La primera municipalidad y los intendentes 1873-2022

Primera sede la Corporación Municipal (1873)

Hoy, 1º de enero de 2023, se cumplen  150 años del momento en que comenzó a funcionar la municipalidad de Concepción del Uruguay, institución que, como veremos, había sido creada  con la reforma de la Constitución de Entre Ríos de 1860, que además, volvía a colocar a nuestra ciudad como capital de la provincia. Tardaron doce años hasta que los mecanismos institucionales se pusieron en funcionamiento, y es así que luego de un proceso eleccionario que se desarrolló en diciembre del año 1872, el 1º de enero de 1873, se reúnen los concejales electos y ponen en funcionamiento la flamante “Corporación Municipal”, como se la denominaba en ese entonces. 

La Sección 10 de la Constitución provincial aprobada en 1860 estableció la instalación de municipalidades en todos los departamentos de Entre Ríos y, aunque el Art. 6° establecía un plazo de 3 años para esto, diversas causas pospusieron el cumplimiento de este punto. Recién en 1872 se dictó la Ley orgánica de los municipios compuesta de 7 capítulos y 92 artículos, que entre otras cosas, establecía que los municipios de las ciudades estarían conformados por once miembros titulares e igual número de suplentes, renovándose la mitad cada dos años,

Promulgada esta Ley, en Concepción del Uruguay, el 1° de octubre de 1872 se abrió el registro de vecinos a efectos de confeccionar el padrón correspondiente. La junta fue presidida por el Juez de Paz y compuesta por dos vecinos propietarios, designados por el Jefe Político. Cualquier cuestión que se suscitara sobre falta de inscripción o inscripción indebida en los registros, sería resuelta por un “iuris” integrado por el coronel Pedro M. González y los señores José Barreiro Bavio y Patricio Roca, todos vecinos de Concepción del Uruguay.

Confeccionados los padrones correspondientes, el gobierno entrerriano convocó a elecciones para municipales en todo el territorio provincial, menos en Paraná donde ya existía Municipio, las que se llevaron a cabo el 1° de diciembre de 1872. Ese día, en Concepción del Uruguay, participaron en los comicios los ciudadanos mayores de dieciocho años y los extranjeros mayores de veintidós; “que ejercieran algún arte o profesión, o que pagasen contribución directa o de aduana, o de patente que no bajara de diez pesos, o que supieran leer y escribir y que estuvieran domiciliados en el municipio desde un año antes de la elección y que se hallasen inscriptos en el registro municipal”.

Les estuvo vedado participar en las elecciones a “los deudores del tesoro público, que ejecutados legalmente que no hubiesen cubierto la deuda; los que estuvieran privados de la administración de sus bienes; los quebrados fraudulentos, declarados tales por sentencia y los procesados en causa criminal por delito que hubiese merecido pena corporal o infamante o los condenados a dichas penas”.

El 1 de diciembre, a las siete de la tarde se clausuró el acto comicial. Efectuado el escrutinio, cuyo resultado fue aprobado por el Poder Ejecutivo veinte días después, resultaron electos para integrar la primera Municipalidad de Concepción del Uruguay, las siguientes personas: Titulares: José M. Zapiola, Luis Scappatura, Jose Antonio de Urquiza, Federico Guido; Enrique González, Francisco Ratto, Antonio L. Piñón, José Aguirre, Francisco Deschamps,  Juan Guimaraens y Lorenzo Barceló. Suplentes: Roberto Cremen, Ciriaco Allende, José Ubach, Domingo Rondoni, Porfirio G. Tenreyro, Pedro D. López, Plácido Guerrico, Antonio Panicera, Andrés Paulsen, Francisco Calot y José Ballestrín.

De acuerdo con lo dispuesto por la ley Orgánica de Municipalidades; en la primera sesión que se efectuara debía procederse al nombramiento de un presidente y vicepresidente que durarían un año en el cargo, aunque podían ser reelectos por un período más.

A fines de diciembre el gobierno dispuso que la instalación de la Municipalidad de Concepción del Uruguay se efectuara el 1° de enero de 1873. Ese día en horas de la mañana, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, se procede a la instalación de la municipalidad en un sencillo y solemne acto, realizado en el viejo edificio donde funcionaba el Juzgado de Paz, ya el mismo no pudo realizarse en el Juzgado de Primera Instancia, como estaba previsto en la ley de Municipios. Presidio la ceremonia el secretario de la Jefatura Política, en representación del gobierno, por ausencia del presidente de la misma, labrándose en ese momento el Acta Nº 1.

Ese día la ciudad amaneció vestida de fiesta, la plaza Ramírez estaba rodeada de gallardetes argentinos colocados en columnas transportables y acompañaba este momento el tañir de las campanas del tempo. Una multitud se dio cita para acompañar a los protagonistas de este acto, estaba toda la ciudad, desde las damas y los caballeros más encumbrados hasta las personas más modestas de la comunidad.

Luego del acto, la comitiva cruzó, la plaza y se dirigió al templo de la Inmaculada concepción donde el padre Dela Sota, ofició un solemne Te Deum en acción de gracias.

La primera sesión de la Corporación Municipal de Concepción del Uruguay como tal, se llevó a cabo el día 2 de enero de 1873 por la tarde. Se realizó un sorteo donde se eligen los miembros titulares y suplentes. Fueron designados como titulares José María Zapiola. Francisco Deschamps, Juan Guimaraens, Antonio López Piñón, José Aguirre, Francisco Ratto, Federico Guido, José Antonio de Urquiza, Luis Scappatura, Lorenzo Barceló y Enrique González (Acta Nº 2).

Luego, se procedió a elegir al Antonio López Piñón como presidente, al señor Luis Scappatura como vicepresidente y como secretario interino a José Antonio de Urquiza. En aquella época el Intendente cumplía su función “ad honoren” y duraba un año en su función (Acta Nº 3).  Unos días después, el 9 de enero, asume sus funciones como secretario titular el Sr. Ricardo Torino. El día 8 de enero, en la quinta reunión, se nombran los alcaldes de la ciudad, titulares y suplentes.

1º. Cuartel: Rufino García y Avelino De La Torre; 2º. Cuartel: Antonio Lano y Daniel Rougni; 3º. Cuartel: Antonio G. Tahier y Emilio Faure y, 4º. Cuartel: Carlos Ugarteche y Pedro Urquijo.

La primera obra que acometió el flamante presidente de la Corporación Municipal fue la realización de un estudio sobre el alumbrado público de la ciudad, concediendo el 14 de enero una prórroga al concesionario que venía del régimen anterior, aunque solicita un aumento en el número de faroles. El 15 de marzo se abre la licitación pública para el alumbrado, presentándose 5 propuestas, siendo aceptada la presentada por el señor Secundino Cao, quien cobraba un peso y 36 centavos bolivianos por cada farol.

La Comandancia, puede verse el edificio de una sola planta (c. 1870)

Las primeras Ordenanzas

Una vez instaurada la nueva municipalidad y elegidas sus autoridades, son sancionadas las dos primeras ordenanzas, que son  rescatadas del libro sobre la historia de la ciudad del Profesor Oscar Urquiza Almandoz, ambas llevan la fecha del 11 de enero de 1873, es de destacar que hasta el año 1903, las mismas no tuvieron numeración correlativa y, en ocasiones se comenzaba cada año desde la número uno.                                   

Las dos primeras ordenanzas sancionadas por Municipio de Concepción del Uruguay se refieren al estado civil de los habitantes de la ciudad.

La primera de ellas consta de cuatro artículos que establecieron lo siguiente: “Art. 1°: Es obligación de todos los jefes de familia dar cuenta a la Municipalidad de los nacimientos, matrimonios y defunciones, ocurridos en el seno de la familia. Art. 2°: No podrá el cura párroco del Municipio celebrar ningún bautismo, matrimonio ni entierro, sin previo permiso escrito de la Municipalidad. Art. 3°: Se hará imprimir un número bastante de la presente ordenanza a fin de que llegue al conocimiento de todos los habitantes del Municipio. Art. 4°: Comuníquese a quienes corresponda”.

La segunda ordenanza, referida al mismo asunto, consta de un solo artículo en el que se dispuso: “Art. 1°: El secretario, de conformidad con el inciso 5° del artículo 64 de la Ley Orgánica, llevará los libros del estado civil de las personas del Municipio en la forma siguiente: 1°. Un libro para nacidos y bautizados, en que hará constar el año, mes y día del nacimiento, el sexo y nombre del nacido, el nombre de los padres y padrinos, expresando si es hijo legítimo o natural. 2°. Otro libro para matrimonios en el que se anotarán los nombres, apellidos, edad, nacionalidad y lugar del domicilio de los esposos, de sus padres y madres, como los de los padrinos o testigos del contrato o sacramento. 3°. Llevará un libro, el que contendrá las partidas de fallecidos, expresando el nombre, apellido, edad, nacionalidad de la persona muerta; si fuese o hubiese sido casado, el nombre y apellido del otro cónyuge”. Ambas ordenanzas llevan la firma del presidente Antonio López Piñón y de su secretario, Ricardo Torino.

Otra ordenanza sancionada durante los primeros meses, y que tuvo mucha influencia sobre la configuración futura de la ciudad fue la emitida con fecha 6 de febrero de 1873 y que disponía que deberían “ochavarse”  todos los edificios existentes y los que se construyan en el futuro. Los resultados de esta resolución pueden verse en edificios pre-existentes como el Colegio y la casa del General Urquiza, que originalmente no las tenían.

La Municipalidad (Comandancia) en 1912

Las Sedes 

Las primeras reuniones de la corporación municipal se realizan en los salones de la planta alta del “Club Casino Uruguay” (dónde luego funcionara el Hotel París), que pertenecía a la Asociación Promotora del Progreso, luego funcionó en algunas casas alquiladas, entre ellas una casa del General Urdinarrain.

Durante el gobierno del Doctor  Ramón Fevre (1875-1879) se construye el nuevo edificio para la “Jefatura Política y Juzgados”, la que al haberse constituido la municipalidad había perdido parte de las amplísimas funciones que tenía, quedando  reducidas a las netamente “policiales”. El nuevo edificio, levantado en un predio propiedad de la provincia, calle de por medio del antiguo edificio de la “La Comandancia” corresponde al actual edificio de la Policía de Entre Ríos.

La autoridades municipales, que tenían su asiento para ese entonces en una de las casas del General Manuel Antonio Urdinarrain, se trasladan al edificio de lo que fuera la comandancia frente a la Plaza Gral. Ramírez

La cesión del terreno y edificio que ocupara la “ex comandancia” por parte de la provincia – que por muchos años en la jerga popular mantuvo esta denominación hasta su demolición- corresponde exclusivamente al “solar “ (un cuarto de manzana) de la esquinas de las actuales calles San Martín y Moreno mientras que el solar b) aledaño hacia el este, continuó siendo  de “propiedad particular”, aunque eventualmente la municipalidad lo utilizara como “depósitos, patio de ejercicios militares de la Guardia Nacional, etc.“

La municipalidad, la cárcel y la policía provincial

La donación de este histórico edificio, es aceptada por la Municipalidad de nuestra ciudad en la sección del 17 de julio de 1888 del Honorable Concejo Deliberante.

A través del análisis de antiguas fotografías del edificio referido, podemos inferir que a posteriori de la recepción  del edificio de la “ex comandancia” por la municipalidad local, se construye “la planta alta sobre la calle San Martín”tal como se pudo apreciar hasta su demolición en 1940.

Hacia la primera década del siglo XX, era evidente que la antigüedad del edificio en que funcionaba la municipalidad (Se refiere al viejo edificio de la Comandancia), no cubría de manera eficiente las demandas que la corporación tenía, a pesar de los arreglos y ampliaciones realizadas a la vieja construcción.

Proyecto del Palacio Municipal del Arq. Juan B. Corbella

Ello lleva a las autoridades de la época, a solicitar al arquitecto Uruguayense Juan B. Corbella que presente “un proyecto de palacio municipal” tomando como base para su construcción “el solar” propiedad de la municipalidad en la esquina de las calles San Martín y Moreno, este proyecto es presentado en junio de 1911 teniendo como presupuesto para su construcción la suma de $ 100.000 pesos m/n, suma que la municipalidad no tenía posibilidad de afrontar, por lo que su construcción nunca se concretó. El proyecto, cuya fachada fue publicado en el periódico “La Juventud”, tenía hermosas líneas arquitectónicas estilo “francés”, tan de moda en esa época.

Algunos años después, a fines de 1923 el Gobierno de la Provincia de Entre Ríos a cargo de Ramón Mihura ofrece a la intendencia de la ciudad de Concepción del Uruguay la cesión definitiva del terreno y edificio de la  ex  Escuela Normal de Maestros a fin que en el edificio se instalen las oficinas municipales. La misma fue aceptada mediante la Ordenanza Nº 570 de fecha 23 de enero de 1924. Pasará un tiempo, antes que se concrete la mudanza, dado que primeramente el edificio debía ser sometido a importantes obras de reparaciones, estos trabajos demandaron, prácticamente dos años, iniciándose la mudanza  el 6 de septiembre  de 1928.

Municipalidad, ex edificio de la Escuela Normal

El edificio del Centro Cívico

En el año 1983, entre  los actos programados para la celebración del II Centenario de la Ciudad de Concepción del Uruguay, el 25 de junio se efectúa la “inauguración simbólica” del edificio, cuyas obras se habían iniciado en 1978, estando previsto su finalización total para el mes de febrero de 1984. Finalmente, el 13 de junio de 1984 se inicia la mudanza al nuevo edificio de la Municipalidad local donde en la actualidad funciona la intendencia y el Concejo Deliberante..

De esta manera comenzaba una historia que a los largo de los siglos XIX, XX y XXI tuvo más de setenta presidentes municipales, entre los elegidos democráticamente y los impuestos por regímenes militares.

Hoy, gozando de los beneficios y libertades del sistema democrático, celebramos los 150 años de la municipalidad y de presidentes municipales, muchos de los cuales fueron elegidos por su propio pueblo, como debe ser para siempre.

Actual edificio de la municipalidad de C. del Uruguay

Nómina de presidentes municipales desde 1873 hasta la actualidad:

1873-1902

1873, Antonio López Piñón. 1873, Julio V. Díaz1873, José R. Navarro. 1875, Juan L. Caminos. 1876, Domingo Vico. 1876, Mariano Jaime1877. Juan Bautista Rey. 1878, Francisco Ratto1878, Martín Ruíz Moreno. 1879, Jacobo Gilbert. 1881, Pedro Melitón González. 1882, Francisco Ferreyra. 1883, Olegario Mabragaña. 1885, Pedro Melitón González1887, Esteban del Castillo1887, José Scelzi. 1889. Darío del Castillo. 1889, Benito E. Pérez Colman. 1890, Rafael M. Paradelo. 1890, Miguel F. Britos. 1893, Agustín Carosini. 1893, Pedro E. Busquet. 1894, Benito Benestead. 1899. Wenceslao S. Gadea.

1902- 1950

1902, Porfirio L. Tenreyro. 1903, Juan Leo. 1904, Darío del Castillo1906, Vicente M. Corvalán. 1908, Emiliano B. Sanguinetti. 1910, Juan Benigno Martínez. 1912, Juan M. Chiloteguy1912, Benito Yáñez. 1912, Miguel Solanas. 1914, Vicente M. Corvalán. 1915, Juan Pedro Piñón.1920, Juan Carlos González, 1925, Demetrio Etchezarraga. 1926, Olegario Mabragaña. 1927, Antonio E. Bacciadone. 1930, Ernesto T. Marcó. 1930, Juan M. Bruzera. 1932, Albano L. Giménez. 1933Juan José Terenzio. 1934, José Anselmo Orsolini. 1935, Dr. Justo Germán Ravenna. 1937, Ambrosio A. Artusi, 1943, Ezio A. Grandi. 1944, Pbro. Andrés Zaninetti. 1944, Héctor J. Castagnino1945, Enrique Etcheverry. 1945, Dr. Rafael Pepe. 1947, Dr. Rómulo Tófalo. 1948, Alberico Segheso. 1948, Juan José Rizzo.

1950-2022

1950, Juan Antonio Sansoni. 1952, Omar Blanc. 1955, Héctor J. Chapelet. 1955, Capitán Antonio L. Merlo. 1955, Tte. Cnel. Carlos Chasseing. 1955, Dr. Juan José Bonelli. 1955, Ramón E. Bartet. 1958, Dr. Juan E. Lacava. 1962, Dr. Salvador Trigos. 1963, Juan Antonio Sansoni. 1966, Tte. Cnel. Leopoldo Galtieri. 1966, Dr. Carlos A. Roca. 1967, Dr. Lucilo López Meyer. 1970, Prof. Miguel A. Gregori. 1973, Carlos María Scelzi. 1976, Pref. Gerardo Genuario. 1976, Eduardo A. Giqueaux. ​1980, Alí Honoré Argachá1983. Cr. Juan Carlos Lucio Godoy. 1987, Carlos María Scelzi. 1991, Dr. Hugo Baldoni. 1995, Luis E. Bermúdez. 1999, Dr. José Lauritto. 2003, Marcelo Bisogni, 2007, Marcelo Bisogni. 2011, Carlos Schepens. 2015, Dr. José Lauritto. 2019, Dr. Martín Oliva.                             

Edición del artículo: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Textos: Urquiza Almandoz, Oscar, “Historia de Concepción del Uruguay”, Tomos II. Rousseaux, Andrés René “Desde la Comandancia al Centro Cívico de Concepción Del Uruguay”. Abescat, Francisco, “Nuestra señora de la Concepción del Uruguay”. Suplemento diario “La Calle” “200 años de Concepción del Uruguay” 

La “Aceitera y algodonera del Litoral”

Vista aérea de la Aceitera, foto circa 1960

Tal vez no sea uno de los emprendimientos fabriles más conocidos del pasado del puerto de nuestra ciudad, si lo comparamos con el molino “Fabani” o con el frigorífico “Swift” o la “Barraca Americana”, pero, en su momento fue uno de los más importantes, tal vez su ubicación hacia el final de la costanera Paysandú le quitó presencia, en el presente sus viejos galpones sirven como espacio para que la policía deposite motos secuestradas y donde funciona una guardería náutica.

Hoy, tomando como diferentes artículos aparecidos en el diario “La Calle”, rescatamos algo de su historia.

Dice el cronista, cuando el motor de 250 caballos de fuerza de la aceitera y algodonera del litoral inicie su marcha y el ritmo de émbolos y ejes de mando se una al de las poleas en febril movimiento productivo, la  avenida costanera, larga y ancha cinta de tránsito destinada a servir de válvula de escape  a la actividad de la dársena, habrá incorporado un jalón más de progreso y la zona portuaria ira adquiriendo la modalidad propia de sus características esencialmente laboriosas e industriales.

Entonces la mirada curiosa del pasajero avizor plantado junto a la borda de los barcos que de hoy en más surcaran las aguas del río de los pájaros, descubrirán otro punto de referencia, además de la mole imponente del Molino Concepción y de las diversas torres y edificios que señalan la presencia de la ciudad: la alta chimenea reguladora de fuerza motriz e indicadora  de la actividad constante. Y sobre el horizonte inescrutable, como un inmenso signo de interrogación, se elevara la enorme columna de humo, en el cual la ciencia moderna ha comprobado la existencia en estado gaseoso, de verdaderas riquezas industriales.

Hemos deseado ofrecer a nuestros lectores una rápida visión objetiva de lo que será la Aceitera y Algodonera del Litoral una vez incorporada definitivamente al plantel fabril e industrial de la ciudad y con ese fin nos acercamos deseosos de satisfacer el interés del público lector.

Lo hicimos en momentos en que el personal del establecimiento se hallaba en plena tarea, siendo recibidos por el gerente general Carlos Harteneck  y el director técnico Jaime Tabeni. Disciplinados ambos en el trabajo, se halla a su cargo la organización de los trabajos de construcción del edificio e instalación de maquinarias. Con toda cordialidad se prestaron a guiarnos en nuestra visita y a informarnos sobre los detalles técnicos de la fábrica.

Y ya en el terreno, limitado  por la  Avenida Costanera y las calles Washington, Montevideo y Mariano E. López, antes, un barrio inundable, observamos la transformación realizada que ha sido indispensable para adaptarlo a las exigencias de la fábrica, mediante su relleno y nivelación.

Logo de la empresa en la actualidad

Paralelamente a la construcción del edificio, que comenzó a levantarse en febrero de 1944, se está efectuando la instalación de las maquinarias que producirán, por ahora, aceite industrial, elaborando alrededor de setenta toneladas diarias de lino. Toca a su término de la tarea de armar un gran tanque de almacenamiento para 300.000 litros de productos, y de otro más pequeño de tipo australiano, para 160.000 litros de agua que provisionalmente será tomada de los grifos de la compañía Shell, ubicada también sobre la avenida Costanera. Posteriormente el agua será tomada desde el mismo río por un sistema de cañerías transportadoras de aceite a granel a cargarse en los buques tanques destinados a ese fin.

El edificio es de gran amplitud y ha sido proyectado conforme a las últimas exigencias de la industria moderna.

Una idea del proceso de elaboración podría apreciarse en la forma siguiente: Las bolsas de lino llegaran por vía férrea hasta la costanera; desde ahí se transportaran por medio  de  cintas de caucho de unos setenta metros de extensión hasta el local de la  fábrica,  donde serán depositadas a granel a través  de una ranura que desemboca junto a un elevador encargado a su vez, de depositarlo en las limpiadoras y zarandas cuya misión es la de eliminar impurezas y cuerpos extraños.

Vista aérea del puerto, En la parte inferior izquierda, puede verse la Aceitera del Litoral

Seguidamente el lino es enviado a sus prensas de primera presión. Estas extraen el aceite en proporción del ochenta por ciento, cayendo a unos canales especiales, mientras el subproducto “harina de lino” (torta), es recogido en un departamento adecuado a ese propósito. El aceite de lino sufrirá un proceso de depuración para depositarse finalmente en tanques interiores, desde donde una poderosa bomba se encargara de enviarlo al gran tanque de almacenamiento exterior.

Después de la primera presión, los residuos son sometidos a la acción de otras prensas que extraen otro diez por ciento de aceite, quedando habitualmente en ellas, según es sabido, un resto de materias útiles calculado en el diez por ciento, que las plantas industriales instaladas con procedimientos modernísimos extraen por medios químicos o son destinados como en el caso de la Aceitera para combustibles. En efecto, la caldera funcionara por ese procedimiento, es decir, alimentada con tortas de lino. En otra sección del edificio se halla instalado el poderoso motor de 250 caballos de fuerza que proveerá el mecanismo general del establecimiento.

Por último visitamos la sección caldera, vestuario, baños, etc., todavía en construcción.

Resulta indudablemente difícil dar una idea definitiva del funcionamiento de una industria que aún no se halla en plena actividad, pero la impresión recogida es óptima y demuestra a los ojos de los visitantes la magnitud del esfuerzo cumplido y la importancia que tiene para nuestro futuro industrial.

Vista de los galpones y del parque dónde estaban instalados los tanques de la aceitera. Foto 2018

Toda la producción de la Aceitera del Litoral, será entregada al gobierno por intermedio de la Junta Reguladora de Granos, que proveerá a su vez a la fábrica de todo el lino necesario, cumpliendo así los recientes convenios con Norteamérica, país al que se le entregará el aceite industrial a cambio de fuel oíl.

La fábrica industrializará diariamente 70 toneladas de lino y generará trabajo para, aproximadamente, 70 a 80 obreros en el comienzo de su operatoria. El montaje de los motores y calderas estuvo a cargo de Eduardo J. Castiglioni, de la ciudad de Concordia y la dirección técnica de la aceitera estará a cargo de Jaime Tabeni y Domingo Giuliani.

La Aceitera durante la creciente de 1959

La creciente de 1959, la golpeó duramente, rompiendo parte de los galpones parabólicos y extrayendo, literalmente sus tanques de almacenamiento que flotaban libremente dentro de su predio.

Tanques de la Aceitera durante la creciente de 1959

Luego de sufrir esta catástrofe y algunos otros inconvenientes que habían detenido la producción hacía ya un tiempo, el 3 de marzo de 1965, la Aceitera y Algodonera del Litoral, reinicia  sus actividades, esta vez arrendada por la firmas locales “La Forrajera” y Kleiman Hnos.

Finalmente, 6 de junio de 1971, se produce el remate de la maquinaria y otros elementos de la fábrica por parte de los rematadores Valle y Squivo de Concepción del Uruguay y Onganía y Bonifazi de Buenos Aires, se incluye también, la propiedad y los edificios,  terreno de 8.763 m2 con 5.550 m2 cubiertos, 4 galpones de mampostería y dos galpones parabólicos superficie 6.346 m2.

Vista actual de los viejos galpones de la Aceitera del Litoral

De esta manera culmina, para siempre, otro de los emprendimientos industriales que supieron, como la Barraca Americana o el Frigorífico Swift, dotar de pujanza al puerto de Concepción del Uruguay. Hoy ese lugar es ocupado por una guardería náutica y por un depósito de motos de la policía de Entre Ríos.

Texto y Edición: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Fuente: Diario La Calle 11 y 18 de mayo de 1945 (Texto: Luis Leonarde) y archivos Andrés Rousseaux

Club de Pescadores Uruguay, sus orígenes, su historia

Vista del Club Pescadores y balneario Itapé, antes de la construcción de la Defensa Sur

A principios de la década de los años cuarenta, más precisamente el 12 de septiembre de 1943, a mediados del siglo pasado, se congrega un grupo obreros del Ministerio de Obras Públicas (MOP) amantes de la práctica de la pesca deportiva con la idea de conformar una entidad que los agrupe y les permita realizar esta actividad. De esta manera, nace un nuevo club en C. del Uruguay, el Club de Pescadores Uruguay.

17 años antes, en 1 de mayo de 1926, los obreros del MOP, dieron origen a otra entidad deportiva, el Club Atlético División Río Uruguay, esta institución se componía de trabajadores de los talleres del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, fue presidente de la Comisión Provisoria, Federico Crosignani, y su primera Comisión Directiva oficial estuvo presidida por el Ing. Emilio Pereira.

Después de febrero de 1927, se produce un paréntesis en sus actividades, las que se retoman, en 1935.El sábado 8 de febrero de 1936 el Club División inaugura su cancha de básquet, en el terreno ubicado en las calles Montevideo (Hoy 25 de agosto) y Vicente H. Montero. Estuvieron presentes el Intendente Municipal Dr. Augusto Ravenna, los Ingenieros Turdera, Martí y Finochietti, e hizo uso de la palabra el Sr. Rafael Bacigaluppi.

Vista de la zona dónde se asentaría el Club en 1875

Algunos años después, en junio de 1943, la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos le concede al club, el uso por 20 años el terreno ocupado por dicho Club, ubicado en calles Tibiletti, Cochabamba y Bulevar Sur (hoy Ingeniero Pereyra), al que se habían trasladado por falta de espacio en su primitiva ubicación, frente a la plaza Columna.. El terreno es propiedad de la Sociedad Italiana y fue donado oportunamente a la Municipalidad para que allí se construyera la plaza Italia, pero al no tomar la corporación municipal una decisión, finalmente, fue cedido a dicho club deportivo. De esta manera el Club División, llega a ocupar el terreno, que actualmente forma parte del Club Parque Sur.

Plaza Italia, dónde se ubicaría el Club División Río Uruguay

Pero, volviendo al nobel Club de Pescadores, fueron sus fundadores, José Cannoniero, Sebastián Lúgaro, Manuel Regueyra, Carlos Isendorf, Sixto Herrera, José M. Verdi y Carlos García, Juan Artagavetti, José Delforno, Anselmo Casarotto, Manuel Gaffa y Ernesto Baldini.

La primera Comisión Directiva estuvo integrada por muchos de sus fundadores: Sebastián Lúgaro (Presidente), Manuel Regueyra (Vicepresidente), Jorge Buttaro (Secretario), Carlos Isendorf (Pro Secretario), José Cannoniero (Tesorero), Carlos García (Pro Tesorero), y como vocales: Anselmo Casarotto, José Delforno, Ernesto Baldini, José María Verdi, Alfredo Landaburu, Román Olmos y Esteban Metrallé.

Además de Sebastián, Lúgaro, quien fue el primero, luego siguieron en los primeros 25 años, 14 presidentes, a saber: Rafael Coppola, Víctor Mario Ventrice, Domingo Salvarezza, Carlos Alberto Bernardi, José Cannoniero, Francisco M. Recalde, Roberto Marcó, Oscar Leal, Benito Meriano, Roque V. Bruno, José Galaz, Miguel Olivera y Lorenzo Sito.

Vista de su primer “Rancho”

A poco más de un año de su fundación, el 30 de diciembre de 1944, el Club Pescadores Río Uruguay solicitó al comisionado municipal, Fabián López Moras, la cesión de un terreno de la ribera para levantar sus instalaciones, el pedido tuvo eco favorable y es así que por Decreto Municipal Nº 458 del 30 de diciembre de 1944 se le concede “en préstamo” con carácter de precario por el plazo de 10 años una fracción de terreno de 3000 m2 ubicados en el ángulo noreste del balneario Municipal Itapé, es decir la franja ente el balneario municipal y los terrenos del Club División.

El terreno era un abrojal cerrado y monte de ñapindá, lindante al sur de las instalaciones de la institución madre. Con mucho sacrificio un grupo de personas fueron limpiando el lugar y construyeron un rancho primero junto a él, un mástil con la bandera argentina y un banderín del club. Fueron acomodando el lugar, se trajeron y plantaron más de 350 ejemplares de árboles del Delta para tener sombra junto al riacho Itapé y disfrutarlo en familia.

Al poco tiempo y con mucho trabajo, se levantó un galpón de 18 metros de largo por 6 metros de ancho. De un lado dispuso la casa del encargado; del otro ,la cantina. Entre ambas dependencias, se extendía un salón de 12 m. de largo para uso de los socios. Las dependencias tenían agua corriente y luz eléctrica. Ahí mismo, se instaló la secretaría, dónde se reúne la C.D. y se atienden las consultas de los socios.

Un muelle escalonado de piedra y hormigón permitía el atraque de las 18 embarcaciones (había 7 más en construcción) que disponía por el año 1945.

Inmediatamente, comenzó con la práctica de pesca, su deporte principal, aunque poco a poco fueron alargando sus prácticas deportivas a la natación, con ese fin se arma una pileta de natación, sobre el riacho, la que se inaugura el 16 de febrero de 1958, al patín, básquet y vóley.

Creciente de 1959, como puede verse toda la superficie del Club quedó bajos las aguas

Así como crecía el número de socios, creció su edificio que, en 1959, la crecida del rio, destruyo lo construido y hubo que empezar prácticamente desde cero. No fue motivo para bajar los brazos, todo lo contrario, se hace un nuevo salón, baños y un tanque elevado.

El Club de Pescadores fue creciendo, llego a tener un muelle que fue construido por la Escuela de Ingenieros, recibió y despidió visitantes que llegaban para disfrutar de la naturaleza y de varias de sus competencias deportivas.

Cuanta historia para tan poco tiempo de vida para esta institución ubicada junto al Itapé. El 11 de setiembre de 1948, frente al Club se llevó a cabo un novedoso evento, Corsos Venecianos y desfile de embarcaciones adornadas e iluminadas. Ante el éxito de esta actividad, la misma se repitió muy mejorada unos días después, el jueves 23 de diciembre. Las embarcaciones representaban dragones, peces y cisnes y una se presentó con una réplica del “Rancho”, la sede social original del club.

El 16 de diciembre de 1948, se realizó el primer baile. Se hizo en la pista de cemento que contaba el club y fue animado por Faustino Rodríguez y su conjunto. En los descansos se disfrutó del espectáculo de patín brindado por los hermanos Yshitake. También se hicieron kermeses y fuegos artificiales, que daban marco a la kermes y estaban colocados en botes distribuidos a lo largo del riacho Itapé.

En ese año pródigo de realizaciones, el 1 de Septiembre de 1948, Se pone en circulación la publicación periodística denominada “El Riacho” órgano oficial del Club de Pescadores, que hasta 1968 había publicado 15 ediciones en los años 1948, 1956, 1957, 1959, 1960 1962 y 1963.

El 20 de diciembre de 1948, Juan Carlos Serrano, une con 18 horas de nado, el Club Pescadores de Paysandú con el Club de Pescadores Río Uruguay. Al pasar por Banco Pelay, se le unen en la travesía el “Chivo” Marassi y “Chino” Aielo. El médico oficial, quien lo acompaño en una embarcación, fue el doctor Juan J. Bruno.

Uno de los tantos concursos de pesca

Esta gran familia que formaba el Club Pescadores, se vio afectada el día 16 de enero de 1949, cuando al desencadenarse un fuerte temporal de viento y lluvia, da vuelta una embarcación que cruzaba el arroyo, ahogándose seis personas jóvenes que habían pasado el día en la isla del Puerto. Todas hijas de socios fundadores de este Club. Ese luctuoso hecho, paso a la memoria de los habitantes de la ciudad como “La tragedia del Puerto Viejo”.

Cuando el club arriba a sus quince años de vida, en 1958, se elige la madrina del club. La elección recayó en la señora Asunta Ida Chiapella de Quinodo, “Doña Tota”. Asunta era la esposa de Pedro Quinodo, otra persona que fue una figura destacada en esos difíciles primeros años del nuevo club, incluso, fue el creador de un chamamé que era, prácticamente el himno del club Pescadores.

Un hombre para recordar fue, don Francisco Paroli, un gringo acriollado a campo. Afincado en el barrio Puerto Viejo, donde vivió con su familia. Voluntarioso y trabajador, que cumplió todos los puestos de trabajo que hizo falta: albañil, pintor, carpintero, cuidador, jardinero y botero.

“El Riacho”, revista del club. Número especial 25 aniversario

Y cuando, en alguna reunión de esas que se daban en la cantina o en la zona del camping aparecía una viola y una voz se escuchaba, era Enrique Rutsch, “Quique”. Quien con Quinodo eran famosos por las serenatas que terminaba en la casa de este último.

Si bien fue creado para la práctica de la pesca deportiva, también sobresalió en patín (deporte nuevo para entonces), natación y básquet.

La pileta que seguramente recuerdan muchos, fue inaugurada en 1968 y tenía 25 metros de largo. En ella se hicieron competencias zonales, provinciales, nacionales e internacionales.

En básquet, llegó a ser primero. En 1963 se afilia el club a la Asociación de Básquet y con esto llega a la institución Mario “Chirola” Quinteros, quién venía del Club Rocamora. “Chirola”, llevó al club a participar de un torneo oficial el 3 de mayo de 1963, debutando precisamente contra su institución madre, el Club División que termina ganándole por un “simple”. Ese equipo estuvo formado por Coniverti, Palleiro, Chiozza, Alberto, Victorio, Erpen, Cabrera y Satto. Ese año obtuvo el tercer puesto de la liga local. El básquet tuvo un rápido desarrollo contando para 1965 con equipos en cinco divisiones de la liga local. En 1967, Pescadores, alcanzo uno de sus mejores torneos, llegan a definir el campeonato local nada menos que son Rocamora, y, aunque finalmente perdió luego de 5 partidos, fue un momento de éxito para este deporte relativamente nuevo en el club. Formaron parte de ese equipo: Roberto Rodríguez, Alberto Ratto, Jorge Akrich, Ángel Quinteros, Jorge Ratto, Hernández, Sergio García, Mario Quinteros, Hugo Erpen, Jorge Cabrera y Jorge Lauría.

Con el tiempo, en el año 1973, los clubes División y Pescadores, se fusionan dando origen al actual Club parque Sur. Fueron 40 años los que duró la vida del Club de Pescadores Río Uruguay, que a no dudarlo, dejo su huella en los habitantes de la ciudad, y especialmente del barrio del “Puerto Viejo”

Texto: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuentes: Periódico “El Riacho” edición especial 1968, diario “Provincia”, 1 de diciembre de 1962, “La Calle”, junio de 1945 y archivo de Andrés Rousseaux

Al Garete, la historia de un boliche tradicional de Concepción del Uruguay

Frente de Al Garete, puede verse el revestimiento de fibra de vidrio, obra de Alberto Guinea

Durante muchos años, hablar de la noche Uruguayense, que a fines de la década de 1960 y gran parte de la los años 70, era conocida por su intensa y variada vida nocturna, era hablar de “La noche de Entre Ríos”, tanto por su calidad como por la gran cantidad de turistas y visitantes de ciudades vecinas que tenía nuestra ciudad. Y en ese ambiente nocturno se destacaban varios boliches, Macoco (luego Sarao), Stop (luego Búfalo), Mon Cheri y por supuesto Al Garete, fundado por Ulises Rodríguez, que mantuvo su vigencia durante más de dos décadas.

Según Ulises Rodríguez, esta situación era generada en gran medida por la oferta de sitios de recreación nocturna que tenía C. del Uruguay, pero también por el número de viajantes de comercio arribaban a la ciudad debido a su gran vida comercial, que hacía que los principales hoteles de ese momento (Grand Hotel y Hotel parís), estuvieran prácticamente llenos durante la mayor parte del año. Esta situación cambió a partir de mediados de la década de 1970 con la inauguración de los puentes que vinculaban a nuestra provincia con la República del Uruguay, que le dio un impulso a las vecinas Colón y Gualeguaychú, en desmedro de C. del Uruguay, a lo que se fue sumando por supuesto los adelantos en materia de telefonía y más acá la posibilidad de hacer compras por internet.

Para comenzar esta historia, la de Ulises Rodríguez y Al Garete, debemos remontarnos al año 1955, cuando las autoridades de la conocida como “Revolución Libertadora”, el movimiento sedicioso que depone al presidente Perón, toman represalias con muchas personas que fueron parte del gobierno peronista o que simplemente fueron adherentes o simpatizantes, muchos de los cuales llegaron a perder sus empleos por esta causa. Entre ellos se encontraba Enrique Francisco Rodríguez, empleado del ministerio, sindicalista y que había sido Concejal por el Justicialismo.

Publicidad del bar “Roma”, en 1971

Al ser despedido, Rodríguez, que estaba casado con Delia Ester Sica y tenía tres hijos, Abel, Norma y Ulises, y ante la necesidad de mantener a su familia, cosa que se estilaba en la época, decide trasladarse a Buenos Aires, más precisamente al barrio de Pompeya, dónde su primo, apodado “Tití”, tenía una confitería. Allí Enrique hace sus primeras armas en el oficio, y adquiere experiencia que luego utilizará en su propio negocio, la confitería “Roma”, aquí en Concepción del Uruguay.

En el año  1956, la familia Barral, vende al Sr. Atilio Laperutta el hotel parís, esta venta no incluía la parte nueva del mismo, llamada el “Anexo” (Hoy rectorado de la UNER. En 1959, Enrique Rodríguez regresa a Concepción del Uruguay y alquila a Laperutta el bar-comedor “Roma”, que ya estaba funcionado en la esquina de 9 de Julio y Colón (Hoy Eva Perón) como salón comedor del hotel “París” y una confitería dedicada a la venta de masas finas y helados, ubicada al norte de la entrada principal del hotel. La familia Rodríguez, administra y explota el bar y confitería hasta abril de 1967, fecha en que por  desavenencias con el locador, abandona el local.

Durante ese período, entre 1959 y 1967, el bar y la confitería funcionaban en horario corrido desde las 6 de la mañana hasta las 3 del día siguiente. La “Roma” era administrado por Enrique y su hijo mayor, Abel, mientras que nuestro protagonista, Ulises estaba a cargo del mismo al mediodía y luego desde las 21 horas hasta el cierre, aproximadamente a las 3 de la mañana. Al abandonar el lugar, Laperutta, realiza refacciones y remodelaciones y la vuelve a inaugurar el 5 de mayo de 1967 con el nombre de “Grill y pizzería Roma”, esta vez conducido por Menotti y Alberto Laperutta.

Al producirse el cierre de la concesión del bar y confitería “Roma”, uno de los hijos de Enrique, Abel, junto con el repostero de la confitería de este negocio, Albino Spada (Spada era repostero de la confitería Ramírez, de la familia Tófalo, a quien Enrique llevó para su negocio de confitería ofreciéndole un mejor sueldo, y terminó siendo uno de los socios del emprendimiento), se asocian y en ese mismo año fundan la confitería “RyS”, nombre que surge de las iniciales de sus apellidos. Al principio funcionó en un local de calle 9 de Julio 1655, hasta que 1968 la familia Tófalo abandona la explotación de la “Confitería Ramírez” y la misma fue alquilada por los empresarios locales Abel Rodríguez y Albino Spada, cambiando su nombre por “Confitería RYS”, e inaugurada el 30 de diciembre de 1969.

Inauguración Confitería “RyS” en 1969

Ulises, por su parte, comenzó, junto con un amigo Luis Martin, a estudiar para obtener la libreta de embarque, la que les permitiría recorrer el mundo sin pagar pasajes. Fue mientras estudiaban que en uno de los manuales que debía aprender, encontraron una palabra que les llamó la atención, era el término “Al garete”, que en marina mercante significa “…que una embarcación va sin gobierno, llevada por el viento o la corriente”. Esa palabra quedó en la mente de Ulises y cuando tiempo después, decide seguir los pasos de su hermano, pero orientado más hacia los “Night Clubs”, esa palabra le viene a la memoria y decide llamar a su emprendimiento. Precisamente “Al garete”.

“Al Garete” comenzó, como dijimos en el año 1967 ocupando el local ubicado en calle Galarza 819, propiedad de la Sociedad Española de C. del Uruguay, dónde luego funcionaron la tienda “Etam”, la rotisería “El buen pollo”  y actualmente una boutique de prendas “Legacy”. Para ese momento su principal competencia era la Boîte Kabuki, que desde el 2 de mayo 1957 funcionaba en el salón comedor del palacio Texier, este boliche fue inaugurado con la presentación de la orquesta del maestro Telmo Follonier y la de jazz “Bicoca”. Luego su competencia fue la Disco “Stop” inaugurada  algún tiempo después de “Al Garete”.

Publicidad de “Al Garete” en la Guía de Turismo del año 1971

Poco tiempo después, Ulises es desalojado, pero la casualidad hace que simultáneamente, también era desalojado el local de esquina Congreso de Tucumán y Galarza, donde funcionaba la mueblería de los hermanos Chiarella, esta situación se produce motivada por la sanción de una nueva ley de alquileres. Es así como “Al Garete” llega al lugar dónde desarrollará toda su vida comercial, inaugurando su nuevo local el 26 de abril de 1968. Para 1970, ya lo vemos en su nuevo local acondicionado para boliche bailable y confitería. Años después, producto de las ganancias de su local, Ulises, compra el local, que era propiedad del Dr. Esteva Berga, de la vecina ciudad de Colón.

En una de las pocas publicidades que hemos visto, aparecida en la Guía Turística de Concepción del Uruguay (1971), aparece promocionado como “El nigth club de la Mesopotamia”. Ulises, nos cuenta que siempre prefirió realizar su propaganda por medio de la emisora local LT11, utilizando un slogan propio “Esta noche, Al garete por supuesto” que resonaba durante todo el día en la emisora local.

Internamente, el boliche estaba dividido en cuatro ambientes muy bien definidos. La entrada estaba sobre la ochava, a la izquierda, sobre calle Galarza se encontraba la “Confitería”,  equipada con mesas y sillas tapizadas, rematada con un gran espejo al fondo del ambiente. Al centro se encontraba la barra y sobre calle Congreso de Tucumán, se hallaba la cabina del disk jockey, el guardarropa y una escalera que llevaba a un entrepiso, utilizado con escenario cuando había la presentación de algún grupo o de algún evento, como un desfile de modas.

Ulises Rodriguez

Hasta el fondo, sobre esta calle se ubicada la pista, dividida en dos ambientes, uno equipado por sillones y otro por la pista de baile propiamente dicha. Al centro se encontraba el patio de verano e invierno, con cómodos sillones y una fuente por la que corría agua. Este patio estaba decorado por el artista local Alberto Guinea y además de tener su propia pista de baile, tenía la particularidad de poseer un techo levadizo. Todo el local tenía las paredes tapizadas con cuero, lo que daba una especial característica en cuanto a la acústica del boliche. Toda la decoración era ideada y realizada por Ulises y Alberto Guinea, quien para mayor referencia fue el escultor que realizó la estatua al General Urquiza que se ubica a la entra de la ciudad, además de muchas carrozas del “viejo” corso de la ciudad.

En esta imagen puede verse la pista principal y la cabina del Disc Jockey

Más allá de ser conocido como como discoteca o boliche nocturno, también fue confitería, como se puede ver en una publicidad aparecida en diario “La Calle” el 28 de julio 1974, “Hoy inauguramos: confitería Al Garete. Modernísimo salón con agradable confort. Tragos largos, café y té. Todos los días desde las 19 horas, menos los lunes”.

Durante su trayectoria, “Al Garete” fue pionero en algunos aspectos, por ejemplo, Sus disc Jockeys fueron los primeros en “enganchar” los temas musicales, lo que permitía que se pueda bailar sin las interrupciones de antes, ya sea por el espacio en blanco que separaba los temas en los discos de larga duración o el cambio entre dos discos simples, además de incorporar novedades como la máquina de humo, luces de colores, bola de espejos y novedosas bandejas giradiscos semi automáticas.

Foto de una fiesta infantil, puede verse la zona de la “Confitería” con paredes y sillas tapizadas y el gran espejo al fondo

Uno de los disck Jockeys más recordados fue Jorge Lacava, es “Sapo”, además de ser quien pasaba música, era el proveedor del material discográfico de su recordado “Discomanía 30”, otro que no podemos dejar de mencionar fue al locutor de LT11 Zacarías Piloni, quien luego continuó su carrera en la ciudad de Paraná, otros disc Jockeys destacados fueron Guillermo Moyano, Bubby Baca y Alejandro Claramunt.

Además, más acá en el tiempo, a comienzos de la década de 1980 se instalaron pantallas de televisión que reproducción las imágenes de los videos musicales de moda y permitía que el sonido fuera emitido por las parlantes del boliche. Esta innovación hizo que por un tiempo, Maximus, así se llamaba en ese tiempo, fuera muy concurrido, quitándole concurrentes a los otros Boliches tradicionales de C. del Uruguay

Este emblemático boliche, que con diferentes nombre perduró hasta cerca de 1990, cuando es consumido por un voraz incendio.

En 1977Ulises Rodríguez se casó con Cristina Cabrera y tuvieron tres hijos: Ignacio, Andrea y Eliana.

Tarjeta de inauguración del “Iemanjá Club”

A principio de los años 1980 se vinculó con la comparsa Iemanjá, llevando brevemente su nombre y luego lo cambia por el de “Maximus” y, en un intento de modificar su público y competir más directamente con Búfalo y Mon Cheri, organizó, en conjunto con estudiantes universitarios de la ciudad los denominados “Sábado y viernes universitarios” y las “Guitarreadas Universitarias” que se realizaban los días domingos hasta las 21 horas. Además organizó listas para que los estudiantes del Colegio del Uruguay pudieran recaudar fondos para su viaje de egresados.

Tarjeta de las “Guitarreadas bailables universitarias”
Tarjeta de los “Viernes privados universitarios”
Carnet universitario, válido para los días sábados

Luego cambió su nombre por el “L’Art”, en vinculación con un grupo de artistas locales, hasta que en noviembre de 1990 se produce un incendio de grandes dimensiones que destruyó totalmente el boliche, perdiéndose la historia del mismo, fotos, discos, equipos, etc.. Finalmente, el 14 de agosto de 1991, miércoles, a las 13 horas se inicia la demolición del. La determinación se tomó ante el peligro de derrumbe de las paredes y después de haberse realizado las pericias necesarias que confirmaron que el fuego había sido producto de un accidente.

Este incendio fue muy comentado en la ciudad, siendo acusado su dueño por parte de su aseguradora “Río Uruguay” de que el siniestro había sido intencional, lo que motivo un largo juicio en el cual los peritos de parte de la compañía de seguros planteaban la existencia de varios focos  de fuego generados por un combustible tipo nafta. Finalmente los peritos de parte de Ulises Rodríguez  sumados a los de la Policía de Entre Ríos, lograron establecer que el mismo se había producido de manera accidental, debiendo la compañía de seguros hacer efectivo el pago del seguro. De esta manera el nombre de Ulises Rodríguez quedo libre de culpa y de sospechas.

Foto del incendio del boliche, cuando era denominado “L’Art”

Durante este proceso, Ulises debió vender un edificio ubicado en la esquina de calles Henri y Perón, dónde había funcionado el apart hotel “Maximus”. Con estos fondos y lo percibido por indemnización por el seguro, Ulises construyó seis locales donde antiguamente funcionara Al Garete, siendo uno de ellos ocupados hoy por dos de sus hijos, Ignacio y María Eliana a cargo de la juguetería “Casa Bonita”. Su tercera hija, María Andrea, actualmente vive en Chile con su esposo y su s dos hijos, Juanita y Manu.

A modo de despedida, Ulises felicita a los administradores de este sitio y gradece “que exista para difundir esto, que es parte de la historia y la cultura de la ciudad” recatando que es una de las “mejores cosas que la comunidad me ha brindado”.                                                                    

De esta manera, luego de ese pavoroso incendio,  terminaba una larga etapa de “Al garete” en la noche Uruguayense, casi 25 años de nuestra vida que hace que todavía hoy lo tengamos presente y que cuando pasamos por el lugar donde funcionó, hoy ocupado por locales comerciales, recordemos alguna situación o anécdota de cuando éramos jóvenes y éramos parte activa de la noche de la ciudad.

Texto: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Fuentes: Entrevistas con Ulises Rodríguez, Rousseaux, Andrés “Edificios con historia” Tomo I, Guía de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, 1967-1968, Ediciones Río de los Pájaros, “Guía Turísticas de Concepción del Uruguay, 1971,  diferentes Guías turísticas de Concepción del Uruguay y archivo del diario “La Calle”

“Los Perlas”. El grupo musical que trascendió los límites de Concepción del Uruguay

Foto de 1970. Parados Lewis Orcellet, Ricardo Herling y Alfredo Blanc. Sentados Roberto Acosta, Rubén Glantz y Enrique Glantz

Allá por mediados de la década de 1970, era el furor de la música disco y se escuchaba, y bailaba, muy poca música nacional y, mucho menos, local, tal vez lo más próximo eran “Los Iracundos”, banda oriunda de Paysandú. Pero en un momento de esos años una canción se comenzó a escuchar y bailar en los bailes estudiantiles del club Rivadavia, que reunían miles de jóvenes en esos años, más de 1000 por noche. Esa canción era “Enamorado del artista”, tal vez uno de los más grandes suceso de esta banda local, hoy, creemos que es un muy buen momento para recordarla, y hacerla conocida para quienes, por cuestiones generacionales, no pudieron escucharla en su momento

“Los Perlas”, fue un grupo de música popular, cuyo éxito trascendió las fronteras de Concepción del Uruguay y de Entre Ríos, brindando sus shows en muchas provincias de la República Argentina y países limítrofes. Su música se escuchaba en todas las radios del país y aparecía en emblemáticos programas para jóvenes de los canales de Buenos Aires, algo que nadie había logrado hasta ese momento.

Rubén y Enrique Glantz, Pedro Pacinelli, Alfredo Blanc y Lewis Orcellet (1966). Foto gentileza: Andrea Pacinelli

Esta agrupación, había nacido en Concepción del Uruguay en la década del sesenta bajo el nombre de “Los Duendes del Trópico”, esta primera formación estaba integrada por Lewis Orcellet (tumbadoras), Pedro Pachinelli (bajo), Alfredo Blanc (Timbaletas), Enrique Glantz (Acordeón) y Ruben Glantz (Cantante). Su repertorio, bailable por excelencia, se escuchaba en confiterías, fiestas y bailes organizados en nuestra ciudad y zona de influencia. Además, era frecuente su animación en fiestas y casamientos de la colectividad Judía, toda vez que Enrique y Ruben eran “paisanos”.

Algunos de sus éxitos de ese momento eran “Don Toti” (Cha-cha-cha), “El muñeco Pupi” (Bolero), “Sueños de un verano” (Bolero), “Cumbia de los novios” (Cumbia), “Capitán Pilata” (Gaita), “Pensemos” (Bolero, letra de R. Barozzi), “Eres” (Bolero, letra de R. Barozzi) y “Engañame“ (Cha-cha-chá, letra de Lewis Orcellet).  .

A mediados de la década del ’60, la orquesta adquirió el órgano Hammond que había sido de “Los Iracundos” y con ése instrumento, más la batería comprada por Alfredo, el repertorio fue cambiando de tropical a moderno, cambiándose también el nombre por el de “Los Perlas”, que respondía a las iniciales de los nombres y/o apodos de sus integrantes, a saber: Pachi, Enrique, Ruben, Lewis y Alfredo, agregándose la “s” por ser plural. Casi nadie conocía este dato, y muchos suponían diversos y hasta disparatadas razones del por qué ese nombre.

Enrique Glantz, Roberto Acosta, Carlos Asín, Alfredo Blanc, Jorge Jeandet, y Luis Herling (1978)

Con el tiempo, y producto de las vicisitudes de la vida, fueron produciéndose cambios en integrantes que tocaban el bajo, primero fue Antonio Del Rio, después Luis Herling, quien, al irse a estudiar a Corrientes en 1970, le dio el lugar a su hermano Ricardo Herling, regresando luego a la formación en 1976. También, en 1970, se sumó a las filas de Los Perlas el guitarrista y cantante Roberto Acosta, quien hizo su ponderable aporte interpretando canciones -en ésa época- de actualidad.

Grandes cantantes como Roberto De La Calle y Hugo Leslie, también formaron parte y dejaron su huella en la orquesta, así como también Alberto Glantz, hermano de Enrique, que durante una temporada fue la voz de la banda.

La Benevolenza, la confitería Ramírez, los clubes Rivadavia, División, Pescadores, Bajada Grande y tantas otras instituciones de la ciudad fueron testigos de la actuación de “Los Perlas”, como así también todas las confiterías y otras instituciones que organizaban bailes en el departamento Uruguay y en la provincia.

No se ha mencionado al club Sarmiento, porque merece un párrafo aparte. La Comisión Directiva de éste prestigioso Club de nuestra ciudad, en una reunión con integrantes de la orquesta, aceptó la propuesta de que se organicen reuniones bailables los días domingo, en el horario que iba desde las 21.30 hs hasta las 01.30 hs.

Fue una movida sensacional. Se los llamaba “Los Espectaculares de Sarmiento”, en donde la banda compartía escenario con la orquesta del Maestro Luis Herling. Quienes peinan canas deben recordar con nostalgia, esos domingos en donde más de 800 personas colmaban las instalaciones del Club, en estas reuniones se podía bailar, conocer chicas y chicos, en un ambiente sano, agradable y familiar, con el orden y respeto que hoy se extraña y mucho.

Cuando comenzaron los Espectaculares, el Club Sarmiento era un humilde y modesto Club de Barrio, que poco a poco, con las utilidades de esos bailables, y el gran trabajo de sus dirigentes fue convirtiéndose en la Gran Institución que es hoy en día, reemplazándose los techos, refaccionado baños, Cancha de Bochas, Cantina  y construyéndose la confiable, hermosa y fuerte edificación que hoy ostenta. Lo mismo ocurrió en el Club Juventud de Caseros, en donde Los Perlas organizaban reuniones bailables los sábados.

Recorte del diario La Calle (1979)

A fines de la década del ’70, y gracias a la buena voluntad y predisposición de Eduardo Franco y “El Bebe” Velázquez, (cantante y baterista de Los Iracundos), Los Perlas tuvieron la oportunidad de grabar sus discos en RCA Víctor Argentina, el Sello más importante  del país en materia de grabación y difusión de artistas.

Así fue como se grabaron las canciones que fueron éxitos en Sudamérica, tales como “Enamorada del artista”, canción de Eduardo Franco (los Iracundos), “Lo que ayer fue una vida”, de Jeandet, Herling y Galiano, tema con el que “Los Perlas“   ganaran el festival de música de Paysandú en 1977 que organizaban “Los Iracundos” y que era conducido por Juan Carlos Mareco y Víctor H. Morales. Otros temas eran “Muchacho sin Experiencia”, “Te regalo esta canción”, y muchos otros que la grabadora promocionaba en los países del continente. Su primer simple, que tuvo mucha repercusión, contenía en uno de sus lados “Enamorada del artista” y en el otro “Lo que ayer fue una vida”. Todos esos temas fueron grabados en tres simples, todos en el año 1979

Enrique Glantz, Roberto Acosta, Alfredo Blanc , Carlos Asín, Jorge Jeandet y Luis Herling, durante una de sus presentaciones (1978)

Estos éxitos, sumados a que el representante de Los Perlas era el mismo que vendía a Los Iracundos, lograron que la banda mostrara sus shows en muchas provincias de Argentina y de países limítrofes, generando la expectativa de los Uruguayenses y el ingreso de montos importantes en las arcas del grupo Musical, que obligaban a sus integrantes a dedicarle todo el tiempo disponible para ensayar, crear, componer, grabar y salir de giras.

Tocaron en la televisión nacional, en los programas ómnibus de canal 9. Por contrato con la RCA les estaba vedado tocar en Concepción del Uruguay en un radio de 150 kilómetros. Al cumplirse el año y al vencer esa cláusula organizaron un baile en Rivadavia donde asistieron alrededor de cinco mil personas. Algo nunca visto para un grupo local, aún en la actualidad.

Los músicos que integraban Los Perlas en esos tiempos de gloria eran: Alfredo Blanc (batería) Enrique Glantz (órgano), Roberto Acosta (guitarra rítmica), Carlos Asín (guitarra líder), Luis Herling (bajo) y Jorge Jeandet (cantante).

Los Perlas fue sin ninguna duda, el grupo musical más conocido de Concepción del Uruguay, y por ende, de mayor trayectoria artística. En este marco, es importante que nuestra ciudad debería rendirle un homenaje a ese grupo que tan dignamente la representó en el país, así como ya se ha hecho con otros artistas entrerrianos, una calle de la histórica tendría que llevar el nombre de “Los Perlas”.

Ese grupo que supo ser, durante casi 20 años, el más convocante de la ciudad y de la región, por diferentes razones, deja los escenarios a mediados de la década de 1980, para volverse la leyenda que aún hoy es entre sus fieles seguidores de aquellos años de juventud.

Foto 1980. Jorge Jeandet, Alfredo Blanc, Roberto Acosta, Luis Herling y Enrique Glantz

Parte del grupo, para esa fecha, 1981, parte a Buenos Aires, con Jorge Jeandet a la cabeza y, conservando el nombre de “Los Perlas” continúan hasta el año 1984, en que se disuelve definitivamente, habiendo grabado un disco simple con los temas “Amor mío escúchame” y “El muchacho que soñabas”, ambos de autoría de Jeandet, con la incorporación del “Chaca” Apeseche en bajo. Por otra parte, los que se quedaron en C. del Uruguay, formaron otro grupo, muy recordado “Los Consagrados”, pero eso, ya es otra historia. 

Texto final: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Texto base: Luis Aníbal Herling. Fuentes: Jorge G. Villanova, “Una de rockeros, Breve historia de cómo se construyó el rock uruguayense” y diario “La Calle”,  y conversación con Jorge Jeandet

Empresa constructora “Atilio Nichele y Hermanos”

Adriano Nichele, recibe un recordatorio por la construcción del mausoleo al general Urquiza

En anteriores artículos nos hemos referido a la amplia inmigración italiana que llegó a nuestra ciudad Concepción del Uruguay. Estaban dadas las condiciones de vida que seguramente buscaban aquellos italianos que vinieron en los primeros años del siglo XX, alejándose de la Primera Guerra Mundial.

Estación de servicio de Mitre y Supremo Entrerriano

Concepción del Uruguay les ofrecía un lugar pujante para la vivienda y un puerto prometido de gran trabajo, que llevaría a estos italianos, en su mayoría panaderos, herreros y constructores, a tener paz y trabajo. En el aspecto constructivo muchos se destacaron, tal el caso de Santiago Giacomotti y D’Afarra hermanos, y también fue el caso de los hermanos Nichele, Atilio, Justo y Adriano, quienes llegaron de su pueblo natal, Monastier di Treviso, Italia.

Primero llegaron a nuestro país en el Vapor Duca D`Acosta, Atilio Valentín Nichele de 18 años, había nacido el 14 de febrero de 1904  y Justo (Giusto) Bruno de 16, quien había nacido el 23 de febrero de 1906, era el año 1924. Unos años después llega Adriano, el hermano menor, quien viajó en el Buque Belvedere, llegando en el año 1935, con 24 años, había nacido el 24 de noviembre de 1910. Era el menor de nueve hermanos, Amalia, Carolina, Armando, Atilio, Justo, hermanos mellizos que no se recordaban sus nombres, Ernesto y Adriano. Sus padres fueron Bartolo Nichele y Anna Mattiuzzo. Se educaron en su ciudad natal y fueron profesionales en la construcción, precisamente frentistas.

Chalet de Antártida Argentina 541

Atilio, el mayor, creó una empresa constructora, en 1938 a la que llamó: “Atilio V. Nichele”, aunque ya venía desempeñándose en el rubro de la construcción, participando en ella su hermano Adriano. Trabajaron junto al Ing. Zuccherino en varias obras, persona reconocida en el medio uruguayense. Atilio fue Vocal del Centro de Construcciones y anexos de Concepción del Uruguay, demostrando su integración con la comunidad concepcionera.

Adriano, en Concepción del Uruguay, comenzó con un bar y almacén, tal como se estilaba en esa época en la esquina de calles Alberdi y Mariano López. Pasa el tiempo, cierra el negocio y se une a su hermano Atilio, dedicándose a la construcción.

Casa particular, ubicada en Galarza y Erausquin

Esta Empresa Constructora, contemporánea de nuestra población, comenzó con sus primeros trabajos en Mar del Plata, construyendo chalets, con revestimientos en piedra y revoque, jardín y rejas en el frente. Algunas obras públicas en que participaron con la Empresa fueron: Escuela Nº 23 “Las Tunas” en Misiones, Casino de Oficiales en Villaguay, cinco pabellones de movilización drogas e inflamables en cuarteles de Paraná, Pabellón antituberculoso en Policlínico Regional del Litoral en Concepción del Uruguay y construcción de la actual Sala de salud Dr. Giacomotti, Edificio del Banco Hipotecario en el que actualmente está el Juzgado Federal; Instituciones como Aero Club, Centro de Constructores y Edificio Centro Comercial de nuestra ciudad, además de algo emblemático, la construcción del monumento a los Italianos, conocido popularmente como “a la loba”. En la construcción de los denominados “chalets” lograron verdaderas obras de arte.

Monumento a “Los Italianos”. Fue inaugurado el11 de Octubre de 1959

En nuestra ciudad aún se conservan muchas de sus construcciones como en calles: 21 de noviembre y Sarmiento (año 1928), en Antártida Argentina al 540, en Almafuerte y Gral. Juan Perón (aquí se puede ver en la pared la placa que puso la Empresa Constructora). En Erausquin y Galarza, esta casa fue modificada años después de su construcción conservando las líneas arquitectónicas iniciales y en España 230, se conserva una casa, donde lo único nuevo es la reja en el frente.

Estación de servicio YPF, ubicada en Galarza y Supremo Entrerriano, año 1937

La Empresa va creciendo y aparecen en escena las casas de dos plantas, planta baja negocio y alta vivienda familiar. Tal es el caso de sus viviendas, la de Atilio en 9 de julio y Zaninetti y sobre calle Zaninetti, la de Adriano. También en calle 3 de febrero 73, vemos una casa con revestimiento en mármol, balcones y ventanales. Otro ejemplo del modelo impuesto por la Empresa en calles Sarmiento y Rivadavia. En Artigas 60, la casa actual fue modificada, pero conservan aberturas y rejas primitivas. También construyeron estaciones de servicios, en Supremo Entrerriano y Galarza (hoy ya no la tenemos), y en Mitre y Supremo Entrerriano. Participan en la construcción de la Planta de YPF, en la Costanera Paysandú.

Centro de salud Dr, Bartolomé Giacomoti, viejo hospital Urquiza

A mediados de la década de 1960, la empresa de los hermanos Nichele, afronta sus dos obras más importantes, una por la monumentalidad, y la otra por su significación, nos referimos, claro está, a la construcción del edificio del Centro Comercial, segundo “rascacielos” de la ciudad, con un revestimiento en vidrio molido, color mostaza y del Mausoleo del Gral. Justo José de Urquiza, en la Basílica de la Inmaculada Concepción (1967).

Edificio Centro Comercial

El edificio del Centro Comercial. En octubre de 1964, la Comisión Directiva del Centro Comercial aprueba los pliegos para el llamado a licitación para la construcción del edificio. El 17 de noviembre de 1964, en una asamblea extraordinaria convocada al efecto, se aprueba el contrato que la Comisión Directiva había firmado “ad-referéndum”, con la empresa constructora Atilio V. Nichele. El edificio en torre constará de planta baja, garajes, bauleras, galería comercial y 16 pisos de departamentos. El 12 de diciembre del mismo año, se firma el contrato definitivo de construcción del edificio con la empresa de Don Atilio V. Nichele, teniéndose previsto iniciar los trabajos en los primeros meses del año siguiente.
El 22 de enero de 1965, se inician los trabajos de estudios de suelo, tareas que estuvieron a cargo del ingeniero Hugo V. Vercelli, para determinar el cálculo de las estructuras con el arquitecto Schettini.

Publicidad del nuevo edificio

Para septiembre de 1966, se habían vendido 26 departamentos para viviendas, quedando sólo 13 disponibles, además de los locales comerciales de la futura galería. A fines de enero 1967, la obra se encontraba en el piso 14, faltando dos más para completarla, pasando a ser el edificio de mayor altura de la Provincia de Entre Ríos de esa época, teniéndose previsto su finalización total para fines de 1969. El 15 de julio de 1968, se entregan los 27 locales de la galería comercial, a quienes los habían adquirido y son inaugurados el 21 de julio, constituyéndose en la primera galería comercial de la ciudad. De inmediato, se instalaron diversos comercios, entre ellos: “Foto Ricardo”, sucursal de “El Sportman”, “La Candela”, “Karina Calzados”, “Decoraciones Seven”, “Foto Yusty”, “Leopardo Turismo”, sucursal de la tienda “Víctor Niño”, etc. Cabe destacar que los locales de la galería no sólo se destinarían a comercios, sino que también en ellos se podían instalar oficinas y profesionales, tal como se puede ver en la actualidad. A partir del mes de julio de 1969, la venta de departamentos y locales comerciales, pasan a estar a cargo del Banco de Entre Ríos, el que acuerda 15 años de financiación especial a los compradores, completándose la venta de los departamentos.

En el mes de julio de 1970, el “Centro Comercial” llama a licitación para la explotación del restaurant, bar y salón de fiestas de su sede social, sita en el 1° piso del “Edificio Centro Comercial”, adjudicado al Sr. Alejandro Castro, inaugurándose el 8 de diciembre de 1970, con una nutrida concurrencia.

Personas que trabajaron el la construcción del mausoleo del general Urquiza

El Mausoleo del Gral. Justo José de Urquiza. En 1965, ya fundada la Comisión de Lugares y Monumentos Históricos local, su presidenta Doña María del Carmen Miloslavich de Álvarez presenta a la comisión la idea de que se debería hacer un Monumento al Gral. Urquiza en la ciudad. Con motivo de la inauguración de la Central hidroeléctrica “Caseros”, el 3 de febrero de 1965, visitan la ciudad el Vicepresidente de la Nación Dr. Carlos Perette, el Gobernador de la provincia Dr. Carlos Contin, a quienes les solicitan ayuda económica para tal proyecto. Ese mismo día frente a la tumba del Gral., los mandatarios al referirse al caudillo entrerriano manifiestan que merecía tener un gran mausoleo. Por supuesto que las autoridades locales no dejan pasar este comentario y se ponen a trabajar.

Se solicita permiso a las autoridades eclesiásticas, el Obispo de Gualeguaychú Monseñor Jorge Chalup, no se opone, pero manifiesta: “Habrá que ver cómo se hace, pues los restos del Gral. Urquiza no pueden ponerse a la altura del piso – y agregó –pues todo lo que está sobre el piso es materia de culto”.

Siempre con el trabajo de la Comisión de Monumento, se fueron llevando adelante los trámites que llevaron a concretar el Mausoleo que hoy tenemos en la Basílica. Se trabajó en un proyecto inicial que estuvo a cargo de Luis Gonzaga Cerrudo, el que no prosperó. La Comisión de Monumentos y Lugares Históricos Nacional mandó a nuestra ciudad al Arq. O’ Conord, quien ya traía una idea de cómo debía ser la obra: “un recinto cerrado en forma oval que tuviera en la parte de arriba una baranda de hierro forjado desde donde se podría mirar el mausoleo que estaría abajo y en un pedestal de mármol levantado algo del piso que sostendría en su parte superior el ataúd”, que a la postre resultó muy parecida a la obra final.

La Dirección de Arquitectura de la Provincia hace los planos, los que fueron aceptados por el cura Párroco de la Basílica, padre Fiorotto, por la Comisión de Museos y Monumentos Históricos Nacional y visados por la Asesora de Historia del Gobierno, Srta. Beatriz Bosch. Logrado esto, el 25 de abril de 1966, se abren los sobres de los oferentes presentados para la construcción de la obra, fueron dos: Atilio V. Nichele y Peresson-Cimiotti, ambos locales. Recayó la elección finalmente en la empresa de los hermanos Nichele.

Fue construido en el lugar donde se encontraron los restos del Gral. en el año 1951. Tiene mármoles argentinos, contando con uno central que posee un medallón de bronce del busto del Gral. Urquiza, realizado por el escultor Sr. León Nux. Estando al principio prevista la inauguración para el 1° de mayo, finalmente fue realizada el 7 de mayo de 1967, con la presencia del Presidente de facto, General Juan Carlos Onganía, el Gobernador de la Provincia Brigadier Fabre, el Intendente Dr. Lucilo B. López y demás autoridades.

Atilio se casó con Luisa M. Baloni y tiene dos hijos: Carlos y Anabel, falleciendo 23 de marzo de 1982. Justo Nichele se casó con Laura Simonetti, muere trágicamente el 15 de febrero de 1940, dejando tres hijos: Ítalo, Hugo y José.

Construcción de la sucursal local de Banco Hipotecario. Fue inaugurado el 17 de Septiembre de 1962

Adriano se casó con Francisca Clara Ibarra y tiene dos hijas: Susana y Adriana. Tuvo una reconocida vida en la sociedad uruguayense, desde su participación en el coro de la ciudad, como por su famoso hobbie en quintas de verduras que luego regalaba, plantaciones de flores, especialmente gladiolos, y por el loteo Nichele que constituye Villa Las Lomas Norte, ayudando a gente trabajadora a adquirir su terreno, muy recordado aún hoy por los vecinos de ese barrio,  se puede decir, con justicia que Adriano contribuyó con su loteo a urbanizar una importante zona del oeste de la ciudad. Adriano falleció el 18 de marzo de 1988. Todos los hermanos descansan en el cementerio municipal de C. del Uruguay.

Chalet de calle Sarmiento y 21 de noviembre

Actualmente, en lo que fuera su chacra se encuentra emplazado el Adriano Apart Hotel, edificado a partir de los galpones de acopio de materiales construidos por ellos, siendo el mudo testigo de un tiempo de arduo trabajo y esfuerzo, de estos italianos afincados en nuestra ciudad, dejándonos sus obras y su familia, entre nuestros pobladores.

Texto: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuentes: Datos y fotos suministrados por Susana Nichele. Rousseaux, Andrés, “Concepción del Uruguay, edificios con historia”, Tomo III, Concepción del Uruguay, 2013. Zaffaroni, María L. “Anales” (2ª edición) y Miloslavich de Álvarez, María del C. “Los Restos del Gral. Urquiza. Construcción del Mausoleo”

Celia Torrá

Celia Torrá y sus maestros. (Foto: Méndez, Marcela, “Celia Torrá, ensayo sobre su vida y su obra en su tiempo”)

Es la primera calle de la ciudad que lleva el nombre de una mujer nacida en C. del Uruguay. El 22 de noviembre de 1968, le fue colocado este nombre a la calle 7 del Oeste Norte.

Celia Tomasa Torrá Ubach nació en Concepción del Uruguay el 18 de septiembre de 1884, era hija de una familia de origen catalán. Era nieta de José Ubach y Roca, industrial español quien asociado con Justo José de Urquiza instaló una fábrica de paños en Concepción del Uruguay. Realizó parte de sus estudios en la Escuela Normal de Profesoras y sus inicios como estudiante de música estuvieron en manos de Panchita Soler y el maestro Palermo, en nuestra ciudad.

Celia Torrá (Foto: Méndez, Marcela, “Celia Torrá, ensayo sobre su vida y su obra en su tiempo”)

Cabe destacar que años más tarde escribió el Himno a la Escuela Normal con letra de Evelina Parodié mantero, profesora de Ciencias y Letras.

Inicio sus estudios musicales en el Conservatorio Williams de Buenos aires, teniendo como maestro de piano, Teoría y Solfeo a Alberto Willams y a América Montenegro y Andrés Gaos como maestros de violín. Celia se destacó rápidamente en la ejecución de este instrumento siendo una de las alumnas más sobresalientes de dicha casa de estudios.

En 1909, becada por la Comisión nacional de Bellas Artes viajo a Bruselas y Budapest a fin de completar sus estudios. Jeno Hubar, director del Conservatorio real fue su padrino artístico. Al comenzar la Primera Guerra Mundial se dedicó en Europa a dar conciertos a beneficio de la Cruz Roja Internacional. Recorrió toda Francia entre los años 1914 a 1918. A su regreso a Buenos Aires, donde se radica en 1921, se dedica a realizar una serie de recitales.

Entre 1921 y 1923, realiza estudios de composición con Athos Palma, y en 1934 le dedica a su maestro la única obra que compone para piano como instrumento solista, la Sonata en La Menor. En 1930 formó en Buenos aires la Asociación Coral Argentina y en 1938 la Asociación Coral Femenina. Alterno su tarea de compositora con la docencia ya que dictó la cátedra de música en el Liceo Nacional de Señoritas N° 1 y compuso varias obras para violín, entre ellas: “Rapsodia Entrerriana”, “Suite Incaica”, “Sonata en la Menor”, “Cantar de Arriero”, “Milonga del Destino”, “Otoño”, “Vida-Vidita” y “Canciones Infantiles”.

Pero Celia, no olvida sus raíces, regresa a nuestra ciudad y como si nada hubiera cambiado en la vida realizo conciertos en el Círculo Católico de Obreros, en teatro 1º de Mayo y en el Templo de la Inmaculada Concepción.

Tenía un gran amor por nuestra Basílica de la Inmaculada Concepción, lugar donde fuera bautizada y se preocupó por que el lugar no contaba con un órgano para los oficios religiosos.

Celia Torrá y sus alumnos luego de un concierto (Foto: Méndez, Marcela, “Celia Torrá, ensayo sobre su vida y su obra en su tiempo”)

Encabezó una comisión por la cual se recauda dinero para la compra del mismo. Se compraron, con lo recaudado dos instrumentos, uno fue destinado a nuestra Basílica y el otro para la Catedral de la ciudad de Gualeguaychú.

Fueron traídos en el año 1927, las piezas metálicas procedentes de Alemania y las de madera de Italia. Los dos constan de 2200 tubos, tres hileras de teclados y pedaleras, son neumáticos.

Hoy en día el que se encuentra en Basílica de la Inmaculada Concepción, necesita una puesta en valor ya que hace varios años no podemos escucharlo.

Es una enorme caja de madera ubicada a la izquierda del altar mayor y en su pared izquierda que se aprecia desde la nave derecha, se pueden apreciar pinturas referentes a: En el centro, el Apóstol San Pedro, cabeza de la iglesia, a un lado: Santa Teresita de Lieiux o del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia y Patrona de las Misiones Católicas y del otro Santa Cecilia, Patrona de la Música, se dice que llevaba en su pecho los Santos Evangelios y cantaba al Señor despreciando los bienes terrenales.

Celia Torra, muere en el año 1962, a los 73 años de edad.

Texto: Civetta, Virginia y Ratto, Carlos. Fuentes: Nadal de Mazzucha, Ana, Folleto “Evocaciones”, 1975; Albertinazzi, Nélida, “Breve Reseña Histórica de Basílica Inmaculada Concepción”, 2003, Bourband, Néstor y Brossard, Araceli, “Basílica Inmaculada Concepción, pasado y presente” y Méndez, Marcela, “Celia Torrá, ensayo sobre su vida y su obra en su tiempo”

Toponimia de balnearios y cursos de agua de C. del Uruguay y la región

Arroyo de la China

Conocer el origen o el significado de los nombres de diferentes lugares de un territorio, es decir su toponimia, es muy interesante, ya que podemos distinguir connotaciones sociales, históricas, políticas, culturales, educativas y económicas. Todo hace a la identidad en este caso particular de nuestra provincia.

La toponimia entrerriana es muy rica y variada. Algunos nombres que se conservan son los dados por los aborígenes, veces “castellanizados” por los españoles, otros dados por el proceso de poblamiento con inmigrantes, generalmente europeos. También dados por la unión de estos dos últimos, y más tarde por el trazado del ferrocarril que recorrió la provincia de Este a Oeste y de Sur a Norte, dando nombre a sus estaciones, denominación que luego fueron tomando varios pueblos surgidos en torne a ellas.

Hoy, vamos a hacer referencia de sitios y/o accidentes geográficos que están relacionados con cursos de agua, y, en general, con diferentes balnearios de la ciudad y la región. Es sabido que desde tiempos inmemoriales, los pobladores, originarios en un primer momento y los inmigrantes y criollos después, motivados por las altas temperaturas de la zona en general y por motivos de higiene muchas veces, buscaron el auxilio de diferentes zonas cercanas o distantes de la ciudad, que por sus características permitiera el baño sobre la costa, cosa que aún hoy sigue inalterable, aunque ya la población los busca por motivos recreacionales, entre ellos podemos mencionar el Balneario Itapé, Paso Vera, La tigrera, entre los actuales y otros ya fuera de uso como los arroyos Curro, Del Molino y el mismo Arroyo de la China.

Hoy contaremos el origen y/o significado de cada uno de esos nombres

Arroyo “El Curro”: Afluente del margen derecho del arroyo “Del Molino”, antiguamente era llamado “Salvatella”, por Salvador Salvatella, regidor del cabildo de Concepción del Uruguay en 1783. En 1808 figura una posta sobre ese arroyo. En la cartografía antigua figura como “El Curro”, tal como se llama hoy en día. No se sabe bien el motivo del nombre. “Curro” viene del verbo “currar” trabajar o también pegar o golpear. También se dice que puede ser porque en España a los llamados “Francisco” o a los toreros se del dice “Curro” y de ahí puede haber tomado su nombre. Hoy este arroyo está muy contaminado y ya no sirve como recurso de recreación.

Arroyo “Del Molino”: Del Molino o Itapé, tiene sus nacientes al N.E. de la Colonia Caseros, en el distrito Molino, departamento Uruguay. Cruza una región de montes y desemboca en el Uruguay por un brazo común con el riacho Itapé. Está caracterizado por su curso sinuoso. Originalmente llamado Itapé y luego de Vera, en homenaje a Antonio de Vera y Mujica propietario de tierras en esta zona por 1680 que ha dejado su apellido en otros lugares de nuestra toponimia. Entre el Itapé por el sur y el arroyo El Cordobés por el norte y con frente sobre el río Uruguay, estuvo la estancia “Rincón de Urquiza”. El campo pertenecía primitivamente a los jesuitas, luego fue propiedad de los herederos de Hernandariasy sucesivamente pasó por manos de Pedro Larramendi y su esposa María Francisca Arias Cabrera y Saavedra, de don Juan José de Castro, Pedro Duval, José de Urquiza, y luego a sus hijos Cipriano y Justo José de Urquiza.

Actualmente se lo conoce como Molino y también se lo llamó de los Molinos. La denominación de arroyo del Molino o Molino de debe a que a su vera existió un molino harinero con fuerza hidráulica construido entre los años 1868 y 1870, por empresario José María Barreiro, quién como Presidente del Directorio del Banco Entrerriano, había tomado posesión de las tierras de una sociedad compuesta por Juan José Soneyra y Martín Martinez Castro, fundadores de la “Colonia Perfección”. La construcción de este molino fue al ingeniero francés Silla Saint Gully, quién posteriormente tendrá a su cargo la construcción del “hospital de caridad” (el hospitalito) y el panteón de la familia del general Urquiza en el cementerio local. Con el tiempo fue pasando por diferentes dueños hasta llegar a nuestros días como de propiedad de la familia Arlettaz.

En la actualidad funciona en el lugar un balneario denominado “Molino Barreiro” por su propietario original. Antiguamente, antes de la puesta en funcionamiento de este centro recreacional se lo conocía como “Molino Arlettaz”.

Arroyo “De la China”: Es un curso de agua que desemboca en el riacho Itapé, al sur de Concepción del Uruguay. El Instituto Geográfico Nacional lo llama arroyo “La China”, pero la tradición histórica y lugareña lo distingue como “de la China”. En el mapa confeccionado por Tomás de Rocamora en 1782 figura un curso con el nombre “China A”; en otra carta posterior, sin fecha pero que se considera de la última década del siglo XVIII, aparece ubicada la Villa de la Concepción o Arroyo de la China. Se desconocen los motivos que dieron origen al nombre. El vocablo es de origen quichua y define a la hembra del ciervo, como “china-taruka”, y por extensión a la mujer. En 1778 los vecinos radicados en la costa de este arroyo solicitaron autorización para fundar una capilla. Los problemas surgidos por la posibilidad de ser desalojados de esas tierras, apresuraron la acción de Tomás de Rocamora, que eligió una loma algo al norte del arroyo para proceder a la fundación de Concepción del Uruguay. La barra de este arroyo fue declarada Lugar Histórico en 1942.

Arroyo “Urquiza”: es un paraje situado en el distrito Molino, departamento Uruguay, sobre el ex ramal ferroviario de Concepción del Uruguay a Concordia que fue habilitado al tráfico en 1913. El arroyo es un afluente del río Uruguay y desagua frente a la isla Almirón. Constituye parte del límite entre los departamentos Uruguay y Colón. Recuerda a José de Urquiza, Comandante de Entre Ríos entre 1804 y 1811, propietario de la estancia llamada “Rincón de Urquiza”.

Primitivamente se lo conocía como arroyo “Largo o del Cordobés”. En las inmediaciones de este arroyo, en un establecimiento ganadero que más tarde sería conocido como “Talar del Arroyo Largo”, nació Justo José de Urquiza, el 18 de octubre de 1801. En las márgenes del Urquiza funcionó, en la década de 1870, uno de los primeros molinos harineros a vapor, el “Santa María”, de Maury Hnos.

El balneario “Viejo Molino”, antes “Ruinas del viejo molino”, ubicado sobre ambas márgenes del arroyo, recibe ese nombre ya que en ese lugar funcionó un molino harinero, construido por Ludovico y Próspero Maury en el año 1884, lo que constituye la primera iniciativa de importancia en la utilización del agua como fuerza motriz en la Provincia de Entre Ríos. Este molino, paso por diferentes etapas y dueños, hasta que, siendo propiedad de Fabani Hnos., el 11 de Octubre de 1929 el viejo molino detuvo sus maquinas para siempre.

Banco Pelay en 1970

Banco Pelay: Era un inmenso banco de arena, donde en sus inmediaciones habitaba un pescador de apellido Pelayo, que todos conocían por Pelay. Los pocos visitantes que tenían acceso a este paraje, para identificarlo, decían: “estuvimos en la Playa de Pelay”.

Se han tejido una serie de anécdotas y leyendas, sobre quienes eran los que habitaban este lugar. Era una familia de pescadores, que siempre habían habitado ese privilegiado lugar, recibido como herencia. Vivian en una precaria vivienda, los moradores eran Don Pelay y su esposa Doña Rosa, no tenían hijos.

Don Pelay, todos los días en forma rutinaria, realizaba esa sacrificada tarea del pescador, recorría los espineles en busca de presas, que luego comercializaba en el puerto de Concepción del Uruguay. Con lo obtenido de la venta, adquiría alimentos para la subsistencia de él y su señora. Regresaba pasando el medio día, con su embarcación cargada de provisiones. Por la tarde, recorría las trampas estratégicamente ubicadas en la vegetación y comprobaba si no había alguna presa atrapada.

La felicidad, la paz y tranquilidad, que disfrutaban los Pelay, fue alterada por una inesperada visita. En una lancha arribaron unos señores, aduciendo ser los nuevos propietarios del lugar, el mismo había sido rematado por el fisco debido a la falta de pago de los impuestos. Que sabían los Pelay de ello, absolutamente nada, por ignorancia pasaban ahora de propietarios a encargados. Los nuevos dueños, introdujeron un centenar de ganado vacuno, Don Pelay paso ahora de pescador a tropero.

Doña Rosa, fue la que más sintió este cambio, el dolor y la tristeza fue minando sus fuerzas, hasta que falleció. Su esposo, sin consuelo, no demoro en seguir el camino trazado por su compañera.

La Tigrera: arroyo y puente. Este paraje situado en el distrito Molino, departamento Uruguay sobre el curso del arroyo Molino, era conocido como el Potrero de Chiloteguy. Allí vivía Francisco Lozano conocido como “El Tigrero”, debido a que se dedicaba a la caza de tigres y gatos monteses que abundaban en la zona. Cuando murió a su viuda, Manuela que quedo viviendo en el lugar, se la empezó a llamar “La Tigrera”, origen del topónimo. En la actualidad funciona al oeste del puente que atraviesa el arroyo un balneario camping que ha tomado este nombre: “La Tigrera”.

Acceso a balneario ” Itapé” en 1939

Riacho Itapé: Situado entre la ciudad de Concepción del Uruguay y la isla del Puerto. Para Buffa, la etimología de Itapé sería “piedra chata”, asociado a la abundancia de piedras grandes y planas que se encuentran sobre la costa del lugar denominado Salamanca. De ítá: piedra y pé: chata, recordemos que antiguamente se solía llamar Itapé a todo el largo de este curso de agua, lo cual incluí toda la extensión del arroyo “Del Molino”. El balneario, del mismo nombre fue creado por Ordenanza N° 0781 del 24 de septiembre de 1930 y es, en la actualidad, el más antiguo de la ciudad en funcionamiento.

Isla Cambacuá: es una isla, situada sobre el Rio Uruguay al sur de Concepción del Uruguay. La palabra de origen guaraní que significa “Cueva de negro”, de cambá: negro y Cuá: cueva y hace referencia a que ese lugar era un escondite seguro para los esclavos que resistían su situación.

Paso Vera: de la ciudad de Concepción del Uruguay sobre el río Uruguay. Recuerda al general Francisco Antonio de Vera Mujica, que en 1680 pasó a la banda oriental del río Uruguay con un contingente de tropas, en la campaña llevada por los españoles contra los portugueses. En años posteriores el mismo Vera Mujica vadeaba por este paso sus haciendas. Figura en el mapa del Padre Quiroga (1749) y se repite en otra carta fechada en 1768. A mediados de mayo de 1818 se instaló una batería de tres cañones ocultos en el Paso de Vera para la defensa de la costa. Actualmente es un balneario a continuación del Banco Pelay.

Río Uruguay: Nace en Brasil y desagua, junto con el Paraná, en el de la Plata. Constituye el límite de la provincia con el estado uruguayo. Dice Buffa que “pocos topónimos entrerrianos presentan las variantes que caracterizan a Uruguay. Durante el siglo XVI, la denominación característica fue “Río de Lopeti”. En la misma centuria, algunos geógrafos franceses e italianos consignaron el nombre “San Salvador”.

El nominativo aborigen sufrió muchas variantes: Urua, Uruall, Uruau, Urubay, Uruan. Ulrico Schmidel consignó la grafía Urquá. Caboto identificó al Uruguay con el Plata y lo llama Huruai. La cartografía de la época registró la denominación ‘Río Negro” dada al Uruguay. En el transcurso del siglo XVII, se sucedieron estas denominaciones en informes de los gobernadores al monarca o en cartas geográficas: Uruguay, Uraig, Uruayig. El padre Oñate, en su Carta Anual de 1620, lo llama Hiruguay. En el siglo XVIII, fue conocido como “Río de las Misiones” pues sobre sus riberas se alzaban numerosas reducciones. En mapas de la misma época, se usó la denominación actual, Uruguay, que ya apareciera en cartógrafos del siglo anterior, alternando con Vuraguay y Uruguaig. El vocablo Uruguay es un ejemplo de anarquía ortográfica. A través de los autores señalados, de distintas épocas y nacionalidades, se comprueba la deformación sufrida por la palabra.

Fue consecuencia del procesa de desfiguración de la lengua vernácula por los europeos, quienes transcribían los sonidos aborígenes como los interpretaban, pues desconocían las lenguas del Nuevo Mundo y, en muchos casos, apenas dominaban la materna. Ignorantes de las reglas para la transcripción de los sonidos característicos, los registraban con las articulaciones más similares de su idioma original”. Siguiendo a Buffa, “las palabras que componen el vocablo son las siguientes: urú: pajarillo de pechuga de gallina y gua: país o región e i: río, de lo que surge “Uruguay”, “río de la región del urú”.

En tanto el jesuita Nicolás Mastrillo Duran le llama “río de los caracoles” por la abundancia de estos moluscos en sus riberas, hipótesis que sostiene Irigoyen; de “urugua”: caracol de agua e y: río.

Edición: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Texto extraído de: Bourlot, Rubén y Bertolini, Juan, “Índice sintético de la toponimia entrerriana”, 2016, Argachá, Celomar, Gregori, Miguel Á. y Rousseaux, Andrés, “Ruinas del Molino Barreiro”, Bourband Néstor y Brossard, Araceli, “Banco Pelay, el paraíso, pasado y presente”, Rousseaux, Andrés, “Cuando los tigres merodeaban la ciudad” y Miloslavich de Álvarez, María del Carmen, “El molino Maury”

Las grande crecientes del río en C. del Uruguay

Creciente de 1959, vista del busto de Mariano López

Desde siempre, el río Uruguay ha tenido, cada tanto, crecidas extraordinarias, por la altura y área territorial que abarcaban.

Ya Rocamora al decidir fundar la ciudad sobre una de las tantas lomadas de la zona, pensó en proteger naturalmente la nueva villa de los embates del río, considerando que la zona original era muy vulnerable a la crecida siempre recurrente del río Uruguay, el tiempo le dio la razón y fue así que en la peor de las crecientes registradas hasta el momento, el 17 de abril de 1959, las aguas avanzaron hacia la ciudad desde diferentes puntos cardinales, inundando vastas zonas de C. del Uruguay, con excepción del casco histórico, que por estar situado sobre la colina elegida por Tomás de Rocamora, quedó, y por mucho, fuera del alcance de las desbordadas aguas del río Uruguay.

De muchas de ellas, solo tenemos referencias por documentos escritos y más cerca en el tiempo, fotográficos, ya que fue recién a fines del siglo XIX, más precisamente, desde el 1 de agosto de 1892, cuando se instala en el puerto nuevo la primera escala hidrométrica.

Creciente del año 1886/87, se puede ver el viaducto y la isla de “Las Garzas” casi tapada por las aguas

En este artículo, repasaremos aquellas más importantes (más de 7  metros)  que se han sucedido en la historia local en los últimos tiempos y que tanto perjuicio trajeron, sobre todo para las personas asentadas en la zona conocidas como “inundables”. Hoy la ciudad cuenta con dos defensas, la norte y la sur, que impiden el ingreso de las aguas en tiempos de crecientes, reduciendo casi al mínimo los daños que estas causaban tan solo hace unos años atrás.

De la primera gran creciente que se dispone de algún antecedente, es la que se produjo en el año 1886, que obligó a suspender los trabajos que se encontraban en plena ejecución, del nuevo puerto exterior (o muelle Nacional), sobre el río Uruguay. Si bien no nos es posible identificar con claridad la altura que alcanzó el río, ya que no estaba normalizado el sistema de medidas, podemos ver en las fotos de la época, que las aguas del río casi cubren por completo la isla de las “Garzas”.

Pocos años después, en 1899 el río vuelve a experimentar una importante crecida, la que esta vez sí pudo ser documentada fehacientemente, ya que desde agosto de 1892 se contaba con escala hidrométrica, obteniéndose un registro de 7,28 metros en el mes de setiembre de ese año. Durante este ascenso de las aguas, la Prefectura debió evacuar su edificio y numerosos habitantes ribereños debieron ser evacuados, asentándose en precarios campamentos, fuera del alcance de las aguas. Otra consecuencia de esta creciente fue que daño seriamente el viaducto que conectaba el territorio con el muelle exterior. Esta creciente se mantuvo con altos niveles por varios meses; es así que el 31 de agosto había alcanzado 6.30 metros.

En el mes de junio de 1923, las aguas alcanzaban la altura de 7,04 metros frente al puerto local y seis años después, en octubre de 1929, habían ascendido hasta llegar los 7,82 metros.

Creciente de 1929, vista de la avenida costanera

Debieron pasar casi cincuenta años, desde la colocación de la escala, para que el río Uruguay superara la barrera de los 7 metros. Fue el 20 de mayo de 1941, cuando el río alcanzaba su altura máxima, hasta ese momento, con 8,22 metros sobre cero del puerto local. En algunas fotos puede verse como las aguas del río cubrieron totalmente la avenida costanera y los galpones fiscales instalados en la zona portuaria.

Creciente de 1941, vista de la avenida costanera

En 1959, la conjunción de diversos factores meteorológicos e hidrométricos (intensas lluvias en la cuenca del río Uruguay sumado a una persistente sudestada, provocaron la hasta ahora mayor creciente en la ciudad, marcando, en el hidrómetros local 10,22 metros, dos metros más que la anterior, el día 17 de abril de 1959 a las siete de la mañana.

Creciente de 1959, vista de la casona de Briozzo, en el puerto viejo

En ese entonces, salvo la zona céntrica y el barrio del “Cerrito”, ubicados sobre sendas lomadas, toda la ciudad se vio alcanzada por las aguas desbordadas del río Uruguay y los arrotos “Itapé”, del “China” y el “Molino”. Las aguas del arroyo de la “China” ingresaron por el cauce del arroyo de “las Animas”, llegando a cortar la calle 9 de Julio.

Creciente de 1959, vista de la plazoleta y busto de W. Gadea

Las imágenes y las consecuencias materiales de esa gran creciente, quedaron para siempre en la memoria colectiva de la población, aun cuando muchas personas no habían nacido aún, que periódicamente la revive por medio de las fotos y alguna vieja filmación. Como puede verse en las fotos, el agua ascendió a 2,20 metros del nivel del piso de la prefectura local, llegando a tocar los bustos de mariano López y de Wenceslao Gadea, ambos ubicados en la zona del puerto nuevo.

El río Uruguay volvió a crecer en el año 1972, alcanzando los 7,35 metros en el mes de junio, y, aunque no fue lo importante de la anterior, el número de personas afectadas crecía al ir expandiéndose la ciudad y ocupando zonas consideradas “inundables”.

Creciente de 1959, vista del puerto y la avenida costanera

Al poco tiempo, el 1º de abril de 1974, comenzó la construcción del Complejo Hidroeléctrico de Salto Grande. El 21 de junio de 1979 se conformó el lago-embalse y la primera de las catorce turbinas comenzó a generar energía eléctrica. Esta represa debería actuar de ahora en más como regulador del río Uruguay, ya sea previniendo inundaciones o posibilitando un trabajo más planificado cuando la situación era incontrolable.

Finalmente, la última creciente de importancia se sucedió el 25 de julio de 1983, cuando el río llegó a los 8,08 metros sobre el cero del puerto local, provocando, hasta el 17 del mismo mes 328 familias evacuadas con más de 1200 personas afectadas que fueron instaladas en los viejos galpones de la Rural y en domicilios particulares. Cabe acotar que la evacuación de personas fue algo recurrente ante cualquier crecida  significativa del río, al punto de haberse construido en la ciudad residencias temporales conocidas como “Albergues para evacuados”, los que hoy  han sido destinados a otros fines.

En cada oportunidad que las aguas salían de su cauce, la mayoría de las personas afectadas y que debían auto evacuarse o ser evacuadas por la municipalidad y la Prefectura eran habitantes de los barrios “La Concepción” y “Cantera 25”.

Vista de la Defensa Sur

Eso, felizmente, ya no sucederá en el futuro ya que el 6 de junio de 2006 se inauguró la “Defensa Sur” de concepción del Uruguay, que consiste en un terraplén que tiene una longitud de 1.600 metros, recorre la ciudad en sentido este-oeste, desde la Dirección Nacional de Construcciones Portuarias y Vías Navegables hasta calle Lucas Piris, e ingresa en los terrenos del Ejército Argentino aproximadamente unos 300 metros. Tiene un coronamiento de seis metros a cota 11,40 metros del cero local. Esta obra imposibilita que ingresen las aguas del riacho “Itapé”  protegiendo a los barrios de “La Concepción”, “Puerto Viejo” y “La Quilmes”, aislando la ciudad por el este y por el norte.

15 años más tarde, el  20 de octubre de 2021, es inaugurada la “Defensa Norte”, que bloquea el ingreso, por el norte, de las aguas del arroyo “Molino” por el cauce del arroyo “El Gato”, protegiendo a los habitantes de los barrios Cantera 25, San Isidro y San José.

En río Uruguay, que tantas ventajas aportó y aporta a la ciudad, también en los momentos dónde sale de su cauce provocó en el pasado muchas situaciones no deseadas para los residentes de la ciudad, hoy sus aguas pueden volver a crecer, pero la ciudad está totalmente protegida de sus efectos negativos.

Texto: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Fuentes: Diario “La Calle”, “Crece el río Uruguay”, 17 de julio de 1983 y Andrés Rousseaux, “Las grande crecidas del río Uruguay en Concepción del Uruguay”, Diario “La Calle”, 29 de noviembre de 1992

Juan Manuel Blanes, el pintor del palacio San José

Batalla de Caseros, oleo de Juan Manuel Blanes

Juan Manuel Blanes nació en Montevideo el 8 de junio de 1830 y murió en Pisa, Italia, el 15 de abril de 1901 fue un pintor uruguayo de gran reconocimiento en el Río de la Plata por sus interpretaciones de temas históricos locales. Por el aporte de sus pinturas a la identidad uruguaya, es considerado en su país «el pintor de la patria». En 1844 realizó su primera pintura conocida, una imagen de la goleta inglesa Comodoro Purvis en la bahía de Montevideo.

Juan Manuel Blanes y su familia

Para el año 1854, Juan Manuel Blanes, era un joven con grandes aspiraciones de triunfo. Pintaba paisajes y algunas otras cosas, sin la crítica constructiva tan necesaria y oportuna para un autodidacta. Pero había comenzado con retratos que le daban un buen sustento. Pero no se sentía conforme y ante la carencia de maestros, así es que decide trasladarse de su cuidad Montevideo a Salto, donde sigue con los retratos.

Por otra parte, el General Justo José de Urquiza era el presidente de la Confederación Argentina. La capital fue la ciudad de Paraná, pero Urquiza gobernaba desde su casa Palacio San José.

No se sabe bien como fue el encuentro entre los dos, pero Blanes le envía a Urquiza un cuadro, de “tamaño, mediano, de ideografía original, alegoría argentina, al óleo”, como lo especifica un documento de la época. Este obsequio llamó la atención de Urquiza, con quien se entrevistó en el palacio San José y le encargó una serie de obras, por lo que se mudó con su familia a Concepción del Uruguay en 1856. También pintó un retrato del general Urquiza. Luego viajó a Montevideo. De esta manera Blanes logra uno de sus objetivos, tener jerarquía. Llego a ser el pintor de la persona más importante del momento.  Durante su estadía en Concepción del Uruguay, el pintor se alojó en una casa, que ya no existe, en calle 9 de Julio 823.

Corría el año 1856 y ya se había instalado en la ciudad y la mayoría de sus trabajos se los encargaba Urquiza.

Hoy en Palacio San José, se pueden apreciar algunas de sus obras como, por ejemplo:

Retrato del Alférez Miguel G. González

Miguel Gerónimo González

El motivo de este retrato es un poco novelesco.  Después de la batalla de Cagancha, en la Republica del Uruguay (1840), desarticuladas las tropas de Echague (Gobernador de Entre Ríos), Urquiza se lanza al río Uruguay con su cabalgadura. Pierde el dominio del animal y cae al agua sin saber nadar, es entonces que Miguel González le salva la vida, arriesgando la suya.

Motivo este por el que Urquiza hace pintar su retrato por Blanes, en agradecimiento, además de otros reconocimientos.

Los cuadros de las batallas

Caseros, carga de la caballería. Juan Manuel Blanes

Son en total ocho cuadros, de dos metros con cincuenta de largo por noventa centímetros de ancho.

Hay dos escenas de la batalla de Caseros. En uno se ve el desplegué de la caballería entrerriana y el otro la escena abarca la carga contra el Palomar y la Casa de Caseros. Muestra a Urquiza en el centro acompañado por su perro Purvis.

Otros de los cuadros, tienen escenas de las batallas de Pago Largo (1839), Laguna Limpia (1846), Vences (1847), Sauce grande y Don Cristóbal (1840) e India Muerta (1845).

Estos cuadros pintados a través del relato del Gral. Urquiza, fueron colocados en el Patio de Honor, en las esquinas, encontrados de a dos.

Los frescos de la capilla

Frescos de la Capilla. Juan Manuel Blanes

Para 1857 se construía el oratorio privado en palacio San José y Urquiza eligió a Blanes para la decoración de la cúpula. Este viaja en 1858 a comparar todos los elementos necesarios a Buenos Aires. Para mediados del año presenta al Gral. Urquiza los motivos que pintara en la cúpula.

Pinta el fresco principal, “Sueño de San José”, momento en que el ángel le anuncia a san José que será padre. Y el resto de los cuadros son motivos bíblicos con escenas del Vía Crucis.

Terminado este trabajo, regresó a Montevideo, donde continuó pintando retratos y cuadros de temas gauchescos.

Ya alejado de estas tierras, en 1860 Blanes solicitó al gobierno de su país una beca para viajar a Europa a estudiar pintura por cinco años, y a cambio ofreció el envío de las obras que realizara para que su gobierno eligiese, y la promesa de fundar una academia de pintura a su regresó.

En 1869 envió a Urquiza, en Concepción del Uruguay, un retrato ecuestre junto con una carta en la que le cuenta a su viejo mecenas: Exmo. Señor: Alentado por V. E. en el arte que profeso, lo estudié rigurosamente cuatro años en Europa, ayudado por el tesoro público de mi país. La pintura que se encontraba en la Legislatura de la provincia (Colegio del Uruguay), fue destrozado a lanzazos por las fuerzas jordanitas el 12 de julio de 1870. De esta obra, hoy, solo se conserva la cabeza

Lleva su nombre el Museo Juan Manuel Blanes, que se encuentra en el barrio Prado, en Montevideo. Este museo se especializa en Historia del Arte Nacional y contiene gran parte de su obra como colección permanente.

Bibliografía: Macchi, Manuel, “Blanes en el Palacio San José” (1980), Mallea, Lorenza, “Las mallas del viaje” (1982) y Efemérides Culturales, Históricas, Sociales y Políticas de Entre Ríos