La fiebre amarilla en Concepción del Uruguay

Fosa Común de los fallecidos por la fiebre amarilla en el cementerio de C. del Uruguay (Foto: Mabel Gómez)

Poco después de producido, en 1871, el primer caso de fiebre amarilla en la ciudad de Buenos Aires, la epidemia se generalizó con caracteres alarmantes, provocando diariamente numerosos decesos. No obstante que el Gobierno nacional que estaba a cargo del presidente Domingo F. Sarmiento adoptó las enérgicas medidas que las circunstancias reclamaban, la epidemia no sólo diezmó a la población porteña, murieron 13.500 personas, sino que se extendió a otros puntos del país, por lo que el pánico se hizo general, aún en aquellas poblaciones donde el flagelo todavía no había llegado.

En Concepción del Uruguay, dado el frecuente tráfico fluvial con Buenos Aires, se implementaron diversas medidas precautorias, al mismo tiempo que se llevó a cabo una campaña de solidaridad hacia el pueblo hermano.

Medidas Preventivas

La magnitud de una tragedia tan próxima y el peligro cierto de una extensión de la epidemia, motivaron la adopción de algunas medidas de prevención por parte de las autoridades de nuestra ciudad. Ellas fueron la consecuencia lógica de procurar atenuar el riesgo inminente, máxime si se tiene en cuenta que su Jefe Político era el doctor en medicina Vicente H. Montero, cuyo nombre llevó por mucho tiempo una de las principales calles de la ciudad.

A, efectos de fiscalizar el estricto cumplimiento de elementales normas de higiene, la ciudad fue dividida en cuatro secciones, cuyos límites coincidían con los de la división imperante en cuarteles. Se designaron cuatro comisiones de vecinos, una por cada sección, para que practicasen visitas domiciliarias, a efectos de obligar a los propietarios e inquilinos a mantener la limpieza de sus viviendas, y a acatar las instrucciones de carácter preventivo que las autoridades fuesen difundiendo a través de bandos y periódicos. Para facilitar la tarea de las comisiones, cada una de ellas auxiliada por un empleado de la policía, el que se encargó de hacer cumplir las órdenes que aquéllas impartían.

Asimismo, todo propietario o inquilino debía tener libre de basura las veredas y el sector de la calle que abarcaba el frente de su terreno. Aquella debía amontonarse lado de la vereda, de donde era levantada por carros destinados a ese exclusivo objeto. Las transgresiones a estas disposiciones fueron penadas con multas que oscilaban entre los dos y veinte pesos fuertes.

Juan Manuel Blanes Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires (1871) Óleo sobre tela, (Museo Nacional de Artes Visuales)

La pavorosa realidad de lo que estaba ocurriendo en Buenos Aires exigió la adopción de drásticas medidas, con el fin de atenuar sus consecuencias, Ello derivó en la clausura temporaria del puerto de Concepción del Uruguay. Por supuesto que tal determinación originó diversos perjuicios, tanto en el orden del comercial como en el tránsito de personas. Pero como lo que estaba en juego era la salud hasta la vida de los pobladores, fue necesario dejar de lado cualquier otro tipo de consideración.

 

La Prédica Periodística

El periódico “La Democracia”, que por ese entonces se editaba en esta ciudad, bregó incansablemente por prevenir a la población e instar a las autoridades a adoptar las medidas conducentes a evitar mayores males.

Durante los largos meses en que el problema subsistió, el periódico Uruguayense machacó en todas sus ediciones sobre este tema que acaparaba la atención de todos.

Y mientras por una parte ofrecía las noticias sobre las cambiantes alternativas de la enfermedad en Buenos Aires, por la otra se refería concretamente a la situación sanitaria de Concepción del Uruguay, en particular a los recaudos adoptados.

Así, por ejemplo, a mediados de marzo de 1871, mientras en Buenos Aires recrudecía la epidemia, “La Democracia” continuaba alertando a la población de nuestra ciudad e, incluso, aconsejábale sobre algunos inciertos remedios que constituían lo poco que podía ofrecer la medicina de aquel tiempo.

En otras oportunidades, el periódico reclamó con insistencia la intervención de las autoridades a fin de que gestionaran ante sus similares de la República Oriental, la eliminación de lo que consideraba el foco más infeccioso de la zona: el saladero Santa Isabel, en el Arroyo Negro.

Algunos meses después el periódico ofreció un mensaje optimista: “Por fortuna -expresó en uno de seis artículos- las aguas benéficas de estos días han purificada el aire, lo que importa una promesa positiva de que la salubridad, lejos de alterarse, mejorara”.

Ubicación de la Fosa Común en el cementerio de C. del Uruguay

Alcanzada por la Fiebre

Lamentablemente, las esperanzas del cronista no se correspondieron con la realidad. No obstante que durante algún tiempo el buen estado sanitario de la población hizo nacer un moderado optimismo, fue inevitable que, a la larga, la epidemia también alcanzara a Concepción del Uruguay. En nuestra ciudad, la enfermedad llegó a su punto culminante entre los meses de agosto y diciembre de 1871.

Para peor, el hospital que se estaba construyendo -ubicado en la actual calle Perú, entre Galarza y Rocamora- no había podido ser terminado, ya que las obras se habían paralizado como consecuencia de las guerras jordanistas.

Justamente en aquel año, una comisión de señoras había comenzado una colecta destinada a solventar los gastos que demandase la terminación del edificio del hospital, pero, en razón de la epidemia, esos recursos debieron ser distribuidos entre las familias indigentes afectadas por la enfermedad.

Según el registro llevado por la Jefatura Política del departamento Uruguay, en el lapso agosto-diciembre fallecieron, víctimas de la fiebre amarilla, 421 personas.

De ese total, 246 fueron hombres y 175 mujeres. Si se repara que el departamento Uruguay tenía hacia 1871 una población de alrededor de 12.000 habitantes, debe calcularse en un 3,5% el índice de mortalidad causada por la epidemia en un lapso de cinco meses.

Algunas víctimas conocidas

Sabido es que la epidemia de fiebre amarilla cobró numerosas vidas, particularmente en la ciudad de Buenos Aires. Y entre ellas hubo algunas personalidades que estuvieron estrechamente ligadas a la historia de Concepción del Uruguay.

Una de ellas fue el general Lucio Mansilla, quien había sido gobernador de Entre Ríos entre 1821 y 1842. Otra fue Domingo Ereño, sacerdote y educador, que desarrolló en nuestra ciudad, junto al ejercicio de su ministerio, la acción del político de pasiones fuertes, con un arraigado sentimiento federalista.

Finalmente, diré que en ese fatídico año 1871, salvó milagrosamente su vida Honorio Leguizamón, futuro rector del Colegio del Uruguay y, por ese entonces, estudiante de medicina. En su edición del 19 de marzo, “La Democracia” publicó la noticia recibida por vía telegráfica: “El joven Honorio Leguizamón, practicante de medicina, fue atacado por la fiebre. Está mejor, delo cual nos alegramos”.

La epidemia cedió al fin. Pero el año 1871 había marcado a fuego el alma de los argentinos de aquel tiempo, particularmente de los habitantes de aquellos lugares que fueron alcanzados por la epidemia. Como vimos, Concepción del Uruguay fue uno de ellos. Constituyó, sin duda, una de esas terribles vicisitudes que suelen sobrevenir en la historia de los pueblos.

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Texto extraído del artículo de Urquiza Almandóz, Oscar, ”Cuando la fiebre amarilla llegó a Concepción del Uruguay”, Publicado en Diario La Calle, sección “Locales”, página 13, martes 26 de diciembre de 1995

 

 

Don Agustín Urdinarrain

Vista de la Comandancia hacia 1875, en el centro de la foto, entre las dos construcciones puede verse parte del techo de la casa de Urdinarrain

Nacido en 1778 en Vizcaya, siendo muy joven casó con Doña Petrona López y Arigoitía. En el Archivo de la Iglesia Parroquial de esta ciudad existe en el (Libro I. Folio: 94) la partida de casamiento, la cual se transcribe: “En 2 de enero de 1797 habiendo precedido informes de libertad de Don Agustín Urdinarrain (hijo legítimo de José Urdinarrain y de Doña Maria Cruz Núñez, naturales de San Sebastián, Provincia de Guipúzcoa), para contraer matrimonio con Doña Petrona López, de Buenos Aires, constándome sus mutuos consentimientos en la doctrina cristiana, corridas las proclamas en días festivos y no resultando ningún impedimento, los despose in facie eclesia a Agustín Urdinarrain con la referida Petrona López. Fueron padrinos: Don Ignacio Sagastume y Doña Pilar López vecinos de esta villa y se velaron el día. Firmado: Feliciano Cabrera.

La señora de Urdinarrain era hermana de la señora de Sagastume y contaba a la sazón 23 años de edad.

Don Agustín desde temprana edad actuó en la vida pública de la villa, a los 22 años lo encontramos actuando como Regidor tercero y Defensor en el Cabildo de 1800, luego como Regidor en 1809 y como Síndico Procurador en 1810.

Fue un acaudalado hacendado, le tocó actuar en momentos decisivos para nuestra Patria; siendo en 1810 Síndico Procurador del Cabildo y Alcalde el Dr. Miguel Díaz Vélez, respalda la adhesión del Cabildo al Primer Gobierno Patrio, con la promesa de enviar un diputado que represente a Concepción del Uruguay.

Plano de la ciudad reconstruido en base a las descripciones de Luis Aráoz entre 1857 y 1863. La referencia N° 16 corresponde a la casa de Urdinarrain

Ya en el año 1805, Don Agustín había comprado frente a la Plaza Mayor sitio y casa donde vivió por muchos años y perteneció después a sus hijos. La compra fue hecha a la viuda de Don Julián Colman, Doña Francisca Correa. Reproducimos la escritura o como se decía; “Carta de Venta”: “Sépase por esta Carta, como yo Francisca Correa, vecina de esta Villa y viuda del finado Julián Colman, otorgo por ella que doy por mi y en nombre de mis herederos y sucesores y de los que de mi y ellos hubiere, título y causa, vendo y doy en venta real (ilegible) para siempre jamás a Don Agustín Urdinarrain, vecino del mismo vecindario y a quien sea su representante, una casa con pared, techo de paja y un galponcito que sirve de cocina, edificada en un cuarto de tierra de mi propiedad y se incluye en esta venta, lindando por el norte con la plaza principal y por el sur, y oeste, con casa y fondos del Dr. josé Miguel Díaz Vélez y por el este, calle por medio con Don Rafael Morales, con todas las entradas y salidas (ilegible) y costumbre, servidumbres y todo lo demás que le pertenece de hecho y derecho, libre de tributo, hipotecas, memorias y otros cargos. De que me satisfago y doy por otorgada y declaro que el valor de dicha casa y sitio cercado de palo de ñandubay son los referidos trescientos veinticinco pesos por ello y del que más tener en cualquier forma, le hago la gracia y donación, pura, perfecta y acabada al comprador Urdinarrain y renuncio la ley del Ordenamiento Real, parto, desisto, aparto de la acción, propiedad, señorío y posesión, título y traspaso en el dicho Don Agustín Urdinarrain, comprador a quien sabiéndose en su derecho (ilegible), lo sirva, cambie, enajene a voluntad como dueño absoluto sin dependencia alguna. En la Villa de Concepción del Uruguay, a diez y ocho de marzo de mil ochocientos cinco. Y por no saber firmar, ruego y suplico lo haga en mi nombre Don Josef de Urquiza con los testigos que presente”. A ruego de Francisca Correa: Josef de Urquiza. Testigo: Manuel del Cerro.

La señora de don Agustín Urdinarrain, Doña Petrona López, fallece el 7 de diciembre del año de 1849, “Sepulté en el Campo Santo de esta ciudad, el cadáver de Doña Petrona López, viuda de Don Agustín Urdinarrain, de setenta y cuatro años de edad, habiendo recibido todos los sacramentos de Nuestra Santa Madre la Iglesia, hizo testamento y se le hicieron funerales de primera clase en esta iglesia y que de verdad yo, el infrascripto Vicario de esta Parroquia lo firmo. Firmado José Cotelo. (Libro 2.Folio:60).

El matrimonio Urdinarrain-López tuvo varios hijos: Manuel Antonio, Jose Cornelio, Fulgencio, Maria Justiniana y Maria Concepción.

El hijo mayor de don Agustín fue el General Don Manuel Antonio Urdinarrain, quien desde muy joven se puso a las órdenes del General Francisco Ramírez, siguiendo a éste en sus ideales del federalismo. Más tarde actuó al lado del General Urquiza, distinguiéndose en su fervor patriótico. También actuó en varios cargos públicos donde su inteligencia y capacidad le hicieron distinguirse.

En 1860, fue Presidente de ia Convención Constituyente de la Provincia de Entre Ríos. También ocupó el cargo de Gobernador interino en ausencia del Gobernador Urquiza.

El General Manuel Antonio Urdinarrain era casado con Hermenegilda Irigoyen. Casaron el 14 de abril de mil ochocientos cuarenta y ocho; en ese entonces Urdinarrain era Coronel y Comandante del Departamento Uruguay; Hermenegilda Irigoyen era hija de Juan josé Irigoyen y de Maria Avelina Sagastume (los padrinos de este matrimonio fueron Don Juan josé Irigoyen y Petrona López).

Este matrimonio vivió en la calle Comercio (hoy Rocamora), haciendo esquina con la calle Del Paraná (hoy Congreso de Tucumán). Ya no queda nada de aquella casa donde se conserva en el patio el hermoso aljibe de mármol y la trabajada cancel de hierro forjado con las iniciales de la señora de Urdinarrain.

Esta casa que hoy pertenece a la familia Ansaldi, correspondería ser declarada monumento histórico provincial por haber pertenecido y vivido en ella el General Urdinarrain y su familia. (N. de los A.: Esta casa fue demolida a principio de los años 90 para construir en ese terreno unas canchas de pádel. Actualmente hay un salón de juegos para chicos)

El General Manuel Antonio Urdinarrain murió en Buenos Aires el 25 de julio de 1869.

 

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuente: Miloslavich de Álvarez, María del Carmen; “Hace un largo fondo de años, genealogía Uruguayense”,  1988.

La Capilla Almirón, ¿Cuál era su ubicación?

Capilla “La Concepción, erigida en el lugar dónde se encontraba la capilla de “Almirón” (Foto: Mario Soria)

Su ubicación según la tradición y la que surge del  de interpretación de un documento y una mensura para construir una capilla, en campo de su propiedad, destinada a cubrir sustento espiritual a más de 30 familias españolas y otro tanto de naturales que profesan la Religión Católica Apostólica y Romana; dichas familias debían esperar la visita del cura de la capilla de Gualeguaychú para recibir dicho sustento o recorrer más de 20 leguas para encontrar un sacerdote que les administrara los sacramentos.

En el círculo, la ubicación estimada (La Concepción), según la tradición

La tradición ubica el lugar de la erección de la capilla fundadora en el barrio de. “La Concepción”, tradición que se acrecienta con la lectura de lo que opinan los historiadores al respecto; muchos de ellos repiten la opinión (opinión tan solo, no aseveración) del historiador, por excelencia, de la provincia de Entre Ríos, Dr. César Blas Pérez Colman, quien, en la página 16 del tomo II de su documentada “Historia de Entre Ríos, Época Colonial”, expresa: “…Respecto al lugar que ocupó la capilla, se ha perdido todo antecedente, hasta los de índole tradicional. Sin embargo creo haber llegado a determinar el sitio preciso en que Almirón edificó el pequeño templo, que a justo título puede ser considerado como el progenitor de la actual ciudad de Concepción del Uruguay (…) En cuanto al sitio preciso que sirvió de asiento al templo, considero que estaba situado dentro de la actual planta urbana de Concepción del Uruguay, a unas cuadras al Nord-Este del arroyo de la China”. Lamentablemente, el Dr. Pérez Colman no tuvo en cuenta dos valiosas pruebas documentales que el mismo incluye en su obra “Historia de Entre Ríos”, estos documentos que indican fehacientemente donde se encontraba la capilla de Almirón, esta pruebas son: Oficio de Tomás de Rocamora al Virrey Vértiz de fecha de 1 25 de junio de 1783, y el plano de mensura del “Potrero de San Lorenzo”, mensura que fuera dispuesta por Ángel Mariano Roque De Elía, quien, ya la muerte de su padre Dn. José Ignacio De Elía, había heredado ese inmenso latifundio; dicho plano de mensura corrió agregado a una nota elevada al Rey ofreciendo entregar parte de las tierras que De Elia ocupaba, con el fin de dar término a una serie de pleitos y entredichos con ocupantes de parte del Potrero que aducían tener títulos de propiedad otorgados por el Cabildo de Sarita Fe. La Revolución de Mayo de 1810 benefició a De Elía y no tuvo necesidad de dar cumplimiento a la oferta hecha a la Corona Española.

Pasemos a considerar el contenido del primer documento, El -oficio de Rocamora al Virrey Vértiz. Cuando Rocamora llega al partido del Arroyo de la China con el propósito de reubicar a las familias desplazadas por los Zúñiga (de sus campos al occidente de Gualeguaychú), en una villa a fundar al norte del Arroyo de la China, lugar donde ya existían otros pobladores asentados en las cercanías de la capilla levantada mediante el peculio de Dn. León Almirón, hacendado titular de tierras al sur del arroyo “Curro”, propiedad que llegaba hasta el río Uruguay; al consultar a los pobladores sobre el lugar donde convenía fundar la villa, se puso en evidencia la disparidad de criterios, unos querían que fuera fundada en el lugar donde se encontraba la Capilla erigida por León Almirón en su estancia y otro grupo aconsejado por Dn. Julián Colman, prefería el lugar donde se encontraba dicho puerto de Echarrandieta, puerto que, según Pérez Colman., se hallaba sobre la margen derecha del Arroyo de la China y en la desembocadura de dicho arroyo en el río Uruguay. Escuchando esto, Rocamora decidió efectuar una apreciación personal de las condiciones que ofrecían los dos sitios mencionados, para el asentamiento de la nueva población; de su visita sacó la conclusión que ninguno de los dos parajes visitados reunía condiciones para la habitabilidad humana.

En el círculo, la ubicación estimada, según las indicaciones de Rocamora

En su oficio al Virrey, Rocamora expresa al referirse al lugar donde se levantará la Villa “No en el puerto de Echarrandieta (sic) que solicitaba este vecindario, y sobre el lugar de la capilla pleiteada que se desechó por ser una cuchilla alta; larga y muy estrecha con barranca a un lado y cañada a otro, más propia para ermita de campo que para parroquia de una población formal”; “distará (la nueva población) de este paraje (el de la capilla de Almirón) como media legua sureste.

En éste párrafo del Oficio de Rocamora nos dice donde se encuentra la capilla de Almirón. Si el fundador, desde la capilla de Almirón se encontraba al Noroeste del terreno elegido para asistente de la población. Otra prueba sobre la ubicación de la capilla de Almirón la encontramos en el plano de mensura del “Potrero de San Lorenzo”. Este plano se encontraba en el archivo de la provincia de Entre Ríos y fue sacado a la luz por Blas Pérez Colman, el mismo historiador que en el III tomo de su obra (página 286) destaca la importancia de las referencias gráficas que contiene, especialmente, las referentes a la ubicación de las tierras de León Almirón y las de su hijo, la ubicación de la capilla (indicada con una cruz sobre la representación del edificio); hemos trazado una línea de puntos sobre el plano para resaltar la ubicación de la capilla con respecto a la de C. del Uruguay. En este documento gráfico que creo único, hasta ahora, la capilla de Almirón fue erigida al N.O. de la actual ciudad de Concepción del Uruguay y en terreno propiedad de su altruista protector, Dn. León Almirón. Una pregunta cabe: ¿Por qué el  tuvo en cuenta estos  y  emitió, erróneamente, su opinión sobre la ubicación de la capilla de Almirón? ¿Pudo, tal vez más, el peso de la tradición?

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuente: Revista panorama (1939) y Álvarez, Eduardo Víctor, “La Capilla Almirón”, Diario la Calle, 25 de junio de 1990

 

 

La Mansión de Doña Sara Sagastume de Chiloteguy

Casa de la familia Chiloteguy (Foto: Silvina Soria)

Estaba ubicada en la ciudad de Concepción del Uruguay, en la manzana delimitada por las actuales calles 9 de Julio, Artigas, San Martín y Juan Perón, espacio que en oportunidad de la distribución de los solares por parte de Tomas de Rocamora, fue reservada para la construcción del Cabildo y Cárcel, edificios que por diversas circunstancias no llegaron a construirse.

Los terrenos “públicos”, pertenecían en propiedad al ilustre Cabildo de la Villa de Concepción del Uruguay.

El primer propietario de esta manzana, acorde antiguas escrituras localizadas por la historiadora local María del Carmen Miloslavich de Álvarez fue Bartolomé Ferre, en algunos documentos de la época se lo consigna como Ferrer, quien fuera varias veces cabildante de la ciudad y de destacada actuación publica. Desde su cargo, le habrá sido fácil la adquisición del terreno público de referencia.

Ferrer, posteriormente vende dos solares (1/2 manzana) de la manzana investigada a José Joaquín Sagastume, los ubicados sobre la actual calle 9 de Julio y este a su vez, el 13 de enero de 1829 ante el Escribano público Damuel Cortes lo enajena a favor de  María del Carmen Espino de del Río, esposa de Tomas del Río con todo lo edificado, plantado, cercado etc. El predio es heredado por su hija Severa del Río que en el año 1831 había contraído enlace con Anacleto Azofra (en algunos documentos es mencionado como Azufra.

En oportunidad, de la asignación de los nombres, a las calles de la ciudad, por orden del Comandante Militar de la misma, Teniente Coronel Ricardo López Jordán (h) en el año 1850, a la actual calle Juan Perón, se le impone el de Federación Entrerriana en toda su extensión, no cambiando el nombre en la calle De la Representación o Representación (actual 9 de Julio). Se mantienen estos nombres en los planos del arquitecto Augusto Picont de 1853 y en el “Proyecto de Urbanización de la Ciudad de Concepción del Uruguay”, elaborado por el agrimensor Juan Leo en el año 1857

El 19 de diciembre de 1871 el Sr. Juez de Primera Instancia en lo Comercial de Concepción del Uruguay, Jesús María del Campo manda a poner en posesión de los bienes de la extinta Severa de Azufra a su esposo Anacleto Azufra en representación de su hija menor Luisa Azufra única y universal heredera de su señora madre Severa del Río haciéndose cargo efectivo de los bienes el día 22 de diciembre del mismo año, teniendo el terreno una “hipoteca” a favor del Banco de la Nación Argentina de S 6.500 m/n.

El 22 de diciembre de 1871 Luisa Azufra contrae matrimonio con el Farmacéutico Miguel Ticcardini.

En el terreno investigado, ubicado en la esquina de las entonces calles Federación Entrerriana (actual Juan Perón) y de la Representación (actual 9 de Julio), según diversos historiadores habría estado el edificio de la “Comandancia” o “Jefatura Política”, circunstancias que son ratificadas acorde el “Plano de la defensa de Concepción del Uruguay de noviembre de 1872 donde consta específicamente su existencia, no dejando lugar a dudas. En el plano referido, se consigna una construcción de ladrillos y techo de azotea en “L” que comprende la totalidad de los frentes oeste y norte de unos 40 varas de lado. Los lados este y sur del predio, igualmente en “L” (cerrando el cuadrado del solar) se menciona una construcción de paredes de adobe y techo de paja.

Los solares al sur del predio investigado, es decirla restante media manzana se encontraba el “Cuartel del Batallón Guardia Provincial de Entre Ríos que posteriormente pertenecerán a las familias Canavessi y Corbella.

Por ordenanza de la municipalidad de Concepción del Uruguay de fecha 9 de octubre de 1876, se dispone que la calle de la Representación o Representación, que cortaba a la ciudad de este a oeste pase a llamarse “9 de Julio” y las calles que la cruzan, de norte a sur cambiaran de nombre en su intersección. Por tal medida la calle Federación Entrerriana, al sur de esta pasa a llamarse Londres (posteriormente Urquiza, Vicente H. Montero, Virrey Vértiz, Vicente H. Montero y, actualmente Juan Perón) quedando el edificio en la esquina de las calles 9 de Julio y Vicente H. Montero.

El 21 de Junio de 1905, Luisa Azufra de Riccardini vende parte del terreno con un frente de 16.35 m al oeste, (sobre la plaza General Ramírez) y 70,63 m del lado norte (Calle 9 de Julio entre las calles Vicente H. Montero y Venezuela (actual Artigas) al Sr. Adolfo Basavilbaso, interviniendo en el acto el escribano Rafael Paradelo.

La otra mitad del los dos solares originales que perteneciera a la Sra. de Riccardini había sido vendidos al Sr. Ignacio Rompani (posteriormente a Mateo Fabani, hoy sucesión de Prospero Bovino).

Mansión de la señora Sara Sagastume Urquiza de Chiloteguy

Casa de la familia Chiloteguy (Foto: Guillermina Greco)

En el año 1905, en la esquina de las calles Vicente H Montero (actual Juan Perón) y 9 de Julio, al decir del periódico La Juventud “existía una tapera de una antigua construcción (lo que quedaba de la comandancia política de la ciudad), donde se piensa levantar un moderno edificio”.

Al efecto, la Señora Sara Sagastume Urquiza Viuda de Dr. Anastasio Chiloteguy, adquiere el 27 de Julio de 1910 a D. Adolfo Basavilbaso el terreno ubicado frente la plaza General Ramírez en la esquina de las calles Vicente H. Montero, con 16,35 m sobre la misma y 70, 63 m de fondo, sobre 9 de Julio hasta la esquina de calle Venezuela (actual Artigas),  interviniendo el Escribano Rafael Paradelo.

La Sra. Sara Sagastume Urquiza, era la cuarta hija del matrimonio de la Sra. Medarda Urquiza y Cardozo que se había casado en 1866, con el Abogado Jose Joaquin Sagastume Irigoyen y nieta directa del general Justo José de Urquiza en su relación con Cándida Cardozo y Pérez.

Sara Sagastume, había quedado viuda el 6 de agosto de 1904 al fallecer de un sincope cardíaco su esposo el Dr. Anastasio Chiloteguy, a los 43 años de edad, destacado facultativo que había nacido en nuestra ciudad el 25 de diciembre de 1861, habiéndose graduado de médico en la facultad de Buenos Aires radicándose en su ciudad natal.

Era propósito de la Sra. Sagastume Chiloteguy, construir en el predio céntrico que había adquirido una lujosa mansión, encomendado su proyecto y construcción al arquitecto local Juan B. Corbella, el mismo que construyera, entre otras, la residencia de la familia Perette-Jorge (hoy edificio Antares) y la mansión del Dr. Corbella, en plena época de oro de las construcciones en nuestra ciudad.

Las elegantes líneas del edificio son publicadas por el periódico La Juventud de nuestra ciudad el 10 de enero de 1911. La construcción tenía un presupuesto de $ 50.000 m/n (una fortuna para la época) siendo ocupada una superficie de 16,33 m sobre Vicente H. Montero y 34 m edificado sobre 9 de Julio con un fondo para parque de 49.63 m.

El terreno original adquirido por la Sra. Sagastume, queda dividido en dos lotes, sobre calle 9 de Julio.

Las obras se inician en diciembre de 1910, teniendo la majestuosa mansión diez habitaciones, dos habitaciones de servicio, dos hall, un baño, un garaje y dos WC trabajando gran cantidad de obreros por ser intención de la dueña ocuparla lo antes posible.

No se tiene la fecha cierta de su terminación, pero antecedentes periodísticos del ano1915, la refieren como “residencia de la Sra. Viuda Sara Sagastume de Chiloteguy”.

El 6 de septiembre de 1911 Sara Sagastume de Chiloteguy extiende su testamento ológrafo, el que protocolizado por el Escribano Wenceslao Gadea con fecha 4 de diciembre de 1940 al fallecer fue aprobado por el Juez de primera instancia en lo Civil y Comercial, Dr. Justo A. Pintos con fecha 3 de marzo de 1941. En el declara voluntariamente como único y universal heredero a su hijo adoptivo José Joaquín, nacido el 12 de mayo de 1902 en el Hospital Rivadavia de la Ciudad de Buenos Aires, quien fuera bautizado como tal, en la parroquia de la Inmaculada Concepción nuestra ciudad el 25 de febrero de 1903 por el cura Ángel Solessi y a quien se le puso el nombre de Anastasio José Joaquín Chiloteguy

Al fallecer la Sra. Sara Sagastume viuda de Chiloteguy, todos los bienes de la causante, en que se incluye la mansión de las calles Vicente H. Montero y 9 de Julio, campos, el panteón del cementerio local y otras propiedades pasan acorde su testamento a su hijo adoptivo que le fueron adjudicados por el Juez de  primera instancia en lo Civil y Comercial de Concepción del Uruguay con fecha 30 de diciembre de 1941.

La mansión deja de pertenecer a la familia Chiloteguy

En la década de 1935. la magnifica mansión, es alquilada por su propietario al Banco Hipotecario Nacional donde funcionaran sus oficinas hasta la construcción de su sede propia en el ano 1962. El 16 de junio de 1942, el heredero de la propiedad Anastasio José Joaquín Chiloteguy, casado en primeras nupcias con María M Labathe de 34 años de edad, vende la residencia de la calle Vicente H. Montero y 9 de Julio al matrimonio del Dr. Ángel Moisés Parpagliono y su esposa María del Pilar Sáez de Parpaglioni. La familia Parpaglionil vende la residencia que la jerga popular continua reconociéndola con el nombre

de la Viuda Sagastume, el 26 de noviembre de 1958 a los Señores Atilio Laperuta y Roberto Jose Gandolfo Herrera y Sra. interviniendo el Escribano Edgardo Héctor Castro.

El fin de la mansión

Desocupado el edificio, sus propietarios encargan a una firma martillera local, la venta del inmueble que incluye la posibilidad de su demolición con miras a la construcción en el terreno de un hotel o edificio de departamentos, como se rumoreaba en la ciudad, saliendo en su defensa la prensa local y un grupo de vecinos con miras a preservarla para el patrimonio arquitectónico de la ciudad y que podría ser destinada a diversos fines culturales etc.

En ese interín, los esposos Laperuta venden su parte al Sr. Roberto José Gandolfo Herrera y Sra.  con  fecha 27 de febrero de 1963 acorde escritura pasada ante el Escribano Edgard Héctor Castro. Los nuevos dueños del edificio disponen la demolición de la señorial mansión que fuera orgullo de la ciudad de la “Belle Epoque” queriendo justificar su medida argumentando la construcción de un moderno edificio de departamentos. La demolición se realiza en octubre de 1963 quedando para diciembre de ese año, solamente las paredes que dan sobre las calles aledañas a modo de muro.

Los propietarios del predio, al menos por el momento, no tenían intención de llevar adelante la construcción de ningún edificio, lo que da motivo que la municipalidad local a modo de “multa” grava los impuestos municipales del terreno en 150% acorde el artículo 32 de la Ordenanza N° 2155, contestando su propietario, ajeno a la ciudad, que “no le interesaba en lo mas mínimo.

De la experiencia obtenida con la demolición de la mansión Sagastume-Chiloteguy, como se la conocía en el ámbito local, lleva la municipalidad a dictar la Ordenanza N° 2187/1964 en la que se establece “que no podrá autorizarse la demolición de ninguna finca, en la zona céntrica, sino se han aprobado previamente el proyecto y los planos de la construcción que la reemplazará en el misma lugar”. Pasan los años y el lugar es un terreno abandonado rodeado de las mutiladas paredes delo que fuera la señorial mansión, orgullo de la ciudad.

En febrero de 1966, en base a lo autorizado en la Ordenanza Municipal N° 2231/1966 el Departamento Ejecutivo Municipal, solicita al Gobierno de la provincia de Entre Ríos, la sanción de una ley que lo declare de utilidad pública, siendo intención de la municipalidad, cederlo a la provincia para la construcción de un hotel de turismo.

Durante la intendencia del Dr. Lucio Lopez Meyer se realiza n gestiones ante los dueños para parquizar el sector y trasladar la calesita que funcionaba en el predio del actual centro chico y, de esa manera hermosear esta céntrica esquina de la ciudad, que tan mal aspecto daba

Nuevos dueños del predio

El 30 de Junio de 1968 los propietarios Roberto José Gandolfo Herrera y señora venden el predio aludido a la Sra. Concepción Antonia Villalba de Bovino con la intervención del escribano Edgardo Héctor Castro. La nueva propietaria autoriza a la municipalidad, para que proceda a parquizar el terreno, demoliéndose los muros que lo circundaban, últimos vestigios de la magnífica casona. En el lugar en octubre de 1972 es instalada la calesita que por muchos años había funcionado en el terreno municipal de la esquina de las calles V.H. Montero y San Martin para permitir el inicio de las obras del Centro Cívico.

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Texto extraído de: Rousseaux, Andrés, “La mansión de Sara Sagastume de Chiloteguy” del libro “Concepción del Uruguay, edificios con historia”, Tomo I

 

 

Los africanos en Concepción del Uruguay

Antes de la construcción del edificio la Escuela Normal, en una zona baja se asenaba en barrio de los negros de la ciudad

El ser argentino se conforma con la mezcla del originario o amerindios, europeos y en muy poca cantidad africanos.

Los africanos traídos forzadamente a estas tierras, fueron dejando descendientes, muchos de los cuales eran el fruto de la unión con hispano-criollos, e indígenas. Así proliferaron los mulatos, zambos, mulatillos, pardos, que luego se mezclarían con los nuevos grupos de inmigrantes procedentes de Europa. Gran número de la gente que tenía una porción de sangre africana pasó a formar parte de los sectores marginales urbanos, del proletariado ocupado en diversas tareas, casi siempre las peores remuneradas o rechazadas por considerárselas subalternas.

Nuestra sociedad mantuvo, aunque sin admitirlo expresamente, la discriminación étnica o racial heredada de España y promovida en los escritos por los positivistas y evolucionistas sociales, y en los hechos por los modernizadores de la Argentina: Sarmiento, Alberdi, Mitre, Cané, Roca, etc. El resultado fue la negación del aporte africano a nuestra sangre y a nuestra identidad cultural, aunque esta herencia ha empezado a ser rescatada y valorada en las últimas décadas.

En nuestra provincia en particular, casi no se mencionan los africanos, pues siempre se ha escrito sobre grupos dirigentes, aquellos subordinados, indígenas, africanos y mestizos fueron dejados de lado por creer que  no habían sido protagonistas.

En los informes que Don Tomas de Rocamora enviara al Virrey Vértiz, menciono que vio unos cien ranchos habitados por naturales y mulatos en las localidades de Nogoyá, Gualeguay, Gualeguaychú y Arroyo de la China.

Los esclavos eran usados para tareas donde el propietario era el ganador. En el campo fueron usados como domadores, marcadores, capataces, peones,  hacheros, labradores. En la ciudad, de albañil, correo, aguateros. Y las mujeres, se dedicaban al servicio doméstico, cocineras, etc.

La vestimenta era parecida a la de los criollos humildes. La ropa se las daban sus amos.

En el Censo levantado por Ramírez en 1920, aparecen mencionados varios esclavos

El precio de los esclavos estaba dado por la edad, sexo y habilidades. Y las esclavas de 15 años que sabían cocinar, planchar, amasar, eran las más valiosas.

De que época estamos hablando? Si de los inicios de nuestra ciudad, en el censo ordenado por Ramírez en 1820, figuran registrados en nuestra ciudad 120 esclavos, el 54% de ellos nacidos en Guinea y 12 africanos en condición de “libres”, pero el esclavo seguía el destino de su amo. Hay documentos que hablan de esclavos hasta los años 1852/1855 por Ejemplo:

La esclava Lucia Palmero, fue llevada de Entre Ríos a Buenos Aires, en carácter de libre, pero esta debía servir a la Señora Carmen Espino por tres años, a cuyo término quedaría en libertad.

Otro ejemplo: Don Salvador Barceló, vecino de nuestra ciudad dejo asentado en su testamento que su esclavo Simón, se le otorgara la libertad después de su muerte. Esto demuestra que en nuestro país, no se cumplió inmediatamente la Constitución del 53, que disponía la abolición de la esclavitud. Recién para 1860, se cumple con la norma.

En los primeros años de nuestra Villa, se recuerdan algunos nombres de esclavos como:

Anastasio y Paulina Campana, padres de Timoteo (1788). José Justo Santos, hijo de la esclava Petrona Santos (1790). Los padres del Gral. Urquiza poseían varios esclavos, cuyos hijos, fueron bautizados con el apellido Urquiza.

Luis Aráoz, en sus memorias, escritas sobre su estadía en nuestra ciudad, entre los años 1857 y 1863, relata lo siguiente: “La manzana siguiente al Este sólo tenía, según recordamos, unos ranchos sobre la calle 9 de Julio, en el primer cuarto de manzana del Oeste, de propiedad de la familia de los morenos Ríos (se refiere a la delimitada por las hoy Artigas y Tibiletti). Allí se reunía mucha gente de color en los candombes de los días sábado. Los gritos al toque de tamboriles se oían claramente desde el Colegio”.

En otra parte de su obra, Aráoz nos cuenta que “Más hacia el Sur, (donde está hoy la Escuela Normal de Profesores), era mayor el rancherío. Los sábados no se oraba, por los gritos al son de grotescos tamboriles de los negros, que pasaban toda la noche bailando candombe. Había bastantes africanos viejos.

En Concepción del Uruguay algunos pocos vástagos de las familias originarias de África quedaron registrados en las crónicas o en la memoria colectiva. Entre otras, sobresale Irene Jurado, parda liberta, entrerriana, nacida alrededor de 1818, que formaba parte de la servidumbre de Mariano Jurado. Años más tarde pasó a prestar servicio en la casa de Carmen Uribe Britos y colaboró con ésta en el hospital de sangre que se improvisó en noviembre de 1852 cuando la ciudad fue atacada por las fuerzas de Juan Madariaga. Dicho hospital funcionó en la actual calle J .D. Perón n° 82-92 .26. Irene Jurado también era renombrada por sus dulces, a tal punto que el general Urquiza, en un agasajo que ofreció a diplomáticos norteamericanos, el 11 de marzo de 1859, en el Palacio san José, le encargo 6 dulceras con 9 libras.

Los antiguos alumnos del «Colegio del Uruguay» al hacer el repaso de su vida estudiantil, no podían omitir en sus evocaciones al personal del establecimiento como -entre otros- el portero de las primeras épocas, el negro Trifón Ríos “muy querido y considerado por su buen carácter y por su seriedad”. Éste había quedado manco como consecuencia de una herida recibida en la batalla de Caseros y, en compensación, se le había dado trabajo en el Colegio.

También en la zona rural quedaban algunos descendientes de africanos integrados con la población criolla y participando en sus labores cotidianas y reuniones festivas. Honorio Leguizamón evocaba la celebración de una boda en una estancia del Calá, por la década de 1860; entre los concurrentes a la fiesta, llamó la atención la llegada de tía Joaquina, “…una Venus hotentote, célebre bailarina de la danza de las caderas (candombe) y no menos célebre fabricante de pasteles para yerras y trillas“. El mismo autor, recuerda una visita que hizo a la casa de su abuela que vivía en Nogoyá, quien tenía unas “negritas libertas”, que se levantaban temprano para ordenar las vacas.

Entre las víctimas de la epidemia de fiebre amarilla que se desató en el departamento Uruguay entre agosto y diciembre de 1871, sobre un total de 421 decesos, se registró el de 10 africanos (cuatro mujeres y seis varones). Estas epidemias, sumadas a otros factores, como la mortalidad infantil y la disminución de los varones adultos obligados a participar en la guerra, provocaron una sensible merma de la población de origen africano, no sólo de esta ciudad, sino de toda la región.

Nos dice Harman:

“el desprecio, la marginación y el olvido fueron algunas de las consecuencias de un largo proceso de relaciones sociales asimétricas. Sera ahora el tiempo de reflexionar sobre la realidad heredada para que podamos construir – sin exclusiones – una realidad diferente y para que no haya más rostros  invisibles en nuestra historia”.

Edición: Civetta, Virginia y Ratto, Carlos. Textos extraídos de Harman, Ángel, “Los Rostros Invisibles de nuestra Tierra”, 2010; Miloslavich de Álvarez, María del Carmen “Hace un largo fondo de años. Genealogía Uruguayense”, 1988 y Mallea, Lorenza y Coty Calivari, “Las mallas del viaje”, ediciones El Mirador, 1982

 

 

José Bonifacio Redruello 

Copia del censo ordenado por Ramírez en 1820 donde aparece mencionado Redruello

José Bonifacio Redruello, había nacido en Santa Fe de la Veracruz de una familia calificada; su padre; Don Juan José Redruello, prestó importantes servicios en la conquista del Chaco; su madre, Doña María Josefa Marcos de Mendoza, enviudó joven, llevando una honrada vida cristiana, Criando a sus numerosos hijos.

El padre Redruello vino al mundo el día 14 de mayo de 1770, a las dos de la mañana y fueron sus padrinos Don Martín Espeleta y Doña María Josefa Troncoso, siendo bautizado por el Presbítero Doctor Francisco Xavier Troncoso. Tenía tres días cuando fue bautizado en la Iglesia Matriz de Todos los Santos, siendo confirmado el 14 de julio de 1779 por el Obispo Fray Sebastián Malvar y Pinto, siendo su padrino de confirmación Don josé de Vera y Mujica.

Redruello siendo muy joven fue enviado a Córdoba en cuyo Real Colegio Loreto, estuvo como alumno durante cinco años. Luego cursó Teología y Filosofía en la Real Universidad de Córdoba y mereció el grado de Doctor en Sagrada Teología. Al ser ordenado sacerdote el Virrey Olaguer Feliu, en Montevideo, firmó el título de Cura Párroco de Espinillo (República Oriental del Uruguay). Con los omnipotentes títulos del Rey Carlos IV y del Virrey del Pino (al cual lo unía un parentezco) se presenta ante el Provisor del Obispado Doctor Tubau y Sala, para que le de traslado y título de Párroco Propietario de la Parroquia del Arroyo de la China.

Primera capilla de la nueva ciudad, aquí debió desarrollar sus tareas el padre Redruello

De recia personalidad se destaca en aquellas épocas difíciles pobladas de dificultades. Ya trasladado a la Villa, para aquel entonces llamada Concepción del Uruguay, se dedica a enseñar a los niños, y según la tradición, fue maestro del General Ramirez. Fue un ferviente realista; en la Asamblea de vecinos reunida en el Cabildo el día 30 de julio de 1810, donde se hallaban reunidos los hombres más representativos de la Villa, fue elegido diputado para representar a Concepción del Uruguay ante la Primera Junta. Actuó en Concepción del Uruguay y Gualeguaychú. Cuando Bartolomé Zapata reconquista las Villas Entrerrianas, se produce el éxodo de los españoles, entre los que se contaba Don Josef de Urquiza, padre del General y el Doctor José Bonifacio Redruello.

Por lo que se deduce de los documentos, la madre del Doctor Redruello, Doña María Josefa Marcos de Mendoza, y sus otros hijos, habían venido a la Villa de Concepción del Uruguay y quedaron residiendo en ésta.

Esta familia, como dijimos, era oriunda de Santa Fe, donde contraen matrimonio Doña María Josefa Marcos de Mendoza y Don Juan José Redruello, según la partida de casamiento de la Iglesia Catedral Metropolitana de Santa Fe, la cual reproducimos ” El 24 de septiembre de 1759, el Dr. Antonio de Oroño, con mi licencia casó (…), a Doña Maria Josefa Marcos de Mendoza, y Don Juan José Redruello, ambos naturales de esta ciudad, corridas las tres amonestaciones y tomado su consentimiento. Fueron padrinos: Miguel de Quiroga y Doña Maria Xiomara de Numares. Don Miguel de Leiva.

Doña María Josefa Marcos de Mendoza vivió con sus hijos en la manzana que hoy se halla la iglesia, frente a la Plaza Ramírez. El Cabildo adjudicó al Padre Redruello esos terrenos. Existe un documento donde una hermana del Padre Redruello vende un terreno a Don Cipriano José de Urquiza, donde éste edifica una casa para su familia, es decir, para sus padres y hermanos, pues el aún no era casado.

Plano con la ubicación de las residencias de los primeros pobladores, tomado de Miloslavich de Álvarez, María del Carmen; “Hace un largo fondo de años, genealogía Uruguayense”

Transcribimos el documento:”Digo Yo, Francisca Solano Redruello, vecina de esta Villa, que doy en venta formal a Don Cipriano de Urquiza, dos sitios de tierra lindera por el norte con la iglesia, por el sur con uno mío y otro de Doña Florencia Suasnavar; por el oeste, con la finca del finado Bayolo, los cuales fueron en años pasados donados por este Cabildo a mi hermano Dr. José Bonifacio Redruello, cuyas acciones represento y por cuanto el expresado comprador me ha entregado en dinero la cantidad de cincuenta pesos; desde luego me separo y a mi dicho hermano de todo derecho y acción a los enunciados sitios sin que pueda persona alguna hacer reclamo sobre esta venta en lo sucesivo, para su resguardo le doy ésta en la Villa de la Concepción del Uruguay, a 2 de octubre de 1819. Francisca Redruello

Los hijos de Juan José Redruello y María Josefa Marcos de Mendoza, fueron: El Dr. José Bonifacio; Doña Ramona, casada con Tomás de Cacho el 15 de noviembre de 1805, cuyos padrinos fueron: Tomás de Zarraqueta y Ana Josefa Redruello. Bendijo la unión el Padre Redruello; Doña Francisca Antonia casa con Tomás Bayolo. Padrinos: Ignacio Sagastume y Teresa Pecasari, el 9 de febrero de 1805. Doña Francisca Solano casa con Francisco Pérez Moscato. Padrinos: Manuel del Camino y Josefa M. de Mendoza, 9 de enero de 1805. Ana Josefa, casa con Tomás de Zarraqueta y José Silvestre, casa con Josefa Mayons, cuyos casamientos no deben haberse realizado en esta Parroquia pues no figuran en los libros.

Doña María Josefa de Mendoza, fallece el 14 de junio de 1812; fue enterrada con oficio religioso solemne en esta Parroquia a la edad de setenta años, esposa de Don Juan José Redruello.

El Padre José Bonifacio Redruello, fallece en Montevideo, donde ejercía su sacerdocio en la iglesia Matriz; he aquí su acta de defunción: “En el Libro Décimo de defunciones de la Catedral de Montevideo, Uruguay, se halla la partida del tenor siguiente: “Al margen: Dr. José Bonifacio Redruello- gratis”-” En veinte y ocho de marzo de mil ochocientos treinta y seis, se enterró en el cementerio de la Iglesia Matriz, el cadáver del Presbítero Doctor José Bonifacio Redruello, natal de Santa Fe, hijo de Don Juan José Redruello y de Doña Josefa Marcos de Mendoza, de edad 64 años. Y por verdad lo firmo como Teniente Cura Francisco de Lasal”. Está rubricado.

De los descendientes de la familia Redruello sólo sabemos de la existencia de José Silvestre que casó con Josefa Mayons; hijo de éstos: Eulogio Redruello, que contrae matrimonio con Valentina Panelo, de familia muy antigua en Concepción del Uruguay y el hijo de esta pareja; Neris Redruello, casa con Julia Díaz (de Córdoba); sus hijos fueron: Lucía Marta, fallecida muy joven, Carlos y Emilio, que residían en la Capital Federal.

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuente: Miloslavich de Álvarez, María del Carmen; “Hace un largo fondo de años, genealogía Uruguayense”,  1988.

 

 

La casona del Hogar de Niñas “Remedios Escalada de San Martín”

Hotel Argentino, al fondo se puede ver el mirador de la casa del coronel Santa Cruz

En pleno centro de nuestra ciudad y dentro de lo que se ha denominado “casco histórico” a media cuadra al este de la Plaza General Ramírez, sobre la calle General Galarza, entre las calles Supremo Entrerriano y Eva Perón, vereda norte, existe una señorial casona de dos pisos, estilo italiano, construida fines del siglo XIX (1893) que en la actualidad es propiedad del gobierno de la provincia de Entre Ríos, donde funciona el “Hogar de Niñas Remedios Escalada de San Martín, cuya historia es poco conocida por los Uruguayenses.

El terreno

El solar (1/4 de manzana de aproximadamente de 40 x 40 varas) ubicado en la intersección de las calles “de las Ciencias” (actual Galarza) e Independencia (posteriormente 10 de Septiembre y a partir de 1944, Supremo Entrerriano) pertenecía a la antigua familia Calvento.

En el año 1850, los hermanos Calvento: Rafaela, María Manuela, Domitila, Norberta y Marcelino, gestionan ante el Juez de Paz de la ciudad, la titularidad del solar en cuestión,  que les pertenecía por derechos sucesorios de sus padres, siéndole acordado en propiedad con fecha 19 de febrero de ése año, siendo puestos en posesión del predio por el alcalde del IV Cuartel.

El 29 de noviembre de 1867, los hermanos Calvento, venden medio solar (de aproximadamente 20 varas de frente sobre calles de Las Ciencias y 40 varas de fondo al Dr. Esteban del Castillo en la suma de $ 800 pesos plata boliviana, manteniendo los hermanos la propiedad sobre el otro medio solar (actual edificio del Juzgado Federal)

La casona

El Dr. Del Castillo, el 19 de octubre de 1880, ante el escribano D. Teodoro Berón, vende el terreno de su propiedad a la Señora Flora Bergara de Coll, esposa de D. Juan Coll, fuerte hacendado Uruguayense en la suma de 1000 pesos fuertes de plata de ley.

La familia Bergara-Coll manda a construir en el predio adquirido, su residencia familiar de dos plantas, no existiendo antecedentes que la hayan ocupado, arrendándola al Sr. Julio Assett y Cía. quién instala el “El Gran Hotel Central”. A partir del 19 de julio de 1899, se hace cargo de la explotación comercial del hotel (no la propiedad del edificio) el Sr. Luis Montiglia (h) que con anterioridad había explotado el café y restaurante “El Buen Trato” frente al mercado municipal “3 de febrero “, quién le cambia de nombre por el de “Gran Hotel Argentino”, interviniendo en el acto notarial el escribano Wenceslao Gadea.

Aquí funcionaron en el año 1879 algunos grados de la escuela Normal (Departamento de aplicación, Jardín de infantes y las clases de música y manualidades. A principios de siglo en ese solar se encontraba el Gran Hotel Argentino, propiedad de Luis Montiglia (h), ahí nació una de sus hijas, la recordada profesora de la escuela Normal Doña Argentina Montiglia.

 Venta de la propiedad

Puerta del edificio

El 14 de noviembre de 1902, el Juez en lo Civil y Comercial N° 1 de Concepción del Uruguay Dr. Crespo, en nombre de la sucesión de los cónyuges Juan Coll y Flora Bergara de Coll, vende a la Señora Antonia Hilgebrad de Pigerard (Viuda de Antonio Pigerard) la casona de dos plantas sobre la calle Galarza, a media cuadra al este de la plaza General Ramírez en la suma de 8.000 pesos m/n.

El edificio se encontraba desocupado, siendo utilizadas transitoriamente, sus amplias habitaciones como aulas de la Escuela Normal que en esas circunstancias funcionaba en frente (posteriormente municipalidad de Concepción del Uruguay en la actualidad oficinas municipales).

Entre los años 1906 y 1909, parte del edificio fue arrendado al “Club Social de Concepción del Uruguay” en la suma de 100 pesos mensuales. Al fallecer la Sra. Antonia o María Antonia Hilgebrad de Pigerard la propiedad es adjudicada, como única y universal heredera a la Sra. Lorenza Emilia o Lorenza Laura Pigerard de Briand el 2 de enero de 1918, adjudicándosele además en la respectiva hijuela la chacra conocida como “Los Alamos” (hoy propiedad del Ejército Argentino).

La antigua casona es ocupada por muchos años por el matrimonio Pigerard-Briand, conociéndosela en la jerga popular como la ” residencia de la familia Briand”.

En el año 1941, la Sra. Pigerard de Briand, vende la residencia al Sr. Eugenio Jacinto Calvo en la suma de $ 32.000 interviniendo el escribano Manuel Lema. El señor Calvo le introduce importantes mejoras al edificio, especialmente en la parte sanitaria y red eléctrica.

El Hogar de Niñas Remedios Escalada de San Martín

Esta noble entidad, fue creada por iniciativa del Dr. Eduardo Tibiletti el 6 de diciembre de 1938, siendo su primera directora al Señora Clara Mangia. Desde el primer momento, fue objetivo de sus directivos, obtener un edificio adecuado para las menores alojadas en el hogar de niñas.

Esta inquietud, recién se concreta en el 30 de enero de 1970, cuando el gobierno de la provincia de Entre Ríos, adquiere a la señora María S. Calvo de Cassano, que la había heredado, la residencia que había pertenecido a su familia con destino exclusivo para el “Hogar de Niñas Remedios Escalada de San Martín” interviniendo en el acto notarial el Escribano Mayor de Gobierno Dr. Gilberto Izaguirre.

El edificio del actual “Hogar de Niñas Remedios Escalada de San Martin” se encuentra comprendido en el Decreto N° 9.018/1986 de la Municipalidad de Concepción del Uruguay que lo declara de ” Interés Histórico Arquitectónico “ que impide su demolición y modificaciones a su fachada.

 

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Texto extraído de: Rousseaux, Andrés, “La casona del Hogar de Niñas Remedios Escalada de San Martin” del libro “Concepción del Uruguay, edificios con historia, Tomo III

 

C. del Uruguay vista por Luis Aráoz (1857-1863)

Reconstrucción del plano del centro de la ciudad en 1857 con la ubicación de las casas y edificios identificados por Luis Aráoz

Parte N° 1:

Relato de Luis Aráoz (1844-1925) en el libro “Del tiempo viejo”, dónde narra diferentes aspectos de su vida, básicamente su traslado desde Tucumán hasta Concepción del Uruguay en 1857, hasta su regreso en 1872. Este libro, lo comienza a escribir a los 78 años y en el mezcla los recuerdos de su estadía, que comienza en 1857 y los de sus últimos días.

Ya hemos publicado varios de sus relatos, sobre todo los referidos al Colegio del Uruguay, tanto la descripción que hace sobre la vida dentro del mismo, como a la configuración edilicia del mismo. Pero sin dudas una de las narraciones más importantes que hace por su detalle y porque no existen muchas de ellas, es la referida a cómo era la ciudad en esa época, quién y dónde vivía y cuáles eran las características más sobresaliente de una ciudad que alcanzaba, recién,  los 80 años de vida.

 

La Ciudad de Concepción del Uruguay

El colegio constituía el núcleo, el foco de luz, pero la combustión era el ambiente que lo rodeaba. Los jóvenes alumnos, niños aún, adolescentes venidos de los lejanos y desiertos ámbitos de la república; sentían mitigada la pena del hogar lejano y del suelo nativo abandonado y de las voces paternales, por la bondad cariñosa de las familias y de la noble villa de aquella época inolvidable, la modesta y culta ciudad del Uruguay.

Razón tenía el inolvidable alumno Dr. Sidney Tamayo, cuando decía en Salta, en la conferencia que diera sobre el Colegio y el pueblo del Uruguay: “Altar de nuestra inocencia y de nuestras ilusiones. Me acuerdo de ti como del cielo y para ti mi último pensamiento”  (Esto me repetía en la carta cuando me mandó el folleto de la conferencia).

Lo que era el caserío de la ciudad en 1857

Vista de la calle “Del Tonelero” en 1875, aún se pueden ver varios de los edificios identificados por Luis Aráoz

Empezaremos por la plaza. El costado oeste, una cuadra la ocupaba el edificio del colegio (sin altos) (1); la otra cuadra, la iglesia en construcción (2). Aún no tenía 1 metro de altura (N. del E.: Se consagro en 1859). El costado norte, al frente del colegio, el ángulo de las calles Galarza y Coronel Gonzalez, tenía del edificio, (club del Uruguay (3) entonces) hoy cinema Esmeralda, el mismo actual.

Enseguida hacia el este, 1ra. Cuadra del costado norte, todo palo a pique, sin vereda, menos el ángulo que hoy ocupa la Escuela Normal (N. del E.: Se refiere a la casa de Urquiza), en donde había un cuarto grande de mojinete y teja (4). La cuadra siguiente hacia el este del mismo costado norte, toda palo a pique.

Siguiendo hacia el sud, calle por medio, estaba en construcción el templo actual. En lo que da a la plaza, la edificación estaba en los zócalos de las columnas del peristilo, pero las paredes del fondo tenían como unos 2 m. de altura. La manzana que ocupa el templo era desierta. Donde es actualmente la casa Piñón, como 10 m. adentro, había tres palos sustentando arriba el tirante del cual estaban colgadas 2 o 3 campanas que servían a la iglesia que estaba en las piezas del colegio.

Calle por medio al sud del templo en el ángulo o vértice de la manzana siguiente, había un gran cuarto o esquina, techo de paja, que ocupaba la única botica habida en aquel año, de Don Victoriano Montes (5), después edificada y casa de Correos.

Siguiendo hacia el oeste, sobre la vereda de la misma manzana, después de un retazo vacio, empezaba, empezaba la casa de la familia Chilotegui (6), tal como se encuentra en la actualidad. Doblando hacia el sud, eran sitios, hasta dar con el vértice sud oeste, donde vivía, según recordamos, la familia de Cornú (7), en habitaciones de techo pajizo, con puerta al oeste en cercado de palo a pique. Continuando al este, sólo recordamos una o dos casas (siempre de techo pajizo), frente a lo que es hoy casa de los señores Cometta (8). En una de ellas estaba la relojería de un señor Casarini (9), única en aquel tiempo. Este relojero se trasladó después a Rosario, después a Salta, adonde ha dejado familia. Hará unos diez años figuraba un hijo de él en Orán.

En la esquina sud este de la misma manzana tenía un taller con frente al este (calle tres de febrero), un italiano (10)) hábil armero. A él le compró Don Jorge Clark la pistola con que se suicidó, después de haberse hecho enseñar por el armero cómo se cargaba, y se descargaba, y disparaba. Era de las de fulminante.

Siguiendo la  vereda hacia el norte un hábil hojalatero Loranz (francés), edificó la casita de altos que existe actualmente. Fue el esposo de Madame Loranz, bien conocida por sus rarezas, que ha fallecido hace poco, dejando valiosas propiedades.

Pasando ahora a la manzana de sobre la plaza hacia el este con frente al norte, la esquina (vértice noroeste), era un sitio. En seguida estaba la casa de la familia Magrabaña (11) (hoy Club Social) edificio típicamente de la fundación de la ciudad, de mampostería y azotea. Después de un hueco (que ocupa hoy la Policía) formaba la esquina una gran pieza, techo de teja en mojinete y paredes de piedra, con una sola puerta sobre la plaza, sin pavimento en el interior, bien aislada. Le decían “el cuarto de piedra“(12). Era la cárcel para presos de toda clase de delitos, donde estaban hacinados los forajidos y los de delitos de escasa gravedad. Frente a la puerta se mantenía firme e inmóvil la guardia de un soldado armado de fusil. El edificio actual que ha reemplazado al “cuarto de piedra” fue levantado cuando se capitalizó la ciudad del Uruguay. Allí funcionaba la Cámara de la Justicia. Siguiendo la manzana al sud (calle Moreno), era todo un hueco, llenado después con la cárcel de dos o tres pisos que han demolido hace poco.

Siguiendo la manzana al sud (calle Moreno), era todo un hueco, llenado después con la cárcel de dos o tres pisos que han demolido hace poco.

No recordamos la edificación de la vereda que mira hacia el sud de esta manzana; pero creemos poder decir que existía ya la del almacén del Sr. Nogueira (13) (vértice sudoeste), y en lo que sigue al norte hacia la plaza había una o dos casitas solamente.

En la manzana al sud, calle por medio, tenía una casita en la esquina calle Moreno, pero el año 1860 más o menos edificó la casa de altos contigua, hacia el oeste donde se instaló una familia francesa (creemos) Pividal (14).

La manzana que ocupa actualmente la Municipalidad, contenía el edificio de la Comandancia o Jefatura de Policía, tal como está actualmente, menos los altos agregados después. En el patio se elevaba un mástil donde se izaba la bandera en los días domingo, y los de otras fiestas (15).

Según el historiador Martínez esta casa la edificó el general Díaz Vélez, que fue el primer Intendente del Uruguay. Es sabido que en el salón de la izquierda del zaguán de entrada de sobre la plaza, redactó la proclama del pronunciamiento del 1° de Mayo el Dr. Juan Francisco Seguí, dictándosela al Dr. Juan Andrés Vázquez, que hacía de escribiente en 1851; y diez años después, a fines de 1861 o principios de 1862, el general Urquiza inauguró en el mismo salón las sesiones de la Legislatura, (o la reunieron ad hoc), en la que leyó y manifestó los sucesos que motivaron asumir su soberanía la provincia con motivo de la batalla de Pavón. Algo dejó también relativo a su actitud, según nuestros recuerdos, pues estuvimos allí en el auditorio. Curiosa casualidad de que esos dos hechos trascendentales, pero de opuestas consecuencias, tuvieran lugar en la misma localidad.

Siguiendo hacia el Este el frente y todo el sitio o un cuarto de manzana estaba cercado de palo a pique. Adentro, a bastante distancia, con frente al Norte, había una larga hilera de piezas, techo de paja, en donde había nacido el general Urdinarrain (16). Ignoro quién lo ocupara en 1857. Hoy pertenece a los señores Canavessi e hijos.

Del otro cuarto de manzana que le sigue al Sud, creo, eran baldíos, pero calle por medio, al Sud, estaba la casa de los señores Britos (17), la misma que existe actualmente, con su otro cuarto de manzana ocupada por una huerta de altos naranjos.

El otro cuarto de manzana que sigue al Sud de la Comandancia, tenía la vetusta casa de teja, primitiva tal vez desde la fundación de la ciudad, con la pulpería del viejo Freitas (18). Se conserva intacta hasta hoy.

El vértice de la manzana contigua, al Este, la ocupaba la casa de la familia Calvento (19), con frente a las dos calles. De edificación antigua, colonial fundadora, como lo fueron sus propietarios que también han acompañado las características del hogar sencillo y resistente como la de su conducta y nobleza inalterables. La esquina es actualmente propiedad de los señores Canavessi.

Siguiendo hacia el Sud, en la esquina, estaba la casa de la señora Carmen Uribe (20), donde vivía con sus sobrinos Mercedes y Benito C. Cook. Era aquella de techo pajizo, de esos recuerdos diré, iniciales de la edad adolescente para mí, pues fue la primera familia que conocí en el Uruguay, presentado por mi compañero de colegio, Benito C. Cook, mi compadre años después, y recibido por esa familia con bondades que me hacían extrañar porque mi inexperiencia me hacía ver que sólo eran peculiares en el afecto de los padres. ¡Qué impresiones tan inefables! Es que si en mí existía la inocencia de la edad, también tenía, esa misma adolescencia la sencilla y noble gente de aquellos tiempos, de la amabilidad especial, felizmente hasta hoy con esas características.

El cuarto de manzana al Este estaba baldío, y el otro contiguo al Norte contenía un aseado rancho en el vértice Noroeste.

Parte N° 2: Frente este de la Plaza

La primera manzana, entre las actuales calles “San Martín” y “9 de Julio”, el sitio de la esquina Sud (frente de Calvento), era también cercado de palo a pique, y algo adentro, habitaciones de techo de paja, con portón sobre la plaza. Vivía en ella un señor Ferreyra (21), natural de Córdoba. Muchos años después tuve el gusto de encontrarme con él en el teatro Politeama de Buenos Aires, y más después en una calle de Córdoba, adonde se había trasladado definitivamente. Allí falleció probablemente, pues era ya de edad muy avanzada.

El cuarto de manzana adyacente hacía el Este, lo ocupaba una añeja y ruinosa torre cilíndrica como de 10 metros de alto, que le decían “El Molino” (22). A él subían, años después, los cocheros para saber al momento de la llegada de los vapores de la carrera. El Dr. Juan Massoni nos ha mostrado una fotografía del Molino.

El otro cuarto de manzana sobre la plaza contenía la casa primitiva también con techos sin teja pero de tejuela revocada con frente a la plaza y a la actual calle “9 de Julio”, casa de la familia Asofra (o Azufra), de las fundadoras probablemente (23).

Allí se trasladó la Comandancia, cuando las oficinas del gobierno por la capitalización del Uruguay, tuvieron que ocupar lo que es actualmente la Municipalidad. Después se estableció allí una escuela del Estado.

El cuarto de manzana hacia el Este estaba vacío, como lo está actualmente, pero cercado de pared, y demolida la parte sobre la plaza y ocupada con la casa de la viuda del Dr. Anastasio Chiloteguy.

La manzana adyacente, calle por medio al Este, no tenía edificación fuera de un bonito cuarto con ventana, muy aseado, techo pajizo, que ocupaba el vértice Sud Este (calle San Martín). Creo que aún está esa casita con techos reformados.

La otra manzana con frente al Oeste de sobre la plaza, no tenía más edificación que la de un gran cuarto de azotea, aislado, sin ningún cerco, ubicado en el mismo lugar que ocupa actualmente el “Teatro 1° de Mayo”. Parecía un gran cajón con una pequeña puerta sobre la vereda de la plaza. Allí funcionaba la “Imprenta del Colegio“ (24), en la que se editaban algunos libros de estudios preparatorios. Las gramáticas de francés y latín escritas por el famoso profesor del colegio, Mr. Akerman, fueron impresas y encuadernadas en dicha imprenta, con tapas de pergamino. Conservo, como reliquia, entre mis libros, un ejemplar de cada una de ellas, que se repartían a los colegiales para su estudio.

Según el historiador Dr. Martiniano Leguizamón, fue la casa de propiedad o en la que vivió el general Francisco Ramirez, afirmación que considero indudable.

Todo el resto de la manzana era un yuyal sin cercado, como ya hemos dicho. Desde el colegio se distinguía a través de ella, la casa del señor Latorre (25), anciano, esposo de doña Teresa Urquiza, hermana del general. En esa casa se alojaba el general cuando venía de su palacio San José. Una tarde formó el batallón del colegio, conducido por el Dr. Larroque al frente de la casa. Mientras el Dr. Larroque pronunciaba su discurso de saludo a nombre del colegio, el general se paseaba en la sala de la izquierda del zaguán, deteniéndose frecuentemente frente de las ventanas, para atender el discurso y corresponder inclinando suavemente la cabeza.

Esto debió ser en el año 1859, seguramente porque también, por la noche, concurrió y dio retreta frente de la casa, la banda de Gualeguaychú, que fue llevada al Uruguay para la inauguración de la iglesia, suceso que tuvo lugar en dicho año de 1859 (marzo).

La casa de referencia se conserva igual hasta hoy, tan solo con el cambio de propietario, pues pertenece ahora a la sucesión del general. Era la única casa en ese frente de la manzana, y otra en el frente al Norte y esquina Noroeste, sin revoques, de grotesca arquitectura, pero modificada después tal como se la ve actualmente.

La manzana siguiente al Este sólo tenía, según recordamos, unos ranchos sobre la calle 9 de Julio, en el primer cuarto de manzana del Oeste, de propiedad de la familia de los morenos Ríos. Allí se reunía mucha gente de color en los candombes de los días sábado. Los gritos al toque de tamboriles se oían claramente desde el Colegio.

Volviendo a la manzana sobre la plaza, la casa de Ramirez, la hemos visto hasta el año 1863. No sé en que año la habrán demolido. Pero en 1868, en enero, la construcción del Teatro estaba muy adelantada ya para recibir los techos.  En el mes de Enero fuimos a ver la obra juntamente con los compañeros, Mariano Alisedo, Bartolomé Casco, Sidney y Tamayo, etc. En momentos que observábamos la obra (era un domingo), sentimos unos fuertes quejidos de un hombre tendido sobre los cascotes o escombros, en el cuarto bastante oscuro, destinado a la boletería, a la entrada de la platea. Era un soldado vestido con el uniforme de bayeta colorada, que se revolcaba con contorsiones desesperadamente. Era un moreno, Tamayo, como estudiante de medicina, fue a verlo; y nos dijo: “Se está muriendo atacado de un furioso cólera morbus “. El enfermo era uno de los soldados que en el día anterior, había regresado del Paraguay, perteneciente al destacamento o custodia, que había conducido un contingente de destinados para la remonta de los dos batallones (el 2 y el 3 de entrerrianos), que estaban en la guerra.

Con este caso y uno a otros que se sucedieron, de casos de cólera en menos de 24 horas, la población empezó a huir al campo para aislarse. Un día después, en la noche del 9 de Enero, nos pusimos en fuga a caballo como unos treinta, Mariano Alisedo y yo nos dirigimos a la estancia de Pedro Aramburu, sobre el arroyo “Ciudad“, donde permanecimos con Domingo, Isidoro y Juan Aramburu hasta fines de Febrero, cuando cesó la epidemia, que causó muchos estragos. Efectos de la campaña del Paraguay.

La primera Edificación en esta manzana me parece que fue un cuarto de azotea construido en el ángulo de la plaza sobre la calle 9 de Julio, donde estableció su escribanía Benito C. Cook (26), abogado después. Después del Teatro se hizo lo de la otra esquina (hoy centro comercial), destinado al Banco Entrerriano, después Banco Bottini, que anduvo mal.

Enseguida se empezó lo que le sigue al Este, para la Escuela Normal, que aún no estaba terminada cuando la muerte del general Urquiza en 1870.

La manzana que le sigue al Norte recordamos de una casa solamente, donde ha edificado la familia Lantelme, y actualmente Gadea.

Aquel reo Núñez, que fusilaron el 8 de Junio de 1857, que he mencionado ya, en el capítulo “Ingreso al Colegio“, fue porque había asesinado a un anciano que tenía una pulpería en el solar que ocupa el señor Gadea, según me refirió el Sr. Pascual Calvento. Y la manzana que sigue a ésta, al Este, tenía la casa fundadora seguramente, como lo eran sus dueños, la familia Céspedes  (27), casa que se conserva idéntica hasta hoy. Allí vivían (1857 y después), unas señoras muy ancianas y en el colegio había un alumno Céspedes, perteneciente a esta familia, según creemos.

Costado Norte de la plaza con frente al Sud

En la manzana Este, puedo asegurarle, no había más edificación que la de la esquina Noroeste, de una o dos piezas con techo de paja (28). Estas habitaciones (en 1858 a 1859) estaban alquiladas por el colegial N. Videla, chileno, de familia pudiente de Valparaíso. Lo acompañaba otro colegial Napoleón Burgos, de San Juan.

En una hermosísima tarde de verano, nublada, rodeábamos el poste de la esquina conversando con Videla y Alisedo y otros colegiales. Se nos acercó un anciano de aspecto distinguido, que vivía con su familia en la esquina que hace cruz con la de Videla. Nos llamó mucho la atención que este señor usara con frecuencia en la conversación la palabra “belai”, tan general en las provincias del Norte. Apercibido de nuestra extrañeza nos dijo que el “belai” se usaba también en Entre Ríos algunos años atrás.

En la vereda con frente al Sud de la casa del señor referido, frente de la puerta de calle o portón del cerco de palo a pique, estaban dos señoritas, jóvenes, preciosas, de presencia distinguida. Eran hijas del anciano que nos conversaba. Una de ellas, después fue la esposa del Dr. Onésimo Leguizamón, y la otra del colegial Galán, de Paysandú.

La esquina del frente de la manzana Norte, también tenía una casa, techo de paja y cerco de palo a pique, sobre la calle divisoria (hoy Rocamora). Pertenecía a la viuda H. Taboada y Canelo (29), que casó después con Ambrosio Lantelme, muy amigo y compañero de Alisedo y mío, nos invitó y asistimos a los festejos y bautismo de su hija (única) Laura, celebrado en esa casa. La bautizada en aquella fiesta es la distinguida matrona esposa actual del señor Wenceslao Gadea.

¡Cómo pasa el tiempo!; ¡para qué decir el año! Creo que fue en 1859 o 1860 que se construyeron en esta manzana, sobre el frente de la plaza, las casas del coronel Teófilo Urquiza, en el ángulo Sud Oeste, que todavía está la misma, y en el otro ángulo Sud Este, la de altos, del coronel Santa Cruz, hijo del general aquel y yerno por enlace con Juanita Urquiza.

Por esos años fue al Uruguay procedente del Rosario, Cometta, que había construido muchas casas en esta ciudad. El hizo el mercado del Uruguay, el cual es una copia exacta del que había hecho en Rosario, demolido más tarde. Hizo la casa para el Dr. Larroque, frente al Colegio, calle Galarza, cuya fachada, aberturas y molduras son idénticas a varias casas de las que había construido en el Rosario, como tuvimos ocasión de fijarnos durante el año 1862 que vivimos en dicha ciudad. Se nos ha informado que fue dicho arquitecto Cometta quien construyó la casa para el coronel Santa Cruz, de arquitectura tan bien proporcionada y elegante. Fue de azotea con una galería al frente. Después le pusieron el techo de teja francesa. Los pisos de parquet y aún las hojas de las puertas y ventanas se decía fueron mandadas desde París donde residían parientes del coronel Santa Cruz.

Decimos todo esto con la lástima de que ese molde de arquitectura, en vez de habérselo conservado con las reparaciones necesarias, haya sido demolido para remplazarlo por una construcción sin ningún estilo, al gusto moderno, todo desproporcionado y en el que la misma luz entra durante escasos momentos.

Seguramente el mismo arquitecto construyó la casa del coronel Teófilo Urquiza, en la misma manzana que la de la familia Jorge sobre la esquina de la otra manzana al Oeste, calle Pedro Gonzalez (30).

Muchos años han vivido en la casa del Sr. Teófilo Urquiza, él, su familia, y algunas hijas del general, la familia del Sr. Montero, anciano que alcanzamos a conocer y a sus hijas, una de ellas, Matilde, que se casó con el comandante o coronel oriental Olave.

En lo de Jorge veíamos a un anciano de ese apellido, marino, decían, seguramente el jefe de la escuadrilla que mandó el general Urquiza en su última campaña a Corrientes, la de Vences. Vivían también en esa casa los doctores Juan y Aurelio Jorge, y una señorita del mismo apellido. Y creo también el bueno y afectuoso amigo mío Tomás, que falleció a temprana edad.

La otra esquina de la misma manzana sobre la plaza, que ocupa actualmente la Escuela Normal de Maestras, tenía un cuarto grande, techo de mojinete, de teja media caña que hacía pendant con el de la cárcel del frente Sud, de que ya hemos hablado.

En este cuarto fue alojada la banda de música de Gualeguay que vino para la inauguración del templo a principios de 1859. Era una banda completa en personal y competencia, dirigida por el notable maestro Cassarini. Ya hemos hablado detalladamente de este hombre.

La otra esquina de esta manzana siguiendo al Norte (calle 25 de Mayo) era una casa de propiedad del señor Paradelo y su familia (31).

El otro solar, esquina Noroeste, sobre la calle González, tenía un poco adentro del cerco palo a pique, dos largas habitaciones (techo pajizo). Allí vivía un colegial tucumano, Isaías Brown, hermano de José María, que casó con la Sra. Concepción Calvento, que vive aún en ésta (32).

Pasando la calle hacia el Norte, la esquina, (vértice Sud Oeste), de la manzana siguiente era baldía, pero en 1859 más o menos, edificó el Vice Rector del colegio, Dr. Domingo Ereñú, la casa con frente a las dos calles (Gonzalez y Rocamora) que se conserva igual hasta hoy (33).

En esa casa se alojó Monseñor Segura, 1er. Obispo de la diócesis del Paraná, en su viaje de paso a San José, de visita al general Urquiza. El secretario del Obispo era un tío nuestro, Miguel Moisés Aráoz, también nombrado Obispo en 1872.

¡Qué alegría nos produjo, a sus tres sobrinos ver a un tío después de tantos años, venido de tan apartada región!, pues Tucumán, del Uruguay, por falta de comunicaciones, estaba alejado como no lo está actualmente ninguna región del planeta, en relación al tiempo.

En la misma manzana, calle 25 de Mayo, el solar hasta el Noreste, hasta la esquina, tenía el mismo edificio que mantiene hasta hoy, perteneciente a la familia Panelo (34). Era una de las mejores casas de aquella época, y lo es todavía.

 

Parte N° 3:

Pasando ahora a la manzana sobre la calle Galarza, al Norte del colegio, sólo tenía edificado lo que era entonces “El Club Uruguay“ (3), que se conserva igual sin otro cambio que el de algunas aberturas, puertas. En lo que ocupan hoy el café y biógrafo “Esmeralda“. Pero se han modificado las partes sobre la calle Galarza. Lo que ocupa el salón del biógrafo, era en 1857 una casa con dos rejas y una puerta a la calle, con techo de paja, la ocupaba una confitería bien surtida donde los colegiales que contaban con unos pocos reales compraban masitas para compartirlas con sus compañeros.

Lo que seguía hasta la esquina del Oeste (calle Galarza), era cerco de palo a pique, un sitio con un bosque de arbustos, hasta que el Rector Dr. Larroque (35), edificó para habitarla la casa actual, que, como hemos dicho, la construyó el arquitecto Cometta del Rosario.

Cuando Larroque se trasladó a Buenos Aires en 1864, la ocupaba el gobernador Dominguez (1865). Esa manzana se completó con la edificación del mercado, hecha en el mismo año y que ocupa la mitad Norte de la media manzana (36).

La manzana que sigue al Norte calle por medio (Rocamora), tenía en el ángulo Sud Este (calle P. González) la antigua casa de construcción colonial, demolida hace poco, y en la que vivía (no estamos bien seguros) el Dr. Martín Ruiz Moreno con su familia (37).

El otro solar que le sigue al Norte (misma calle) fue edificado años después para la familia del Dr. Benjamín Victorica. Allí ha vivido hasta su emigración de Entre Ríos (38).

El solar contiguo al Oeste, estaba ocupado por la antiquísima y vieja casa de la familia López (39), casa fundadora de la ciudad seguramente. Tenía el principal frente o entrada por la calle de frente al actual Banco Agrícola (calle 8 de Junio).  Siempre hemos oído referir que era ésta la casa de Ramírez, lo cual atestigua la circunstancia de haber poseído de la familia López, descendiente de aquel. Pero, los estudios del Dr. Leguizamón y sus conocimientos irreprochables, han persuadido de que, como ya hemos anotado, que el gran guerrero vivía en la casa demolida para edificar el Teatro 1° de Mayo.

Del otro lado (Sud Oeste) de esta manzana, no tenemos recuerdo cierto. Creemos estaba baldío.

La manzana del Oeste de la del mercado y casa Larroque, continúa: la esquina que hace cruz con el ángulo Noroeste del Colegio (calle Galarza) un largo rancho o casa de paja con su frente principal hacia el Este (sobre la actual calle Leguizamón).

En la esquina tenía su taller el sastre del colegio, don Roberto Cremerer (40), que se fundió o lo fundieron los colegiales, como él me dijo en una ocasión que lo encontré en Buenos Aires.

En la pieza contigua al Norte sobre la misma calle, tenía el taller de carpintería, el carpintero del colegio, Este, ponía las cerraduras a los cajones de las mesas de estudio, hacía las camas de madera, los roperos, los bancos y mesas, etc., etc. es decir, toda la obra de carpintería para el colegio. Era un español muy trabajador.

El solar contiguo al Norte, estaba vacío, sin cerco. Desde el Colegio se veía la casa del general Urdinarrain (41), situada calle por medio al Norte, pues nada estorbaba la vista.

El solar Oeste, adyacente al precedente, tenía el edificio de que ya hemos hablado, que ocupaba en aquel año el Dr. Victorica (43). Se conserva hasta hoy el mismo.

Siguiendo al Oeste de la sastrería de don Roberto (calle Galarza), había un sitio, y en seguida la casa de familia y de negocio de don Juan Barañas, edificio colonial también, que llegaba hasta la esquina Oeste. Se conserva el mismo pero abandonado. Nada de la lujosa sala, aseo y comodidades en que vivía la distinguida familia del Sr. Barañas (44).

La manzana que sigue al Norte, calle por medio, era la mayor población, más compacta y de mejores casas. La casa del general Urdinarrain, media cuadra de frente a la calle mirando al Sud, tenía, un cercado de pared con las piezas interiores, y la huerta sobre la calle hacia el Este.

A la de Urdinarrain, seguía ocupando al otro lado al Oeste la casa de Sagastume (42), edificada en sus 2 frentes, como se conserva hasta hoy. En la esquina Sud Oeste había una gran tienda, y siguiendo la vereda hacia el Norte, en la última habitación, zaguán y patio, tenía su taller de pintura don Bernardo Victorica, y en sus dos piezas interiores, sobre el patio con naranjos y otras plantas, vivían Mariano Alisedo y Benjamín Basualdo. Yo los acompañé durante el tiempo de unas vacaciones que fui a pasar al Uruguay. Creo que fue en 1868, cuando la epidemia del cólera.

Siguiendo la misma vereda al Norte hasta la esquina estaba la casa de material, y la misma que se conserva hasta hoy, del anciano don Manuel López (45). En las primeras habitaciones con zaguán y patio vivía él completamente solo, pues era solterón. En la otra mitad de la finca hasta la esquina las piezas con huerta de durazneros y otras plantas, y con cerco sobre la otra calle que hace ángulo, las alquilaba el Sr. López. En 1864 vivían en el cuarto de la esquina Bartolomé Tasco y Mariano Alisedo. Yo pasé las vacaciones de dicho año con ellos en esa casa.

En la esquina del frente al Norte vivía en un rancho rodeado de higueras y durazneros, una vieja mala y sumamente insolente, Juana Herrera (46). Había conocido a la madre de Tasco, por lo cual se creía autorizada para hacer sus visitas bien de madrugada para pedimos yerba, azúcar y tabaco. Nos colmaba de improperios cuando no se la atendía. Su anuncio era con la palabra invariable al llamar la puerta: “Bartolomé, ¿sois vos?”, refiriéndose a Tasco para que la atendiera.

Hasta hoy, el Dr. Benjamín Basualdo, que presenciaba las impertinencias de la vieja Herrera, cuando encuentra alguno de los amigos enterados, los saluda con la frase “Bartolomé, ¿sois vos?”.

Otro cuento

Mariano Alisedo arrojó en la huerta, unos duraznos saturados de alcohol, que se habían podrido y que él utilizaba para postres. La innumerable cantidad de gallinas, patos, pavos y palomas, que mantenía el Sr. López, se pasaron a nuestra huerta y se comieron los duraznos. Un rato después era aquello un barullo infernal de gritos, cantos destemplados, atropellos y peleas, los patos parecía que lanzaban carcajadas. A la bulla salió de su cuarto (dormía siesta) don Manuel López, y por sobre el cercado divisorio de palo a pique, nos increpó con mucho enojo de lo que pasaba, sin querer persuadirse de que no hubo nada intencional en el barullo debido a la embriaguez que habían agarrado los animales con los duraznos alcoholizados, 2 o 3 patos murieron. Este Señor López, he sabido hace poco, que había sido, nada menos que hermano materno de Ramírez, y de padre y madre de R. López Jordán.

Guardaba muchos documentos de Ramírez, lo cual me ha referido varias veces Dámaso Salvatierra, pariente político de López. Desgraciadamente se ignora el destino de esos documentos. Actualmente, la casa de don Manuel López, pertenece a la familia López, parientes, que la ocupan.

La manzana que sigue al Norte, no recuerdo de su edificación sobre la calle, que hemos explicado, fuera de la que ocupaba la vieja Herrera, pero la parte Noroeste (hoy calle Leguizamón) tenía la misma casa que hoy, del Dr. Wenceslao López (47), padre del Dr. Mariano López su actual propietario. En la esquina había una tienda bien surtida, pues el Sr. López era uno de los comerciantes de más giro en aquel año. Al frente (manzana al Norte), había la casa de un Sr. Mas Ramón creo la misma que se conserva hasta hoy, y figuraba también en el comercio de aquellos años, y por esos barrios el bazar de un Sr. Podestá.

En la esquina Sud de la manzana de López, misma calle, tenía el taller de hojalatería N. Casas (48), era el que componía todo lo de su arte para el colegio, y también lo extraño a él, los instrumentos de cobre de la banda de música con soldaduras como para tachos. Gracias a esto que podía yo, como encargado de la sala de música tener el privilegio de algunos pequeños momentos de salida del colegio, llevándole los instrumentos rotos.

El mismo Casas fue el constructor de todos los faroles para el alumbrado público de la ciudad, cuando se estableció por primera vez, a vela o aceite (no se conocía el kerosene). Todavía hay unos soportes de fierro encajados en las paredes, de los que pertenecieron a dichos faroles, de forma de tronco de pirámide rectangular.

Volviendo a la manzana en cruz con el vértice Noroeste del colegio, y siguiendo la vereda norte de la calle Galarza, después de la casa de Barañas, calle por medio al Oeste, el primer solar era un sitio con una caballeriza o panadería, y el solar siguiente, toda la media cuadra, la ocupaban las piezas de techo de paja que decíamos, el hospital  (49), que estaba ocupado como dormitorio perteneciente al colegio, al cuidado de José Luis Churruarín.

En la manzana del Oeste, en el solar primero con el mojinete, hacia la calle, que gira de Sud a Norte, y en medio de una huerta de duraznos cerco de palo a pique, se trasladó el Dr. Larroque con su familia, cuando desocuparon las habitaciones del colegio (50).

De la edificación que seguirá al Oeste sobre la misma vereda Norte de esta calle (Galarza) no tengo recuerdos, pero creo poder afirmar que casi todos eran cercados de palo a pique.

En cuanto a la vereda Sud, frente del dormitorio denominado “el hospital”, que ya he mencionado, en la mitad de la cuadra, existía una casa de rejas y de azotea donde vivía la familia Bousquet (51), cuya casa se conserva igual hasta hoy. En seguida al Oeste, la esquina era de material, y al frente de ésta, calle por medio, la misma casa de material y azotea, con alguna modificación en las aberturas, que está actualmente ocupada, según creo, por la tienda del Sr. Cepeda (52). Casa que debería conservarse como reliquia, pues en ella funcionaba la escuela de don Lorenzo Jordana en 1849 que fue la base, se oficializó, y quedó constituido y fundado, según el decreto del gobierno, el Colegio del Uruguay. (Julio de 1849).

Los colegiales fundadores, sin discrepancia, entre ellos, Juan B. Martínez, he oído que en dicha casa funcionaba el Colegio cuando se estaba construyendo el edificio actual.

Sobre la misma vereda, cuadra siguiente Oeste, estaba igual que hoy la casa del general Galarza (53), con su destacado mirador. Del caserío hacia el Oeste de esta calle, sobre ambas veredas, recuerdo muy poco: casi todos eran cercados de palo a pique, y algunas esquinas con ranchos.

Volviendo a la manzana Oeste del colegio, estaba dividida en dos por un cerco de palos. La mitad Sud pertenecía al colegio, y sólo contenía bastantes árboles de naranjos, en mal estado.

En 1860 o 61, más o menos, se construyeron cuatro o cinco piezas con techo de mojinetes pajizos, en dirección Este-Oeste, con la cabecera Este al frente de la actual puerta de servicio del Colegio, sobre la calle que lo separa, y como a 10 m. del cerco. La primera y la segunda eran la enfermería, que cuidaba Pedro Balarino. A Bartolomé Casco y a mí nos cuidó con habilidad de una gripe con fiebre durante su duración de tres a cuatro días.

Las otras dos piezas que seguían contiguas hacia el Oeste, casi hasta llegar al fondo del terreno, eran dormitorios del Colegio. Un año me tocó estar en uno de ellos, con mis inseparables compañeros, Mariano Alisedo, B. Casco, y otros. Es imposible olvidar ni desimpresionarse de las hermosísimas mañanas de invierno, sin viento, con un sol brillante, y la atmósfera limpia y perfumada que pudimos admirar y aprovechar desde ese dormitorio-rancho, que recibía y dejaba pasar a su interior esos perfumes, esa luz y ese aire de bendición, que alegraban nuestros espíritus juveniles.

Como a la mitad del cercado de palo a pique divisorio de Este a Oeste, y como a cinco m. al Norte de las piezas descriptas, separado por el cerco, se extiende un gran galpón de paja que cubría los hornos en los que su dueño, el confitero bien conocido don Juan Carrav (54), horneaba las masitas. El cerco no le valía para salvarse de los robos de masitas que le hacían los colegiales traviesos.

Edición. Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Texto extraído de Aráoz, Luis, “Del tiempo viejo”, 2001

 

 

 

El “Hotel de Inmigrantes” de Concepción del Uruguay

Muelle exterior sobre el río Uruguay, fue inaugurado en diciembre de 1887, con la asistencia del Presidente de la Nación Doctor Miguel Juárez Celman.

El 7 de octubre de 1883, el Gobierno Nacional decide construir el “primer Hotel de Inmigrantes del país, en el Puerto de Buenos Aires, (no el actual) en la bajada de la calle San Martin con una capacidad para 4200 pasajeros.

Por Ley de la Nación de fecha 3 de noviembre de 1887, se dispone la construcción de “Hoteles de inmigrantes” en diversos puntos del país de dos categorías (Primera y Segunda), proveyéndose para Concepción del Uruguay, la construcción de uno de segunda categoría.

Por Decreto del 18 de julio de 1888 se aprueba la construcción de “Hoteles de Inmigrantes” de Primera Clase en las ciudades de Paraná, Santa Fe y Rosario a razón de $ 100.000 cada uno.

Hoteles de inmigrantes de Segunda Clase se proyectaron en varios puntos del país, entre ellos en Concepción del Uruguay con un presupuesto de $49.000 m/n, siéndole adjudicada la obra al constructor local Enrique Deloir por Decreto del 23 de octubre de 1888. Para fiscalizar la obra en nuestra ciudad, por Decreto de fecha 6 de noviembre de 1888 se nombra al Sr. Gabriel Clavere con un sueldo de $100 mensuales.

Para su construcción, la Municipalidad de Concepción del Uruguay, cedió a la Nación la manzana delimitada por las actuales calles Santa Teresita por el norte, Fray Mocho por el este, Teniente 1° Ibañez por el sur y Zaninetti po rel oeste (hoy depósitos obras sanitarias municipales y tanque elevado)

Si bien en el ámbito municipal, no he encontrado documentación que avale esta cesión a la Nación, me remitiré a otras fuentes, que ratifican lo expresado. En 1899 el Gobierno Nacional, requiere al Rector del Colegio del Uruguay Justo José de Urquiza, que eleve un informe detallado de los edificios y terrenos en la ciudad que sean “propiedad de la Nación”.

En su detallado informe, el Rector Dr. Zubiaur, de fecha 5 de enero de ése año señala,  entre otros, como de propiedad de la  Nación “una manzana de terreno en los suburbios de la ciudad destinada a “Hotel de inmigrantes”.

En 1912, la Municipalidad local publica un “nuevo plano catastral de la ciudad” mencionando en el cuartel I manzana N° 211 (de ése entonces) en las referencias del plano “Hotel de Inmigrantes” cuya ubicación coincide con la actual manzana N° 664 del mismo cuartel, la que he hecho referencia con anterioridad.

Este documento, despeja toda duda de donde se iba a construirse el “Hotel de Inmigrantes” de Concepción del Uruguay.

Estación de trenes de C. del Uruguay, fue habilitada Decreto del 30 de junio de 1887, realizando su paso el primer tren por esta línea el 19 de julio de 1887.

El lugar estaba muy bien seleccionado, dado que se encontraba cerca de la estación del ferrocarril Central Entrerriano, que en ésa época unía el “muelle nacional” sobre el Rio Uruguay, con la estación local; además era cabecera de la línea troncal de Paraná Concepción del Uruguay, lo que permitía el traslado de los inmigrantes a cualquier parte de la provincia y aún a Corrientes y Misiones.

Además al estar alejado dela ciudad, permitía su uso como “lazareto ” en caso que los inmigrantes alojados, debieran realizar algún tipo de “cuarentana”.

¿Que fue del edificio proyectado?

Los trabajos de construcción del ” Hotel de Inmigrantes ” se inician en el mes de enero de 1889 a cargo del reconocido constructor local Enrique Deloir, adjudicatario de la obra. En mayo de ése año, los trabajos se encontraban en plena ejecución, pudiendo observarse en la prensa local, los llamados a licitación para la provisión de materiales con destino al edificio

El sobreestante (supervisor) de las Obras Gabriel Clavere, es separado de su cargo por Decreto de fecha 23 de noviembre de 1889 y se nombra en su reemplazo por decreto del 4 de diciembre del mismo año al Sr. Simón Belascoain, que aparte de su cargo de sobrestante es designado secretario de la “Comisión de Migraciones”.

Para Julio de 1890, las obras del “Hotel de inmigrantes” se encontraban paralizadas habiéndose realizado solamente la nivelación del terreno y parte de los cimientos. La falta de pago por parte de la Nación, de los “certificados de obra” a raíz de la crisis por la que atravesaba el país (crisis del año 1890) motivan que la empresa constructora de D. Enrique Deloir presente quiebra, lo que lleva a la Nación a rescindir el contrato por Decreto del 10 de julio de 1890, perdiendo éste la fianza que oportunamente había depositado.

Mediante Decreto del 11 de agosto de 1890 se le retira a D. Simón Belascoain el sobresueldo de $50 pesos que se le habían asignado como supervisor de las obras del “Hotel de Inmigrantes” de Concepción del Uruguay, por haberse dejado “sin efecto” su construcción.

La última referencia a esta obra es un artículo del conocido historiador local D. Benigno Teijeiro Martínez publicado en el periódico El Radical” de fecha 19 de enero de 1893, donde describe la ciudad y sus edificios expresando: “…la ciudad tiene 18 cuadras de norte a sur y 25 cuadras de este a oeste…” al referirse al Hotel de inmigrantes expresa “no construido”.

La manzana de terreno, que había sido destinada a tal fin, permaneció como terreno baldío por varios años, hasta que fuera cedida a la Nación, para depósito de materiales y caños de las Obras Sanitarias Nacionales, obras que se iniciaron en el año 1924 y libradas al servicio público el 19 de enero de 1928.

Casa de la familia Briozzo en el puerto viejo, comunmente confundida con un “Hotel de Inmigrantes”, no tenía sentido hacerlo en esa zona cuando para 1888 el puerto de la ciudad ya no se encontraba en ese lugar. (Foto: Héctor Ferrari)

Al transferirse los servicios de Obras Sanitarias de la Nación a partir del 19 de diciembre de 1981, el predio y las construcciones existentes en él, pasan a propiedad de las Obras Sanitarias de la Municipalidad de Concepción del Uruguay.

Posteriormente en el año 1982, en un sector de la manzana, se construye un tanque de agua potable elevado, que después de varios años de construcción, es puesto en servicio en el año 1984.

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Texto extraído de: Rousseaux, Andrés, “La Casona de la familia Briozzo” del libro “Concepción del Uruguay, edificios con historia, Tomo III 

Tres personajes que no debemos olvidar (Teresa Ratto, Cecilia Grierson y José Zubiaur)

Teresa Ratto a los 28 años, en la chacra de su abuelo

Cuántas veces hemos imaginado a Francisco Ramírez visitando a Norberta en su casa, hoy Museo Panizza. Al Gral. Urquiza visitando la misma casa. A Justa de Urquiza en el balcón de su casa saludándose con el oficial Campos, quien se alojaba frente a su mansión.

Hoy, de la mano de Laura Erpen, vamos a tratar de revivir los momentos en que en nuestra ciudad, coinciden en el tiempo, Teresa Ratto, Cecilia Grierson y José Zubiaur.

Teresa Ratto

Teresa Ratto

Nacida en 1877, en el Puerto Viejo, un barrio tradicional de Concepción del Uruguay, mas precisamente en la esquina de las calles Washington  (hoy Calle Dra. Teresa Ratto) y Artigas.

Su padre Genovés, panadero, Don Ángel Ratto, de aquellos panaderos que hicieron historia con sus galletas famosas que fabricaba. Su madre fue Sabina Rebosio.

 Fueron los primeros inmigrantes italianos que llegan a la zona.

Teresa fue la segunda hija de quince hermanos. Es en este barrio donde nace la idea de ser médica. Su paso por la escuela Normal la marca muy hondo ya que tiene la suerte de estudiar de la mano de Clementina Conte de Alió (Directora), Mary Peabody y Harace Mans, maestras norteamericanas traídas por Sarmiento, Isabel King entre otras. Todas con ideas de avanzadas como el rector del Colegio, José Zubiaur (1893).

Se doctoró con la tesis Seudo Reumatismo Escarlatinoso. Fue publicada y es un deleite poder acceder a su lectura por la perfección. Muere muy joven en 1906, de peritonitis.

Cecilia Grierson

Cecilia Grierson

Si, la señora Grierson pasó parte de su vida en nuestra zona, vivió en la estancia “Los Ombúes”, en Villa Mantero. Descendiente de inmigrantes escoceses, fue la mayor de seis hermanos. Nació en 1859, en Buenos Aires. Sus padres se trasladan para administrar un campo a la República Oriental del Uruguay y luego llegan a Concepción del Uruguay. Dicen que su casa estaba ubicada en calles Washington entre Vicente H. Montero y Moreno.

Fue la primera médica argentina y fue también “el ángel tutelar” de nuestra primera médica entrerriana, Teresa Ratto.

Pasa su infancia en la estancia Los Ombúes y fue enviada a estudiar a Buenos Aires. La crisis de esos tiempos y la muerte de su padre hacen que regrese a Entre Ríos, con su madre. Con 13 años, trabaja como maestra junto a su madre, para mantener la gran familia que tenían.

Cuando se recibe de maestra, Sarmiento hace que la nombren en la escuela del barrio San Cristóbal y Escuela Normal Nª 1 en Barracas. Esta última escuela fue fundada por Emma de Caprile.

Estudio con profesores como Hipólito Yrigoyen y Otto Krause.

Se doctoro con su tesis sobre “Cáncer de útero”, enfermedad que la lleva unos años más tarde  a su muerte (1934).

Jose Benjamín Zubiaur

José Benjamín Zubiaur

Nació en Paraná en 1856, descendientes de vascos, ex alumno del Colegio y rector del mismo.

Se preocupó como Teresa y Cecilia por el prójimo, participo de la fundación de La Fraternidad. Fue un adelantado en materia de educación, permitió que la mujer ingrese al Colegio, haciéndolo mixto (la primer mujer en recibirse fue Teresa Ratto). Fue quien estipulo las clases de Educación Física. Había sido invitado y formo parte del Primer comité Olímpico de la Era Moderna. Los juegos fueron en Atenas. Luego de su experiencia en el viejo continente, hace que los alumnos del Colegio practiquen los Juegos Olímpicos que él había visto en Atenas. Al año ya se habían implementado en otros colegios de nuestro país. Otra innovación, fueron los viajes estudiantiles, que hasta nuestros días se llevan a cabo en todos los colegios del país.

Ambas Teresa y Cecilia debieron luchar mucho para lograr sus objetivos. Cecilia hizo su propia defensa y logro ser aceptada. Teresa tuvo un mecenas, José Zubiaur, quien la relacionó con Cecilia, la que guió en sus estudios.

Fueron pioneras en empoderarse, y hoy aún sigue la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres.

Edición: Civetta, Virginia y Ratto, Carlos. Texto extraído de: Erpen, Laura, “Tostadas dulces con mermeladas de duraznos y manteca”, 2011