueron inhumados en el cementerio local pero que hoy se encuentran en el cementerio privado «Jardín de Paz» (donde fueron trasladados en 1999).

Al acontecer su deceso, la Municipalidad decretó la adhesión al duelo, habida cuenta de que Santiago Giacomotti oportunamente se había desempeñado en el cargo de Concejal.

Al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento se celebró un funeral en la Parroquia «Inmaculada Concepción», oportunidad en que se renovó el pesar por su ausencia, muy cara a quienes conocieron su hombría de bien.

En la calle 8 de Junio 435 (esquina con Dr. Alberto Larroque) Don Santiago Giacomotti poseía un corralón de venta de materiales para la construcción, herramientas rurales y artículos de ferretería. Luego de su deceso y entrados sus bienes en sucesión, este comercio fue liquidado mediante la venta de su mercadería en oferta pública.

Su importante actividad comercial lo llevó, en 1913, a ser integrante de la primera Comisión Directiva del «Centro Comercial, Industrial y de la Producción» de Concepción del Uruguay.

Don Santiago Giacomotti estaba casado con Doña Maria Bevilacqua y uno de sus hijos, el Dr. Bartolomé Giacomotti, tuvo destacada actuación como profesional y ejecutivo del Hospital «Justo J. de Urquiza». Por esta razón el Centro de Salud que se encuentra en uno de los edificios que pertenecieran a la estructura del «viejo Hospital» lleva el nombre de Dr. Bartolomé Giacomotti.

Su restos descansaban en el cementerio municipal hasta el año 1999, en que fueron trasladados al nuevo cementerio  ”Jardín de Paz”.

Fuente: Gallay, Omar, “La cuestión de la luz”

 

Don Carlos Poggio y su almacén (Barrio del Puerto Viejo)

Factura del bazar “San Carlos”

En la manzana de Corinaldesi estaba Carlos Poggio, en Moreno y Montevideo, (hoy 25 de agosto) donde tenía almacén y la casa de familia. Por relatos de su esposa, Elba Martin, antes de casarse alquilo haciendo cruz, un local en el solar de los Olivieri, que también tenían una casa alquilada a la familia Salazar, sobre calle Montevideo.

La casa de familia de los Olivieri estaba en Moreno. Todo en la manzana de la escuela Urquiza.

Cuando el almacén progreso, anexo librería, mercería y regalos; tomo empleados y construyo un local más grande con depósito y vivienda, en su solar de Moreno.

Después cuando se retiró vendiendo el negocio y lo edificado a Don José Haberkon, construyo una casa más moderna, siempre en sus tierras, sobre calle 25 de agosto.

Para entretenerse y charlar con sus antiguos vecinos y clientes, tiene un pequeño negocio donde comenzó, en su antigua esquina. Carlos María Poggio, Carlitos para todos, fue un hombre ejemplar en el barrio.

No digo un hombre sin defectos. Digo un hombre que puede ser ejemplo para todos. Nunca rehuyó el hombro a nadie. Siempre aporto soluciones.

Siempre asistió cuando convocaban para algo que interesaba a todos, aportando sus ideas, sustrayendo parte de su tiempo de comerciante para atender y dar soluciones a la comunidad

Socio de los primeros en el Círculo Católico de Obreros, que supo contarlo entre los concurrentes a sus reuniones con su mejor buena voluntad y sus ganas de colaborar.

También entusiasta cooperativista, que, hacia socios, daba referencias exactas de los aspirantes a serlo, parada obligada de la diaria Agencia Móvil, que encontraba los papeles en orden y el dinero contado, el comentario necesario para la solución del problema de algún vecino infaltable miembro del Concejo de Administración de la Caja de Crédito Uruguay.

Carlitos fue el respaldo de casi todo el barrio.

Fue una institución y es muy recordado en el barrio Puerto Viejo, donde vivió hasta sus 92 años. Falleció el día 6 de marzo de 2004.

Bibliografía: Coty Calivari, “Barrio Puerto Viejo” (2002). Colaboración de Marta Fillastre.