Las grande crecientes del río en C. del Uruguay

Creciente de 1959, vista del busto de Mariano López

Desde siempre, el río Uruguay ha tenido, cada tanto, crecidas extraordinarias, por la altura y área territorial que abarcaban.

Ya Rocamora al decidir fundar la ciudad sobre una de las tantas lomadas de la zona, pensó en proteger naturalmente la nueva villa de los embates del río, considerando que la zona original era muy vulnerable a la crecida siempre recurrente del río Uruguay, el tiempo le dio la razón y fue así que en la peor de las crecientes registradas hasta el momento, el 17 de abril de 1959, las aguas avanzaron hacia la ciudad desde diferentes puntos cardinales, inundando vastas zonas de C. del Uruguay, con excepción del casco histórico, que por estar situado sobre la colina elegida por Tomás de Rocamora, quedó, y por mucho, fuera del alcance de las desbordadas aguas del río Uruguay.

De muchas de ellas, solo tenemos referencias por documentos escritos y más cerca en el tiempo, fotográficos, ya que fue recién a fines del siglo XIX, más precisamente, desde el 1 de agosto de 1892, cuando se instala en el puerto nuevo la primera escala hidrométrica.

Creciente del año 1886/87, se puede ver el viaducto y la isla de “Las Garzas” casi tapada por las aguas

En este artículo, repasaremos aquellas más importantes (más de 7  metros)  que se han sucedido en la historia local en los últimos tiempos y que tanto perjuicio trajeron, sobre todo para las personas asentadas en la zona conocidas como “inundables”. Hoy la ciudad cuenta con dos defensas, la norte y la sur, que impiden el ingreso de las aguas en tiempos de crecientes, reduciendo casi al mínimo los daños que estas causaban tan solo hace unos años atrás.

De la primera gran creciente que se dispone de algún antecedente, es la que se produjo en el año 1886, que obligó a suspender los trabajos que se encontraban en plena ejecución, del nuevo puerto exterior (o muelle Nacional), sobre el río Uruguay. Si bien no nos es posible identificar con claridad la altura que alcanzó el río, ya que no estaba normalizado el sistema de medidas, podemos ver en las fotos de la época, que las aguas del río casi cubren por completo la isla de las “Garzas”.

Pocos años después, en 1899 el río vuelve a experimentar una importante crecida, la que esta vez sí pudo ser documentada fehacientemente, ya que desde agosto de 1892 se contaba con escala hidrométrica, obteniéndose un registro de 7,28 metros en el mes de setiembre de ese año. Durante este ascenso de las aguas, la Prefectura debió evacuar su edificio y numerosos habitantes ribereños debieron ser evacuados, asentándose en precarios campamentos, fuera del alcance de las aguas. Otra consecuencia de esta creciente fue que daño seriamente el viaducto que conectaba el territorio con el muelle exterior. Esta creciente se mantuvo con altos niveles por varios meses; es así que el 31 de agosto había alcanzado 6.30 metros.

En el mes de junio de 1923, las aguas alcanzaban la altura de 7,04 metros frente al puerto local y seis años después, en octubre de 1929, habían ascendido hasta llegar los 7,82 metros.

Creciente de 1929, vista de la avenida costanera

Debieron pasar casi cincuenta años, desde la colocación de la escala, para que el río Uruguay superara la barrera de los 7 metros. Fue el 20 de mayo de 1941, cuando el río alcanzaba su altura máxima, hasta ese momento, con 8,22 metros sobre cero del puerto local. En algunas fotos puede verse como las aguas del río cubrieron totalmente la avenida costanera y los galpones fiscales instalados en la zona portuaria.

Creciente de 1941, vista de la avenida costanera

En 1959, la conjunción de diversos factores meteorológicos e hidrométricos (intensas lluvias en la cuenca del río Uruguay sumado a una persistente sudestada, provocaron la hasta ahora mayor creciente en la ciudad, marcando, en el hidrómetros local 10,22 metros, dos metros más que la anterior, el día 17 de abril de 1959 a las siete de la mañana.

Creciente de 1959, vista de la casona de Briozzo, en el puerto viejo

En ese entonces, salvo la zona céntrica y el barrio del “Cerrito”, ubicados sobre sendas lomadas, toda la ciudad se vio alcanzada por las aguas desbordadas del río Uruguay y los arrotos “Itapé”, del “China” y el “Molino”. Las aguas del arroyo de la “China” ingresaron por el cauce del arroyo de “las Animas”, llegando a cortar la calle 9 de Julio.

Creciente de 1959, vista de la plazoleta y busto de W. Gadea

Las imágenes y las consecuencias materiales de esa gran creciente, quedaron para siempre en la memoria colectiva de la población, aun cuando muchas personas no habían nacido aún, que periódicamente la revive por medio de las fotos y alguna vieja filmación. Como puede verse en las fotos, el agua ascendió a 2,20 metros del nivel del piso de la prefectura local, llegando a tocar los bustos de mariano López y de Wenceslao Gadea, ambos ubicados en la zona del puerto nuevo.

El río Uruguay volvió a crecer en el año 1972, alcanzando los 7,35 metros en el mes de junio, y, aunque no fue lo importante de la anterior, el número de personas afectadas crecía al ir expandiéndose la ciudad y ocupando zonas consideradas “inundables”.

Creciente de 1959, vista del puerto y la avenida costanera

Al poco tiempo, el 1º de abril de 1974, comenzó la construcción del Complejo Hidroeléctrico de Salto Grande. El 21 de junio de 1979 se conformó el lago-embalse y la primera de las catorce turbinas comenzó a generar energía eléctrica. Esta represa debería actuar de ahora en más como regulador del río Uruguay, ya sea previniendo inundaciones o posibilitando un trabajo más planificado cuando la situación era incontrolable.

Finalmente, la última creciente de importancia se sucedió el 25 de julio de 1983, cuando el río llegó a los 8,08 metros sobre el cero del puerto local, provocando, hasta el 17 del mismo mes 328 familias evacuadas con más de 1200 personas afectadas que fueron instaladas en los viejos galpones de la Rural y en domicilios particulares. Cabe acotar que la evacuación de personas fue algo recurrente ante cualquier crecida  significativa del río, al punto de haberse construido en la ciudad residencias temporales conocidas como “Albergues para evacuados”, los que hoy  han sido destinados a otros fines.

En cada oportunidad que las aguas salían de su cauce, la mayoría de las personas afectadas y que debían auto evacuarse o ser evacuadas por la municipalidad y la Prefectura eran habitantes de los barrios “La Concepción” y “Cantera 25”.

Vista de la Defensa Sur

Eso, felizmente, ya no sucederá en el futuro ya que el 6 de junio de 2006 se inauguró la “Defensa Sur” de concepción del Uruguay, que consiste en un terraplén que tiene una longitud de 1.600 metros, recorre la ciudad en sentido este-oeste, desde la Dirección Nacional de Construcciones Portuarias y Vías Navegables hasta calle Lucas Piris, e ingresa en los terrenos del Ejército Argentino aproximadamente unos 300 metros. Tiene un coronamiento de seis metros a cota 11,40 metros del cero local. Esta obra imposibilita que ingresen las aguas del riacho “Itapé”  protegiendo a los barrios de “La Concepción”, “Puerto Viejo” y “La Quilmes”, aislando la ciudad por el este y por el norte.

15 años más tarde, el  20 de octubre de 2021, es inaugurada la “Defensa Norte”, que bloquea el ingreso, por el norte, de las aguas del arroyo “Molino” por el cauce del arroyo “El Gato”, protegiendo a los habitantes de los barrios Cantera 25, San Isidro y San José.

En río Uruguay, que tantas ventajas aportó y aporta a la ciudad, también en los momentos dónde sale de su cauce provocó en el pasado muchas situaciones no deseadas para los residentes de la ciudad, hoy sus aguas pueden volver a crecer, pero la ciudad está totalmente protegida de sus efectos negativos.

Texto: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Fuentes: Diario “La Calle”, “Crece el río Uruguay”, 17 de julio de 1983 y Andrés Rousseaux, “Las grande crecidas del río Uruguay en Concepción del Uruguay”, Diario “La Calle”, 29 de noviembre de 1992

Juan Manuel Blanes, el pintor del palacio San José

Batalla de Caseros, oleo de Juan Manuel Blanes

Juan Manuel Blanes nació en Montevideo el 8 de junio de 1830 y murió en Pisa, Italia, el 15 de abril de 1901 fue un pintor uruguayo de gran reconocimiento en el Río de la Plata por sus interpretaciones de temas históricos locales. Por el aporte de sus pinturas a la identidad uruguaya, es considerado en su país «el pintor de la patria». En 1844 realizó su primera pintura conocida, una imagen de la goleta inglesa Comodoro Purvis en la bahía de Montevideo.

Juan Manuel Blanes y su familia

Para el año 1854, Juan Manuel Blanes, era un joven con grandes aspiraciones de triunfo. Pintaba paisajes y algunas otras cosas, sin la crítica constructiva tan necesaria y oportuna para un autodidacta. Pero había comenzado con retratos que le daban un buen sustento. Pero no se sentía conforme y ante la carencia de maestros, así es que decide trasladarse de su cuidad Montevideo a Salto, donde sigue con los retratos.

Por otra parte, el General Justo José de Urquiza era el presidente de la Confederación Argentina. La capital fue la ciudad de Paraná, pero Urquiza gobernaba desde su casa Palacio San José.

No se sabe bien como fue el encuentro entre los dos, pero Blanes le envía a Urquiza un cuadro, de “tamaño, mediano, de ideografía original, alegoría argentina, al óleo”, como lo especifica un documento de la época. Este obsequio llamó la atención de Urquiza, con quien se entrevistó en el palacio San José y le encargó una serie de obras, por lo que se mudó con su familia a Concepción del Uruguay en 1856. También pintó un retrato del general Urquiza. Luego viajó a Montevideo. De esta manera Blanes logra uno de sus objetivos, tener jerarquía. Llego a ser el pintor de la persona más importante del momento.  Durante su estadía en Concepción del Uruguay, el pintor se alojó en una casa, que ya no existe, en calle 9 de Julio 823.

Corría el año 1856 y ya se había instalado en la ciudad y la mayoría de sus trabajos se los encargaba Urquiza.

Hoy en Palacio San José, se pueden apreciar algunas de sus obras como, por ejemplo:

Retrato del Alférez Miguel G. González

Miguel Gerónimo González

El motivo de este retrato es un poco novelesco.  Después de la batalla de Cagancha, en la Republica del Uruguay (1840), desarticuladas las tropas de Echague (Gobernador de Entre Ríos), Urquiza se lanza al río Uruguay con su cabalgadura. Pierde el dominio del animal y cae al agua sin saber nadar, es entonces que Miguel González le salva la vida, arriesgando la suya.

Motivo este por el que Urquiza hace pintar su retrato por Blanes, en agradecimiento, además de otros reconocimientos.

Los cuadros de las batallas

Caseros, carga de la caballería. Juan Manuel Blanes

Son en total ocho cuadros, de dos metros con cincuenta de largo por noventa centímetros de ancho.

Hay dos escenas de la batalla de Caseros. En uno se ve el desplegué de la caballería entrerriana y el otro la escena abarca la carga contra el Palomar y la Casa de Caseros. Muestra a Urquiza en el centro acompañado por su perro Purvis.

Otros de los cuadros, tienen escenas de las batallas de Pago Largo (1839), Laguna Limpia (1846), Vences (1847), Sauce grande y Don Cristóbal (1840) e India Muerta (1845).

Estos cuadros pintados a través del relato del Gral. Urquiza, fueron colocados en el Patio de Honor, en las esquinas, encontrados de a dos.

Los frescos de la capilla

Frescos de la Capilla. Juan Manuel Blanes

Para 1857 se construía el oratorio privado en palacio San José y Urquiza eligió a Blanes para la decoración de la cúpula. Este viaja en 1858 a comparar todos los elementos necesarios a Buenos Aires. Para mediados del año presenta al Gral. Urquiza los motivos que pintara en la cúpula.

Pinta el fresco principal, “Sueño de San José”, momento en que el ángel le anuncia a san José que será padre. Y el resto de los cuadros son motivos bíblicos con escenas del Vía Crucis.

Terminado este trabajo, regresó a Montevideo, donde continuó pintando retratos y cuadros de temas gauchescos.

Ya alejado de estas tierras, en 1860 Blanes solicitó al gobierno de su país una beca para viajar a Europa a estudiar pintura por cinco años, y a cambio ofreció el envío de las obras que realizara para que su gobierno eligiese, y la promesa de fundar una academia de pintura a su regresó.

En 1869 envió a Urquiza, en Concepción del Uruguay, un retrato ecuestre junto con una carta en la que le cuenta a su viejo mecenas: Exmo. Señor: Alentado por V. E. en el arte que profeso, lo estudié rigurosamente cuatro años en Europa, ayudado por el tesoro público de mi país. La pintura que se encontraba en la Legislatura de la provincia (Colegio del Uruguay), fue destrozado a lanzazos por las fuerzas jordanitas el 12 de julio de 1870. De esta obra, hoy, solo se conserva la cabeza

Lleva su nombre el Museo Juan Manuel Blanes, que se encuentra en el barrio Prado, en Montevideo. Este museo se especializa en Historia del Arte Nacional y contiene gran parte de su obra como colección permanente.

Bibliografía: Macchi, Manuel, “Blanes en el Palacio San José” (1980), Mallea, Lorenza, “Las mallas del viaje” (1982) y Efemérides Culturales, Históricas, Sociales y Políticas de Entre Ríos

Pablo Cataldi, el “Grabador del Gobierno”

Viñeta realizada por Pablo Cataldi para una “Rifa en protección al arte” (1867)

Pablo Cataldi, el singular orfebre, luego convertido en el grabador de Urquiza, había nacido en Sicilia (Italia)  en el año 1820. Su dedicación al arte de la grabación comenzó con el trabajo en pequeñas piezas de plata y obras de joyería. Se perfeccionó en labores en hueco y relieve, incursionando también en la pintura. Multifacético, inventó maquinarias industriales para granjas lecheras. Todas estas actividades las volvería a desarrollar en nuestro país, tanto en Buenos Aires como en Entre Ríos.

Tenía 36 años, cuando decidió trasladarse a Argentina. Vendió todas sus pertenencias en Italia y recaló en la ciudad de Buenos Aires en 1856, dónde de inmediato su arte se difundió, sobre todo entre la numerosa colonia Italiana. Entre esas personas se encontraba Pedro de Angelis, persona muy vinculada a la vida política y cultural del país, quien lo ayudó a instalar su taller y escribió, por ejemplo a Bartolomé Mitre, para quien realizó la medalla conmemorativa a la repatriación de los restos de Bernardino Rivadavia, en 1857.

Pablo Cataldi

Nunca dejo de compartir su trabajo de grabador con la elaboración de productos lácteos, incluso llegó a establecerse, aunque temporariamente, en Morón, donde desarrolló maquinarias para el ordeñe y la industrialización de la leche y la fabricación de quesos, a las que presentó varias exposiciones europeas.

Entre sus muchos trabajos, en  1860, se destacaron los cuños de las primeras monedas de cobre de 2 reales emitidas por el Banco y Casa de Moneda de Buenos Aires. En 1864, trabajó en la acuñación de una medalla conmemorativa del Primer Ferrocarril del Sud y, al año siguiente, en una pieza alusiva a la inauguración del teatro de la localidad de Morón, para la cual utilizó el mismo anverso que troqueló para la anterior. En 1860 el gobierno le negó una concesión lo cual disgustó al orfebre quien creía tener ya un reconocimiento y, más tarde en 1866, el gobierno nacional encargó unas obras de arte a Europa. El verse nuevamente ignorado provocó un disgusto que lo impulsó a dejar Buenos Aires y trasladarse a Entre Ríos.

Cataldi, llega a nuestra ciudad en 1867 el artista siciliano, grabador, platero, orfebre y fabricante de productos lácteos entre otras cosas, conocía a Urquiza desde algunos años antes, más precisamente el 29 de marzo de 1860 cuando le envía al general Urquiza una prensita para timbrar en blanco un sello para el Congreso Legislativo de la Confederación Argentina. Luego, más tarde, el presidente le había encargado la confección de la hermosa medalla del Pacto de Unión de 1860 con que se había obsequiado a autoridades y amigos, y llegado a nuestra ciudad pidió ayuda al general, quien de inmediato le cedió un campo cercano al Palacio, donde el destacado artista habría de alternar su trabajo de orfebre con el oficio de fabricante de quesos y otros productos lácteos.

Sello en seco de Pablo Cataldi

En su estadía en la estancia de Urquiza, da forma a la moneda metálica entrerriana, el medio de real de plata de 1867 y muchas de las más importantes piezas de la  medallística entrerriana, entre ellas las medallitas de oro y plata de la colocación de la piedra fundamental del teatro 1º de Mayo, que la esposa del general Urquiza, Dolores Costa, distribuyó personalmente entre los asistentes al baile realizado en dicha ocasión. Cataldi también troqueló las medallas de “Premio a la Aplicación y al Mérito” que distribuía entonces el Histórico Colegio fundado por Urquiza y que tenía en el anverso grabado el perfil del General Urquiza. Además el artista italiano elaboró recuerdos de bautismo, botones y gemelos, artísticos mates y bombillas, piezas  hoy muy buscadas por coleccionistas y estudiosos.

Otra de las tareas a las que Cataldi se dedicó con esmero en nuestra región, fue a la industrialización de la leche, hecho este destacado por la prensa Uruguayense de la época. En numerosos artículos se elogia calurosamente la labor desarrollada  en su fábrica y pintorescos avisos publicados por él mismo dan cuenta de los detalles de elaboración y precios.

De las noticias periodísticas locales referentes a Cataldi, “El Uruguay” de 1869, informa sobre el ordeñe realizado por medio de un aparato de sistema norteamericano fabricado por el mismo, casi con seguridad se puede afirmar que fue el primer ordeñe mecánico efectuado en nuestro país.

Pero no todo sucedía con tranquilidad, seguramente, debido a su carácter y forma de ser, a principios de 1868 había tenido una serie de inconvenientes con el personal de su fábrica, los problemas llegan a tal punto que casi todos lo abandonan. En una carta dirigida al general Urquiza el 18 de febrero de ese año le informa: “V. E. sabe que por  3 veces se han  complotado y yo  he sufrido por no tener discípulos en el ramo…” El original tiene muchas faltas de ortografía.

Moneda circulante en San José. 1867

Ante los problemas presentados y la conveniencia de mantener a Cataldi y formar a su vez personal apto y estable, tanto en la artesanía del grabado como en la fabricación de lácteos el general hace que el Congreso dicte una ley estableciendo una Escuela de Artes Oficios, nombrándose a Cataldi director de la misma. El artista recibe con júbilo la noticia y trata de llevar por buen camino la importante iniciativa. Redobla su trabajo personal e inicia a los discípulos en el arte del dibujo, grabado y cincelado a unos, y en la industrialización de la leche, a otros, previa una selección de los mejores para cada caso.

Después de la muerte de Urquiza, Cataldi se siente desamparado y se le hace, día a día más difícil la vida en el lugar. Enfermo y sin apoyo alguno, regresa a la ciudad de Buenos Aires y, si bien en su despedida expone su intención de regresar a Europa, no se sabe si pudo lograrlo.

Ilustración realizada por Pablo Cataldi

Por casi una década se pierden datos sobre su vida o su labor y, recién en 1879, aparece un artículo periodístico en el que el propio Cataldi dice que ya ha regresado de su viaje por Egipto y que se encuentra nuevamente en Buenos Aires.

Pablo Cataldi vivió con el apasionamiento de los artistas y su final estuvo de acuerdo con su vida. Tal vez, la preocupación constante por la educación de la juventud y por la formación de aprendices en el arte del labrado se haya abrigado en su mente marcada por la orfandad temprana. La Escuela de Artes y Oficios, cumplió, por algún tiempo y en cierta medida, con esa inquietud de dejar a las nuevas generaciones la herencia valiosa de su saber.

La enfermedad, la miseria y el abandono acompañaron los últimos días del artista. Se suicidó, al comenzar el otoño, el 21 de marzo de 1882, en Buenos Aires.

Firma de Pablo Cataldi

Texto: Civetta, maría Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuentes: Pablo Schvartzman, Álbum-Guía de la Cámara Metalúrgica de C. del Uruguay (1967) y Publicación del Palacio San José, Colección de piezas numismáticas

Fábrica de dulces y jugos Erpen

Frente la fábrica de dulces y jugos Erpen en 1952, al frente Arlando Erpen, su fundador

A lo largo del tiempo, en nuestra ciudad y región, han habido muchos negocios y productos que  han quedado marcados en la memoria colectiva de la población, entre ellos se encuentran, como no, la “Lusera” y la “Marcela”, y también el motivo de nuestra nota del día de hoy, los recordados jugos “Erpen”.

Nos hemos reunido varias veces con descendientes de emprendedores de nuestra ciudad, que con mucha emoción nos han narrado la historia de sus antepasados y nosotros se las hemos transmitido a Uds., para que no se pierdan en la vorágine de la historia de Concepción del Uruguay.

Hoy nos entrevistamos con Arnaldo Erpen y juntos hemos recordado esa imagen que nos dejó nuestra infancia, de una mesa tendida para el almuerzo o la cena con nuestras familias reunida y esa botella de naranja con una etiqueta de un niño que nos llamaba la atención, y la duda era saber si de verdad era un bebé o simplemente un dibujo. Nuestras madres nos contaban que era de verdad un niño y que era el hijo del dueño de la fábrica de jugos Erpen. Era una época dónde se valoraban, mucho más que ahora, los productos locales y las bebidas de las grandes marcas se dejaban solo para acontecimientos especiales.

La fábrica de dulces y jugos Erpen, estaba ubicada en calle Seguí 72 de nuestra ciudad, funcionó por más de 45 años entre 1950 y 1996.

El impulsor de este emprendimiento fue Luis Arlando Erpen, si, Arlando, no es un error, así estaba anotado. Había nacido en 1920, en Líbaros, departamento Uruguay y era descendiente de inmigrantes del Cantón de Valais, con antepasados en Italia y Alemania.

Los padres de Luis Arlando fueron Valentín Erpen y Antonia Villanova. Este matrimonio, que vivió primeramente en Urdinarrain, se trasladó luego a Líbaros, dónde junto con un hermano fundan un establecimiento agropecuario denominado “Erpen Hnos.” que fue innovador en muchos sentidos, por ejemplo en ese campo se utilizaron los primeros tractores, que por ese entonces tenían grande ruedas de hierro, y supieron aterrizar los primeros aviones en la zona.

Valentín y Antonia tuvieron nueve hijos (cinco varones y cuatro mujeres). Luis, el menor de ellos, desde muy joven trabajó en tareas del campo. Pero su espíritu de progreso y curiosidad lo hacen investigar, ya desde pequeño, a través de revistas que compraba en Buenos  Aires, sobre temas agropecuarios, sobre las abejas y sobre dulces y conservas. Estas revistas las compraba por correo y le llegaban a la semana por el ferrocarril a la entonces Estación de Libaros.

Hacia fines de cada año, Don Valentín reunía a todos sus hijos y distribuía entre ellos, proporcionalmente, las ganancias obtenidas durante ese período  en la explotación agropecuaria. En el año 1947 en dicha ocasión,  Luis le comunica a su padre su intención de dejar las tareas del campo y trasladarse a Concepción del Uruguay para dedicarse a la actividad Industrial que era su pasión. Al año siguiente, fallece repentinamente Valentín y se cierra una etapa en la vida de Luis.

Arnaldo, su hijo, con una botellita de jugo “Erpen”

Con 27 años de edad se traslada a Concepción del Uruguay, vive unos años en la casona familiar ubicada junto al Cine Texier,- existente en la actualidad- que su padre había comprado en los años 20, para tener donde alojarse cuando venía a Concepción del Uruguay y además que pudieran estudiar tres de sus hermanas -Virginia; Isabel y Lucía- que cursaron sus Estudios secundarios y Magisterio en Escuela Normal  “Mariano Moreno” recibiéndose de Maestras y un hermano, Bernardo, que luego fue Escribano.

Ya afincado en la ciudad, en 1949, compra parte de lo que era el parque de la casa del Dr. Martín Reibel, en la zona del puerto nuevo, que para esa época era prácticamente un descampado. En este terreno construye primero los galpones de la fábrica y luego su casa familiar. En 1950, contrae enlace con Genoveva Kobilansky, también oriunda de Líbaros. Este matrimonio, tuvo dos hijos (Arnaldo y Gloria). La familia continúa viviendo en la casona de calle Rocamora hasta 1959, en que se trasladan a su nueva vivienda pegada a la  fábrica.

Reunión familiar, a la derecha don Arlando Erpen, a su izquierda el Sr. Bruno Kobilansky, al frente una botellita del jugo Erpen gasificado.

La empresa comenzó con la fabricación de dulce de batata y dulce de leche los que se vendían en cajas de metal con el logotipo impreso en ellas.

La zona, para medidos del siglo XX, era muy descampada con muy pocas construcciones. Las batatas para la elaboración del dulce se almacenaban en una parte del terreno al aire libre, y nos cuenta Arnaldo Erpen, que en las cercanías- para la zona de los tanques- vivía un señor que era lechero y criaba vacas y estas se cruzaban hacia el predio de Erpen para comer las batatas, haciendo un verdadero desastre con estos vegetales, lo que era todo un inconveniente para este emprendedor que recién comenzaba. Finalmente Luis encontró la solución, alambrando su propiedad.

Lata del dulce de batata “Erpen”

El dulce de leche, se hacía con leche que se traía en tarros lecheros con el nombre “Luis Erpen” impresos en ellos, por tren, desde la ciudad de Crespo, centro lechero entrerriano. Estos dulces se llamaron primero “Naldo” y más tarde “Erpen”, ya con la tradicional imagen del bebé. Al tiempo, los dulces se dejaron de elaborar y la fábrica se dedicó solo a la elaboración de jugos

Tarro de leche de la empresa donde se traía la leche desde Crespo para elaborar el dulce de leche

Promediando la década de 1950, entre 1954 y 1955 incorpora la fabricación de jugo de naranja que al poco tiempo se convertiría en el caballito de batalla de la empresa. La materia prima, se traía de la ciudad de Concordia y de Monte Caseros. Jugos concentrados de Pindapoy y Malleret.

La pujanza de Luis y la necesidad de incrementar su rentabilidad, hizo que emprendiera otros aspectos del negocio, incursionado en la producción de soda (aunque por poco tiempo),  y para ellos se reunía con soderos de la época de nuestra ciudad. Estas reuniones se llevaban a cabo en la “Quilmes” y participaban otros soderos recordados como Joray o Salvarezza, e incluso, aunque por poco tiempo, elaboró jugo de naranja con gas en botellitas de vidrio. Para esto había comprado una maquina dosificadora.

Así fueron trabajando, primeramente con envases de vidrio, retornables, hasta usaron damajuanas (a fines de la década de 1970) y luego, ya a principios de la década de 1980 con envases plásticos no retornables de litro y medio. Para ese momento, los jugos “Erpen” eran infaltables en todas las mesas y fiestas Uruguayenses.

Etiquetas de los jugos de pomelo y naranja que hicieron famosa a la empresa. El bebé de la foto es su hijo Arnaldo

Los envases retornables hacían la producción muy complicada. Se tenían que lavar para volver a usarlos, al comienzo todo se hacía a mano. Tenían tres piletones donde se dejaban las botellas y damajuanas toda la noche en soda cáustica. Al otro día se lavaban con cepillos, trabajo que se hacía a mano y se abonaba a los empleados por cajón limpio. Luego, este proceso se mecanizó lo que permitió mejorar el rendimiento de la planta.

La dificultad más importante estaba en que no siempre se recuperaba la misma cantidad de envases que salían de la fábrica, porque algunos almaceneros no eran muy rigurosos con el cambio de envases. Este problema se agudizaba en períodos de alto consumo, como la temporada de verano.

Para 1974 se incorporan  otros sabores, como el de mandarina y limón. Luego viene la época de envases no retornables y hasta de plástico. Ya para entonces se habían incorporado otros sabores: lima-limón y pomelo. Y hasta se llegó a fabricar  jugos en sachet, delicia de los más chicos.

La distribución se hacía en toda nuestra provincia, Buenos Aires y hasta el sur de nuestro país. Fue una época de apogeo, entre los años 1970 y 1980.

Reunión familiar adonde puede verse a la derecha al Sr. Pedro Ernesto Kobilansky, mano derecha de Arlando

Esta fábrica, en su mejor momento, tenía 4 empleados fijos, que lo reforzaban con 15 a 20 empleados en época estival, donde se producía mucho más, llegándose a duplicar los turnos de trabajo.

Don Luis un hombre siempre activo, fue tomando otros compromisos en empresas donde tuvo acciones, por  ejemplo en frigoríficos avícolas. Finalmente deja la fábrica, luego de una enfermedad que lo tuvo internado en Buenos Aire, a mediados de la década de 1970, aunque nunca perdió totalmente el contacto con la  fábrica. Al principio la dirección de la empresa queda en manos de un cuñado de Luis, Pedro Kobilansky, alias el gringo, que estuvo en la fábrica desde su adolescencia, traído por Arlando de Libaros de dónde era oriundo,  acompañado con su hijo Arnaldo y luego de su yerno, Carlos Gondell.

Luis Erpen, el fundador, fallece en 1992, de manera repentina y encontrándose en plena actividad como Director de otras Empresas.

De pie en la foto Miguel Ángel Squivo, quien transitó casi toda la vida de Jugos Erpen como empleado

A lo largo de todo este tiempo, el mercado fue cambiando, aparecieron nuevas marcas y la competencia fue incrementándose, sumado a esto las continuas crisis por las que atravesó nuestro país y los cambios de valor del dólar, moneda de referencia para muchos insumos de fabricación (envases, jugos, transporte, maquinarias, etc.), todo esto hizo que no dieran los costos de producción por el constante proceso de desvalorización de nuestra moneda, que hizo que la empresa diera más pérdidas que ganancias, de tal manera que una vez que se hubieran jubilado los empleados más antiguos, se tomó la triste decisión de cerrar la fábrica. Uno de ellos era Miguel Ángel Squivo que trabajo desde adolescente en la fábrica.

Así que un 30 de noviembre de 1996, jugos “Erpen” cerró para siempre y se instaló en la memoria colectiva de los habitantes de Concepción del Uruguay, que lo recuerdan hasta el día de hoy.

Texto: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuente: Charla con Arnaldo Erpen (07/12/2021)

Grandes tiendas “La Mosca Blanca”

Vista de las grande tiendas “La Mosca Blanca”

Esta tienda tan recordada en Concepción del Uruguay, fue inaugurada el 28 de abril de 1928, y estaba ubicada en la esquina de calles 3 de febrero y Alberdi.

Pero esta esquina tiene mucha historia. Los registros más antiguos que se tienen de este solar (cuarta manzana), datan del año 1836 y pertenecía a Don Luis Vidal. Luego este vende a doña Rafaela Luque. Esta deja como única heredera de su bien a su hermana Juana Luque de Cabral.

Al fallecer, heredan la casa y terreno sus hijos. Estos venden en 1872, a José Cabral, toda la propiedad. Este al año vende la casa y terreno a la Sociedad García Hnos. Eran dos  hermanos, uno vende su parte al otro.

En el segundo levantamiento de López Jordán, en la provincia de Entre Ríos, esa esquina fue un bastión de defensa.

El 13 de abril de 1884, vende García a don Emilio Fontella.

Vista de la calle 3 de febrero, puede verse el baldío donde luego se construirá el edificio

El 11 de enero de 1890, el Señor Fontella transfiere sus bienes a Amalio Bernales, quien constituye una sociedad con Gutiérrez y fundan una tienda, ferretería, almacén por menor y mayor. Se llamó “La Competidora Argentina”. Cierra definitivamente este comercio en 1904.

Para 1904, la propiedad, es decir todo el solar, es vendida a Antonio Nogueira. Todo lo edificado se demuele y Nogueira construye un edificio comercial, con sótano y entrada en la ochava. Además de las casas familiares, de un hermano y de él.  Inaugurando en 1916, Farmacia y Perfumería “Americana “de Pedro Torrabadella, Almacén por mayor y menor de Antonio Nogueira y Tienda de José Gondel y Zafrilla.

El 31 de mayo de 1924, un incendio afecta todo lo construido. A días de este siniestro ya se había acondicionado el lugar y comenzaron a trabajar.

Edificio Nogueira-Zafrilla, que fuera destruido por un incendio en 1924

El 28 de abril de 1928, se inaugura Tienda Mosca Blanca, el propietario fue Roberto Martínez, quien  había iniciado su actividad comercial en la ciudad de Gualeguay con el nombre de “Blanco y Negro”. Con el correr de los años, tenía sucursales en varias ciudades entrerrianas, abriendo una en nuestra ciudad en la esquina de las calles 9 de Julio y Alem, el 10 de noviembre de 1912, que cierra en 1928 para abrir la tienda “La Mosca Blanca”.

“La Mosca”, como se la llamaba paso momentos de esplendor, donde se vestía la mayoría de los habitantes. Su entrada estaba ubicada sobre la ochava de calles 3 de Febrero y Alberdi y sobre la misma se levantaba el característico letrero que se puede ver en las fotos

En 1970, el salón se reduce y en 1972, se divide el local ocupando la parte que daba sobre calle Alberdi el Supermercado El Supremo, continuando la tienda sobre calle 3 de Febrero hasta si cierre definitivo en el año 1986, luego de 58 años al ,servicio de los Uruguayenses. Hoy en ese solar está el Supermercado de la cadena Dar.

Texto: Civetta, María Virginia/Ratto, Carlos Ignacio. Bibliografía: Rousseaux, Andrés, Edificios con Historia, Tomo I

Victorino de la Plaza actuó como Escribano en esta ciudad

Patio del Colegio del Uruguay a fines del siglo 19

Casi todos, con seguridad, conocemos que el doctor Victorino de la Plaza, que fuera vicepresidente de la Nación entre 1910 y 1914 y presidente de Argentina entre 1914 y 1916 por la muerte del presidente, Roque Sáenz Peña, fue un ex alumno del Colegio del Uruguay Justo José de Urquiza, y que lo recuerda con un óleo colocado en su salón de actos.  Lo que, tal vez no esté tan difundido es que Victorino de la Plaza trabajó durante un período de si vida, en la ciudad de Concepción del Uruguay.

Victorino de la Plaza, cuadro existente en el Colegio del Uruguay

Victorino de la Plaza, había nacido en Payogasta, provincia de Salta, 2 de noviembre de 1840 y en esa ciudad Ingresó al estudio de Mariano Zorreguieta y comenzó a trabajar como escribano y procurador.​ Posteriormente, aprobó un examen ante el Supremo Tribunal de Justicia, por lo que consiguió el título de notario. Gracias a una beca otorgada por el presidente de la Confederación Argentina, Justo José de Urquiza, pudo estudiar en el Colegio del Uruguay, completando así sus estudios secundarios. Como presidente de la Nación, sin duda su legado más valioso es he el de haber consolidado la reforma política iniciada por Roque Sáenz Peña y que instaurara en nuestro país el voto secreto y obligatorio.

Respecto de su actuación profesional en nuestra ciudad, en un artículo, aparecido en el diario “La Calle” en el año 1946, Rodolfo Seró mantero nos relata que, el 8 de enero de 1855, el Gobierno Nacional designa Agente fiscal al Doctor Alberto Larroque; defensor de pobres a Don Fidel Sagastume y amanuenses a los alumnos más aventajados del Histórico, quienes debían ser  propuestos por el Rector y “asistirían al despacho sin perjuicio de sus estudios”.

Al comunicárselo el General Urquiza con la firma de su Ministro doctor Del Campillo, le expresan que confían en su patriotismo  “al exigir Ud. este nuevo servicio”. El Rector contesta: “El peso de las inmensas tareas y la responsabilidad que ya gravita sobre mí en la dirección del Colegio del Uruguay, debieran hacer desmayar mis fuerzas y ponerme en la necesidad de no aceptar el nombramiento con que acaba de honrarme el Exmo. Gobierno Nacional. Pero el intenso deseo a costa de los mayores sacrificios, a la  planificación de todas aquellas medidas gubernativas que tiendan a afianzar las garantías y felicidad del pueblo argentino, me induce, decididamente, a contraer este nuevo compromiso”.

Así hablaba y así procedían aquellos grandes hombres eminentes que habiendo nacido en tierra extraña, se sentían  tan íntimamente identificados con  la nuestra. El doctor Larroque era licenciado en Letras en la Universidad de París; había ocupado cátedras de derecho en la Universidad de Buenos Aires. Sus grados académicos databan de 1848 y su patente de abogado lleva la fecha del 15 de septiembre de 1.854.

Al lado de tan gran maestro, recibiendo primero sus lecciones en el Histórico y luego sus enseñanzas  en la judicatura, realizó sus primeras armas Victorino de la Plaza, quién había sido nombrado escribano en el Juzgado del Crimen. Victorino, debió haber tenido para esa fecha 16 años, ya que había nacido el 2 de noviembre de 1840.

El autor, luego indica que en fecha del 7 de junio de 1.862, se emite un decreto que da por terminadas estas funciones, cuyo texto es el siguiente:

“Habiendo terminado el plazo de la licencia para ausentarse de la Capital al escribano del Juzgado del Crimen del primer distrito, y teniendo conocimiento del Gobierno que dicho funcionario ha tomado empleo en Buenos Aires.

Decreta:

Art. 1º. Cesase el título de escribano del juzgado del crimen del primer distrito judicial acordado a favor de D. Victorino de la Plaza.

Art 2º. Nombrase para reemplazarlo al escribano público y de número D. Porfirio  G. Tenreyro.

El Decreto está firmado por Urquiza, Domínguez y Manuel Leiva.

De esta manera vemos que el futuro presidente de la Nación comenzó su vida laboral, como escribano, entre los años 1855 y 1862, en el Juzgado del Crimen de Concepción del Uruguay. Victorino de la Plaza fallecería en Buenos Aires el 2 de octubre de 1919.

Edición del texto: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Bibliografía: Seró Mantero, Rodolfo, “El Dr. Victorino de la Plaza actuó como Escribano en esta ciudad”, diario “La Calle” del 2 de febrero de 1946. Agradecimiento a la Museóloga Ana Trípoli, por facilitarnos el acceso a las fuentes, texto procesado por María del C. González Méndez.

Victorino de la Plaza

Las primeras veredas de C. del Uruguay

Antigua vereda de piedra de la ciudad de Concepción del Uruguay

En nuestras recorridas por la ciudad, encontramos unas viejas veredas de piedra labrada, que por supuesto, llamaron nuestra atención, las suponíamos de hace mucho tiempo, pero no podíamos determinarlo. Luego, pudimos acceder a un digesto de Ordenanzas municipales del año 1901, y ahí encontramos, la respuesta a nuestro interrogante

El 3 de marzo de 1901, el presidente municipal Wenceslao Gadea, promulga Ordenanza Nº 20, que había sido sancionada unos días atrás, el 25 de febrero, por el Concejo Deliberante local.

Plano de la ciudad de 1897

Esta norma, dividió a la ciudad en tres radios. El primero se extendía desde la plaza Ramírez cuatro cuadras al norte, hasta la calle Artes (hoy Bartolomé Mitre), igual cantidad de cuadras hacia el sur, hasta la calle San Luis (Hoy Ereño), dos cuadras al este, hasta Erausquin y Jordana y tres cuadras al oeste, hasta América (14 de Julio) y Madrid (21 de noviembre).

El segundo radio se extendía desde el límite del radio uno, tres cuadras hacia el norte, hasta calle Belgrano, cuatro hacia el sur, hasta calle Montevideo (25 de agosto) y seguían igual los límites este y oeste.

Finalmente, el tercer radio se extendía desde esos últimos límites hasta los  bulevares que circundaban la planta urbana de ese entonces y la separan de la zona de quintas.

Esta Ordenanza, fija con carácter obligatorio y de acuerdo al radio dónde se encuentre la vivienda, diferentes criterios de construcción de frentes, veredas y cordones, además de establecer los cerramientos de patios y baldíos y los tipos de revestimiento de los frentes de cada una de las casas, hasta fijaban, las alturas de los frentes y de las aberturas y puertas que daban a la calle y por supuesto, la forma y los materiales de los que deberían ser construidas las veredas en cada caso.

Por ejemplo para las casas comprendidas dentro del radio uno, establecía que el alto debería ser de 6 metros como mínimo si era de una sola planta y de 10 metros, mínimo, si era de dos pisos. Las aberturas que daban a la calle deberían ser de 2,40 metros de alto y las puertas de 2,90 metros como mínimo. En esta ordenanza podemos encontrar una explicación del porqué de las casas de esa época de una misma altura y con puertas y ventanas de este tamaño.

Las paredes de los patios o baldíos que daban a la calle deberían ser de ladrillo con una altura de dos metros, excepto las que se encontraban circundando la plaza Ramírez que debían tener una altura de tres metros. Además establecía la obligación de construir ochavas en las esquinas y revocar y blanquear las paredes que daban a la calle.

Antiguo cordón de piedra

Similares condiciones se determinaban para los demás radios, aunque con menores exigencias a medida que se iba alejando de la zona céntrica, por ejemplo, para el radio dos regían las mismas condiciones que en el primero, en lo referente a la altura de las viviendas y de sus aberturas y puertas exteriores y el revestimiento externo. En este radio, las casas eran mayormente de techos a dos aguas, tipo rancho, y ahí se especificaba que quienes tuvieran ese tipo de techumbre ya sea de “teja, cinc o paja”, deberán colocar caños de desagüe que eviten que el agua de lluvia caiga sobre la vereda y que estos, deberán pasar por debajo de la vereda y desaguar directamente en la calle.

Además se establecía que quienes justifiquen no poder costear una pared de ladrillos en patios o baldíos, podrán hacerlo con alambre de cerco.

Para el tercer radio era obligatorio contar con puertas y aberturas de las medidas indicadas para los dos radios anteriores, así como también contar con la ochava correspondiente, y, en este caso se podían delimitar los predios con alambre de cerco, siempre que tuviera una altura mínima de 1,80 metros y colocado con postes de madera labrada.

Para ajustarse a lo normado por esta Ordenanza, se definió un plazo de 90 días para el radio uno, de 180 para el segundo radio y de 360 días para el radio número tres.

Las veredas

Hemos dejado este punto para el final, ya que esta norma fijaba también como debería construirse la vereda y los cordones de acuerdo al radio en que se encontraba la casa, y nos sorprendió encontrar, en al menos dos lugares de la ciudad todavía restos de esta veredas de más de 120 años de existencia, como se podrá ver en las fotos que se adjuntan al artículo.

En efecto, en lo referente a las veredas, y para el radio uno, se determinaba que las mismas deberían construirse con “piedra labrada del país, piedra del Salto, mármol, mosaico, con cordón de piedra labrada”.

Las exigencias variaban, siendo para el radio dos de “ladrillo denominado de mesa, con cordón de piedra labrada” y para el radio tres los requerimientos eran mucho menor, ya que se estipulaba que las veredas se podían construir con “tosquilla apisonada o cualquier otro material que a juicio de la oficina de Obras públicas ofrezca solidez, exceptuándose el empleo de pedregullo o piedra china la que no se permitirá su empleo en las veredas, solo con concreto de portland, con cordón de piedra sin labrar de primera clase.

Este es, creemos, el origen de estas viejas veredas y cordones de piedra labrada. De todas formas, esta Ordenanza, de la cual desconocemos el grado de cumplimiento que tuvo, no deja de ser un detalle curioso más de nuestra historia cotidiana.

Texto: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Fuente: Digesto de ordenanzas municipales. Año 1901

 

 

 

 

 

Un proyecto arquitectónico de Tamburini para  la Escuela Normal de Concepción del Uruguay 

Proyecto original, frente a calle 9 de Julio

Cada 23 de septiembre, la Escuela Normal de Concepción del Uruguay, revive su celebración de aniversario, en consonancia con el día en que la historia argentina recuerda el nacimiento de Mariano Moreno, quien desde 1958 da nombre a nuestro establecimiento uruguayense. Sin embargo, la otrora “Escuela Normal de Maestras”, segunda escuela normal del país, pero primera destinada a la formación de mujeres, fue inaugurada en marzo de 1873, con un acto en las puertas de su primitivo y original edificio. 

Sí, para – todavía – sorpresa de muchos, la Escuela Normal del Uruguay, no siempre estuvo alojada en el magnífico y gran edificio que hoy ocupa, que fue en realidad inaugurado en 1915, como hemos recordado en un artículo escrito meses atrás.

Hacia 1869, Urquiza y Sarmiento habían llegado al acuerdo para abrir las primeras escuelas normales en suelo entrerriano. Pero para poner en funciones la de preceptoras, el gobernador de la provincia se comprometió a construir un edificio acorde. Por esto, se contrató al arquitecto Juan Fossati, quién se ciñó al modelo en boga en los Estados Unidos, proyectando el primitivo edificio que hoy vemos en la intersección de las actuales calles Galarza y Supremo Entrerriano, inmueble conocido hoy como “municipalidad vieja”.

Frente calle 9 de Julio, completo

Pero, más temprano que tarde, la locación erigida resultó “chica”. La nacionalización en 1875, la creación de la Escuela de Aplicación (nivel primario), y el Kindergarten (Jardín de Infantes) en 1887, hará que los salones a disposición, sencillamente, no alcancen. Durante años habrá una súplica angustiosa, ante las autoridades. Muchas notas conservadas en el Archivo Histórico Escolar, dan cuenta de ello: “El edificio de esta escuela está en buenas condiciones, pero insuficiente de todo punto para el número de alumnos que concurren a ella (…) Sólo hay tres salones en la planta baja para los seis grados de la Escuela de Aplicación de los cuales dos son tan reducidos que nos obligan a rehusar todos los años la matrícula a gran número de niños. En los altos son cuatro los salones y una pequeña sala para la dirección y en ella se dan las lecciones de música.” (Memoria Anual, enero de 1884).

Fue así que, la primera directora, Clementina C. de Alió, logrará – a duras penas – el alquiler de un inmueble contiguo que funcione como anexo, pero uno solo resultará insuficiente, y sus pedidos irán más allá, sugiriendo arrendar otros, y un ensanche del primitivo edificio, a través de la compra de un terreno contiguo. Pero sus pedidos parecían caer en sacos rotos, y los hechos se tornaban alarmantes. En abril de 1886, escribe: “La situación de esta escuela verdaderamente difícil para mí, me obliga a molestar su atención esperando ha de poder interponer su valioso concurso para salvar dificultades insuperables aquí. La matrícula ha subido este año a 633 alumnos. Lo comuniqué telegráficamente al señor ministro pidiéndole tuviese a bien autorizarme para alquilar una casa contigua pues no cabían en este edificio y no creía prudente disgustar a tanto número de familias despidiendo cien niños de una vez. Tan impolítica juzgo la medida que coloque los niños de a tres en cada pupitre en las secciones del primer grado dando cuenta al Ministerio en nota fecha 18 de marzo y acompañando un cuadro demostrativo de nuestra situación.”

Frente posterior

La dura realidad de este establecimiento exitoso en su obra educativa, pero pequeño en dimensiones construidas, se prolongará durante décadas. Sin embargo, hacia 1889, las esperanzas cobran vida de nuevo, ante la inminente construcción de un edificio nuevo que la pueda albergar. En el informe anual presentado a principios de ese año, la Rectora decía: “El edificio ha recibido las refacciones (…) y este hecho la pone en condiciones favorables para un año y algunos meses que será el tiempo necesario para inaugurar el nuevo edificio que está próximo a empezarse. Por fin señor ministro (…) va a contar esta escuela con una casa adaptada al fin que se propone, necesidad sentidisima cuya satisfacción viene a ponerla en condiciones de duplicar su matrícula.”

El nuevo edificio que se proponía construir era un anteproyecto gestado en las oficinas del Departamento de Obras Públicas de la Nación durante el  año 1888, en el cual desempeña su cargo como Inspector General, el reconocido arquitecto e ingeniero italiano Francisco Tamburini. Quien fue autor de grandes obras públicas icónicas como el Teatro Colón (proyecto inicial) la remodelación de Casa Rosada, el teatro San Martín en Córdoba, entre otras. Sus trabajos llegaron a distintas ciudades del interior del país, y su gran desempeño y producción quedaron de manifiesto durante sus siete años de labor, proyectando un centenar de obras como: escuelas, hospitales, asilos, teatros, edificios gubernamentales, entre los más destacados, al igual que residencias particulares. Su accionar resulta de gran importancia, ya que se desempeñó en tiempos donde el Estado Nacional debía construir su imagen física y arquitectura simbólica, adoptando un carácter monumental.

Corte longitudinal

Es un periodo de fuerte apuesta por las obras escolares como política para asegurar una educación popular, obligatoria, gratuita y laica junto con la formación de maestros para dicho propósito. En este contexto le fue encomendado el diseño de un total de 22 establecimientos educativos, entre colegios, escuelas superiores y normales para Salta, Rosario, San Luis, etc. Entre este vasto catálogo es donde figura, nuestra Escuela Normal del Uruguay. 

Para construir estos edificios se designaban lotes vacíos que permitieran aplicar la tratadística utilizada en Francia y otros países europeos, basándose en el “principio académico de jerarquías programáticas” definiendo a las escuelas superiores, como aquellas que debían llevar la mayor carga representacional y tipologías organizadas. Los desarrollos debían comprender características en común, como patios con aulas en torno a ellos, un planteo simétrico respecto a un eje, tener por lo menos dos plantas para poder mantener la proporción, armonía y belleza. La mayoría de los proyectos siguen un planteo similar, llegando incluso a repetirse con escasas variaciones. 

En nuestro caso, como lo refleja el citado informe anual de 1889, los lotes asignados para llevar a cabo la construcción, se lograron gracias a la intervención de diferentes poderes. Dice allí Clementina C. de Alió: “(…) el Excelentísimo Gobierno Nacional por medio de V.E. y la Municipalidad de esta localidad, que sacrificando sus rentas, compró y donó a la Nación dos manzanas de terreno, y por último el Exmo. Gobierno de la Provincia que está en vísperas de donar otras dos manzanas que, reunidas a las anteriores, forman un terreno de 2200 metros (…)”. 

Planta completa

El edificio se implantaba uniendo cuatro manzanas, generando una transformación en la disposición de la trama urbana, sobre las parcelas que ocupó finalmente, pero su fachada principal se desarrollaba sobre calle 9 de julio, entre calles Chaco y los Andes, actualmente conocidas como Jordana y Mariano López respectivamente, y no sobre Jordana como se terminó de ubicar finalmente. 

El proyecto apoyado en la tratadística antes mencionada en una distribución regida por dos ejes de composición, un eje principal donde se ubicaría: el salón de actos públicos, una sucesión de aulas con un núcleo sanitario, y un gimnasio. Sobre el otro eje se ubican los accesos secundarios, acompañados de baños y guardarropas. En el perímetro se distribuían aulas con sala de dibujo, costura, laboratorios, gabinete de física y habitaciones. 

Entre el eje principal y el perímetro de aulas se disponían patios rodeados con galerías, por donde se realiza la circulación, generando espacios de transición aula-sitio donde se desarrollarían actividades lúdicas, gimnasia, actos, etc. En estos encontramos también la ubicación de aljibes y en la representación gráfica el solado correspondiente a las galerías poseía un grafismo similar al mármol. 

En su exterior el edificio se retiraría de la línea municipal y estaría rodeado por jardines. Las fachadas se desarrollaban en un solo nivel, con mayor cantidad de ornatos y almohadillados de los que posee el edificio actual, y se utilizarían ventanas con arcos de medio punto siguiendo una línea de estilo Italianizante. 

El acceso al vestíbulo principal era por cinco portales con herrería artística, rematado por un grupo escultórico con el escudo nacional, apoyado sobre la patria leyendo, acompañado por un ángel, libros, un globo terráqueo entre otros elementos de enseñanza. A los laterales del acceso principal se encontraban ubicadas la dirección y la secretaria. Los accesos planteados por las calles Chaco y de los Andes, eran más sencillos, el módulo correspondiente al ingreso poseía mayor ornato en relación a los otros sectores de la fachada y remataba con la imagen del escudo nacional. 

En los cortes encontrábamos un importante grado de detalle, apreciando la tecnología constructiva de la época:  estructura de mampostería que incorpora perfiles de hierro, columnas de hierro fundido y cabreadas metálicas para cubrir grandes luces. En los sectores correspondientes a espacios nobles se apreciaban detalles en paredes y cielorrasos con molduras, esgrafiados, etc. 

Corte transversal

El proyecto al que hacemos referencia no se construyó, probablemente por la crisis económica y financiera que atravesaba el país en 1890. Sin embargo, el diseño actual de la planta, los principios higienistas, la tecnología constructiva, así como varias decisiones programáticas y jerárquicas, responden al propuesto en primera instancia por este gran arquitecto e ingeniero que, si bien desarrolló su obra apoyado en la experiencia de estilos antes aprobados, supo imprimirles un carácter moderno intentado transmitir a la imagen de la Nación, valores de libertad, manifestando los avances sociales de esa época.

A tan solo dos años del sesquicentenario institucional, creemos oportuno dar a conocer esta historia, para valorar nuestro pasado, y contribuir al sentimiento identitario, que pueda comprometernos a trabajar en favor de la conservación de estos espacios, que son símbolos y monumentos indiscutidos de Concepción del Uruguay. ¡Feliz 148° aniversario, Escuela Normal!

Arq.  H. Leonel Dabadía B. (Esp. en Conservación y Rehabilitación del Patrimonio Arq.), 

Lic. Jorge Pedro Fruniz (Docente/Coordinador Archivo Histórico Escuela Normal)

Fuentes:

– Archivo Histórico Escolar / Escuela Normal Sup. “Mariano Moreno”

– CEDIAP (Centro de Documentación e Información sobre Administración Pública).

El órgano de la Basílica de la Inmaculada Concepción

Interior del templo de la Inmaculada Concepción para la fecha de inauguración del órgano

Nuestra Basílica de la Inmaculada Concepción ha sido, desde su consagración, el 25 de marzo de 1859, el mayor templo por su importancia y su magnificencia de Concepción del Uruguay. Imponente por el arte que contiene, por su arquitectura y por su historia, no en vano es Monumento Histórico Nacional desde 1942, y Filial de la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, por lo cual recibe la calificación de “Basílica Menor”.

Posee artísticas imágenes de muchos años, hasta tallas de madera jesuita y guarda en su interior, en un artístico mausoleo, los restos del Gral. Justo José de Urquiza, entre otros, que se encuentran depositados dentro del actual templo.

Hoy, más allá de todo lo significativo que atesora en su interior nos dedicaremos en especial a reseñar la historia y la importancia de ese sublime instrumento musical como es el Órgano.

Vista del teclado y los tubos del órgano

La historia de este instrumento musical comienza en 1919, cuando llega a nuestra ciudad desde Europa, dónde se había dedicado, entre otras cosas, a reunir fondos para las víctimas de la primera guerra mundial, la violinista Celia Torra. Ella había nacido en nuestra ciudad y tenía su familia aquí, a la que venía a visitar después de diez años de estar en el viejo continente, ofreciendo conciertos y prestando servicios en favor de heridos y víctimas de la guerra de 1914. Regresada temporalmente a nuestra ciudad, ya que residía en Buenos Aires, realizó numerosos recitales gratuitos para los Uruguayenses, de esta manera actuó en los salones de la Escuela Normal, del Colegio Nacional, del Círculo de Obreros Católicos, en la misma iglesia parroquial, entre otros lugares más.

A Celia Torra, inquieta concepcionera y amante de nuestra ciudad, interesa al Cura Párroco Don Andrés Zaninetti, para adquirir un órgano y que las misas, en más se pudieran escuchar con música, ya que le había causado mucha impresión que un templo de la magnificencia del de la basílica, no tuviera un órgano para acompañar los oficios religiosos. Recordemos, párrafo aparte, que para ese momento, la parroquia estaba decorada con hermosas pinturas, tenía doble altar, púlpitos de madera labrada, entre otros detalles que la enriquecían respecto a la austeridad de la actual.

En ese tiempo, anterior a la instalación del órgano, cuenta Don Nadal Sagastume en su libro “Nuestra Parroquia” que para algunas ocasiones cuando la ceremonia religiosa lo ameritaba, se realizaban contrataciones de músicos. Encontrándose en el archivo de la basílica, tarjetas donde consta el pago de $3.00 por servicios profesionales en la misa de los primeros viernes, 3 de octubre y 7 de noviembre de de 1902, siendo firmados estos recibos por Doña Rafaela C. de Montero – Presidente.

Pero la compra de un órgano era una operación que debía realizarse se en Europa y que demandaría mucho dinero, que seguramente el templo no contaba. Es así, que Celia Torra encabeza una comisión pro compra de un órgano para nuestra Parroquia, compuesta por varios vecinos de la ciudad. Para acometer este fin, se forma una Comisión Pro Órgano, que quedó constituida de la siguiente manera: Iniciadora y Presidente Celia Torra, Autor del proyecto: José Zaninetti, Presidenta: Gerarda Echecopar, Secretaria: Clelia S de Cossio, Tesorera Evelina Parodie Mantero, Vocales: Ana Ugarteche, Prudencia A. de Texier, Sara M. de Chas, Ana Yanelli, Elvira del Prado, María Riccardini, Ofelia Gutiérrez, Argentina Álvarez. Como Asesor se desempeñó el Presbítero Andrés Zaninetti.

Muchas personas aportaron dinero para comprar el instrumento, entre ellos se puede citar a Gerarda Echecopar, las hermanas Parodié Matero, María Mercedes del Sel de Pons, Cayetano del Prado y sus hijas, María del Carmen y Elvira, varios miembros de la familia Marcó, Corbella y Carosini, Rosa Rizzo de Scelzi, entre muchos otros más. La colecta duró desde 1919 hasta 1927, y se fueron acumulando centavo a centavo los aportes de los fieles de la ciudad. También Celia Torra, ofreció varios conciertos para recaudar dinero, como así también se recibieron varias donaciones, pro compra del ansiado órgano, hasta que al fin se lo pudo comprar.

Llega el órgano

A principios de 1927 comienzan a llegar las partes del órgano, venían en cajones los 2200 tubos que lo conforman, separados en grupos de ocho,  cuatro o seis de acuerdo a su volumen, y de manera que se pudiera identificar por la nota y registro. También llegaron las maderas, bronces, etc. El instrumento había adquirido en la prestigiosa casa Scolari, en Bolzano, Italia, y su maquinaria era de procedencia alemana

Vista exterior del órgano

Y quienes tuvieron la responsabilidad del armado, fueron dos italianos, venidos a nuestra ciudad para tal fin, Enrico Vercelli y Carlos Sacco, la parte instrumental y de carpintería respectivamente. Para la segunda mitad del año 1927, el órgano estaba en pie.  Ambos, luego de su trabajo, quedaron afincados en nuestra zona, uno de ellos, Saco, casó con   Manuela Vicens, de la cual nacieron dos hijos.

Invitada por el Padre Zaninetti, la profesora de música local Prof. María Mercedes del Sel, pulsa por primera vez el teclado, interpretando “La Alambra”.

En esos días fueron llegando las pinturas de San Pedro, Santa Teresita y Santa Cecilia que se encuentran en el frente del instrumento  musical, que da a la nave derecha.

El programa inaugural se desarrolló el 27 de agosto de 1927 a las 14 horas y estuvo compuesto de dos partes: Primera Parte: solemne bendición del nuevo órgano, luego se canta el Himno Nacional, y a cargo del Profesor Pbro. Clemente Silva, estuvo el discurso de inauguración.

Segunda Parte: interpretación de Enrico Bassi, Marcha Festiva y luego la interpretación de Darío Peretti, también italiano, que fue contratado por el Padre Zaninetti a través de su hermano José Zaninetti, figura importante de la cultura,  diplomado en el Real Liceo de Bologna

El órgano, es neumático tubular con turbina “Ventus”, aparato tranporsitor, organola, un órgano positivo, dos expresivos, controbassi, un conjunto de  2200 tubos, una consola con tres teclados y 58 notas y pedales de 30, posee 113 registros, 40 juegos, 29 registros reales, 11 de combinación varias, 40 de combinación libres, 18 de las combinaciones en los teclados y 17 sobre el pedalero Sweller.

Este órgano que durante años acompaño las celebraciones litúrgicas y en más de una oportunidad brindo importantes conciertos, ha necesitado en varias oportunidades un afinador. En 1977, debido al paso del tiempo, fue restaurado por el organero uruguayo Salvador Silvestre Budelli, quien en diez meses término el trabajo.

Ya desde hace muchas décadas el maravilloso órgano, está en silencio. El  último técnico que lo revisó fue Oscar Alberto Tocco, quien después de revisar el histórico instrumento, presento un informe de más de 60 páginas, describiendo el estado actual. “El órgano necesita una restauración total con cambio de la consola, instalando una consola nueva de acción electromecánica y dos combinaciones libres elaborados en fabrica y de las partes eléctricas auxiliares como ser cables magnetos de primarias equipados con protección para los contratos contra arcos voltaicos por descarga de bobinados, panel de conexión principal de trifásica con llave magnética con protección térmica…”

Para esto es necesario proceder a una primera etapa de su restauración, que es la limpieza total para establecer el grado de deterioro y capacidad de recuperación. Durante la misma, se atienden los problemas inmediatos, como restauración primaria y desinfección.

Además, en el informe, se especifican los materiales, partes y repuestos que se necesitan y se hagan en nuestro país, al igual que aquellos que se deban importar de la casa especializada August Leukhuff  Gmbh de Weikersheim, Alemania, que es la misma que fabrico el instrumento original.

Este trabajo que suponemos será en dólares, por el momento no se ha podido aceptar, siendo imposible contar con el presupuesto.

 

Texto: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuentes: Diarios “La Calle” de fecha, 13 de enero de 1975, 12 de octubre de 1978 y 30 de agosto de 1997.  Agradecemos a los Museólogos Ana Trípoli y Carlos Iriarte, de la hemeroteca del museo “Casa de Delio Panizza” por el facilitarnos el material utilizado y a la Prof. Silvia Bonus de Núñez por la información y fotos aportadas.

 

 

 

Los hijos de Justo José de Urquiza

Gráfico que muestra a todos los hijos de Justo José de Urquiza

Justo José de Urquiza, el futuro primer presidente constitucional argentino,  nació en estancia San José, ubicada en el Talar del Arroyo Largo, al norte de Concepción del Uruguay, el 18 de octubre de 1801. Fue   bautizado en el oratorio de la estancia por el Capellán Juan Claramonte, siendo padrino el Dr. Don Feliciano Pueirredon, que al no poder asistir, es reemplazado por Matilde Micaela de Urquiza, hermana de Justo José.

Según las crónicas de la época, Justo José aparentaba a sus cincuenta años, ser mucho más joven. De estatura regular, con fuertes y vigorosos músculos y espaldas anchas. Es decir su aspecto revelaba: valor, audacia y fuerza física.

Desde joven tuvo negocios, participo del ejército y a los 25 años de edad fue Presidente de la Legislatura de Entre Ríos. Tuvo además una vida social muy reconocida, logrando que al llegar a algún pueblo de nuestra provincia era recibido con una gran fiesta por los habitantes del lugar.

Mucho se ha hablado de su descendencia, adjudicándole muchos hijos, hasta se ha llegado a hablar de cientos de ellos. Pero lo cierto es que, según expresaba la Ley Nº 41 sancionada por el Congreso de la Confederación  Argentina el 1 de setiembre de 1855, “Se autoriza al Poder Ejecutivo de la Nación para que en vista del expediente que el Exmo. Señor Presidente Brigadier General D. Justo José de Urquiza produzca, para obtener la legitimación de sus hijos naturales, le otorgue esta con derechos a heredarle los legitimados en virtud de esta sanción, concurriendo en perfecta igualdad en cuanto a la patria potestad, herencia y demás derechos civiles, con los que puedan ser legitimados por subsiguiente matrimonio, o nazcan legítimos en virtud de este.”

Los trámites respectivos se demoran hasta el 31 de agosto de 1859. De esta manera, los hijos naturales reconocidos en virtud de esta Ley fueron:

Concepción: (1820-1892), hija de Encarnación Díaz; Teófilo (1823-1893), hijo de Segunda Calvento; Diógenes (1825-1904), hijo de Segunda Calvento, Waldino (1827-1870), Hijo de Segunda Calvento; José: (1829-1864), hijo de Segunda Calvento; Ana: (1835-1899), hija de Cruz López Jordán; Justo José, (1840-1870), hijo de Juana Sambrano; María Juana, (1842-1886), hija de Juana Sambrano; Cándida: (1842–1869), hija de Transito Mercado; Clodomira: (1846-1888), hija de Transito Mercado; Medarda: (1846-1910), hija de Cándida Cardoso y Norberta: (1846-1929) hija de María Romero

De esta manera, Urquiza, reconoce como propios a 12 hijos naturales, siete mujeres y cuatro varones, producto de sus romances con siete mujeres diferentes, algunas de ellas de muy importantes familias de la época como Segunda Calvento y Cruz López Jordán.

Luego, ya lo vemos, para el año 1852 residiendo en el palacio San José con Dolores Costa Brizuela (Gualeguaychú, 1833- Buenos Aires, 1896). En efecto, antes de la Invasión de Madariaga a Concepción del Uruguay y Gualeguaychú, que hace peligrar la integridad de Dolores que estaba en Gualeguaychú. Urquiza in tentando resguardar la seguridad de su prometida, hace que se traslade a Palacio San José. En su residencia de campo, se encontraban viviendo Ana Urquiza y López Jordán de 17 años y María Juana de Urquiza y Zambrano de 10, quienes le brindan su amistad y bienvenida a la casa.

Urquiza, finalmente se casaría con Dolores Costa, el 11 de octubre de 1855. De esta manera los hijos del matrimonio, fueron Dolores (1853-1940), Justa (1854-1940), Justo José Salvador (1856-1923), José Cayetano (1858-1920), Flora Del Carmen (1859-1945), Juan José (1861-1915), Micaela (1862-1871), Teresa, (1864- 1945), Cipriano José (1866-1949), Carmelo (1868-1909), Cándida (1870-1872). Con Dolores, Justo José tuvo 11 hijos, los que sumados a los doce que reconoció en virtud de la citada Ley, hace ascender a un total de 23 los hijos que tuvo, durante su vida  Justo José de Urquiza

Texto: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Bibliografía: Domínguez Soler; Susana de, “Urquiza, Ascendencia vasca y descendencia en el Rio de la Plata” y Peppino Barale, Ana y Domínguez Soler, Susana “Doña Dolores Costa y Brizuela, esposa y viuda del Gral. Justo José de Urquiza”