Francisco Ratto. Inmigrante y presidente municipal

En el pueblo de Torre, en la Liguria italiana, nacía Francisco Ratto, el 30 de noviembre de 1834. Este pequeño pueblo, fue también el origen de Ángel Ratto, padre de, entre otros hijos, de la doctor Teresa Ratto y de Juan bautista Ratto, fundador de la panadería “Clara B. de Ratto e hijo”.

Desde muy temprana edad, quedó huérfano y siendo muy joven, se embarcó hacia estas tierras, buscando, sin dudas hacer “la América”, esa quimera perseguida por muchos inmigrantes de todo el mundo que elegían nuestro país en ese entonces.

Se afincó en nuestra ciudad, capital de entre Ríos en esa época, en la zona del puerto, actual barrio del “Puerto Viejo”, dónde edificó su casa en un terreno de media manzana y se dedicó a la industria del pan, dónde llegó a tener como socio a Jorge Clark.

Cuando se sintió seguro de que su futuro estaba asegurado, volvió a su tierra a buscar a quien sería su compañera de toda la vida. Es así que, en la ciudad de Vobbia, provincia de Génova, contrajo enlace con la señorita Sabina Risso, regresando luego a su tierra, en el vapor francés “Poitou”, uno de los tantos que servían de transporte entre Europa y América.

La situación que Francisco encontró a su llegada, no era el más propicio, había sido asesinado el general Urquiza y era frecuente oír de boca de los viajeros lo dramático que era n  los desembarcos en costas “…erizadas de alarmas, cordón sanitario y custodiados por vigilantes guardas”.

El flamante matrimonio se instaló en su casa, de calle Lima (hoy Moreno), dónde nacieron nueve hijos, cuatro varones y cinco mujeres.

Debido a su carácter y a su personalidad generosa, Francisco Ratto no tardó en tener una importante participación en las asociaciones italianas locales, “Italiani Uniti” y “Unione e Benevolenza”, a cuya unión definitiva contribuyó con gran decisión.

Fue vicepresidente de la comisión provisoria fundadora de la “Benevolenza” y consagrado presidente en la primera asamblea general ordinaria, realizada el 26 de junio de 1874, cargo que desempeñó nuevamente  en 1881, 1886 y 1896. Fue vicepresidente en 1880, 1882, 1884, 1885, 1890 y 1892 y vocal de la Comisión Directiva en 1887, 1888, 1891, 1894 y 1898. En el año de su muerte era presidente de la Comisión de Edificación, que tenía a su cargo todo lo atinente a la construcción de la nueva sede de la Sociedad Italiana.

Pero, su compromiso social no se limitó sólo a los miembros de la colectividad italiana, sino que se extendió a toda la comunidad, es así, que lo podemos ver formando parte de los miembros electos el 1 de diciembre de 1872, para formar parte de la primera municipalidad que tuvo la ciudad de Concepción del Uruguay en virtud de normado por la Constitución de 1860. A las siete de la tarde de ese 1º de diciembre se clausuró el acto comicial. Efectuado el escrutinio, cuyo resultado fue aprobado por el Poder Ejecutivo veinte días después, resultó electo para integrar la primera Municipalidad de Concepción del Uruguay, junto con  las siguientes personas: José M. Zapiola, Luis Scappatura, José Antonio de Urquiza, Federico Guido; Enrique González, Antonio L. Piñón, José Aguirre, Francisco Deschamps, Juan Guimaraens y Lorenzo Barceló,  Roberto Cremen, Ciriaco Allende, José Ubach, Domingo Rondoni, Porfirio G. Tenreyro, Pedro D. López, Plácido Guerrico, Antonio Panicera, Andrés Paulsen, Francisco Calot y José Ballestrín, siendo consagrados mediante el Acta Nº 1 de la nueva Corporación, realizada el 1 de enero de 1873.

Al día siguiente, y de acuerdo a lo registrado en el Acta Nº 2, es designado como miembro titular y en esa misma reunión es electo como primer presidente de la municipalidad de Concepción del Uruguay, el señor Juan A. Piñón. Luego, Francisco Ratto, aparecerá nuevas veces como miembro de la Corporación Municipal, hasta que el 14 de octubre de 1878, al fallecer el intendente electo, Juan Bautista Rey, debe asumir el mando ya que se encontraba desempeñando el cargo de Vicepresidente de la comuna. Finalmente, en Sesión Especial, la corporación lo nombra Intendente, cargo que desempeñará hasta el 14 de noviembre del mismo año,  en que es designado Presidente Titular el Sr. Martín Ruiz Moreno.

En el año 1884, fue designado por el gobierno del Rey de Italia, agente consular de este país en la región, cargo que ya ejercía luego de la muerte de su amigo y antecesor Ambrosio Lantelme, en la reseña de su vida, publicada en el libro que conmemora el 75 aniversario de la fundación de la Sociedad Italiana, y refiriéndose a su rol como  Cónsul, dice “En todas las circunstancias de las efemérides patrias, en las relaciones con las autoridades locales, en acontecimientos jubilosos o aciagos, trató de estrechar los vínculos entre ambos pueblos y de suavizar asperezas por inevitables incidencias, desempeñando hasta su trágica desaparición este delicado cargo”.

Su actividad comunitaria, fue muy intensa, fue miembro de varias instituciones sociales y culturales, por ejemplo, fue parte del Club Social, de la masonería local con el grado 33, tuvo activa participación en las acciones de resistencia al traspaso de la capital de Entre Ríos a Paraná (1883), entre otras.

De entre sus hijos, se destacó el mayor de ellos, también llamado Francisco, que ofició como escribano en la ciudad de Buenos Aires, dónde también tuvo una destacada actuación política, llegando a ser Senador y ministro de Hacienda durante la gobernación del Dr. Valentín Vergara. De sus hijas puede mencionarse a Laura, quien se graduó como profesora en de literatura y pedagogía la escuela normal de Paraná siendo luego designada directora de la escuela de graduadas de esta ciudad y más tarde regente de la Escuela Normal, luego se dedicó a la acción pública, siendo presidente de distintas instituciones locales y de Buenos Aires, dónde se había trasladado. Fue la esposa del Ing. Julio Henri.  Otras de sus hijas fueron Elvira Ratto de Paradelo (primera directora de la Escuela Urquiza) y Agustina Ratto de Cánepa, docente de la Escuela Normal.         

Tumba de Francisco Ratto

En 1899, ya retirado de sus actividades comerciales, y habiéndose trasladado al campo en los alrededores de la ciudad, al descender del vehículo que lo trasladaba junto con un joven peón, y al apoyarse en su escopeta, que siempre lo acompañaba, ya que era un gran cazador, esta se disparara hiriéndolo de gravedad y por lo que terminaría falleciendo en brazos de su esposa que pudo ser avisada y alcanzó a verlo con vida. Francisco Ratto, falleció, como se ha dicho de manera trágica, el 29 de junio de 1899 y sus restos se encuentran en el cementerio local en una tumba con una pintoresca escultura de mármol de carrara que como detalle distintivo pose un ancla y una columna trunca.

 

Texto: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Bibliografía: Abescat, Francisco “La ciudad de Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay” y “Los primeros 75 años de “La Benevolenza. 1874-24 de mayo-1949”  (Agradecemos a la Sra. Alicia Mangia habernos facilitado el acceso a este último material.

                                                                                                        

 

La tragedia del Arroyo Sandoval y las maniobras militares de 1914

Las tropas marchan desde la Escuela Normal hasta el puerto

En el cementerio local, a metros a la izquierda del panteón del Dolores Costa se levanta un monumento de piedra mora cuyo significado es totalmente desconocido para la mayoría de las personas que transitan por el sitio, se trata de un homenaje a las víctimas del luctuoso hecho conocido como “La tragedia del Arroyo Sandoval”.

Los hechos

En los años 1913/1914 ya se hablaba de un enfrentamiento mundial, que comenzaría en Europa. Y se decía que Brasil atacaría a nuestro país. Por tal motivo los Estados Mayores de nuestras Fuerzas Armadas, encomendaron al Gral. Eduardo Ruiz la coordinación y planificación de ejercicios militares en la provincia de Entre Ríos, con la participación de más de 15.000 soldados, que estaban destacados en los departamentos Concordia, Villaguay y Concepción del Uruguay. Participaron efectivos de Primera, Segunda, Tercera, Cuarta y Quinta Región Militar.

El proyecto planteado se basaba en la hipótesis que una “Fuerza Colorada”, invadía el territorio franqueando el rio Uruguay. Estas fuerzas avanzaban por el centro de la provincia hacia el Sur, siendo interceptadas por las “Fuerzas Azules” a la altura del departamento Villaguay.

Los planes del Gral. Ruiz fueron aceptados y los soldados participantes arribarían a nuestra provincia en barcos y en ferrocarril, costando estos ejercicios $250.000 de ese entonces.

Los informes meteorológicos emitidos en diciembre de 1913, presagiaban lluvias e inundaciones para abril de 1914 en la provincia. Estos informes no fueron tomados en cuenta por las Fuerzas Armadas, pronóstico que  luego habría de concretarse. La media anual de lluvia en Entre Ríos es de 900 mm, ese Abril llovieron 450 mm.

Las tropas marchan desde la Estación de trenes a la Escuela Normal, donde se alojarían

Es de imaginar que los caminos, que eran de tierra, no hicieron fácil el desplazamiento de las tropas, sumándose también los arroyos desbordados y los terrenos y campos anegados. Tal es así, que por ejemplo. en las vías férreas que unían Basavilbaso con Concepción del Uruguay, en el puente sobre el rio Gualeguaychú, el agua sobrepasaba las vías en un metro.

Los encargados de estas maniobras se mostraron satisfechos por la resistencia de sus soldados, que cruzaron campos inundados, ríos y arroyos desbordados, perdiendo algunos elementos, pero los soldados con frío y engripados seguían adelante.

El día 25 de abril, arribó a la zona del Arroyo Sandoval una compañía de soldados del Regimiento 2 de Infantería “Gral. Balcarce”. Habían acampado en los galpones del ferrocarril de Estación Clara y avanzaban para el encuentro con el supuesto enemigo que debía ocurrir entre los Arroyos Vizcacheras, Villaguay y Sandoval.

Como el Arroyo Sandoval estaba desbordado  y ya era la tarde-noche, y con lluvia, se veía poco, el encargado Capitán Julio Mon, ordena cruzar el arroyo por el puente ferroviario, con tan mala suerte que en el momento del cruce,  ya con la tropa sobre el puente, aparece un tren de carga procedente de Paraná que iba con destino a Concordia, arrollando a los soldados. Algunos mueren al chocarlos la formación, otros se tiran al agua, algunos fueron arrastrados por la corriente.

Las tropas marchan hacia el puerto por calles Galarza y Eva Perón

No se sabe a ciencia cierta cuántos fallecen, se supone por interés del ejército que intentaba minimizar los hechos. Algunas fuentes indican que fueron aproximadamente 70 personas las que perdieron la vida, otros sólo 5. El Capitán Mon, se suicidó por su responsabilidad en este hecho descerrajándose un tiro con su pistola reglamentaria, aunque algunos sostienen que también murió arrollado por el tren.

El resto de las tropas se concentran en Concepción del Uruguay, fueron alojados en las instalaciones de la Rural y Escuela Normal. Las crónicas de la época destacan el buen comportamiento de los soldados con la población, pues vivieron aquí una semana esperando el regreso a sus casas.

En los últimos días de abril, la Armada Argentina destaca en nuestro puerto, una escuadra de buques y transporte al mando del Capitán de Navío Luis Almada, integrada por la Cañonera Paraná, al mando del Cap. de Fragata Daniel García, la Cañonera Rosario, al mando de Cap. de Fragata José Cross, los Transportes Guardia Nacional, al mando del Tte. de Navío R. Ramiro, el “1º de mayo, al mando del Tte. de Navío Remigio de La Sota, el “Constitución”, al mando del Tte. de Navío José A. Urquiza, el “Pampa”, al mando del Capitán de Fragata Nelson Page y el “Maipú”, al mando del Tte. de Fragata Julio Luneta.

Esta concentración de buques ha sido la mayor que se registró en nuestro puerto. Los barcos esperaban turno para entrar en inmediaciones de puerto exterior. A medida que se iba disponiendo la entrada, embarcaban los soldados y sus pertenencias. Esto llevo varios días.

Los soldados permanecieron en nuestra ciudad hasta el 8 de mayo, día en que, en formación, desfilan despidiéndose de los concepcioneros.

Monolito que recuerda el hecho en el cementerio local

Salieron de la Escuela Normal, por calle San Martin hasta 3 de febrero, por esta y Urquiza hasta Galarza donde se encontraban los alumnos del Colegio Nacional. Por calle Galarza pasan frente a la casa del Gral. Urquiza, donde estaban formadas las alumnas de la Escuela Normal. Las tropas se detienen y la banda interpreta el Himno Nacional Argentino. Las alumnas les regalan escarapelas a los Jefes Oficiales y Suboficiales.

Con el paso de los soldados que accedieron al puerto por calle Mitre, gran parte de los habitantes de Concepción del Uruguay, despiden desde los muelles al último buque que zarpo de regreso.

En nuestro Cementerio Municipal, como dijimos, existe un monolito que recuerda a los caídos el 25 de abril de 1914. En el año 1964, los sobrevivientes de la tragedia del Sandoval, colocan una placa, que lamentablemente fue robada. Hoy, mucha de las personas que transitan por este lugar no conocen la trágica historia que se oculta tras este sencillo monumento de piedra

 

Texto: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Bibliografía: Rousseaux, Andrés, “Historia del puerto Concepción del Uruguay”, Tomo I y diario “La Calle” 22, 23 y 24 de abril de 1995. Agradecimientos a la Mus. Ana Trípoli y a la hemeroteca del museo “Casa de Delio Panizza” por su colaboración para este artículo

 

 

 

 

 

 

Cuando se dispuso talar todos los árboles de plaza Ramírez

Plaza en 1902, puede verse sin árboles y ya con la reforma de canteros de W. Gadea

Wenceslao Gadea, la tala de árboles en plaza Ramírez y la defensa de Lorenzo Sartorio
 
En el libro “La ciudad de Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay”, una Edición de Autor de Francisco Javier Abescat (Editorial Ca-Sal, 10 de marzo de 1971) podemos leer lo siguiente:
“25/2/1901 se autoriza a cortar inmediatamente todos los arboles de plaza Ramírez y vender la madera. La gran arboleda se taló por la noche apareciendo al día siguiente sin árboles, a raíz de lo cual hubo un movimiento y propuesta popular y se imprimieron y distribuyeron volantes alusivos al hecho”.
La Ordenanza Nº 21, fue aprobada por el HCD el 19 de febrero de 1901 siendo su presidente Porfirio L. Tenreyro y su secretario José A. Vidal, y promulgada el 3 de marzo de 1901 por el presidente municipal Wenceslao S. Gadea y secretario Gregorio Izaurralde.
 
El articulado, expresa lo siguiente:
Art. 1: Autorícese al DEM para que someta a estudio de persona perita, la sustitución de los paraísos que se encuentran en la plaza “General Ramírez”, por la arboleda adecuada para esta clase de paseos, debiendo presentar un proyecto al efecto.
Art. 2: El DE procederá a cortar inmediatamente todos los árboles casuarinas que existen en la misma.
Art. 3. Autorizase igualmente al DE para que se proceda a la venta, en licitación pública de toda la madera que se extraiga de estos árboles, destinando su producto a la compra de nuevos árboles que embellezcan dicha plaza.
Art. 4: Los gastos que demande la presente se imputarán a Obras Públicas
Art. 5: Comuníquese.
 
Esc. Wenceslao Gadea

Wenceslao Gadea es electo Presidente Municipal el 7 de enero de 1899, Gadea renuncia a su cargo el 20 de mayo de 1902, siendo reemplazado por el Presidente del HCD, Porfirio L Tenreyro. Había nacido en la ciudad de concordia en el año 1863 y falleció en Buenos Aires en 1951.

Estudió en el colegio Nacional Justo José de Urquiza y más tarde se recibió de Escribano, a lo largo de su extensa vida desempeñó varios cargos públicos entre los que se destacan el de Secretario (1893) y Presidente de la Municipalidad local (1899-1902) cargo al que renuncia para asumir como Diputado provincial por el partido Conservador desempeñándose como tal hasta el año 1905 y autor del libro “Don Justo, la tragedia de Entre Ríos en 1870” sobre el asesinato del general Urquiza.
Como Intendente realizó importante sobras para la ciudad, entre ellas: Sustituyó el alumbrado público a kerosene por el de gas acetileno y más tarde por el alumbrado eléctrico. Obtuvo del Gobierno Nacional la reconstrucción del edificio del Correo y de la Curia Eclesiástica la refacción del interior de la Parroquia de la Inmaculada Concepción y de sus techos. Hizo construir los jardines y canteros de la Plaza Ramírez y remodeló el cementerio público municipal que estaba, para ese tiempo, muy deteriorado. Proporcionó al Gobierno Nacional la piedra para construir la dársena del puerto, y finalmente logró de la Provincia la sanción de la Ley que permitió la construcción de la Escuela Nicolás Avellaneda. En 1907/8 fue Convencional por el Círculo Uruguay-Colón junto con los Dres. B. G. Cook y L.B. López
Wenceslao Gadea falleció el 15 de Agosto de 1951, a los 88 años, en la ciudad de Buenos Aires y sus restos descansan en el panteón de la familia Jorge en el cementerio local. Una calle de la zona del puerto nuevo lleva su nombre (Ordenanza 1566 del 8 de septiembre de 1952), y lindando a esta en una plazoleta existe un busto que lo recuerda.
 
Intentando dilucidar los pormenores de esta publicación, consultamos distintos ejemplares del periódico “La Juventud”, existentes en la Hemeroteca Municipal en el museo Casa de Delio Panizza, para relatar cómo fueron los hechos, y si en verdad esta tan polémica resolución se llevó a cabo, a pesar de lo afirmado por Abescat en su publicación.
 
Lorenzo Sartorio

“La Juventud”. Este periódico, fue fundado y dirigido hasta su muerte por Lorenzo Sartorio, quien lo funda, el 14 de diciembre de 1899, con tan solo 14 años (Había nacido en 1885) y se publicaba los martes, jueves y sábados, siendo sus diferentes ediciones muy esperadas por el contenido de sus artículos. Lorenzo Sartorio falleció en Buenos Aires el 25 de febrero de 1921, siendo sus restos traslados a la ciudad por tren y depositados en un panteón en el cementerio local. Su periódico, “La Juventud” dejó de aparecer entre los años 1953 a 1955. La ordenanza Nº 646 del 14 de octubre de 1924, le da su nombre a la ex calle Nº 1 del Norte. Los ejemplares que hoy atesora el museo “Delio Panizza”, fueron legados al propietario de la vieja casona, por Cecilia Sartorio, última hermana viva de Don Lorenzo.

Durante la búsqueda en las ediciones preservadas en la hemeroteca del Museo Delio Panizza, correspondientes al año 1901, hemos encontrado 3 referencias a los árboles de plaza Ramírez (4 y 11 de marzo y 1 de abril) y uno al paseo en general, correspondiente al 19 de septiembre de dicho año, todas ella oponiéndose a la medida y al estado de la plaza.
 
El primero, publicado al día siguiente de la promulgación de la Ordenanza por el intendente Gadea, es decir el 4 de marzo de 1901, bajo el título “Este desatino, Sres. Ediles” expresa: “Una Ordenanza municipal recientemente sancionada, manda que sean tumbados bajo el peso del hacha los paraísos que adornan nuestra plaza embelleciéndola. Constituye esta medida un desatino del gobierno de la ciudad. Un disparate natural que solo obra inducido por la inspiración de un inocente, sin pensar en las conveniencias y el ornato de la plaza. Esos árboles frondosos que brindan su sombra protectora están bien como están y solo puede permitirse que un gobierno comunal despojado de prestigio sin fijarse en la protesta pública, mande hacer un desatino semejante.
”El producto de la leña que den se empleará en la compra de los que han de suplir, pero sean cuales fueren estos árboles, Sres. Ediles tendremos la plaza Ramírez por algunos años en estado deplorable. ¿Acaso no hay suficiente con la destrucción de los jardines para hacer las innovaciones que han dejado a la plaza despojadas de éstos, reemplazados por un adorno mamarrachos sin ninguna estética porque ni siquiera se han consultado las reglas de un mediano buen gusto. El gobierno de la comuna manda ahora a deshacer ahora, de un golpe lo que fue obra de estudio para otras C.D. constituido por elemento de más inspiración y preparación que llegaron a la solución de que configura un desatino el voltear árboles que difícilmente podrán ser bien reemplazados. Las casuarinas están también incluidas en la resolución edicial”.
 

 

En esta foto pueden verse los canteros con diferentes formas de la reforma de W. Gadea
 
Días después, el 11 de marzo, el periódico volvía con sus reclamos a favor de los árboles de la plaza y en un artículo titulado “Protestamos nuevamente” publicaba una nueva crítica que decía “Ninguna resolución ha tomado el C.D. Municipal que destruya su resolución destinando a ser cortados los árboles de la plaza y por lo tanto, repetimos nuestra protesta. El público sensato ha aplaudido nuestra propaganda y solo hay palabras de acre reproche contra los que han ordenado semejante extinción. Los árboles de la plaza están bien como están y los únicos responsables de la falta de ornato y desmantelamiento de la misma serán los Sres. Ediles, muchos de ellos sin intereses en este vecindario y que bien pueden estar hoy en esta como mañana en Buenos Aires y, por consiguiente, importándoles bien poco que exista o no plaza, que tengan o no árboles que le embellezcan, etc. Un anciano venerable que fue laborioso intendente, Mrs. Seekamp (Fue intendente interino en 1882 y 1883),n os decía, días ha, que él ha visto pasar 30 años para que los paraísos llegaran a ser los frondosos y bellos árboles que hoy embelleces nuestro paseo público. Esperamos, repitiendo nuestra protesta severa contra tal desatino edilicio”.
 
El 1 de abril, “La Juventud” volvía a arremeter contra la norma cuestionada, y bajo el título de “Los árboles de la plaza y el Concejo Deliberante” expresaba “Parece que el intendente no se atreve a cumplir, en atención a la protesta pública, la ordenanza del C. D. Municipal que manda exterminar los árboles de la plaza Ramírez. Hemos dicho y repetimos, buscando la derogación de la ordenanza citada porque ellos es un anhelo público, que el gobierno comunal está en un error craso al interponer como fundamento que esos árboles que embellecen aquel paseo público son viejos. Esto no es una razón ni la aceptamos como excusa. La arboleda de nuestra plaza es frondosa en primer lugar y luego se encuentra en perfecto estado.
“Como medida higiénica, continúa, el cronista, los árboles son necesarios” luego agrega que “Nuestros ediles no saben que destruir árboles es destruir vida” y agrega “A ellos le dedicamos la transcripción de lo que dice (el general) Mansilla “…confío en Dios y confío que de algún provecho ser (la publicación oficial del gobierno Norteamericano sobre Arboricultura) en tierras donde todavía no saben todos que destruir árboles, es destruir vidas”.
Como se ve, a casi un mes de promulgada la norma, está todavía no había sido cumplida, en razón, si nos dejamos llevar por esta fuente, del malestar general que esta medida había provocado en la población de la ciudad.
 
En esta foto pueden verse los canteros con forma de estrella de la reforma de W. Gadea
 
La última referencia a este tema que encontramos en el archivo de “La Juventud” es del 11 de septiembre y en un artículo titulado “32 meses después” el redactor hace una severa crítica sobre las obras de Gadea en plaza Ramírez, pero sin mencionar la tala de árboles.
Dice la noticia “En los primeros días de diciembre de 1899, al ocupar su puestos, el intendente hacía, con todo brío, dar inicio a las obras de ornamentación de nuestra plaza Ramírez. Desde entonces (…) no se ha hecho otra cosa en esa plaza Ramírez como no sea remover tierra, destruir el buen trazado de los jardines, destrozar las pocas plantas existentes. A los 32 meses han concluido de arrojar tierra inútilmente, gastando en peones, acarreos, etc., miles de pesos para no dejar siguiera algo que pueda verse sin repulsión. Y como el señor Gadea y todo ese tren de empleados (…) han resuelto ahora entretener ahora a esos 5 o 6 peones en hacer luceritos, estrellas, soles y lunas en los jardines, o lo que equivale a decir destruir todo lo hecho anteriormente, lo que poco nos importaría si no tuviera el pueblo pagano que pagar todas esas tonterías de los ediles con nuevos impuestos”.
Como se ve, el redactor no hace referencia explícita al corte de los árboles, por lo que después de leer estas noticias, podemos concluir con bastante certeza que el misma nunca ocurrió, al menos por ese año 1901.
Algunos párrafos de la misma son elocuentes para reseñar la obra del intendente en lo referente al principal paseo público de la ciudad de entonces, aunque es interesante destacar que el periódico dirigido por Lorenzo L. Sartorio fue muy crítica con las acciones del municipio y no son raros los ataques al intendente y ediles por la plaza, el cementerio público, la plaza Constitución y la iluminación a kerosene, gas o eléctrica de la ciudad, e incluso por intentar regular las tarifas de los cocheros, los remises de la época.
 
El origen de esta foto no lo hemos podido hallar, ¿será una toma de la trágica tala de árboles?
 
Luego de analizar estos documentos, y como vinimos anticipando, podemos llegar a firmar que la tala indiscriminada de árboles no ocurrió ese año, ya que de haberse hecho, se vería reflejado en las páginas del periódico, aunque podría haberse hecho un año después, a juzgar por una foto fechada en 1902.
 
Wenceslao Gadea, produjo importantes modificaciones en el viejo trazado de la plaza, como puede verse en viejas fotos, algunas de las cuales acompañan este trabajo, donde se pueden ver canteros irregulares y de varias formas, incluso uno con forma de estrella.
 
No hemos podido ver fotos que muestren a la plaza con los árboles “frondosos” como hace referencia el periódico, pero si podemos ver años después a la plaza casi sin árboles o con estos muy jóvenes por lo que seguramente en algún momento estos deben de haber sido reemplazados, aunque no hemos podido determinar si esta sustitución fue tan drástica como lo indicaba la Ordenanza Nº 021/1901, aunque una foto, acá publicada, y fechada en c. 1902 muestra el paseo casi totalmente despojado de árboles, aunque es difícil a veces datar correctamente las imágenes.
 
Bibliografía: Abescat, Francisco “La ciudad de Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay”; “Nomenclatura callejera. Quien es quien en las calles de la ciudad”, Guía Turística de Concepción del Uruguay, Centro Editor Río de los Pájaros, Jorge Bonvín, “Calles con historia”, Municipalidad de Concepción del Uruguay, “Ordenanzas y Decretos 1901”, Periódico “La Juventud” y Larenze, Héctor Luis, “Concepción del Uruguay. Sus calles… su historia”. Agradecimientos a la Mus. Ana Trípoli y a la hemeroteca del museo “Casa de Delio Panizza” por su colaboración para este artículo
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El hundimiento del barco Ciudad de Buenos Aires

Barco “Ciudad de Buenos Aires”

A 64 años del hundimiento del barco Ciudad de Buenos Aires. Pasajeros de nuestra ciudad viajaban en él

La historia de cualquier ciudad, no solo se debe a la vida de sus hombres y mujeres, sino también a los hechos alegres y por supuesto catástrofes que  marcan esa historia. No escapa a esto Concepción del Uruguay, cuna de grandes hombre como el Gral. Francisco Ramírez, el Gral. Justo José de Urquiza, Capital Histórica de la provincia de Entre Ríos, en efecto, la ciudad sufrió una  de las mayores catástrofes se sucedió en el año 1959, donde el río Uruguay se desbordó por varios metros sobre su marca normal de un metro, o la tragedia del “Puerto Viejo”, hechos a los que ya nos hemos referido en este sitio, entro otros, seguramente menores.

Hoy nos vamos a dedicar a otro de ellos, que ocurrió el día 27 de agosto de 1957. El hundimiento del barco Ciudad de Buenos Aires que transportaba desde el puerto de Buenos Aires pasajeros a nuestra ciudad y departamento. Concepción del Uruguay se vio enlutada en este hecho, ya que en el mismo desaparecieron dos vecinos de la ciudad, como la señora Ethel Witcoff de Ciacon, esposa de Beril Ciacon que también viajaba en la nave y pudo ser rescatado y el señor Miguel A. Izaguirre, suboficial de la Banda de la Escuela de Ingenieros, de 26 años. En el barco viajaban otros dos Uruguayenses que afortunadamente salvaron sus vidas, ellos eran Marcelo Martínez Uncal, que fue trasladado a Colonia y Julio Arrarte, que luego de ser rescatado fue derivado a la isla “Martín García.

El Sr. Izaguirre viajaba  junto con su esposa, la que logro ser salvada por una de las embarcaciones que acudieron en socorro de los náufragos.

¿Qué había ocurrido aquella fatídica noche del 27 de agosto de 1957?

El barco Ciudad de Buenos Aires, pertenecía a la flota fluvial, anteriormente hacia el servicio nocturno entre Buenos Aires y Montevideo.

La nave, muy moderna para la época, tenía una velocidad de 16 nudos, contaba con turbinas de vapor con 5825 CV de potencia de 3754 ton de registro bruto. Podía transportar 720 pasajeros y medía 110 metros de eslora (largo).

El 27 de agosto de 1957, afectado a navegar desde Buenos Aires a puertos del río Uruguay, zarpo a las 17.00 horas desde  Capital Federal y debía arribar a Concepción del Uruguay el día siguiente, es decir el 28 de agosto a las 08:00 horas.

Mormacsurf, nave que que colisionó con el “Ciudad de Buenos Aires”

Desde el puerto de la ciudad de Rosario había zarpado el carguero de bandera norteamericana Mormacsurf que tenía como destino el puerto de hacia Buenos Aires. A la altura del Km. 126,7 ambos barcos se encontraron proa a proa. Ambos correctamente maniobraron a estribor (derecha). Pero el Ciudad de Buenos Aires tal vez por miedo a varar sobre el veril, cayó a babor (izquierda), cruzándose frente al carguero que venía e n bajada con carga y corriente a favor, siéndole imposible, a este último, evitar el choque, que se produjo sobre la banda de estribor del Ciudad de Buenos Aires. Este comenzó a escorarse (inclinarse) de inmediato hacia babor, haciendo caer al agua a la gente que estaba en cubierta y por supuesto generando pánico entre la tripulación y pasajeros al ver toda el agua que entraba al barco.

La colisión sucedió, aproximadamente, a las 22:45, a la altura del Km. 126 del canal principal del Río de la Plata, en las cercanías de la isla “Juncal” entre las desembocaduras de los ríos “Paraná Guazú” y “Paraná Bravo”.

El Capitán Silverio Brizuela trato de salvar vidas en todo momento. Un tripulante al testimoniar lo ocurrido dijo que vio al Capitán ir a su camarote y no lo vio más. Nunca se supo si se suicidó o se hundió con el barco, como indica la tradición.

Ante la gravedad de la situación, el capitán del Mormacsurf, enviste nuevamente al Ciudad de Buenos Aires para arrastrarlo a un lugar de menor profundidad, ya que el canal tiene, en ese lugar, 20 metros de profundidad y a su vez, se emitían señales de socorro. Desde el país vecino salieron lanchas de salvatajes y desde Buenos Aires fue el Rastreador Drummond y remolcador Pancho. Una de las primeras naves en arribar al lugar y prestar ayuda fue el remolcador “Don Pablo”, que afortunadamente se encontraba cerca.

Los sobrevivientes fueron trasladados a Nueva Palmira, Martín García y Carmelo. Luego del naufragio, solo quedaba a la vista los palos y el radar que quedaron fuera del agua.

Salvar a las personas fue muy difícil por la oscuridad, la corriente del rio y además el combustible derramado en el agua hacia difícil tomar a los pasajeros que estaban sumergidos.

Aproximadamente venían 200 personas en el barco, y de las mismas desaparecieron 71 pasajeros y 23 tripulantes, no todos ellos murieron ahogados sino, como relataron algunos sobrevivientes, el impacto de la nave norteamericana fue tan violento que prácticamente destrozó al “Ciudad de Buenos Aires”, provocando la muerte de algunos pasajeros que estaban en sus camarotes. Este hundimiento ha sido una de las más grandes tragedias de nuestro país. Algunos cuerpos fueron rescatados de las aguas por las embarcaciones que acudieron al rescate y otros, por ejemplo, aparecieron en la costa de la ciudad Uruguaya de Colonia, entre ellos el de la señorita Elena Plaski.

El “Ciudad de Buenos Aires” luego de su naufragio

En el diario “La Calle” del viernes 30 de agosto de 1957, se publicaron declaraciones de un sobreviviente. Había llegado el día anterior a nuestra ciudad y se alojaba en la casa de un familiar, Don Sixto Minetto, desde donde partiría a su lugar de residencia Urdinarrain. Se trató del Señor Hugo Eduardo Bouyrier.

Este joven no pudo describir  como fue el accidente pues viajaba en su camarote. Al sentir el choque sale a cubierta, donde el pánico brotaba a todos los pasajeros. Cuenta que el Mormacsurf, choca nuevamente el barco y en contados minutos el Ciudad de Buenos Aires se hunde, 45 minutos, según indicaron algunos de los pasajeros rescatados. Él se tira al agua y el vacío ocasionado por el hundimiento lo absorbe y cree que lo introduce en la chimenea, que al expulsar el agua es despedido nuevamente y cae junto a un salvavidas y presta ayuda a una señorita, a la que logra llevar, a nado, hasta un banco de la embarcación que flotaba en las cercanías, así flotan hasta ser rescatados por el remolcador Don Bartolo.

El hundimiento del barco “Ciudad de Buenos Aires”, si bien afectó tangencialmente a personas de nuestra ciudad, es otro de los hechos relacionados con el  río todavía recordados por los viejos habitantes de la ciudad, al igual que lo ocurrido con el “Captain Papis”, el hundimiento de la “Bouchard” y la tragedia del Puerto Viejo y, creemos que es bueno que estas historias, tanto las buenas como las malas de la ciudad y región, deben ser recordadas ya que forman parte de nuestra historia cotidiana.

Texto: Civetta, María Virginia/Ratto, Carlos Ignacio. Fuentes: Diarios “La Calle” del 29, 30 y 31 de agosto de 1957. Agradecemos a la Museóloga Ana Trípoli por colaborar con la obtención del material periodístico. Fotos: Revista Weekend

 

Juan José Carbonell y la expropiación de “Santa Cándida”

Folleto de Santa Cándida de la década de 1990 (Anverso)

El año 1983 marcó una bisagra en la  fracturada historia Argentina que venía de más de 50 años de quiebres institucionales que arrancaban allá por septiembre de 1930 y llegaban hasta el último gobierno de facto que empezaba en marzo de 1976. Después de más de 8 años, por fin nuestro país se aprontaba a edificar una democracia duradera que se quería imponer con fuerza sobre los males del pasado y se vivía una suerte de “primavera democrática”, dónde muchas cosas se creían posibles.

Boleta del Partido Comunista de las elecciones del 30 de octubre de 1983.

Nuestra ciudad no fue la excepción y fue así como en las elecciones llevadas a cabo el 30 de octubre de 1983, se dieran dos particularidades en la conformación del gobierno municipal. Por un lado se eligió a un presidente municipal de un partido (UCR) y un Concejo Deliberante con mayoría de otro de ellos (PJ), y por otro se agregó a estos un concejal que venía del Partido Comunista, el primero en de esa orientación a acceder a un cargo electivo en Concepción del Uruguay, el escribano Juan José Carbonell.

“Juancho” Carbonell, como se lo conocía, era escribano de profesión y en las elecciones de  1983 alcanzo a ocupar una banca en el Concejo Deliberante de Concepción del Uruguay alcanzando su lista más de 3.000 votos. Durante los cuatro años que duró su función pública donó su dieta a diferentes instituciones de la comunidad, algunas de ellas católicas, como Don Bosco y otras civiles como Alcec o Surco de Esperanza, por ejemplo.

Juan José Carbonell

Juan José Carbonell, había nacido en Concordia el 28 de septiembre del año 1931 y falleció en Campana en el 25 de octubre del año 2016, a los 85 años de edad. Una vez recibido de Escribano en la ciudad de Santa Fe, donde integró el Centro de Estudiantes de Derecho, y en 1953 adhirió a la Federación Juvenil Comunista, se radico a Bovril, dónde comenzó a ejercer su ´profesión , pero además, fundó la primera sede del partido Comunista, comienza a participar en el movimiento cooperativo y funda la Caja de Crédito. En esta ciudad se casó y tuvo a dos de sus hijos. En 1962 es candidato a diputado provincial. En 1968 se radica en nuestra ciudad dónde tuvo a sus dos hijos restantes y se dedicó a su escribanía ubicada en calles 8 de Junio y 25 de Mayo, además de participar activamente en varias organizaciones. Fue presidente de la Asociación de Cooperativas del Departamento Uruguay. También tuvo actuación gremial en el Colegio de Escribanos de la provincia, del cual fue vocal, y presidente de la Comisión Notarial de Concepción del Uruguay. Finalmente, se trasladó a la provincia de Buenos Aires, donde vivió sus últimos años en compañía de una de sus hijas y su esposa.

Juan José Carbonell (Foto El Miércoles Digital)

Entre algunas de sus iniciativas se encuentran la creación de la “Plaza de los Derechos Humanos” ubicada en Boulevard Yrigoyen, entre calles Maipú y Reibel que fue aprobada y tuvo su fecha de promulgación el 22 de mayo de 1986 bajo la ordenanza Nº 3010, otro fue el de retirar los retratos de los intendentes que no hubieran sido electos democráticamente; Fue el primero que planteo que la principal  playas de la ciudad para esa época (Banco Pelay) debía ser pública, es decir sin que los Uruguayenses deban abonar una entrada para ingresar al mismo y, tal vez su proyecto más resonante fue el elaborado para expropiar el palacio “Santa Cándida”, en ese entonces propiedad de Francisco Sáenz Valiente (nieto del general Urquiza) y de su esposa Elena Zimmerman. Este proyecto, según pudimos averiguar, nunca paso de Comisión de Hacienda, por lo que nunca fue tratado y discutido en el recinto del Concejo.

No obstante esto, es, creemos, bueno recordarlo como símbolo de un tiempo en el que se creía que todo sería posible gracias a la reciente democracia, pero que el tiempo, poco a poco, fue volviendo a la realidad.

Una amiga y colaboradora, la Técnica Bibliotecaria Miriam Barrios, quien trabajó durante varios años en el estudio de Carbonell, nos acercó un folleto impreso con el contenido del proyecto de expropiación de “Santa Cándida”, del cual extraemos el contenido principal del artículo, aclaramos que se ha respetado la escritura original del texto, sin que necesariamente esto represente el pensamiento de los editores.

Proyecto, su fundamentación

En este proyecto se divide la exposición de motivos en tres partes:

Breve reseña histórica. 2. Estudio de antecedentes y relaciones de títulos y, 3. Consideraciones finales. En este artículo, nos limitamos a transcribir un extracto, en el que ha respetado la redacción original y el contenido del mismo. Ver texto completo en:

Breve Reseña Histórica:

Poco antes de mediar el siglo anterior-corría el año 1847- comenzaba a funcionar un establecimiento industrial, al sur de nuestra ciudad, el que, con el transcurso del tiempo, se convertiría en uno de los principales del país: “El Saladero Santa Cándida”

Se buscó para su instalación la margen del rio, y el lugar preferido contó también como límite al arroyo de la China.

Santa Cándida (Álbum de 1920)

Los planos del hoy Palacio de Santa Cándida fueron obra de Pedro Fosatti. Su propietario el General Justo José de Urquiza, Gobernador de Entre Ríos, era para entonces un acaudalado comerciante y poseedor de grandes extensiones de campo, pobladas todas ellas. Como en otros, se dará el caso del gran estanciero que se transforma en saladerista. Es de hacer notar, que la producción de Santa Cándida desde su inicio, provino en gran parte de las estancias del mismo propietario.

 El antecedente más remoto de los trabajos iniciales en el Saladero, es una cuenta corriente a nombre del Señor Gobernador y en donde sus asientos comienzan en el mes de mayo del año 1847.

Las actividades comenzaron con la industrialización del equino. En aquel mes se compran 200 yeguas, hasta alcanzar en el mes de Diciembre una entrada de 451 cabezas. Al año siguiente, 1848, se nota el aumento de la producción, en Enero y Febrero se faenan 1.000 animales. En 1849, en el mes de Abril más de 1.000 alcanzando en mayo la cifra de 1.600 animales faenados.

El consignatario del Saladero en la Ciudad de La Plata, Dr. Gerónimo Gavazzo en el año 1849, realizó un envío de 2.588 cueros de Santa Cándida a EEUU. El saladero para entonces ya estaba en la producción de otros derivados. En determinado momento vende 55 sacos de sebo con 473 arrobas, a $ 1.- la arroba y 82 vejigas de grasa con 44 arrobas, al mismo precio, aparte también de las tareas de esquila y enfardamiento de lana. El resultado de los primeros 11 meses de 1849 arroja un saldo favorable de $ 26.000.- Se destacan envíos a Inglaterra y Cuba por $ 30.000.- y hasta el Establecimiento llegan barcas, goletas y bergantines inglesas, españolas, danesas y belgas entre otras banderas.

 El ciudadano francés Francisco Deschamps era quien estaba a cargo de la Administración del Saladero, según la versión obtenida de un viajero inglés.

En el año 1850 existían en el Saladero 6 galpones, dos de ellos muy amplios de 37 x 15 varas; un tercero era el principal de 124 x 15 varas, que era el galpón para saladero y playa, con 2 piletas y 4 asientos de salar, es decir el destinado a la salazón de la carne y lavado y salazón del cuero. Otro galpón se destinaba a depósito de sal, un quinto, con una gran pileta, para depósito de grasa y el último de 20 x 11 varas para tonelería y carpintería.

Existían dos corrales, uno para vacunos de 65 varas de diámetro y otro para equinos de 30 varas. Las dependencias accesorias consistían en varios ranchos para vivienda, cocina, panadería y otras.

El Capital invertido se lo calculaba hasta ese momento en $40.000.- pesos fuertes.

Se puede aseverar que la explotación industrial realizada en Santa Cándida fue integral los principales productos fueron los siguientes: a) Cuero. b) Carne. c) Grasa, cebo y aceite. d) Jabón. e) Velas f) Hueso y ceniza, y g) Cerda.

A medida que las tareas del Saladero fueron en aumento se hicieron necesarias algunas mejoras a sugerencia del asesor Guillermo Yule, entre ellas la construcción de un ferrocarril. En 1860, Urquiza firmó un contrato con los señores Fossati y Ocampo para concretar este elemento de extraordinaria importancia para el desarrollo de las actividades saladeristas. En el mencionado contrato, se comprometían a construir un muelle y puente de madera, como así un ferrocarril que sirva para la carga de los buques.

Hacia fines de 1861, el Saladero Santa Cándida pudo contar con esta notable innovación.

Santa Cándida (Foto: AGN)

Otra de las mejoras que proponía Yule era la instalación de un equipo de bombas de agua para la provisión del líquido elemento, fundamental para un Saladero. Gran parte de los elementos mecánicos eran accionados por máquinas a vapor. El equipo propuesto por Yule consistía en una bomba a vapor, cañería desde el río y desde la bomba al depósito, es decir una cisterna para contener el agua. El costo total de estas obras era calculado en $ 2.200. En 1880, Juan Cruz Ocampo adquiría en Buenos Aires un equipo compuesto por un motor y una bomba. Dice la crónica de entonces textualmente: “Tiene de fuerza 2 caballos ingleses o sean 5 americanos y de velocidad más de 100 revoluciones por minuto, con lo que hay que inundar el Saladero”.

Los inventarios encontrados son minuciosos y serán largo enumerarlos, aparecen si los elementos de la época, tales como 50 carretillas de mano, zorras de bueyes y prensa para lana. En el año 1860, se incorporó una balanza de factura inglesa, de 10 pies de largo por 7 de ancho, para pesar hasta 8 toneladas.

Para entonces el Capital del Saladero era de $ 207.971, y todo lo hasta aquí referido dá una idea del poderío económico y de la avanzada técnica que poseía este Saladero, verdadero baluarte de la economía de nuestra Provincia.

Para fundamentar esta afirmación basta mencionar que la faena 1858-1859 permitió una venta de los distintos productos allí elaborados, por un monto de

$ 547.523, suma esta de indudable magnitud, si se la compara con el Presupuesto de la Confederación para el año 1857, en el que los ingresos fueron fijados en $ 2.200.000.-

 “Santa Cándida” sola producía, una suma equivalente, a la cuarta parte de los ingresos de toda la Confederación Argentina.

Digamos también como última referencia a esta breve reseña que al momento del fallecimiento de Urquiza, éste estaba en tratativas para transformar el Saladero en algo que hubiera constituido una fuente de enorme progreso en aquella época: un frigorífico.

De toda esa grandeza industrial totalmente avanzada para su tiempo, hoy solo se conserva el casco del Establecimiento, la residencia serena y armoniosa de estilo arquitectónico italiano.

(Libros consultados: “Urquiza el saladerista”, Prof. Manuel Macchi y “Historia económica y social de Entre Ríos”, Oscar Urquiza Almandoz.

2°) Estudio de Antecedentes y Relaciones de  los títulos:

En esta parte de nuestra exposición señor Presidente, vamos a recorrer todos los traspasos que experimentó la propiedad de Santa Cándida, arrancando desde hoy hasta el año 1852, en que se escritura a favor del General Urquiza, lo que significará recorrer de la historia del bien que nos ocupa, casi un siglo y medio. Por ello advierto a los señores concejales que aunque su lectura es un poco fría, es de vital importancia por cuanto significa la historia, adaptada a derecho, de nuestro terruño.

Santa Cándida es un inmueble que, según la mensura practicada por el Agrimensor Basualdo, Plano Nº 19.180, aprobada por la Dirección General del Catastro de esta Provincia en fecha 27 de Junio de 1967, tiene una superficie total de 37 Has. 51 Áreas y 22 Centiáreas. Se ubica en el Ejido de Concepción del Uruguay, Distrito Tala, Departamento Uruguay, Provincia de Entre Ríos; linda, al Este, en parte con el Arroyo de la China, en parte con el Arroyo Itapé y en parte con el Arroyo del Chancho. Al Sureste, mediante recta alambrada  que parte del Arroyo del Chancho linda con el lote 5, en parte con desembocadura de calle Pública y en parte con el lote 20, y al Noroeste, mediante línea alambrada hasta el Arroyo de la China, linda con el Lote 20.

Dominio

Folleto de Santa Cándida de la década de 1990 (Reverso)

Primero: El dominio del inmueble individualizado figura inscripto a nombre de “Arroyo de La China S.A.”, Sociedad constituida en la Capital Federal el 26 de abril de 1983. Le corresponde a la Sociedad Arroyo de la China S.A. por compra que realizó a Don Francisco José Sáenz Valiente el 4 de enero del corriente año, estando representada la sociedad compradora por su Vice Presidenta la señora Helena Zimmermann.

Segundo: Le correspondió a don Francisco José Sáenz Valiente, por compra efectuada a Don Omar Teodoro Ferrari, casado y divorciado judicialmente en fecha 15 de octubre de 1973.

Tercero: Le correspondió a Don Omar Teodoro Ferrari por compra a Santa Cándida S.R. L. en fecha 24 de diciembre de 1968. Este inmueble le fue adjudicado al Señor Ferrari en dominio exclusivo como bien propio, en el juicio de Divorcio y Separación de Bienes con Doña María Regina Posada Araujo.

Cuarto: Correspondió a la sociedad “Santa Cándida Sociedad de Responsabilidad limitada” con domicilio en la Capital Federal, por compra que en mayor extensión hizo a Elena María Llorente de Llorente e Ida María Llorente de Llorente, representadas por José Antonio Llorente, en fecha 25 de febrero de 1959.

Quinto: A Ida María Llorente de Llorente y a Elena María Llorente de Llorente les correspondió por compra, que en mayor extensión, realizaron a Juan Guillermo Seré, Alejandro Mariano Seré, Celina Julia Seré de Bustillo y Ángela Josefina Seré de Herling en fecha 18 de junio de 1948.

Sexto: Les correspondió a Juan Guillermo Seré y otros, por Declaratoria de Herederos de su padre Juan José Guillermo Seré, según testimonio expedido por el Juzgado de Primera instancia en lo Civil de la Capital Federal el 16 de diciembre de 1947.

Séptimo: Juan José Guillermo Seré le correspondió en condominio con sus hijos pre nombrados, por compra que realizaron a los sucesores de Luis Mariano Zuberbuhler y Margot Garret de Zuberbuhler, representados por el Dr. Eduardo Miguel Grané, en fecha 28 de diciembre de 1944.

Octavo: A los sucesores de Luis Mariano Zuberbuhler y de Margot Garret de Zuberbuhler les correspondió por Declaratoria de Herederos, en la Capital Federal el11 de diciembre de 1944.

Noveno: A su vez los esposos Zuberbuhler le correspondió por compra que hicieron el 1 de noviembre de 1941 a Adela Unzué de Leloir, representada en el acto de la compraventa por el Dr. Augusto Rodríguez Larreta.

Décimo: A  Adela Unzué de Leloir, le correspondió en mayor extensión por herencia de su padre Mariano Unzué, según hijuela protocolizada en esta ciudad el 21 de octubre de 1908.

Décimo primero: A Mariano Unzué, le correspondió , en mayor extensión, mediante escritura de cesación de condominio, otorgada por él y los señores Saturnino E. Unzué y Guillermo Roger Gilmour, en la Capital Federal el 14 de octubre de 1885.

Nota: A partir de este punto (12) no hay antecedentes de inscripción debido a que las escrituras traslativas de dominio fueron otorgadas antes de la creación del Registro de la Propiedad en la Provincia y los datos y antecedentes que se mencionan a continuación fueron tomados de los Protocolos de los Escribanos que intervinieron, protocolos que están archivados en el Registro de la Propiedad de esta Ciudad y de las protocolizaciones y títulos en ellos agregados.

Décimo Segundo: A Don Mariano Unzué, Saturnino E. Unzué y Guillermo Roger Gilmour, les correspondió por compra, que en mayor extensión y en condominio y en referentes proporciones hicieron al Banco Argentino, en la Capital Federal el 26 de septiembre de 1877.

Décimo tercero: Al Banco Argentino de la ciudad de Buenos Aires le correspondió por compra que hiciera a los señores Lezica y Lanús en fecha 15 de setiembre de 1876.

Décimo cuarto: A Don Ambrosio P. Lezica y a Don Anacarsis Lanús, les correspondió por compra que efectuaron el 3 de octubre de 1872 a la testamentaría del General Justo José de Urquiza, en esta ciudad y representada la sucesión del General Urquiza por su esposa Doña Dolores Costa de Urquiza y por Benjamín Victorica, con la autorización del Juez de Primera Instancia del Uruguay, Dr. Jesús María del Campo.

Nota: En los dos últimos documentos consultados (puntos 13 y 14) el inmueble aparece con el nombre de “El Potrero del Rincón de San Lorenzo” o “Potrero de San Lorenzo” y es mencionado en los mismos, el “Saladero de Santa Cándida” con sus principales edificios como parte integrante de la propiedad.

Décimo Quinto: Al Capitán General Justo José de Urquiza, le correspondió -dice textualmente el documento “la parte principal de la propiedad” por compra que hizo el 14 de noviembre de 1852 al a señora Isabel Álzaga de Elía y otros, según escritura otorgada ante el Juez de Paz de esta ciudad.

3°. Consideraciones Finales

Hemos realizado el estudio de los antecedentes históricos y jurídicos de Santa Cándida, para demostrar por un lado, que ella es patrimonio indelegable de los entrerrianos, por su fundador, y, por otro, por lo que representa históricamente, de la misma manera que el Palacio “San José” es patrimonio del Estado y está abierto a la contemplación y al estudio de todos los ciudadanos.

No puede admitirse en esta hora Argentina y menos ante las manifestaciones de levantado federalismo del Señor Gobernador de Entre Ríos, Doctor Montiel, que una Sociedad Anónima, radicada en Buenos Aires, sea la que disponga de este bien tan caro a la cultura y a la tradición provincial.

Santa Cándida ha sido convertida ahora en un lujoso Hotel, queriendo significar con lujoso que solo es accesible a la oligarquía.

Para saber cuál ha sido el destino que la propiedad privada le dio a Santa Cándida basta con observar la propaganda comercial que la promociona.

La Revista Mensual “Pertenecer”, noviembre de 1983, Nº 13, dice entre otras barbaridades “…Santa Cándida, un recoleto ámbito entrerriano estrechamente vinculado con los acontecimientos históricos argentinos, se constituye en inusual itinerario para cortas vacaciones. Los amantes del sosiego, el bello paisaje litoral y las excelencias de una arquitectura de época, pueden encontrar en el Palacio de Santa Cándida la suma de sus aspiraciones. Ubicado a media legua de Concepción del Uruguay y a un centenar de metros del hermoso Río de los Pájaros, el Palacio se levanta a la vera del Arroyo de la China, cuyo espejo de agua está recamado de lujuriosas plantas acuáticas…”

y en otro párrafo “Y en este sereno ámbito, se puede compartir con los dueños de casa y sutiles anfitriones, Francisco Sáenz Valiente y Elena Zimmerman, los cocktails en el bar, el té en la Terraza o los snack en la pileta. Y solo a pocos pasos la invitación del río: pesca abundante, aguas serenas para la práctica del remo o el paseo en lancha que permite descubrir arroyos y rincones cautivantes. Los apasionados de la equitación cuentan con 40 Hectáreas para recorrer al galope. En las proximidades de Santa Cándida hay canchas de tenis y campos de golf y para quienes deseen tentar la suerte en la ruleta, fluida comunicación con Paysandú”.

y en otra publicación, también Mensual, Restaurants y Hoteles, Nº 7 (Julio de 1982) leemos “Por sólo U$S 80, por pareja y por día, los turistas se alojan en Santa Cándida con media pensión, que incluye desayuno continental, servido en la habitación o en el comedor y una cena…”

El Diario “La Calle”, que algo tiene que ver con el asunto que nos ocupa, publicaba este aviso, allá por Julio de 1982 “Visite Santa Cándida (Monumento Histórico Nacional). Construido en 1847, residencia del General Urquiza. Hermoso Parque a orillas del Arroyo de la China. Añosa arboleda. Valiosas esculturas de mármol. Visita guiada al interior del Palacio, todos los días de 15 a 18. Bar abierto a los visitantes. Entrada $ 20.000.- ($a 2.-) Menores de 12 años gratis”. Evidentemente para los dueños de Santa Cándida los únicos privilegiados son los niños.

Pero sin dudas, la mayor afrenta que comete; la publicidad, está dada en el Folleto que la Empresa “Aldao Viajes”, ubicada en Maipú Nº 872, también de Buenos Aires, nos ilustra: “Alojamiento exclusivo. Suntuosos salones. Muebles de época. Solamente 5 departamentos con baño privado”.

Y en la tapa, entre signos de interrogación ¿Quiere Ud. vivir en un Monumento Histórico? Venga a Santa Cándida!

¡Vivir en un Monumento Histórico! (Resaltado en el original)

Pero decimos, preguntamos, ¿adónde va a llegar la oligarquía en su insaciable sed de ganancias? A este tren van a alquilar los Museos, las Catedrales, las Tumbas y los Monumentos Históricos de nuestra Patria, para que les reditúe dividendos!

Entonces para qué decimos encendidos discursos los 3 de Febrero y nos golpeamos el pecho por el Federalismo, por el amor a nuestra tierra, a nuestro pasado histórico si la verdadera historia, la auténtica progresista, la Oligarquía la tirar al Tacho de la basura!

Señores Concejales: vuestros Partidos conocen bien, porque lo han sentido en carne propia, al accionar Siniestro de la Oligarquía.

El 6 de Septiembre de 1930 fue usurpado el Poder mediante un golpe de estado fascista que derrocara al Gobierno Popular de aquel ilustre caudillo radical: Don Hipólito Yrigoyen!

Y con cuanto odio se ensañaron y denigraron, vanamente, contra María Eva Duarte de Perón, abanderada de los humildes!

Es esa misma Oligarquía, representante fiel de una clase minúscula y privilegiada la que hoy le alquila por dólares por día, a los niños bien (Resaltado en el original) el patrimonio histórico de los entrerrianos!

Este proyecto de Comunicación tiene dos premisas fundamentales:

a) Darle a Santa Cándida un destino profundamente social. y

b) Reivindicar la importancia histórica que ella tiene para Entre Ríos.

Es por todo ello que pedimos el apoyo del Honorable Concejo Deliberante en pleno, para que más que el proyecto de un Partido Político, sea una medida patriótica y unitaria.

Este proyecto fija, una clara posición de principios democráticos y anti oligárquicos, desechando por estéril cualquier intención de carácter subjetivo o personal que se le pretenda dar y aspira a ser con el mandato que nos diera el Pueblo de Concepción del Uruguay el 30 de octubre de 1983.

  1. del Uruguay, Entre Ríos, Mayo de 1984.

El Proyecto

Portada del folleto que contiene la fundamentación y el proyecto de Expropiación de Santa Cándida

Visto:

El valor histórico que tiene para la entrerrianía el Palacio “Santa Cándida“, que fue un importante saladero y residencia del General Justo José de Urquiza, y

Considerando:

Que es menester querer recuperarlo para el patrimonio provincial, haciéndole jugar un papel de mayor relevancia social, poniendo fin a la utilización que intereses privados hacen del mismo actualmente desnaturalizando su contenido histórico.

El Honorable Concejo Deliberante de Concepción del Uruguay sanciona con fuerza de Comunicación

Artículo 1. Comuníquese al  Sr. Gobernador de la Provincia de Entre Ríos Doctor Sergio V. Montiel sobre la conveniencia y necesidad de proceder a la expropiación del Palacio “Santa Cándida” a favor del Estado Provincial.

Artículo 2. Declárase que sería de suma importancia social que al mismo se le diera destino para un Hospital geriátrico y/o pediátrico y/o Museo Histórico provincial. Para la factibilidad de los dos (2) primeros supuestos se consultará a los organismos profesionales de la salud competentes.

Artículo 3. Comunicase al Sr. Presidente de la Municipalidad de Concepción del Uruguay, Contador Juan Carlos Lucio Godoy, que este Honorable Cuerpo vería con agrado su adhesión al presente proyecto.

Artículo 4. Autorízase a un concejal de cada bloque de este Concejo para que representen a éste.

Artículo 5. De forma.

Juan José Carbonell (Concejal Partido Comunista)

Texto y edición: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Agradecimiento a Miriam Barrios por el proyecto y a María del Carmen González por la trascripción del texto.   Reseña de Juan J. Carbonell extraída de diario Uno de Entre Ríos, 31 de octubre de 2016 y Análisis Digital, 26 de Octubre de 2016

 

Un 11 de noviembre de 1860, reunión de Derqui, Urquiza y Mitre

Palacio “San José”

Un  11 de noviembre de 1860

(Por el Lic. José Alejandro Vernaz)

Visitas ilustres en la capital entrerriana

Recordamos hoy, 160 años de aquella histórica visita a Concepción del Uruguay por parte del presidente de la república Santiago Derqui, y del entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Bartolomé Mitre. Ambas personalidades arribaron a nuestra ciudad, capital de Entre Ríos por entonces, para conmemorar el primer aniversario del Pacto de San José de Flores, con el que se había puesto punto final a la secesión de la provincia de Buenos Aires, lográndose así la tan anhelada unidad nacional. El presidente Derqui había llegado a nuestro puerto local en el vapor de guerra “9 de julio” el 8 de noviembre de 1860, mientras que el gobernador de Buenos Aires lo hizo el 10 de noviembre de 1860 en el “Guardia Nacional”.

La estadía en la residencia del gobernador de Entre Ríos

Como sabemos, los ilustres visitantes se alojaron en el Palacio San José en medio de un gran marco festivo. Inolvidable fue el gesto y las palabras empleadas por Mitre ante Justo José de Urquiza: “Gracias a vuestra magnanimidad la provincia de Buenos Aires es parte integrante de la República; su gobernador no poseerá más este bastón que señala la época de la segregación. Os toca conservar esta prenda de seguridad como una conquista que habéis hecho.”

Como recuerdo de aquel grato acontecimiento, Justo José de Urquiza hizo distribuir las medallas grabadas por el artista Pablo  Cataldi.

El profético discurso de Mitre

Antes de despedirse, Justo José de Urquiza les hace conocer a Mitre y Derqui, las dos obras edilicias más grandes de Concepción del Uruguay. Primero visitaron la Basílica de la Inmaculada Concepción, y luego, se dirigen al Colegio del Uruguay. Al llegar al Colegio, Urquiza dirige la palabra al alumnado. Seguidamente hace lo propio Mitre, que como bien expresa el gran historiador local Oscar Fernando Urquiza Almandoz, se trató de todo un elocuente vaticinio: “De entre vosotros han de salir los ciudadanos ilustres y fuertes para quienes la patria tiene reservado el don de las futuras glorias, en el campo fecundo de la paz; los que tendrán a su cargo la honrosa tarea de dirigir los destinos de la Nación, los que redactarán y comentarán las leyes y los códigos; los que fijarán las líneas definitivas de la demarcación; los que navegarán nuestros grandes ríos inexplorados y fijarán sobre sus fértiles riberas los nuevos centros de población; los que trazarán en las ricas llanuras desiertas todavía, los contornos de las futuras colonias que labran la fortuna pública y privada.”

El precio de los intereses

Las cortesías a las importantes visitas, culminaron con un gran baile en el “Club Uruguay” en horas de la noche. Luego, el presidente de la república y el gobernador de Buenos Aires partieron a sus respectivos destinos.

Desgraciadamente, esas horas soñadas vividas en el Palacio San José, como ese clima de unidad que se respiraba en el ambiente y que parecía tener tanta solidez , en el trascurso de esa misma semana comenzó a derrumbarse con el magnicidio del 16 de noviembre en las lejanas tierras sanjuaninas. Asomaba un nuevo capítulo en la historia nacional.

¿Por qué todo duró tan poco? ¿Acuerdos de los miembros de una sociedad secreta que imponen las reglas de juego en el tablero político? ¿La soberbia y el orgullo de quien no se resigna ante un nuevo orden nacional? Lo que sí queda claro, es que el meridiano político como el económico no puede pasar fuera de Buenos Aires.

 

Texto: Lic. José Alejandro Vernaz. Fuente: “Historia de Concepción del Uruguay” Prof. Oscar F. Urquiza Almandoz. Tomo II.

 

El primer vuelo de Concepción del Uruguay

Avión Bleriot IX 1909 (Foto ilustrativa)

En este mes de noviembre, se habrán de cumplir 110 años de la interesante experiencia de ver volar por primera vez sobre nuestro cielo, a un aparato más pesado que el aire, un monoplano (de una sola ala) de los que acababan de llegar de Europa.

1910, fue el año de los inicios de la aviación en nuestro país. Con motivo de celebrarse el primer centenario de nuestra independencia, se organizaron en la capital Argentina, y como parte de los festejos celebratorios, los primeros
espectáculos aeronáuticos.

En ese sentido se contrató a un grupo de aviadores europeos, particularmente franceses, entre los que aparece Armand Prevost.

Paralelamente se introducen los primeros aviones. Prevost, fue presentado junto con sus compatriotas en los salones del Aero Club Argentino el 10 de febrero de 1910.
Venía este piloto con antecedentes destacados aunque empezó actuando como mecánico. Dice Antonio M. Biedma en su “crónica histórica” que ninguno de los pilotos llegados “era titular del clásico brevet cuya obligatoriedad establecía precisamente a fines de 1910, el Aero Club de Francia, como requisito indispensable para participar en actos de su patronazgo”.

Paralelamente a la llegada de estos aviadores la casa “Mestre et Blage” de París que tenía en 1910 una sucursal en Buenos Aires en la calle Lavalle al 1200 introduce el monoplano Bleriot modelo  XI, con motor Anzani, de 25 HP, una hélice tractora, rueda de alambre tipo bicicleta. Telas con las que se cubrían los planos: algodón, lino y ramis, con una o dos manos de barniz; cazoleta de
aluminio, cables, cintas y cuerdas de piano de acero. Maderas: pino americano, abeto, haya y fresno.

Este aparato fue llevado por el lado de Santa Fe sin mayor trascendencia. De regreso de esa gira el Bleriot fue comprado por Hernán Drabow que organizó una gira por Concepción del Uruguay, Paysandú, Salto Oriental y Concordia, con Prevost corno piloto. La gira terminó con un fracaso completo quedando el avión embargado por gastos de transporte y deudas.

Un estudioso uruguayo, Juan Bosco Oberti, publicó en “La Gaceta de la Aviación” de Montevideo, el 8 de mayo de 1989, la siguiente noticia “A un comerciante y empresario sanducero, el señor Fernando Borrell se le ocurrió traer algunos a su ciudad (se refiere a algunos de los aviadores franceses recientemente llegados a Buenos Aires) con el compromiso expreso de que debía ser cuanto antes para tener Paysandú el honor de ser la primera ciudad del país que viera volar un avión”.

Borrell se trasladó hasta nuestra ciudad tomando contacto con el nuevo empresario, con el aviador Prevost y con sus mecánicos. Leemos en el periódico “La Juventud” de fecha 16 de noviembre de 1910: Día de la Aviación: “Mañana se realizará la emocionante prueba de elevación de aeroplanos, entre nosotros. El espectáculo es nuevo, por aquí, y representa el primer vuelo por esta latitud del globo terrestre. La empresa arriesgada del aviador se efectuará mañana a las 4 p.m. en el hipódromo, siempre que el tiempo lo permita”.

El periódico “La Juventud” de ese día 16 de noviembre comenta que en los ensayos previos que realizó el aviador durante la mañana, el aeroplano se precipitó a tierra cuando evolucionaba a unos 40 metros de altura, resultando ileso el piloto, pero el avión con considerables deterioros, por lo que la anunciada experiencia, novedosa en nuestro medio, quedaba postergada. El avión Bleriot fue restaurado en los talleres del M.O.P.

Las expectativas por ver volar por primera vez a un avión sobre el ámbito entrerriano, quedaron latentes y se acrecentó a medida que pasaron los días.  La máquina fue reparada satisfactoriamente y Prevost se preparó para la interesante demostración el día 28 de noviembre.

Leemos en el aludido periódico: Ascensión de Prevost: “El anuncio de la ascensión de Prevost, llevó al hipódromo algunos centenares de personas. Pocos momentos después de la hora de la ascensión, Prevost inició la tentativa del vuelo, de sur a norte y poco después logró subir en dirección al este o sea hacia la ciudad” (recordemos que el viejo hipódromo se encontraba al oeste de la ciudad, en la sección quintas, próximo al actual Cristo de los Olivos, junto al camino que pasaba por el puente de fierro). Seguimos leyendo en “La Juventud”: “El aeroplano se elevó a más de 30 metros más o menos y desapareció de la vista del pueblo descendiendo como a unas diez cuadras en un viznagal”.

Luego se vio llegar al aviador a caballo, que solicitara en el lugar de su descenso. El valiente joven se munió de unas pinzas y volvió al punto de su máquina. No había ocurrido ningún percance de interés; solamente que el timón no gobernaba y el aviador optó por descender.”

“Una hora más tarde, desde el mismo lugar del descenso Prevost se elevó con su máquina, gobernándola con toda pericia; llegó frente a las tribunas del hipódromo, flanqueó hacia la izquierda dando una vuelta sobre la quinta de Nadal y volvió al punto de partida, descendió con fácil maniobra desde una altura de 80 metros, en la que se hallaba al regreso.

El aviador fue entusiastamente aplaudido y obsequiado con ramilletes de flores al descender después de su segundo feliz vuelo, del monoplano 49 Bleriot”.

En “La Juventud” del 29 de noviembre se anuncia un segundo día de aviación tras el cual Prevost y su avión se trasladarían en vuelo hasta Paysandú.

La nueva ascensión se realizaría en los terrenos vecinos a la Sociedad Rural, al noroeste de la ciudad, en las proximidades de los actuales barrios América y
Bartolomé Zapata.

El espectáculo se anunció para el día 2 de diciembre y se realizó con bastante mala fortuna ya que terminó llevándose por delante el brocal de un pozo abandonado rompiéndose el eje y quedando sin gobierno la máquina. No obstante que la decepción empezó a cundir entre la población concurrente, se destacaron algunos actos de reconocimiento para con el valiente aviador.

Dice La Juventud: “la señora de Torrá, obsequió ayer con una medalla religiosa pendiente de una cinta de seda, al aviador señor Prevost, que se muestra muy agradecido a tal atención, así como la amabilidad y cooperación del señor Presidente de la Sociedad Rural, jefe de la Comisión del Río Uruguay y de la Usina de Luz Eléctrica, etc.”.

El Dr. Lucilo B. López, obsequió anoche con champagne a los señores Drabow, Prevost y Pessina, “…participando de esta improvisada reunión los Sres. Lagier, Sanz y el director de esta hoja”.

Los comentarios del periódico “La Juventud” sobre la experiencia comentada terminan el día 6 de diciembre diciendo entre otras cosas: “…no puede admitirse en estas circunstancias que la Empresa de Aviación, haya traído a nosotros, un propósito especulativo, porque los resultados pecuniarios no han alcanzado ni para el pago de la “vianda diaria” del personal que responde necesariamente al objeto de la aviación de Prevost. Este, por último logró su vuelo en el hipódromo y dejó demostrado la suficiencia entonces del motor que guía su aparato y al que se atribuyen deficiencias que han impedido las intentonas posteriores”.

De los estudios realizados se deduce que C. del Uruguay fue la primera ciudad entrerriana que en los inicios del siglo XX viera sobrevolar a uno de aquellos “pájaros mecánicos” que marcarían  los inicios de una aeronáutica, desde entonces en permanente evolución.

Luego Armand Prevost se trasladó a Paysandú, dónde los días 7 y 8 de diciembre de 1910, en el hipódromo realiza lo que se considera el primer vuelo en la hermana república Oriental. El aparato que realizó esta auténtica gesta, está actualmente en exhibición en el Museo Nacional de Aviación (Morón, Argentina).  

Edición: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Texto: Miguel A. Gregori, “Partió en avión y volvió a caballo”. Diario La Calle 7 de noviembre de 1993

 

Creación de Río Uruguay, Cooperativa de Seguros

Los que aparecen en la foto son (de izquierda a derecha): Jorge (Gringo) Bonvín, Rodolfo Oscar (Ciego) Negri, Arnoldo Domingo Ripoll, Beatríz Ahumada, Humberto Walser, Juan José (Nené) Pessi, Mario Camargo (atrás), Tomás Montañana, Raúl Godoy, Pedrito Bernardi, Raúl Soto (atrás), Roberto Benetuce, Luis Caliba, Jorge (Cunito) Andisco (más atrás), Nélida Scarbol, Manuel (Chicho) Arca (atrás), Graciela Rodriguez, Silvia Moussou, Miguel Eyeralde, Rita Pretto, Cipriano Marcó, Daniel Zalazar, Antonio Corazza, Hirschhorn, José Kohan, Nélida Maneyro, Lorenzo Gaggino, Francisco Hraste, Orlando (Chino) Corazza, Teodoro Marcó, Griselda Elizalde, Laura Bobbet, Marcela Marcó, Daniel Almada (atrás) Luis Pinilla (sentado), Isabel Rastelli, Fredy Treboux, Edgardo Morales, Guillermo Vázquez, Jorge Marcó, Jorge (Negro) Delmonte y Ciprianito Marcó. Foto: Rodolfo Negri. Año 1976

 

Creación de Río Uruguay, Cooperativa de Seguros

Si bien, oficialmente, se reconoce como fecha de su fundación la realización de la Asamblea Constitutiva realizada el 21 de diciembre de 1958, lo cierto es que la génesis de esta, hoy una importantísima compañía de nivel nacional, está en aquella reunión convocada por Salomón Liberman y el Ing. Cipriano Miguel Marcó que se realizara en SIBSAYA, el 27 de septiembre de 1958.

El escritor local, Rodolfo Negri, quien fuera parte de esta empresa durante gran parte de su desarrollo, nos ha permitido transcribir un fragmente de su libro, aún  inédito, titulado “Defender lo nuestro: historia de Río Uruguay Seguros”.

La idea y su maduración

El día 27 de setiembre de 1958 se movilizan habitantes de Concepción del Uruguay para promover la creación de una empresa de seguros. Movió a los iniciadores de este emprendimiento, como dice el acta respectiva, “las ventajas que reportaría a nuestra zona, económica y socialmente, la constitución de una sociedad de esta especie”. Se consideró la importancia de capitales que emigraban fuera de la zona y de la provincia en concepto de primas de seguros y las ventajas que importarían las inversiones que pudiesen hacer con esos capitales dentro de la zona de influencia de la futura sociedad. También se consideró fundamental un servicio mejor y un trato más equitativo y un abaratamiento de las primas para los asegurados de la zona. Por fin como también consta en dicha acta se resolvió promover la constitución de una cooperativa pensando que la mejor solución a los problemas antes citados era que los asegurados fueran sus propios aseguradores.

Aquella primera reunión del 27 de setiembre se hizo a invitación del señor Salomón Liberman y del Ing. Cipriano Miguel Marcó llevándose a cabo en SIBSAYA SA y donde participaron, además de los nombrados:

Efrain Ahumada, Salomón Baratz, Abraham Salzman, José Kohan, Jacobo Metzman, Jose G. Argachá, Saverio Angió, Manuel Abramovich, José Chiovetta, Francisco Hraste, José Alonso Rivero, Teodoro Marcó, Alfredo Ripio, Juan María López, José M. Pasadore, Aron Gamarnik, Manuel Blastein, José Bariffo y Malconlm Smith.

En la oportunidad se conforma una Comisión Provisoria que se encargaría de la ejecución de las primeras gestiones.

Decisiones fundamentales

Acta Nº 1. Gentileza Rodolfo Negri

En el comienzo de esos debates se hacía mención a si sería mejor constituir una Sociedad Anónima o una Entidad Cooperativa y después de discutir sobre el tema, se arribó a la conclusión, simple y sabia, que sería mejor que fuera esta última figura jurídica (la Cooperativa), la que amparara a la nueva empresa, porque de esa manera tendría mayor adhesión popular. Es decir, prefirieron hacer solidaridad y no lucro en función de pocas personas. Y esto es destacable porque precisamente todos estos pioneros tenían suficiente capacidad económica y aptitudes personales para haber constituido una empresa para su propio beneficio y sin embargo lo hicieron para el conjunto social, constituyendo una asociación basada en la Solidaridad y la Ayuda Mutua.

Los primeros pasos

La Comisión Provisoria convocó por todos los medios a su alcance, además de llevar a cabo invitaciones personales a todos los vecinos de nuestra ciudad y localidades aledañas a la Asamblea Constitutiva que se llevaría a cabo en el local del Centro Comercial y de Intereses Departamentales de Concepción del Uruguay el día 21 de diciembre de 1958.

En dicha ocasión se nombraron las autoridades de la Asamblea, confirmándose en sus cargos de presidente a Salomón Liberman y de secretario a Saverio Angió, se sometieron a consideración los estatutos, que elaborara el Dr. Teodoro Marcó, y se determinó la constitución de una sociedad cooperativa de seguros  denominada “Rio Uruguay” Cooperativa de Seguros Limitada y se suscribieron las primeras acciones. El primer presidente de su Consejo de Administración fue el señor Salomón Liberman.

No fueron fáciles los comienzos y los trámites correspondientes se tornaron engorrosos y llevaron tiempo; consiguiéndose -por fin- la aprobación de los estatutos el 13 de julio de 1961 y la personería jurídica con fecha 28 de marzo de 1961. La inscripción en la Dirección de Registro de la Dirección Nacional de Cooperativas registra la fecha del día 2 de agosto de 1961 y finalmente la burocrática tramitación concluyó con la incorporación en el Registro Público de comercio, el 14 de setiembre de 1961.

Pero la tarea no terminó allí, sino que, por el contrario, faltaba un tema fundamental: completar el capital mínimo exigido por la Superintendencia de Seguros de la Nación para obtener la autorización para operar, al comienzo, en una sola rama de la actividad, que en este caso era el poder trabajar cubriendo el riesgo de Incendio.

Transcurrido un tiempo en que a pesar del esfuerzo realizado no se pudo completar el capital exigido, los miembros del Consejo de Administración de ese momento, decidieron integrar aportando de sus propios bienes las acciones faltantes y con ello se pudo lograr por fin, el 18 de enero de 1963, la inscripción como entidad aseguradora.

Pero se aspiraba a más. Se quería crecer, contando con una entidad que pudiera abarcar otros ramos, amparar otras coberturas.

En el Acta del 21/9/1965 se decide realizar una reunión con la Asociación de Cooperativas del Departamento Uruguay para organizar un Seguro de Vida Mutual para empleados y asociados a Cooperativas.

El 8 de octubre de 1965 se hizo cargo de la presidencia del Consejo de Administración el Ing. Cipriano Miguel Marcó. Su personalidad –franca, abierta y con una bonhomía muy particular- marcaría toda una forma de ser que le darían un perfil propio a la naciente entidad a quien dirigiría por 27 años.

El 18 de abril de 1966 asumió la Gerencia General otra figura emblemática de la empresa: Manuel Alberto Arca, que todos conocían bajo el seudónimo de “Chicho”, quien se desempeñaría a lo largo de 22 años, pasando luego a formar parte del Consejo de Administración.

Por aquellos tiempos se volvió a incrementar el capital cooperativo hasta alcanzar el número exigido para operar en otra rama y el 3 de noviembre de 1966 se logra la autorización para trabajar en el ramo de los automotores.

El 10 de noviembre de 1966 se aprueba la compra de la propiedad de 9 de Julio y Congreso de Tucumán a Provet S.A. por $ 4.500.000 m/n. (lugar que ocupó – consecutivamente y a lo largo de los años- la primera administración de RUS, el primer Centro de Cómputos, la primera Agencia Concepción del Uruguay y luego compartieron los Procesos de Capital Humano y Desarrollo Territorial y Comercial).

Propiedad de “Rio Uruguay Cooperativa de Seguros Limitada”

A la izquierda de la foto, la casona de Pedro Busquets

El 27 de marzo de 1967, la antigua casona de la familia Busquets, es adquirida a la Sociedad Provet S.A.C.I.F.A por la pujante “Río Uruguay Cooperativa de Seguros Limitada” representa en el acto por su Escribano Lorenzo Gaggino, interviniendo en el acto notarial el Escribano Carlos Alberto Fraga.

Al edificio, se le efectúan importantes reparaciones y modificaciones para adaptarlo a las necesidades de la Cooperativa de Seguros, siendo inaugurado el 29 de septiembre de 1967, coincidente con la Asamblea General Ordinaria de socios, correspondiente a ése año.

En el año 1978, el edificio es sometido a nuevas modificaciones, acorde planos aprobados por la municipalidad local en el expediente Nº 339.844. A fines del año 2000, el ingreso al edificio, sobre calle Congreso de Tucumán, es remodelado, permitiendo un acceso independiente a la planta alta, sede de las autoridades de la cooperativa.

No obstante las refacciones efectuadas, la antigua casona sus paredes, han sido testigos de importantes hechos históricos de nuestra ciudad y aún del país.

Comienzo del armado técnico-administrativo

Almacén Murillo, hoy Río Uruguay Seguros

En noviembre de 1967: “El Señor Contador de la Cooperativa Oscar I. Meichtry eleva un informe al Consejo de Administración sobre sus gestiones realizadas en el INdeR” (se detallan puntualmente) … “Respecto de la marcha de la Cooperativa quiero hacerles llegar estas inquietudes: “…el aumento de la evolución hace necesario que el ambiente que actualmente ocupan: contaduría, gerencia y pólizas sea ocupado en lo sucesivo únicamente por Contaduría”. Más adelante dice “Es necesario aumentar el personal ya que hay que individualizar la caja en una sola persona…”.

Al analizar todas las inquietudes presentadas por el Contador el Consejo resolvió llamar a concurso para empleado “…dejando también expresa constancia de que es deseo del Consejo de Administración de que el personal administrativo rote en sus funciones a fin de mayor y mejor interiorización del movimiento de la Cooperativa…”.

Así comenzaba a crecer y a organizarse Río Uruguay Seguros. El 1 de setiembre de 1968, se toma la determinación de ampliar ramos apuntando a incorporar Vida Colectivo y Granizo.

En Noviembre de 1970, la Superintendencia de Seguros de la Nación autoriza a operar en el ramo de Responsabilidad Civil.

Estructura inicial

La parte institucional -como mencionamos- estuvo a cargo del Ing. Cipriano M. Marcó quien era acompañado (entre otros) por el Dr. Teodoro Marcó, el Escribano Lorenzo Gaggino, Octavio Paoli, José Kohan, Moisés Gilitchensky, Luis Lerner, Antonio Corazza, Eduardo Costa, Martín Hisrchon, etc.

En cuanto a la dotación que se encargaba del funcionamiento administrativo, se fue constituyendo muy de a poco, contando –al comienzo- con una estructura operativa inicial formada por un reducido número de empleados que comenzó a desempeñarse en el edificio de calle Congreso de Tucumán y 9 de Julio. Con el tiempo el espacio físico se ampliaría adquiriendo la propiedad de Congreso de Tucumán donde funcionaba lo que se conocía como el “Almacén de Murillo” que le permitiría utilizar la dirección histórica de la Cooperativa, de calle Congreso de Tucumán número 21. Años después se compraría parte de lo que fuera la ferretería Marcó, Bartét y Cía. y esta adquisición le posibilitaría incorporar un nuevo y espacioso lugar, además de tener una nueva salida por la calle 14 de Julio número 22.

Más acá en el tiempo la Compañía se fue diversificando y ampliando sus rubros y su alcance. Pero, eso, ya es otra historia.

Texto: Rodolfo Negri.

 

 

La Sociedad Española de Socorros Mutuos

 
Edificio de la Sociedad Española de Socorros Mutuos en 1978, foto extraída del libro del Prof. Gregori
 
Desde los orígenes de nuestro país y de nuestra ciudad, la población originaria de España fue muy numerosa y de mucha gravitación social y política, baste decir que los más grande caudillos locales, Ramírez, Zapata, López Jordán, Urquiza, etc. Fuero de ascendencia peninsular. No obstante ello, hasta pasada la mitad del siglo XIX, aún no había consolidado una agrupación que los represente y auxilie de ser necesario, lo que muchas veces era necesario.
 
Es así que en los primeros meses del año 1878, se comienzan a realizarse reuniones entre los ciudadanos españoles y sus descendientes, estas conversaciones llegan a un punto tal que los mismos se “autoconvocan”, con el fin de lograr una unión entre ellos, y, a tal fin conforman una “Comisión invitadora”.
La Comisión estuvo integrada por Claudio Ituarte, Victoriano C. Guzmán, Benigno Teijeriro Martínez, Manuel D. Naviera y Martín Gutiérrez y tuvo un gran éxito en su convocatoria, ya que el 19 de abril de 1878, ciento veintitrés personas de la colectividad se reúnen en la casa de Manuel Naveira para celebrar la “reunión preparatoria”.
 
Los miembros de la “Comisión invitadora” expusieron antes los vecinos convocados que el objetivo de la misma era “…formar una sociedad de Socorros Mutuos, compuesta puramente por ciudadanos Españoles y sus hijos…”; además, presentaron ante la concurrencia dos Estatutos de Sociedades Españolas, uno de Buenos Aires y otro de Asunción del Paraguay, una vez que ambos fueron leídos, no hubo acuerdo sobre algunos puntos de los mismos, por lo que se procedió a nombrar una Comisión que redactara un nuevo estatuto para la Sociedad de Concepción del Uruguay, para integrarla fueron designados los Sres. Claudio Ituarte, Benigno Teijeriro Martínez y Martín Gutiérrez.
El Acta redactada luego de esta reunión y firmada por los ciento veintitrés asistentes, establece que “…quedó definitivamente instalada (…) bajo el nombre de “Sociedad Española de Socorros Mutuos de la Concepción del Uruguay””. Por lo cual se ha tomado esta como la fecha de fundación de la Sociedad de nuestra ciudad.
La primera Comisión Directiva estuvo conformada por: Presidente: Martín Gutiérrez; Vicepresidente: Claudio Ituarte; Secretario: Raimundo Naveira; Tesorero: José Elorza; Subtesorero: Manuel Naveira y como vocales: Victorino Guzmán, Benigno T. Martínez, Miguel Otamendi, Ramón Bergadá, Gumersindo Rodríguez, Manuel Bastarrica y Juan Alsina.
 
Las primeras reuniones, al no tener la sociedad una casa propia se realizaban en el domicilio del Secretario, Raimundo Naveira, ubicado en calle Londres Nº 65 (actual J. Perón), o más tarde en la casa de Antonio Rodríguez, quien lo sucedió en el cargo durante varios períodos. Las Asambleas, también se realizaban en diferentes lugares como ser el teatro “Primero de Mayo”, la “Sociedad Unión Uruguaya” o el salón del Concejo Deliberante de la municipalidad local.
Una de sus primeras medidas fue la de designar un “portero y cobrador”, cargo que recayó en Victoriano Naviera con un sueldo de veinte pesos bolivianos metálicos.
Finalmente, luego de numerosos trámites, la Sociedad recibe el decreto que le otorga la Personería Jurídica en agosto de 1897.
 
Los primeros servicios
Una vez organizada administrativamente, la Sociedad, procedió a designar al primer médico para atender a sus socios, esta tarea recayó en primer lugar en el Dr. Honorio Leguizamón, y luego en los médicos Del Castillo, Fustes, Quesada, Eyles y posteriormente en el Dr. Alberto Ugarteche, teniendo en cuenta la abnegada tarea de este último, a fines de 1879, la sociedad organiza una “…suscripción voluntaria para ayudarle a adquirir un carruaje que le facilite el desempeño de su profesión”
Asimismo, y para facilitar el acceso a los respectivos medicamentos, se firman convenios con tres “boticas” de la ciudad, la se Seekamp, la de Richardini y la de “Cigorraga y Cía.” Y también suscribe un acuerdo con el “Hospital Español” de Buenos aires para poder derivar allí a los pacientes que requieran un tratamiento más complejo.
Dentro de los aspectos sociales, vemos en abril de 1884 a la Sociedad participando en la formación de una compañía de bomberos voluntarios, solicitando fondos al municipio para ayudar al sostenimiento de la banda de música que se acababa de crear en su seno y disponiendo, en el año 1887 un aporte mensual permanente para el hospital de caridad de esta ciudad, además de ayudar a la madre patria en muchas de las catástrofes naturales o políticas que ahí se suscitaban.
 
En 1926 adhiere a los festejos del centenario de la erección en ciudad de la Villa de Concepción del Uruguay y contribuye en la compra de una imprenta para la Escuela argentina de Ciegos y en 1933 se asocia a los homenajes que le brinda la ciudad al Dr. Mariano López.
 
La sede propia
El 14 de julio de 1886, y como una forma de capitalizarse, la sociedad compra la propiedad de la esquina de las calles Galarza y Mendoza (Hoy Leguizamón), ubicada frente al colegio del Uruguay y que era conocida como el “Café de Atilio”. Esta compra movilizó a muchos socios que vieron la posibilidad de instalar ahí su sede propia, así que se le solicitó al Ingeniero Julio Henri la confección de los respectivos planos. La nueva sede se construiría derribando la construcción ya existente en el lugar
Esta decisión provocó no pocos reclamos, de modo que se nombró una comisión para estudiar la construcción de la Sede en un terreno baldío lindero al “Café de Atilio”, sobre calle Galarza, ahí ya surgió la idea de hacer de dos pisos y dejar la planta baja para alquiler. Finalmente, esta obra quedo solo en intenciones.
Transcurría el tiempo y la Sociedad seguía sin tener una sede propia, lo que provocaba muchos contratiempos administrativos, como por ejemplo la pérdida de documentación. Es así que en el año 1917 se analiza la conveniencia de “…alquilar un local para las reuniones de la Comisión Directiva, como para las asambleas y el archivo de la sociedad, evitándose así de andar solicitando locales cada vez que haya que realizar asambleas”. Aprobado esto, la Comisión alquiló el piso de alto del teatro “Primero de Mayo”, que hubo que adecuar para tal fin, desde el mobiliario hasta la instalación de luz. En el mismo se ubicó un mástil para izar la bandera española los días festivos y un escudo español, además de decorar el salón con un cuando de los reyes españoles y de algunos de los fundadores de la Sociedad.
 
Este salón continuó siendo la sede de la Sociedad hasta febrero del año 1928 en que la “Sociedad Promotora para el Progreso” debe vender el teatro.
Pero, la comodidad que le daba el poseer el magnífico salón que daba a la plaza Ramírez, no hizo que algunos de sus socios dejaran de pensar en tener una sede propia, así en una reunión llevada a cabo el 24 de julio de 1921, el señor Antonio Gondell, haciéndose eco de la opinión de varios asociados plantea la necesidad de contar con una sede propia.
 
Esta idea finalmente cuajó y ya a mediados de 1927, se entra en contacto con el señor Miguel Esteva Berga, propietario de un solar en calles Galarza y Ugarteche, pero las tratativas no llegaron a buen término. Es recién en una Asamblea Extraordinaria llevada a cabo el 28 de agosto de 1927 cuando se informa a los socios que una “comisión especial” integrada por Antonio Vallejos, Ángel Rodríguez y Pedro Martínez Piñón, habían celebrado un contrato de compra-venta con Manuel Aurelio Jorge por la compra de un terreno que posee en la esquina sureste de las calles Coronel González (hoy Urquiza) y Rocamora, de 487 metros cuadrados. La Asamblea aprobó lo actuado y solicitó a la Comisión directiva, que en ese lugar “haga construir un edificio moderno, el que a ser posible debiera contar con dos pisos…”.
El proyecto para la nueva sede fue elaborado por Bedogni Hnos. y Cía., quienes resultaron ganadores de un concurso llevado adelante a tal efecto.
 
Una vez desalojados del Teatro “1º de Mayo”, la Sociedad solicitó permiso pal Centro Comercial para funcionar provisoriamente allí hasta que estuviera finalizado su nueva y propia Sede Social.
El 12 de octubre de 1928 se puso la piedra fundamental den nuevo edificio. La tradición oral indica que la misma, conteniendo un pergamino fue colocada en el centro del solar, a poca distancia de una gran higuera que se encontraba en el terreno y que la piedra era de granito y tenía labrada una inscripción que decía “Sociedad Española de Socorros Mutuos. Año 1928. XII de octubre”. A quienes asistieron al trascendente acto se los obsequio con un lunch para 300 personas, lo que de alguna manera demuestra lo entusiasta de esta colectividad.
Fueron padrinos de esta ceremonia el señor Manuel Cepeda y la Sra. Manuela Martínez Urquiza de Tenreyro, la tradicional bendición estuvo a cargo del padre Andrés Zaninetti, para esa fecha era el presidente de la Sociedad Clemente Bescós y secretario Antonio Vallejos.
 
Realizado el correspondiente llamado a licitación, se adjudicó la construcción de la sede la firma de Manuel Barrera, con oficinas en calle Galarza 922. Los planos correspondieron al ingeniero César Trevino de Buenos Aires habiendo colaborado el arquitecto Ramón Poch. En junio de 1929 fueron designados como inspectores de obra los ingenieros Emilio Pereira y Hernán Cettour.
Con algunas dificultades económicas en el medio, ya que la Comisión había tenido que solicitar un crédito al Banco nación para poder afrontar los costos de la obra, finalmente la misma fue inaugurada un año después, el 12 de octubre de 1929, aunque aún no estaba totalmente terminada. Entre las diversas actividades que se realizaron para celebrar la tan ansiada “Sede propia”, se destacó un lunch, en el que se “sirvió oporto y manzanilla, además de masa fabricadas “de exprofeso”, y se usaron servilletas con inscripción y escudos dorados de Argentina y España, y la atención estuvo a cargo de cuatro mozos presentados de smoking”. Finalmente la celebración concluyó con un gran baile.
 

Vista actual de la Sociedad Española

 
El panteón social de la Sociedad Española
Ya en 1882 había aparecido la inquietud de levantar en el cementerio local un panteón social, cosa que en ese momento no se pudo concretar. La propuesta surgió de uno de los socios, Francisco Comesaña la propuesta fue aceptada y se nombra una Comisión que se encargue de la factibilidad de la Obra. Una de las acciones de esta Comisión fue dirigirse al presidente municipal Dr. Daría Del castillo, solicitando una terreno para tal fin, en efecto, en la memoria presentada en febrero de 1885 Castillo expresa “Por reclamo y necesidades inmediatas y en previsión de probables dificultades, hace comprado un terreno para ensanche del cementerio, el cual consta de treinta varas cuadradas. (…), su vendedor fue d. Juan Tibiletti. Con ese ensanche, podrá cederse a la Sociedad Española de Socorros Mutuos, el local que solicitaba para levantar un mausoleo”.
 
Tiempo después, en una Asamblea Extraordinaria llevada a cabo el 20 de marzo de 1927 y por una moción de Clemente Bescós, quien solicitó como algo necesario la “erección de un panteón social como acto humanitario para los socios pobres“, propuesta que fue aceptada por unanimidad designándose una Comisión para que se encargue del proyecto y de del costo de la obra. La Comisión estuvo integrada por los señores Ramón Piñol, Antonio Vallejos y Pedro M. Piñón.
 
La construcción de la nueva sede hizo que este proyecto se demorara en el tiempo y vuelve a ser tenido en cuenta en la asamblea del 23 de septiembre de 1934, volviéndose a nombrar una nueva comisión que se encargue de la factibilidad del proyecto, designándose en esta oportunidad a los señores Gregorio Amatriain y Pedro Cladera.
Nuevamente el proyecto quedaría relegado por las urgencias de la Sociedad y recién treinta años más tarde, en los años 1966 y 1967 se pudo contratar la tan anhelada obra. Para ello en 1965 se firmó un contrato de construcción entre Sebastián Parra, presidente de la Sociedad y Justo Alberto Clement, constructor, quien había ganado la correspondiente licitación. El costo de la obra fue de $ 860.000 m/n, y no incluía “la puerta forjada de hierro, el vitraux, la confección de planos ni el pago de impuestos su los hubiere”.
Sus dos primeros moradores fueron Belisario Blanco y Antonio Gondell, en reconocimiento a su impulso a la obra que esta próxima a habilitarse.
 
En el año 1973, se dictó la ordenanza Nº 2516 por la cual se donó a la Sociedad una nueva parcela que le permitió ampliar la capacidad del panteón original.
 
(Texto: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Extraído de Gregori, Miguel Ángel (1978), “Cien años de vida de la Sociedad Española de Socorros Mutuos de C. del Uruguay”

El casamiento en el siglo XIX

Basílica de la Inmaculada Concepción hacia el 1900
 
Al referirse a la familia del Dr. Juan Bonifacio Redruello, la escritora Uruguayense María del C. M. de Álvarez, en su libro “Hace un largo fondo de años”, nos cuenta que éste era oriundo de Santa Fe, e hijo de Don Juan José Redruello, quién prestó importantes servicios en la conquista del Chaco y; de Doña María Josefa Marcos de Mendoza, que enviudó joven, llevando una honrada vida cristiana. Luego, se traslada a Concepción del Uruguay, residiendo en una casa que existía al lado de la Basílica, donde hoy está la “Casa parroquial”, criando a sus numerosos hijos entre ellos al padre Redruello de destacada participación en los hechos de 1810, en el cual resulta electo por el cabildo local para representar la villa en la nueva junta de gobierno surgida de la “Revolución de Mayo”.
 
Pero, hoy no vamos a referirnos a la actuación de esta destacada y controversial figura sino que, nos detendremos en la transcripción que María del Carmen Miloslavich hace sobre el Acta de casamiento de los padres del futuro padre Redruello, Doña María Josefa Marcos de Mendoza y Don Juan José Redruello. Según la partida de casamiento existente en la Iglesia Catedral Metropolitana de Santa Fe, la cual dice ” El 24 de septiembre de 1759, el Dr. Antonio de Oroño, con mi licencia casó y veló en facie iglesis, a Doña María Josefa Marcos de Mendoza, y Don Juan José Redruello, ambos naturales de esta ciudad, corridas las tres amonestaciones y tomado su consentimiento. Fueron padrinos: Miguel de Quiroga y Doña Maria Xiomara de Numares. Don Miguel de Leiva.
 
Por otra parte, en el Libro 1° de matrimonios de la Parroquia de “San Sebastián” (Actual Inmaculada Concepción), se lee: “En veinte de agosto de mil setecientos ochenta y nueve, habiendo comparecido Don Lorenzo José Francisco López, (…), se publicaron en tres días festivos que fueron: dos, nueve y diez y seis de agosto del año mil setecientos ochenta y nueve al tiempo del ofertorio de la misa parroquial las tres conciliares proclamas sobre el matrimonio que libremente intentaban contraer Doña Tadea Jordán, viuda de Don Juan Gregorio Ramírez e hija legitima de don Antonio Jordán y Doña María López, natural de Buenos Aires y; Don Lorenzo José Francisco López y no habiendo impedimento alguno canónico y estando hábiles en la Doctrina Cristiana, yo, José Basilio López, Cura y Vicario de esta Parroquia, de la Concepción del Uruguay, desposé en ella de presente a los referidos Lorenzo José Francisco López y Tadea Florentina Jordán, habiendo antes advertido y entendido sus mutuos consentimientos que me fueron recíprocamente preguntados; no recibieron las solemnes bendiciones por estar anteriormente velada la esposa”. Tampoco, en esta oportunidad, hablaremos de Doña Tadea Jordán y de su heroica vida en los albores de la lucha por el federalismo, acompañando a su hijo Francisco y aún después de su trágica muerte.
 
Como todos sabemos en la administración colonial hubo áreas específicas de la sociedad que estaba bajo la órbita de la Iglesia Católica, entre ellas todo lo referido a la institución del “Matrimonio” y, más allá de los cambios políticos sucedidos algunos de los cuales fueron verdaderas revoluciones, como los hechos de mayo de 1810, la Declaración de la Independencia en 1816 y Caseros y la Constitución en 1852 y 1853, lo cierto es que muy poco cambió sobre esta institución hasta la sanción de la Ley de matrimonio civil en 1888.
Recordemos que recién para 1873 la nueva institución Municipal de Concepción del Uruguay, legisló sobre algunos aspectos administrativos de los casamientos, pero sin tocar lo que le correspondía a la iglesia desde su poder final.
 
Cuando leímos la transcripción del Acta de Matrimonio de Juan José Redruello y María Josefa Marcos, nos llamó la atención la aparición en la misma de los términos “Casó y veló” y “…corridas las tres amonestaciones…”, pero en ese momento, las consideramos como giros utilizados en los textos de ese momento.
 
En el acta de casamiento de Lorenzo López y Tadea Jordán, por su parte también aparecen términos que no conocemos, como por ejemplo “se publicaron en tres días festivos que fueron: dos, nueve y diez y seis de agosto del año mil setecientos ochenta y nueve al tiempo del ofertorio de la misa parroquial las tres conciliares proclamas sobre el matrimonio que libremente intentaban contraer” y “no recibieron las solemnes bendiciones por estar anteriormente velada la esposa (era viuda)”.
 
Existen más casos, por supuesto de Actas de casamiento con estas fórmulas y palabras que hoy nos resultan extrañas, pero que no lo eran en el pasado, entre los siglos XVII a XIX, más bien constituían algo normal en la vida de nuestros antepasados.
 
Portada del libro “Si, quiero. Historias y anécdotas …”

Hace un tiempo pudimos acceder al libro “Si, quiero. Historias y anécdotas del matrimonio en Argentina” de Arnoldo Canclini, que hace una reseña del matrimonio en el Río de la Plata desde la colonia hasta fines del siglo XIX, y en él encontramos datos muy curiosos sobre todo el proceso, bastante arduo por cierto que; luego de ser transcurrido, culminaba con el casamiento propiamente dicho, y aún podía extenderse más allá de esta ceremonia religiosa.

Basados, entonces en este texto, pasamos a contarles todos los pasos que involucraba poder formalizar el casamiento “por iglesia” a mediados del siglo XVII (Y hasta bien entrado en siglo XIX), y veremos que muchos actos o dichos se prolongaron en el tiempo, más allá de la vigencia de las leyes civiles como términos o como costumbres.
 
Había que dar (y pasar!) ¡siete! pasos previos antes de la confirmación de la boda, estos eran: Esponsales, “Soltura”; Amonestaciones; Sacramentalización; Dotación; Velación y Consumación
 
Esponsales y “Soltura”
Como dijimos, antes de la boda, eran imprescindibles otros pasos. El primero eran los esponsales, que se realizaban en cualquier momento del año, excepto entre el primer domingo de adviento y la epifanía, así como tampoco desde el miércoles de ceniza hasta la octava semana de Pascua, aunque sí se realizaban casamientos. “Podían ser sencillos y privados como con una promesa a solas, bajo un árbol a la luz de las estrellas, o públicos y solemnes. A veces, se los hacía por escrito ante un notario o ante un párroco que “tomaba los dichos”.
“También ocurría que fuera sólo el novio a ver al párroco que después visitaba a la pretendida para asegurarse de su consentimiento y el de los padres. Este paso era tomado tan en serio que, después de realizada la ceremonia, él era llamado “esposo” -o sea alguien que había cumplido los esponsales-, término que, junto con el de “esposa”, es de uso común todavía, aunque se lo aplica a quienes ya se han casado”.
Si aparecía oposición paterna, -recordemos que en ese tiempo era necesario que el padre diera su “bendición”, caso contrario podía llegarse hasta a un pleito para que la boda se concretase- la muchacha era llevada a una “casa honrada”, donde quedaba hasta que se aclaraba el entuerto. El novio tenía dos años para cumplir con su promesa y, si no lo hacía, podía sufrir penas muy serias, como un proceso criminal, la condena de dar una dote a la víctima, el casamiento o dos años de prisión. Pero el compromiso podía disolverse por mutuo acuerdo o por un acto de infidelidad probado.
“Para celebrar los esponsales, nos cuenta Arnoldo Canclini, era necesario hacer demostración de “soltura” o sea que el novio estaba libre de todo otro compromiso nupcial. El requisito era sólo para los varones”. Mentir sobre este tema, además de que era causa de nulidad de los votos, o del casamiento si este se hubiera realizado, además era causa de la excomunión y penas pecuniarias. “Era necesario probar los nombres de los padres, los viajes realizados, los cargos ejercidos y los medios de vida”. Como se puede ver, quienes decidían casarse en esa época deberían estar muy convencidos de ello!
En ciertas épocas, a los esponsales se les daba gran trascendencia social. En el siglo XVIII llegó a ser costumbre que los esposos comenzaran su vida conyugal luego de ellos, sin esperar el casamiento, aunque ello estaba específicamente prohibido.
 
Amonestaciones
Foto ilustrativa

El paso siguiente eran las amonestaciones. Éstas habían sido establecidas en 1215 y hechas obligatorias por el Concilio de Trento, lo que ponía la autoridad en la Iglesia de esta institución. Curiosamente, en la primera fecha tenía como razón limitar la consanguinidad, que era un problema en las pequeñas comunidades endogámicas, que eran bastantes comunes en Europa; se declaró la prohibición nada menos que hasta el séptimo grado, lo que producía muchas complicaciones y debió ser limitado hasta el cuarto grado.

Las Amonestaciones consistían en proclamas que se hacían desde el púlpito para que cualquiera que conociera un “impedimento” lo hiciera saber o “callara para siempre”. Debían ser tres, hechas en días no festivos, con la condición de que hubiera feligreses en el templo u otro lugar adecuado. Sin embargo, en algunos casos bastaba con la presencia de uno de los novios y dos testigos.
 
 
 
Los “Impedimentos”
Ése era el momento para que se hicieran conocer los impedimentos para el matrimonio, es decir causas que no lo hicieran posible. “Podían ser de tal especie que este fuera declarado nulo o si no, hacerlo ilícito y pasible de sanciones, aunque no de invalidarlo.
Los impedimentos se calificaban como “impedientes” (que se oponían a la justicia, licitud y honestidad, pero no a la validez) o “dirimentes” que podían ser con relación al sacramento, cuando había antes un voto solemne, un parentesco, un crimen, poligamia o diferencia de culto o bien con referencia a la legitimidad, cuando hubiera vicios en el consentimiento, errores, dolo, locura, violencia, rapto o minoría de edad; finalmente, lo relativo a la consumación, o sea la impotencia de una de las partes.
Casi todos los impedimentos se definen por sí mismos. En cuanto a los votos, se trataba del de castidad, el cual, si había sido hecho en forma solemne, era dirimente. Respecto de la diferencia de cultos, en general no hubo conflictos. Estos comenzaron a sucederse luego de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, cuando luego quedaron en nuestras tierras voluntariamente o como prisioneros varios hombres de religión Protestante.
 
Sacramentalización o casamiento propiamente dicho
“Superadas todas esas vallas -que no eran pocas-, llegaba finalmente la hora de la Sacramentalización, o sea del acto mismo del casamiento, que entonces era generalmente muy sencillo. Los novios, los testigos, los padres y algunos allegados se presentaban ante el párroco, quien les tomaba los votos. Todos permanecían de pie, ya que no había bancos en las iglesias. En algunos casos de mucha alcurnia, se agregaban elementos que daban cierto relieve, como un conjunto de músicos que ejecutaban canciones alusivas que eran coreadas por el público”. Los festejos solían ser muy sencillos y sólo había tertulias o bailes en “algunos casamientos” porque los novios quería tener cerca a sus amigos o parientes cercanos.
 
Hubo otra forma de casamiento, sumamente peculiar, que destacaba la importancia de la bendición eclesiástica: el matrimonio oculto y secreto que no quedaba registrado en el libro correspondiente. Esto consistía en que la pareja se acercaba al altar donde se estaba realizando una boda, sin ir con sus padres, generalmente opuestos al hecho. En el momento que el oficiante pedía el mutuo consentimiento de la pareja que estaba ante el altar, en voz baja murmuraban ellos también el propio. Cuando desaparecía el impedimento, con el correr del tiempo, el sacerdote confirmaba y hacía público el secreto. Mientras tanto, cohabitaban conyugalmente sin mayores problemas y si nacían hijos se los consideraba legítimos.
 
Foto ilustrativa

Dotación

Un aspecto relacionado con el casamiento era la dotación, o sea la entrega de ciertos bienes por parte de los padres de la novia, la famosa “Dote”. En el Plata, tenía cierto fundamento en cuanto a que era muy difícil tener ocupación en la juventud y, por lo tanto, a menudo la boda se hacía imposible sin la ayuda paterna. “Aunque las variantes eran muchas, una base para el monto era el quinto de los bienes, dejando el resto como herencia para los hijos varones”.
 
 
Velaciones
Después del casamiento y como algo complementario, llegaba esta ceremonia, a veces años después, aunque lo normal era una semana. Pero se daba el caso de que alguna pareja la concretara ya con varios hijos en su haber familiar. Implicaban una bendición solemne de parte de la iglesia, así como una re consagración del vínculo por los contrayentes. No tenía valor legal, sino espiritual y por eso se lo podía obviar.
“La ceremonia consistía en cubrir la cabeza de la esposa y los hombros del esposo con una banda o cinta, como señal de la unión matrimonial, bajo la imagen del yugo que une”.
 
Consumación
Era la última etapa para alcanzar la plena validez del matrimonio y no vamos aquí a entrar en detalles de ésta, y, claro esta decir que hubo a lo largo del tiempo muchos pedidos de nulidad por la incapacidad de consumar el acto sexual por parte de alguno de los dos esposos. Recordemos que más allá del goce de la pareja, el fin del acto sexual era, para la iglesia católica, tener descendencia.
 
En una apretada síntesis de este interesante libro sobre una institución tan significativa en la vida social, hemos contado todo el proceso, a veces engorroso y complicado que involucraba el casamiento de nuestros antepasados allá por los siglos pasados. Algo que hoy nos parece un tanto rebuscado, y hasta risueño si se quiere, pero que, sin dudas, marcó la vida de muchas personas que por diferentes razones no pudieron concretar su casamiento por alguna de estas amonestaciones e impedimentos.
 
Texto: Virginia Civetta y Carlos Ratto. Bibliografía: María del C. Miloslavich, “Hace un largo fondo de años” y Arnoldo Canclini, “Si quiero. Historia y anécdotas del matrimonio en Argentina”