El Palacio de los Tribunales

 

 

 
En el año 1904, el directorio del Banco “Agrícola Comercial e Inmobiliario del Uruguay SA”, presidido por el Dr. Amado Tahier, decide adquirir un terreno en el radio céntrico de la ciudad para levantar la sede propia de la entidad bancaria.
Se gestiona ante la Sra. Teresa Urquiza de Sáenz Valiente la compra de dos solares de terrenos (media manzana) de su propiedad, sobre la calle Rioja (8 de Junio actual) entre Mendoza (actual Leguizamón) y Coronel Pedro Melitón González (hoy Urquiza) que le pertenecía en la división de bienes de su extinto padre, el Brigadier General Justo Jose de Urquiza acorde hijuela pasada ante el Escribano Jorge P. Castro con fecha 5 de septiembre de 1883.
La venta se efectuó con todo lo edificado, plantado y cercado en la suma de $ 2.000 moneda nacional de curso legal, con una superficie total de 2485 m2, acorde escritura pública de fecha 18 de agosto de 1904, interviniendo el Escribano Rafael Paralelo.
 
El Palacio de Tribunales
En el año 1904 las oficinas de los juzgados de 1ra. Instancias que funcionaban en Concepción del Uruguay, tenían su asiento en el edificio propiedad de la provincia de Entre Ríos de las esquina de las calles actuales Congreso de Tucumán y 9 de Julio, donde por muchos anos funcionara la Maternidad Municipal Piñón, ocupado durante mucho tiempo por Oficina Municipal de turismo y escuela municipal de música.
El edificio, era inadecuado para el funcionamiento de los distintos tribunales además de otros organismo provinciales, como el registro civil y de la propiedad, telégrafo provincial y otros, a los que se quería centralizar en un solo edificio, al ser construido al efecto el “Palacio de Tribunales”.
Para ello se busco en radio céntrico de la ciudad de un terreno que permitiera la construcción del edificio proyectado, iniciándose las gestiones ante el directorio del Banco Agrícola Comercial e inmobiliario del Uruguay SA para la venta de un solar (1/4 de manzana) ubicado en el esquina noroeste de las calles Coronel Gonzalez (actual Urquiza] y Rioja (8 de Junio).
Obtenido el consentimiento de la entidad bancaria. se requirió la correspondiente autorización al Gobierno de Entre Ríos, siendo aprobada la compra del terreno por la Honorable Cámara de Diputado de la provincia con destino a la “Construcción del Palacio de los Tribunales de Concepción del Uruguay“ obras que deberían ser iniciadas a la mayor brevedad.
En el mismo decreto se autoriza al Sr. Jefe de Policía de la ciudad Cándido Irasusta, para que en representación el gobierno de la provincia firme la correspondiente escritura.
El banco Agrícola, el 2 de octubre de 1908, vende la mitad del terreno de su propiedad, el solar de la esquina de las calles Coronel Gonzalez (Urquiza) y Rioja (8 de Junio) al gobierno de la Provincia de Entre Ríos en la suma de S 10.000 habiendo hecho un magnifico negocio, lo habían comprado a $ 1.000 y en menos de cuatro años lo vendieron diez veces de su valor. Por causas que no se han podido establecer, la inscripción de la escritura recién se materializo el 25 de noviembre de 1950 según consta en los registro de la propiedad de la ciudad.
Los tribunales en construcción. Foto: Sergio Pereyra Rigada

En octubre de 1908 se abre la licitación pública para la construcción del “Palacio de los Tribunales de Concepción del Uruguay”, siéndole adjudicada la obra al empresario Alejandro Fortese en la suma de $ 115.000 m/n. hombre y competencia reconocida así lo describía la prensa local.

En diciembre de ese año. se comienzan los trabajos con la apertura de los cimientos, siendo el capataz de las obras el Sr. Pedro Gobbi, quien desempeñara igual cargo durante la construcción del edificio del Banco de Italia y Rio de la Plata.
El magnífico edificio de los tribunales es finalizado para fines del año 1910, siendo ocupado por los distintos juzgados: en lo civil y comercial, del crimen y de paz y oficinas provinciales a partir del 25 de febrero de 1911.
Al respecto, la prensa escrita critica la decisión del gobierno de la provincia de habilitar este moderno edificio dotado de todos los adelantos de la época con los viejos muebles que poseían las distintas oficinas en vez de proveerlo de nuevos muebles.
Al establecerse en Concepción del Uruguay, el Regimiento de Infantería Montado RI 10, el que arribara procedente de la ciudad de Gualeguaychú, el 30 de marzo de 1925 , se ubica provisoriamente en las instalaciones de la Sociedad Rural de Concepción del Uruguay (actual Barrio La Rural), mientras se construye el nuevo cuartel, cuya piedra fundamental había sido puesta por el Ministro de Guerra General de Brigada Agustín P. Justo, 5 de marzo de ese año, las autoridades del regimiento gestionan en préstamo o arriendan edificios en la ciudad, ocupando las oficinas de la planta baja del edificio de los tribunales para las oficinas de la mayoría, mientras que alquilan la casa que fuera del Coronel Pedro Melitón González (haciendo cruz) para el casino de oficiales.
Las oficinas del ejército, en el edificio de los tribunales funcionaron hasta septiembre de 1928, en que se trasladan a los nuevos cuarteles (los actuales) pasando estas oficinas a ser ocupadas por el registro de la propiedad.
En el año 1956, el Gobierno de la intervención Federal en la provincia de Entre Ríos plantea la necesidad de trasladar las oficinas del Registro Civil de Concepción del Uruguay a otras más adecuadas y cómodas y a su vez destinar las que se desocuparían a otros organismos provinciales. Esta inquietud, solo se quedó en las intenciones y pasaran muchos años antes que se concrete la medida.
 

El banco Agrícola al frente y al fondo el palacio de Tribunales

 
Evacuación del edificio
A partir del año 1961, se comienzan a observar en diversos sectores del edificio del “Palacio de los Tribunales” grietas en sus paredes y cielorrasos, produciéndose esporádicos desprendimientos de trozos de mampostería, lo que alerta a la autoridades que deciden encarar diversos trabajos para subsanar los mismos.
El 26 de julio, del mismo año, se llama a licitación para reparación general del edificio y pintado con un presupuesto oficial de $ 1.882.619,80 trabajos que son diferidos al desprenderse parte de la cornisa de la planta alta. En abril de 1963 el gobierno de la intervención federal en la provincia decide llamar a licitación pública para realizar trabajos de mayor envergadura en el edificio con miras a su recuperación con un presupuesto oficial de más de un millón y medio de pesos. Para realizar los trabajos, fue necesario el traslado de los Juzgados en lo Civil y Comercial, de Paz y del Trabajo a la planta alta de la Escuela Normal, medida que se efectiviza el 21 de noviembre de ese año.
En el edificio continúan funcionado el juzgado del Crimen, la Fiscalía y Defensoría de Menores, Registro Civil y Registro de la Propiedad.
En la planta alta del Banco Agrícola Comercial e inmobiliario continúan funcionado la Excelentísima Cámara del Crimen. Durante el año 1964 se continúo con los trabajos, habiéndose observado que las grietas se hacían más notorias, comprometiendo su estabilidad sobre la calle 8 de junio, lo que llevo a los técnicos a reforzar los cimientos, realizar columnas adicionales. etc. para reforzar su estructura.
En septiembre de 1965, después de un año y ocho meses los trabajos se habían finalizado parcialmente reintegrándose al edificio el Juzgado del Trabajo, manteniéndose en la planta alta de la escuela Normal Mariano Moreno, los juzgados en lo Civil y Comercial y de Paz.
Entre los días 5 y 7 de abril de 1967, los juzgados que funcionaban en la Escuela Normal y el del Trabajo, se mudan al amplio edificio de la esquina de Rocamora casi Ugarteche, (casa familia Deymonaz) donde habían funcionado hasta hacia poco tiempo las oficinas del INTA.
En el año 1967, la aparición de nuevas fisuras en las paredes del antiguo edificio, llevan a las autoridades de la provincia a comisionar al ingeniero J. Pacher de la Dirección de Arquitectura provincial, quien recomienda realizar una serie de trabajos para consolidar su estructura, a pesar de los importantes montos que ya se habían invertido con anterioridad.
En el mes de julio de 1969, el Secretario de Obras Publicas y Servicios Públicos de la provincia de Entre Ríos ingeniero Luis Lance, inspecciona el edificio de los tribunales y toma la decisión de proceder a su demolición y encarar la construcción de un nuevo edificio.
No obstante la resolución tomada por esta alta autoridad provincial, van a pasar varios años antes que la demolición se concrete, debido a la burocracia estatal.
En febrero de 1970, la prensa local previene a las autoridades provinciales y locales del grave riesgo que se estaba corriendo al seguir utilizando varias oficinas públicas el edificio cuyas estructuras peligraba.
En marzo de 1970. el director de arquitectura de la provincia de Entre Ríos, vuelve a inspeccionarlo, limitándose a recomendar que el ala del edificio sobre la calle 8 de junio, la más comprometida sea desocupada y apuntalada.
Con tal motivo la Defensoría de Menores se traslada a otro sector del edificio, mientras que las oficinas del registro civil pasan a ocupar una casa arrendada sobre la calle Rocamora, frente al cine Texier.
En el mes de octubre, se trasladan a la casa arrendada de la familia Deymonaz (Rocamora y Ugarteche) el Juzgado del Crimen, la Defensoría de Pobres y Menores y la Fiscalía, faltando trasladar el Registro de la Propiedad que estaba en la planta baja para iniciar los trabajos de demolición
 
Demolición del Palacio de los Tribunales
El Gobierno de Entre Ríos había aprobado el proyecto de construir en el solar que ocupaba el “Palacio de los Tribunales” dos monoblock, tipo “A”, de varios pisos, uno destinado a la parte judicial y el otro a las distintas oficinas de la provincia.
El lunes 16 de noviembre de 1970, se llama a licitación para la demolición del edificio con un plazo de seis meses, debiéndose entregar totalmente limpio y nivelado el terreno, para la construcción de los dos edificios que la provincia tenía previsto realizar.
No obstante el peligro que representaba el edificio, máxime que su ala más comprometida, sobre 8 de junio, que ponía en peligro al alumnado de la escuela Técnica Ana Urquiza de Victorica, los tramites siguieron los carriles burocráticos y en febrero de 1971, el Registro de la Propiedad, única oficina publica que había quedado, continuaba funcionando en el.
En 5 de abril de 1971, lunes, se inician los trabajos de demolición del hermoso edificio del “Palacio de los Tribunales” previo traslado de las oficinas del Registro de la Propiedad a la casa que perteneciera a la familia Del Prado, en la calle 25 de Mayo (entre 8 de Junio y Posadas) y posteriormente a la calle 9 de Julio N° 51.
Para junio de ese año, la demolición estaba concluida en un 50%, finalizándose totalmente en septiembre de 1971.
La empresa GEOPE, que en ese momento se encontraba construyendo el elevador terminal del Puerto de Concepción del Uruguay adquirió los escombros del edificio, para los cimientos de los silos.
El terreno quedo abandonado transformándose en un depósito de basuras y alimañas y los dos edificios proyectados por la provincia nunca llegaron a construirse en ese lugar, dado que el edificio para la justicia local y otros organismos provinciales fueron incorporados al “proyecto del centro cívico” donde en la actualidad funcionan.
En diciembre de 1971 “CARITAS” gestiona ante el gobierno de la provincia la cesión precaria del predio para destinarlo a “playa de estacionamiento rentada” y de esa manera obtener fondos para su obra, el que le es concedido en marzo de 1972. A principios de 1974, es devuelto por “CARITAS” quedando el terreno nuevamente abandonado y a la mano de Dios, por lo cual la municipalidad local toma la iniciativa de construir provisoriamente una playa de estacionamiento, procediéndose a la adecuación del predio.
Posteriormente, el 14 de febrero de 1977, el gobierno de la provincia de Entre Ríos por Decreto del PE N° 5083 de esa fecha dona a la municipalidad local el “lote 2 de la manzana 54″ donde estuviera emplazado el “Palacio de los Tribunales” para que le de el uso que estime más conveniente firmando posteriormente, en la ciudad de Paraná, la correspondiente escritura pública, el intendente Dr. Jose Eduardo Lauritto.
El 9 de febrero de 1991, en el antiguo solar se inaugura un complejo deportivo denominado “Terraza Paddle” para posteriormente el 16 de marzo de 1993 -martes- pasar a llamarse “Confitería La Terraza” con canchas de paddle anexas siendo posteriormente cedido a “Deportes al Sol”, para la práctica de Skate y Patín.
 
Edifico del Circulo de Bioquímicos de Entre Ríos
A fines del año 2000, el Circulo de Bioquímicos propone a la municipalidad local, la construcción en el predio que había ocupado el ex-Palacio de los Tribunales un edificio en torre de departamentos y en compensación por el valor del terreno, la construcción y equipamiento por su cuenta, de un salón auditorio de las características que la municipalidad estableciera.
El 4 de enero de 2002, la Honorable Concejo Deliberante de la ciudad aprobó la cesión y construcción de un edificio en torre por parte del sistema previsional medico de los bioquímicos, en el cual se construiría el “Auditorio Municipal.
En el mes de octubre del mismo la empresa Luis Cura, inicia los trabajos con el cerramiento del predio y excavación del terreno para la construcción de las bases.
Los trabajos finalizan a fines del año 2006, siendo recibido el salón auditorio municipal, el 29 de Diciembre de ese ano, en un acto que fuera presidido por el Gobernador de la Provincia Dr. Jorge Busti al que posteriormente se le asigna el nombre de “Carlos María Scelzi”, en homenaje a quien fuera intendente de la ciudad.
 
Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Texto extraído de: Rousseaux, Andrés, “El Palacio de los Tribunales” del libro “Concepción del Uruguay, edificios con historia”, Tomo I

La casa del General Ricardo López Jordán (h)

Vista del sitio que ocupara la casa de Ricardo López Jordán, hace unos años atrás. En este lugar en la actualidad hay un edificio.

Ubicación: Calle 25 de Mayo esquina noreste con Posadas

Medidas del terreno original: 1/4 de manzana (un solar) de 40 varas (aproximadamente 34,64 metros) sobre calle de “la Libertad” (actual calle 25 de Mayo) por 40 varas (aproximadamente 34,64 metros) sobre calle “Calá” (posteriormente Libertad- actual Posadas). Superficie original: 1.119 metros 2

Investigando en la hemeroteca del Palacio “San José”, encontré un aviso del periódico “El Uruguay” de su edición del 21 de noviembre de 1863 Nº 394 el que decía escuetamente: “Agencia El Porvenir. Edificio casa del General Ricardo Lopez Jordán. En Concepción del Uruguay: Se pone en venta a 3 cuadras y medias al norte de la plaza General Ramírez”

De este aviso, nació la inquietud de determinar fehacientemente la ubicación de la propiedad del General Ricardo López Jordán (h) dado que los datos del artículo, eran imprecisos para su localización, al decir “3 cuadras y medias al norte de la plaza General Ramírez”, lo que podría ser sobre las actuales calles Urquiza, 25 de Mayo o bien Eva Perón. Lo importante era determinar su exacta ubicación, lo que se ha logrado en base a una minuciosa investigación.

Ubicación:

Analizando planos antiguos de la ciudad y en base a los antecedentes que nos brindan los registros catastrales de la municipalidad y registro de la propiedad, se pudo arribar a buen puerto, estableciéndose que efectivamente la casa-habitación que perteneciera al General Ricardo López Jordán (h) y pusiera en “venta en 1863”, se encontraba ubicada en la esquina noreste de las calles “de la Libertad” (actual 25 de Mayo) y “Calá”, posteriormente Libertad y a partir del año 1916 Posadas.

Antecedentes:

General Ricardo López Jordán (h)

Desde antigua data, el solar (1/4 de manzana de 40 varas de lado -aproximadamente 34,64 metros de lado) ubicado en la esquina noreste de las entonces calles “De la Libertad” (actual 25 de Mayo) y “Calá” posteriormente “Libertad” (actual Posadas) había sido adjudicado por el Cabildo de Concepción del Uruguay a D. Ciriaco Torres.

El 12 de diciembre de 1855, ante el Escribano Público José María Castro, el Sr. Torres vende el solar al entonces Comandante Militar y Político de la ciudad, Coronel (grado que tenía en ésa época) Ricardo López Jordán (h), en la suma de “48 pesos de buena moneda metálica de oro sellado o plata”.

En el “solar” adquirido, el Coronel López Jordán, manda a construir una casa habitación, de “ladrillos criollos, asentados en barro, con innumerables habitaciones principales que dan a un patio central, con entrada por calle “Calá”, techos de zinc y azotea, cielorrasos de lienzo, habitaciones de servicios, pozo de balde, caballerizas etc…….”

En el mes de noviembre de 1863, su propietario por intermedio de la agencia (hoy sería una inmobiliaria) “El Porvenir” la pone en venta, mediante “un aviso” publicado en el periódico “El Uruguay” del 21 de noviembre de 1863, Nº 394.

La operación no se concretó hasta años después, cuando el 21 de octubre de 1867, la “vende por permuta” al Doctor Benjamín Victorica, recibiendo de éste un inmueble de igual valor ubicado en la ciudad de Paraná (ER) (no olvidemos que su esposa Doña Amelita Puig era oriunda de ésa ciudad) interviniendo en el acto notarial el escribano público D Benito Cook.

En el año 1875, el Dr. Benjamín Victorica, residente en la ciudad de Buenos Aires, calle Belgrano Nº 206, ante escribano público, confiere poder especial al Dr. José Joaquín Sagastume vecino de Concepción del Uruguay, para que en su nombre y representación, venda a la “persona que le pareciera” en la suma de $ 4.000 pesos fuertes el inmueble de su propiedad sito en la esquina  de las calles “de la Libertad” y “Calá”.
En base a esta autorización José Joaquín Sagastume, vende el 4 de octubre de 1875, el inmueble que comprende casa habitación y terreno de 1/4 de manzana en la suma estipulada por su propietario al Doctor Estaban María Moreno.

El 12 de enero de 1893, el Sr. Miguel E. Moreno en representación de su padre Dr. Estaban María Moreno, vende con “pacto de retroventa “(hipoteca) la propiedad en cuestión a D. Manuel Quintana en la suma de $ 3500 pesos fuertes, quedando el Dr. Moreno como inquilino del inmueble debiendo abonar la suma de $20 pesos mensuales en concepto de alquiler, interviniendo en el acto el escribano público de la ciudad José G. Magariños.

La propiedad es vendida (levantamiento de la hipoteca) el 1º de marzo de 1894 por parte de la señora Herminia Rosquello de Moreno abonando la suma pactada de $ 3.500 pesos fuertes interviniendo el escribano público de nuestra ciudad Alberto Andifred.

Posteriormente, en el mismo año la señora de Moreno vende la propiedad con “pacto de retroventa” (hipoteca) al escribano público D Bernardo Caffa, siendo nuevamente “vendida “(levantamiento de la hipoteca) a su anterior propietaria en el año 1896, interviniendo el escribano D. Alberto Andifred.

El 28 de julio de 1912, el Sr. Miguel Moreno, en representación de su madre Herminia Rosquella de Moreno, ante el escribano D. Wenceslao Gadea, vende la propiedad a la señora Casilda Govena de Guastavino en la suma de $ 18.050 pesos m/n con hipoteca.

El 9 de septiembre de 1925, los esposos Casilda Govena de Guastavino y Benito Guastavino, venden la propiedad de la esquina noreste de las calles 25 de Mayo y Libertad (actual Posadas) a Don Juan Antonio Montero, interviniendo el escribano local D. Bernardo Erpen

En el año 1928, por escritura pública de fecha 29 de diciembre, realizada ante el escribano D. Bernardo Erpen, el Sr. Juan Antonio Montero vende la casa y terreno, ubicada en la esquina noreste de las calles 25 de Mayo y Posadas, de al ciudad de Concepción del Uruguay, al Dr. Justo Germán Ravena en la suma de $ 20.000 m/n.

Al fallecer el Dr. Justo Germán Ravena, en el año 1971, sus sucesores proceden a dividir el “solar original” (1/4 de manzana con una superficie total de 1.119 metros2) con todo lo edificado, plantado y cercado en cuatro lotes que son asignados a: Lote Nº 1: Mario C Müller y María E. Ravena de Müller. Lote Nº 2: Lelia María D. de Ravena 
Lote Nº 3: Marta Teresita Ravena de Etchemaite  Lote Nº 4: María Ravena de Tomassi.

En base esta división, en años posteriores, la antigua casa del General D. Ricardo López Jordán fue demolida, para dar lugar a nuevas construcciones como hoy podemos apreciar en la esquina noreste de las calles 25 de Mayo y Posadas, ocupadas por tradicionales familias uruguayenses.

A través de esta pequeña investigación, se ha determinado que entre los años 1855 y 1867, la antigua casona de la esquina noreste de las actuales calles 25 de Mayo y Posadas, fue construida por orden del General D. Ricardo López Jordán (h) con destino a vivienda familiar, siendo ocupada posteriormente por tradicionales familias uruguayenses, perteneciendo en la actualidad (el solar original) a los descendientes del destacado médico y progresista intendente de al ciudad Dr. Justo Germán Ravena, quienes en los respectivos lotes asignados en el juicio sucesorio han construido hermosas viviendas, sin que por ello olvidemos la antigua “Casona del General Ricardo López Jordán” que existiera en ése lugar.

Edición: Civetta, maría Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuente: Rousseaux, Andrés Serie “Concepción del Uruguay. Edificios Con Historia”

 

 

Las palomas de las casas de Urquiza

Casas de Urquiza en el año 1983, foto: Mario Soria

Cuando la gente que ahora tiene más de ochenta y cinco años se pone a contar los sucedidos de sus tiempos de niños, los que tienen entre sesenta y la edad mencionada, dicen “están chocheando”, “antes creían cualquier cosa”, “no le hagan caso al viejo”. Los que tienen menos de sesenta pero más de cuarenta ven ancianos a los que le siguen pero a los muy mayores los consideran reliquias.

Entonces la comunicación se establece saltando una generación. Escuchan atentamente y saben lo que sus padres no tomaron en cuenta. Después, cuando salen para atender sus asuntos personales, al ver un cartel indicador o al contemplar una verja trabajada, los asalta el recuerdo de lo oído al abuelo y la ciudad se les amplía. Porque esa esquina es la del comercio actual, pero es también la de la aparición; la verja adorna el hogar de una joven familia, pero es la que enredó las flores con las que se hizo el ramo de novia de esa bella de destino trágico.

Así la ciudad crece en el tiempo, en profundidad y ya no es la misma de antes de escuchar a los muy añosos, pero aún lúcidos y memoriosos. Ahora la ciudad tiene misterio, tiene poesía.

Las tareas que Ramón realizaba le hacían llegar a su casa a la noche. Un poco porque no eran ocho horas diarias, como ahora, y otro poco porque cansado debía atravesar la ciudad en todo su largo. Tenía sus ocupaciones en una chacra, allá en la altura anterior al monte de eucaliptos y aromos. Vivía cerca del cementerio viejo, casi sobre el Arroyo de la China.

Había un camino bastante derecho desde su trabajo a su rancho pasando por la iglesia, donde diariamente pedía a Dios su ayuda para esa jornada. Pero no entraba. Al llegar al primer límite del templo comenzaba a persignarse y a orar mentalmente. A llegar al otro límite estaba terminando su pedido. Cuando regresaba agradecía, siempre desde el camino, y pedía protección para la noche. Así se lo había inculcado su madre, muy creyente, aunque creyentes eran todos los que habitaban la pequeña ciudad.

La fe lo ayudaba a vivir, a confiar, a no temer. Aunque, motivos de temor no había muchos, como no fueran imaginarios, porque en todo lo que llevaba recorrido ese trayecto jamás encontró nada que pudiera sugerir la veracidad de la leyenda que circulaba desde hacía treinta años. Alguna vez, de haber sido ciertos lo dichos, tendría que haberse encontrado con el fantasma de la joven novia inconsolable, que partiendo de la esquina sur-este de La Placita atravesaba ésta y seguía hacia el cementerio con la bella faz entristecida y un ramo de flores blancas en la mano; flores que, según decían los más detallistas, tomaba siempre frescas de las enredaderas del barrio.

Ahora, con la llegada cada vez más numerosa de gringos y tanos, los rumores eran variados, los “dicen que vio” y los “me contaron” no tenían fin.

Se estaba construyendo un puente para que la gente llegara en tren hasta el mismo río Uruguay, porque decían que el puerto debía hacerse allí, que el del Riacho Itapé no era bueno, que era bajo, que las crecientes, que el progreso. Querían cambiar todo.

Según el parecer de Ramón, los europeos eran “jodidos”. Muy valientes para ir a la guerra pero sin ánimos para caminar de noche, como él, por temor a los fantasmas. ¿Y qué me puede hacer un fantasma si yo no me meto con él? – Pensaba. – Pero por lo que se escucha, estos han visto en sus tierras fantasmas vengativos, peleadores. También andan diciendo que van a terminar con las costumbres bárbaras que tenemos, de velar los angelitos y hacer baile. ¿Pero no dicen que todos son creyentes? ¿No van a la iglesia todos los domingos? ¿Entonces cómo no van a saber, por más que entiendan poco el idioma, que las almas inocentes van al cielo? ¿Cómo no les iban a enseñar en sus tierras, que tienen más curas que nosotros, que debemos alegrarnos por el llamado de Dios? Para mi hay dos cosas: o no es cierto que son de nuestra religión y mintieron para venir y que los tratemos bien, o son la resaca de por allá, cobardes que los echaron de sus tierras y llegaron asustados a éstas. ¡Pero mire que ver mal los velorios de los angelitos! ¿Y qué dirían entonces si viera lo que yo veo en los árboles del camino cuando salgo de la chacra o en los árboles de los alrededores, durante el día mientras trabajo?

Porque, por lo menos nosotros los cristianos, enterramos los muertos, angelitos o mayores; pero esos que son cristianos a medias, porque los abuelos son indios y conservan otras costumbres, ponen los angelitos en los árboles para que el almita vuele en forma de palomita blanca y los pájaros se hagan cargo del cuerpito. ¡Serían capaces de asustarse de los gurises muertos esos gringos!

El pensamiento le causa gracia y una sonrisa le entreabre los labios; distraído, se sorprende cuando a su lado oye la voz de Bienvenido, su amigo que día a día, mejor dicho noche a noche, se le junta en la esquina de Comercio y Tres de Febrero, pues trabaja en la quinta de Márquez y entre la hora que deja el trabajo y el encuentro con Ramón, que vive en un rancho al lado del suyo, visita una muchacha en la calle Nogoyá, casi Comercio, pero no es negra, como podría creerse por la dirección. Se llama Micaela. Es hija de una mulata y un español, la piel entre canela y té con leche clarito, según sea verano o invierno. Los ojos renegridos y brillantes. Tiene buen carácter y Bienvenido le ha comentado al amigo su decisión de traerla pronto al rancho, pero no sabe si casarse, lo que quizás implique gastos o amigarse y tratar de ver qué sale.

– ¿Cómo te ha sido el día, Ramón? – Es su saludo.

Ramón pega un respingo hacia atrás.

~ ¡Me asustaste, carajo! – Dice riendo. – Menos mal que hay luna y sé quién sos.

– ¿En qué venías pensando?

– En los gringos y tanos que siguen llegando y son llenos de miedos y cuentos y en lo que van a decir cuando vean un angelito en un árbol.

– ¿Y cuando oigan las palomas de las casas de Urquiza?

– Las oigan y las vean, porque si se asoman por las ventanas, sin salir de sus casas las van a ver pasar. Aunque en Europa debe haber palomas, también.

– Si, pero no han de salir cuando las otras duermen. Tata es de allá y hasta él ha quedado pensativo con esta parejita de los martes y viernes.

– Si pero tu tata es español y esos son como nosotros.

– Ha de ser un anuncio para la familia Páez. Después de todo en su techo se posan y se arrullan.

– Las palomas blancas son la imagen del Espíritu de Dios, decía mi mama. Ha de ser un buen anuncio.

– ¡Dios quiera! Porque el barrio está alarmado. Hasta la medianoche, que callan y regresan a sus nidos, casi nadie duerme y las mujeres aprovechan para hacerse obedecer de los niños, con la amenaza de que se los van a llevar las palomas si se portan mal.

Siguen caminando en silencio hasta que, al oir el arrullo, se dicen al mismo tiempo: hoy es viernes. Y apuran el paso.

Pero al ver salir de su casa, como sonámbulo, un niño conocido, se vuelven lentos para observar mejor. El niño camina un trecho, mira hacia donde se oye a las avecillas y empinándose se transforma en paloma y se eleva, se eleva, hasta quedar entre las dos que callaron y vienen a su encuentro, perdiéndose todas en el cielo estrellado.

Ramón y Bienvenido se han detenido y están mirando a lo alto. Luego se miran sin hablar y no se dan cuenta de esa inmovilidad hasta que los sacude el grito de la madre del chico, mujer trabajadora, llena de hilos, vecina de esa misma calle que da a los fondos de la familia Páez y donde se aloja un extranjero llegado hace poco, alquilando una piecita de dos por tres.

– ¡Hijo, hijo querido! ¡Ha muerto mi hijito!

Los amigos prosiguen su camino. ¿Será cierto lo que dicen los indios sobre los niños? – piensa Ramón – ¿Será malo enterrarlos?

– ¿Harán brujerías los gringos, como dice Micaela? – piensa Bienvenido. – ¿Cambiará esto tanto que pronto no lo conoceremos, como dice tata?

Después de dos cuadras Bienvenido rompe el silencio.

– ¿Vos viste un chico, Ramón?

– Si, por eso nos paramos, vos también lo viste.

– ¿Y lo otro?

– Lo otro también.- Hasta ese momento yo no creía en fantasmas. Aunque eso no era un fantasma.

– ¿Qué habrá sido?

– No sé. Lo seguro es que están pasando cosas raras, tal vez porque quieren cambiar todo, dicen que hasta van ahondar el zanjón que une el Uruguay con el Molino.

– Le preguntaré a Micaela qué pudo ser, las mujeres saben más de estas cosas.

– Dile también que rece por el alma del angelito, porque se de seguro tengo la corazonada, esta madre no hará baile como las de nuestro barrio.

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Texto extraído de: Mallea, Lorenza y Calivari, Coty, “Las Mallas del Viaje”, Ediciones “El Mirador”, 1982

 

 

Anacleto Medina, Un Guaraní Soldado

Batalla de Caseros

Brigadier General Anacleto Medina, indio guaraní, lo encontramos en la historia combatiendo en las fuerzas de Artigas, de Ramírez, de Mansilla, de Martín Rodríguez, de Alvear, de Lavalle, de Rivera, de Urquiza y de Timoteo Aparicio (en el pronunciamiento militar llamado Revolución de las Lanzas, que intentó derrocar al presidente Lorenzo Batlle, líder de la fracción liberal o legalista del Partido Colorado). Hasta se lo relaciona  con el Ejercito de los Andes.

Para hablar de quien fue Anacleto Medina, tenemos que remontarnos a mediados del Siglo XVIII en épocas de las Misiones Jesuíticas. Seguramente hemos tenido que estudiar, el apogeo y la caída de las Misiones. En una de las reducciones llamada Concepción, nace Bernardo un niño cuyos padres lo bautizaron con un sacerdote Jesuita, quien en homenaje a otro sacerdote, le da el apellido Medina.

Seguramente se cría en este poblado  llamado Concepción. En 1776, forma una familia casándose con Petrona Viera, también india guaraní. Al poco tiempo de esta unión nace un hijo, al que llaman Anacleto Medina. Petrona fallece en el parto, por lo que es inscrito como criollo en la  iglesia de Nuestra Señora de los Remedios de la Banda Oriental.

Si bien fue criado en Uruguay, en 1810 se asienta en nuestra provincia donde cumple un papel fundamental en la lucha por la independencia contra los realistas españoles que ocupaban Entre Ríos. 

Anacleto Medina

Anacleto hereda de los guaraníes, la disciplina, el sufrimiento, el heroísmo y la valentía. No fue fácil su vida, ya que tuvo que emigrar de su tierra, lo que hace que su vida transcurra más sobre un caballo que sobre la tierra.

Aprende a mandar y hacerse obedecer, esto hace que en muy poco tiempo José Gervasio Artigas se fijara en él.

Cumplió tareas de policía rural, combatiendo al contrabando y vigilando la invasión portuguesa.

Fue incorporado en el Regimiento español “Blandengues”. Esto ocurre en los primeros años, del Siglo XIX, no se sabe qué edad tenía Anacleto, posiblemente entre 20 a 30 años.

En la Batalla Las Piedras y en el sitio de Montevideo, Artigas, se ve acompañado por Anacleto Medina que ya contaba con grados en el ejército.

Fue enviado por Artigas a colaborar con Francisco Ramírez, como sargento instructor. Ramírez va tomando poder y firma el Tratado del Pilar. Tratado por el cual Artigas,  se enemista duramente contra Ramírez. Medina, entonces toma partido por el caudillo entrerriano.

Después de las contiendas “Las Tunas”, y “Arroyo Ávalos”, Artigas se exilia en Paraguay, hasta su muerte. En este punto debemos mencionar que Medina era un estratega militar formado íntegramente con Artigas. 

Ramírez se enemisto con Estanislao López, y Medina fue el encargado de apoderarse de la caballada del caudillo López. Misión que cumple con éxito, pero también al encontrarse con Ramírez, le pasa el dato de que el ejército  santafesino  se verá  ayudado por el de la provincia de Buenos Aires. Su estrecha relación con Ramírez queda plasmada poéticamente en lo que fue rescate de la Delfina cuando Ramírez es atrapado por fuerzas enemigas.
Este rescate de la Delfina, lo documenta el propio Anacleto aunque Martiniano Leguizamón lo saca de la escena a Anacleto y coloca como salvador y transportador de la Delfina, al General Galarza. Recién en el la década del 70 va a ser la historiadora Beatriz Bosch, quien reconocerá  la autenticidad de los apuntes de Anacleto Medina que Leguizamón daba como falsos.

Las diferencias con Mansilla, hacen que este, lo envíe prisionero a Santa Fe dónde es condenado a muerte.  En esa provincia López, le da la libertad bajo un convenio de traición a Mansilla. Pero este tienta con dinero a Medina y le da la libertad, dándole a través de un Decreto el cargo de Teniente Coronel y le confía el mando del Escuadrón Escolta del Gobernador, al que llamaban “Húsares de Entre Ríos”.

Medina fue enviado por Entre Ríos a la Campaña del Desierto y terminada esta campaña pasa al frente del Escuadrón de la Guardia, a la Banda Oriental.

En la batalla de Monte Caseros, de febrero de 1852, dirigió el ala derecha del ejército aliado que derrotó al general Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires.

Es así que su agitada vida lo encuentra en la Guerra Grande, en India Muerta, en la Heroica Paysandú, hasta su última batalla.

Falleció durante la batalla de Manantiales, actual departamento de Colonia, cruelmente ejecutado el 17 de julio de 1871. Contaba con aproximadamente 90 años y estaba casi ciego, los años ya le pesaban, mientras esperaba encontrarse con los refuerzos esperados. Pero en el momento que los enemigos se dan cuenta, frente a ellos grita ¡Viva la libertad! atrayendo la atención de los soldados contrarios, quienes le dan muerte. Corría el año 1871.

Edición: Civetta, Virginia/Ratto, Carlos. Texto: Salduna, Bernardo, “Anacleto Medina, Un Guaraní de Leyenda”, 1996

Monumento a los caídos en Malvinas

Monumento a los caídos en Malvinas, vista panorámica

La guerra de las Malvinas o del Atlántico Sur fue un enfrentamiento bélico entre Argentina y Reino Unido. Ocurrió en Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur.  Se desarrolló entre el día 2 de abril y el día 14 de junio de 1982.

Dio origen a esta guerra, el intento de nuestra República en recuperar la soberanía de las islas, de manos del Reino Unido.

Argentina considera que las islas son parte de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

Figura que representa a un soldado de Malvinas

Desde su descubrimiento han sido ocupadas por diferentes países, España, Francia, Argentina y Reino Unido.

Esta sangrienta guerra, que hoy se conmemoran 37 años, y que los argentinos, por suerte, aún no olvidamos, dejó un saldo de 649 vidas de militares argentinos, 255 británicos y tres civiles isleños.

En nuestra ciudad se recuerda a los héroes del Departamento Uruguay, que lucharon para la recuperación de las islas con un monumento frente al Cementerio Municipal.

El mismo fue diseñado por el Arq. Esteban Agüero.

Este conjunto escultórico está construido de hormigón, representa a un combatiente en Malvinas, expresado por una placa de cemento rectangular, con uno de sus brazos trunco, representando a nuestros muertos y el otro representa la angustia. Este brazo representa que perdimos a las Malvinas, cuando las recuperemos igualaremos los brazos de este monumento.

El semicírculo pintado de rojo, es el corazón sangrante de dolor por los que dieron la vida. Siempre debería tener flores rojas.

La forma envolvente del cemento, representa el suelo de Malvinas que posee canteros donde se ponen plantas de flores blancas, representando la nieve.

En las placas se pueden leer los nombres de quienes lucharon por la soberanía Argentina y son de nuestro Departamento: Andrés Horacio Akrich, Aníbal Daniel Díaz, Carlos Dominguez, Cesar Ricardo Lucero, Ulises Darío Monzón, Carlos Eduardo Olano, Armando Luis Scévola, Isidoro Rosendo Torres, Oscar Eduardo Labalta, Julio Omar Benítez, Carlos Misael Pereira y Sergio Luis Iselli. “Dios Los Bendiga!”

Edición: Civetta, Virginia/Ratto, Carlos

Antonio Rivero “El Gaucho Rivero”

Billete de $ 50, emitido en el año 2015

Antonio Rivero, llamado en la historiografía argentina como Gaucho Rivero, peón de campo argentino conocido por liderar un alzamiento en las Islas Malvinas en 1833, año que los británicos ocupan nuestras Islas.

En la sublevación mueren cinco personas, empleadas de Luis Vernet, Gobernador argentino en las Islas.

Muy poco se sabe de la vida del Gaucho Rivero. Se cree que nació en Concepción del Uruguay, ya que su nacimiento figura en los libros de basílica de la Inmaculada Concepción, el 27 de noviembre de 1808.

Parecería que viajo a las Islas Malvinas con Luis Vernet en 1929, para trabajar en tareas agropecuarias, es decir criar ovejas, vacas y cerdos.

El día 3 de enero de 1833, el Reino Unido, ocupa por las fuerzas, las islas. No dejan ingleses en el lugar, pero nombran al irlandés William Dickson, como gobernante y encargado de hacer izar la bandera inglesa cada vez que pasara un barco y los días domingos.

Esto no fue bien visto por la gente que habitaba el lugar y el día 26 de agosto de 1833, se sublevan. El jefe de esa rebelión fue el Gaucho Rivero acompañado por dos gauchos y cinco indios charrúas. Todos armados con facones, boleadoras, espadas, pistolas y mosquetes. 

Retrato artístico del “Gaucho” Rivero

Sus oponentes tenían pistolas y fusiles. Los gauchos atacaron por sorpresa y esto hace de su superioridad.

Los gauchos se instalan en la casa de la Comandancia y durante cinco meses se izó una bandera azul y blanca, colores de la bandera Argentina. Lástima que no existe evidencia histórica de este hecho.

En 1834, los británicos recuperan el control de las Islas, capturando a los gauchos rebeldes. El último en caer fue Rivero. No está muy claro, lo ocurrido en su detención. Parecería que los capturados fueron llevados a Reino Unido donde permanecieron detenidos unos meses, hasta que fueron liberados en Montevideo.

No hay seguridad si es el personaje que figura en las filas del ejército de Juan Manuel  de Rosas. Se cree que el Sargento Rivero, que figura en el listado del ejército haya sido el Gaucho Rivero. Listado de soldados que participan en la Vuelta de Obligado. Este hecho ocurre el 20 de noviembre de 1845, en aguas del río Paraná, en un recodo donde el río se angosta, en la provincia de Buenos Aires. El enfrentamiento fue entre fuerza de Rosas, comandados por Lucio Mancilla y la escuadra anglo-francesa. Estos pretendían tener libre comercio con Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, sin pasar por la aduana de Buenos Aires, desconociendo la autoridad de Rosas, en esos momentos.

Su muerte, la del Gaucho Rivero, se dice ocurrió en esta batalla, por las heridas recibidas.

Quien fue Antonio Rivero y no sabemos bien…

Pero entre los años  2011 y 2012, todas las Legislaturas de las provincias argentinas con costa en el Mar Argentino y Océano Atlántico, sancionan la “Ley Gaucho Rivero”, por la cual se prohíbe la permanencia y amarre de barcos con bandera británica en Islas Malvinas.

Mucho se ha homenajeado a este Gaucho concepcionero, que hizo que nuestra bandera flameara en  tierras de las Islas Malvinas:

El grupo Los Cóndores, jóvenes militares peronistas, llamaron a la capital de las islas, “Puerto Rivero”, en 1966.

La Asociación del Fútbol Argentino en el año 2012, llamo al trofeo a conquistar en el torneo “Copa Gaucho Rivero”.

La provincia del Chaco instituyo por Ley 7.277, como “Día del Veterano y de los caídos indígenas en la Guerra de Malvinas”, el día 26 de agosto. (Fecha de la sublevación 26/08/1833).

En el billete de $50,-, en el reverso, lleva la figura del Gaucho Rivero. Año 2015.

Nuestra ciudad lo recuerda con la imposición de su nombre a una calle.

Edición: Virginia Civetta y Carlos Ratto.

 

La avicultura en Entre Ríos

Casa de Alejo Peyret, en la ciudad de San José

Cuando el hombre cambia sus hábitos de cazador y recolector a cultivador y domesticador de animales, comienza a practicar la cría de pollos, gallos y gallinas.

Las gallinas son originarias de China, aproximadamente del año 6000 A.C. por los huesos encontrados, se cree que estas personas comían los gallos y criaban gallinas por los huevos.

La ruta que debe haber hecho para llegar a América seguramente fue una que pasa por Europa, por el comercio y migración de las antiguas civilizaciones, luego a Estados Unidos y de ahí a toda América.

De todas las aves domésticas la más útil y fácil de criar es la gallina. Pollos se logran con gallinas y gallos, pero huevos con gallinas solas.

Alejo Peyret

El primer esbozo de avicultura en nuestro país, fue colonia San José, segunda colonia agrícola del país, fundada por el Gral. Urquiza. Organizada y conducida por Alejo Peyret, francés, agrimensor y profesor del Colegio del Uruguay, quien colaboro con Urquiza.

Hubo otras colonizaciones en Entre Ríos, alemanes del Volga y judíos. Es así como se llega en la provincia a la primera mitad del siglo XIX, impulsando en las colonias la avicultura familiar. No eran momentos muy buenos para la agricultura y ganadería. Los colonos fundadores de San José, debieron pasar además de los inconvenientes del largo viaje, el llegar al puerto de Buenos Aires y enterarse que la Provincia de Corrientes, no los recibiría, por llegar mucho después de la fecha estipulada en el contrato. Es así que le piden ayuda a Urquiza, quien les da tierras en islas del Ibicuy. No se pudieron adaptar y reclaman nuevamente  a Urquiza. Este les da tierras de su propiedad, a 40 km  al norte de la ciudad de Concepción del Uruguay. Fundándose así Colonia San José, el 2 de julio de 1857.

El agrimensor Sourigues, demarcó el lugar y Alejo Peyret lo administró y fue artífice de lo que llega a ser la colonia.

Él fue el encargado de asesorar a los colonos sobre los cultivos, teniendo en cuenta el clima. Loa animales no tenían pasturas y al no tener alambrados, los debían cuidar día y noche porque  se comían el sembrado.

Cada casa tenía aves  de corral, que criaban con maíz. Este trabajo sentó precedente para  el futuro de la colonia. No hay documentación que mencione avicultura como actividad de la colonia en sus años iniciales, pero las crónicas hablan de ver y degustar comidas que incluían gallinas, pollos y huevos.

Se sabe que los colonos traían en su viaje, semillas y huevos fecundados que conservaban en el largo viaje con sal y harina.

Es así que fue naciendo la actividad en nuestra zona.

1903: Liebig’s Extract of Meat Company (conservas y carnes congeladas)

1924: Yuquerí (frigorífico)

1932: Frigorífico Gualeguaychú (saladero) y,

En 1934, el primer frigorífico regional para aves y huevos. Este frigorífico generaba frío por aire a  catorce cámaras y dos antecámaras, con capacidad para 1200 cajones de huevos de treinta docenas cada uno, y comenzó a generar corriente alterna destinada a toda la población.

No vamos a detallar las empresas actuales, pero es una actividad en crecimiento y gran parte del consumo interior y exportación avícola, está dada por nuestra zona, Concepción del Uruguay, Colón, San José y Crespo.

 Edición: Civetta, Virginia  y Ratto, Carlos. Texto extraído de: Arbiza, Héctor, “Avicultura Argentina”, 2015

 

 

La colonia Caseros y la logia Jorge Washington de Concepción del Uruguay

Sellos de la Logia “Jorge Washington” de C. del Uruguay y de la Colonia Caseros

No hace mucho “La Calle” informaba sobre la realización de trámites previos para crear una Municipalidad de segunda categoría en Villa San Justo. Estos estudios tienen antecedentes que se remontan a más de una centuria.

Como es sabido San Justo fue el centro de la colonia Caseros fundada en 1874 por Doña Dolores Costa de Urquiza. En los primeros días de setiembre la primera familia de colonos “tomó posesión de su lote de terreno” según informes del Director de la colonia Don Rodolfo Siegrist y esa sería la fecha considerada como de su fundación.

Parroquia de San Justo

El camino real que unía el Palacio San José con Concepción del Uruguay dividía a la colonia en dos. Esta prosperó y con el correr del tiempo dio origen, a ambos lados, a dos poblaciones: San Justo -el centro de la colonia como dijimos- y Caseros que creció a la vera del ferrocarril.

La escuela se fundó en 1876 y la iglesia festejó su primer centenario en 1993.

A los doce años de fundada, la colonia contaba con 1.000 habitantes. Se pensó entonces, como ahora, en crear una Municipalidad. Se encargó al Dr. Esteban M. Moreno para que redactara la solicitud considerando que el gobierno municipal es un poderoso elemento de desarrollo y teniendo en cuenta que las únicas autoridades eran un juez de paz y una autoridad policial subalterna. De acuerdo al artículo 59 de la ley del 20 de junio de 1884 sobre Creación de Municipalidades, la colonia estaba en condiciones de tener su municipalidad ya que tenía más de 1.000 habitantes asentados en una superficie menor a cuatro leguas. En 1889 Doña Dolores Costa de Urquiza reiteró el pedido reclamando la Municipalidad para el pueblo de San Justo, cuya plaza utilizaban los pobladores a manera de foro para debatir asuntos de interés común conjuntamente con los representantes de la empresa colonizadora.

En cierta forma también tuvo su escudo, para el caso el sello de la Administración reproducido en “Historia de una colonia, Caseros, en Entre Ríos”, y cuyo original se conserva en el Palacio San José.

Se trata de un singular simbolismo: una colmena con abejas revoloteando en su torno.

 

La logia Jorge Washington

La logia Jorge Washington, al parecer fue la más antigua de la provincia de Entre Ríos, según afirma el historiador de las logias masónicas en la Argentina, de cuya obra hemos tomado la información registrada en esta nota.

Después de sufrir diversas alternativas ocasionadas por persecuciones o por las rebeliones jordanistas vio decaer su actividad para resurgir con nuevos bríos a partir de 1875.

En el período que nos interesa, entre 1857 y 1873 dependió de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay y a partir de 1875 pasó a jurisdicción de la Gran Logia Argentina. Muchos de sus miembros provinieron de las logias de Paysandú, como la llamada Cristóbal Colón N° 5.

Templo Masónico de C. del Uruguay

Conspicuos vecinos de ambas márgenes se incorporaron a la misma al igual que numerosos extranjeros que, en número creciente se sumaron a la vida de la ciudad de Concepción del Uruguay. Justo José de Urquiza y algunos familiares integraron sus filas así como destacados vecinos, según Lappas: Onésimo Leguizamón, Porfirio G. Tenreyro, Amador Tahier, Mariano Cordero, José Romualdo Baltoré, Julio Victorica, José Joaquín Sagastume, Pedro Busquets, Juan Fossati, Luis Scappatura, Benito G. Cook, Carlos T. Souriges, Juan Leo, Dámaso Salvatierra, Martín Ruiz Moreno, Alejo Peyret, Benjamín Victorica, Jaime Masramón, Santiago, José y Octavio Cometta, Antonio López Piñón, José Scelzi, Francisco Ratto, Pablo Doutre, Carlos Gatti, Zacarías Piloni, Alfonso Grianta, Benito Pérez Colman, Juan Andrés Vázquez. Juan Mardon, Rodolfo Siegrist, Pedro Riva, Rafael Paradelo, Benigno Teijeiro Martínez, Juan M. Seró y muchísimos más imposibles de nombrar.

Por iniciativa de algunos de sus miembros surgieron por aquella época instituciones señeras en la ciudad: la Sociedad El Porvenir, administradora de la biblioteca Popular, la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, La Fraternidad.

Resulta imposible reseñar, ni aún brevemente, la actividad desplegada por cada uno de sus miembros pero, sin dudas, sus nombres suenan en las tradiciones uruguayenses.

Hemos señalado algunos integrantes de la logia Jorge Washington que actuaron en los tiempos de la fundación de la colonia Caseros porque varios de ellos como Benjamín Victorica, Alejo Peyret o Rodolfo Siegrist tuvieron influencia en la fundación y organización de la misma: Victorica se ocupó de la testamentaria del General Urquiza y fue consejero de su viuda; Alejo Peyret fue contratado para seleccionar inmigrantes en Bueno Aires, mientras que Rodolfo Siegrist fue el director de la nueva colonia y con anterioridad había actuado como secretario de Peyret en la administración de la colonia San José.

La logia Jorge Washington tenía un sello que Lappas reproduce en su trabajo. Para quienes tienen en cuenta el valor de los símbolos, sólo varían las inscripciones.

¿Coincidencias?

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuente: Bruchez, Sara Elena; “La colonia Caseros y la logia Jorge  Washington de Concepción del Uruguay”,  Diario “La Calle”, 12 de enero de 1994.

 

 

 

El reloj de la Basílica de la Inmaculada Concepción

Foto del año 1875, puede verse el primer reloj de la Iglesia, nótese que su cuadrante es cuadrado

El primer reloj público con que como nuestra ciudad se encontraba en la pared norte, debajo de las campanas de nuestra iglesia parroquial, como podemos observar en a fotografía que acompaña este artículo tomada por el “artista-fotógrafo” (como se hacía llamar) Samuel Massoni, alrededor del año 1875.

En el contrato de construcción de la Iglesia de la Inmaculada Concepción, celebrado el 19 de Febrero de 1859, entre la comisión designada por el General Justo José de Urquiza que presidia el Párroco Domingo Ereño y el reconocido arquitecto D. Pedro Fosatti, se detallaban minuciosamente los trabajos a realizar.

La nueva iglesia se consagra oficialmente el 25 de Marzo de 1859 sin haberse concluido todos los trabajos proyectados, según afirma en su trabajo de investigación José Augusto Nadal Sagastume “Nuestra Parroquia” (edición 1975).

El reloj que nos ocupa, debió ser colocado en el lugar señalado entre los años 1860 y 1870, en base a los siguientes antecedentes: es anos 1860 Y 1870

En el año 1875, cuando el fotógrafo Massoni efectúa diversas tomas del Palacio San José y de la ciudad, entre ellos la Iglesia, el reloj estaba colocado.

En oportunidad de la inauguración del reloj policial el secretario comunal, Sr. Juan Carlos Gonzalez, al hacer uso de la palabra manifestó: “…Desde ahora en más, este anhelo queda cumplido. Queda reemplazado el reloj del templo que por tantos años en la pasada centuria que hoy se cumple, marcó los minutos, porque atravesó el alma generosa. Patriótica y heroica de este pueblo de esforzados e ilustres hijos de la Patria.

“Ese reloj señores (se refiere al de la iglesia) sabe del arrojo de es pueblo cuando una invasión trató de tomarla por sorpresa, sabe de su entusiasmo, cuando se proclamó contra la tiranía.

“Ese reloj que vamos a reemplazar y para el caso no es ajeno a las dignificantes sentimentales.

“Al viejo reloj, como buen viejo, no le faltan leyendas sobre el que se cuentan un mar de cosas.

“Que vino desde Yapeyú en una carreta a Buenos Aires. Que fue construido por un suizo preso o detenido”

Segundo reloj. del año 1909, este era con cuadrante esférico. (Foto Mario Morasán)

El viejo reloj de la iglesia fue reemplazado en el año 1909 por otro reloj adquirido por suscripción pública, colaborando la municipalidad de la ciudad con la suma de $ 2000, el nuevo reloj permaneció en servicio hasta el año 1921 siendo retirado, ignorándose el destino que corrió dicha pieza.

Edición: Civetta, María Virginia y Ratto. Texto: Rousseaux, Andrés “Los relojes públicos de la ciudad”, La Prensa Federal, 14/09/2008

 

La Capilla del Palacio San José

Vista exterior de la capilla del palacio (Foto: Omar Gallay)

Palacio San José, fue la residencia del Gral. Justo José de Urquiza y su familia. Lugar donde el Organizador de la República, pasará sus últimos veinte años de vida.

Fue una residencia muy importante y como tal debió tener una capilla, indispensable para la época. Sabido es que en aquellos tiempos se anotaban en ellas, los bautismos,  casamientos y defunciones.

Urquiza recibe la autorización para la erección de dos capillas en el año 1851, de parte del Vaticano, a través del  Cónsul Romano en la República del Uruguay, Salvador Ximenez. Dos capillas, si, una para su residencia y la otra para Concepción del Uruguay.

Comenzó la construcción en 1856, terminada la obra en 1859 y fue responsable de la obra Pedro Fossati, quien había sido contratado para la construcción del templo  de Concepción del Uruguay.

Vista del altar y los púlpitos

Fue consagrada el 19 de Marzo de 1859, cumpliéndose esta año (2022) 163 años de su consagración, ceremonia que fue presidida por el Nuncio Apostólico Monseñor Marino Marini, poniendo de manifiesto el restablecimiento de lazos de amistad con el Vaticano.

La construcción de estilo corintio, de planta octogonal, orientada se Este a Oeste y posee tres entradas, al Norte, al Este y al Sur.

El altar realizado en cedro policromado, presidido por la imagen de San José y el Niño Jesús. Rematado con figuras alegóricas de las virtudes todólogas, Fe, Esperanza y Caridad.

Es una obra realizada por los tallistas españoles José Crusellas y Pedro García.

A ambos lados púlpitos de madera, elevados engarzados en los muros, de base octogonal, con imágenes de  dragón, figuras alegórica de la propagación de la palabra de Dios. Sobre ellos, una artesonada cubierta con la representación del Espíritu Santo, rematada con imágenes de ángeles tocando la corneta.

El recinto adornado con ocho columnas corintias, una bóveda de casco decorada con pinturas murarías, cuyo autor fue Juan Manuel Blanes, pintor uruguayo.

Vista de la cúpula

Coronando la entrada principal a ambos lados, dos palcos elevados y sobre la puerta el palco del coro, magnificas tallas en madera.

Las Pilas Bautismales, fueron traídas de Génova en 1857.

La Capilla contó con oficio de un capellán que residía permanentemente en Palacio.  Entre otros recordamos a: Lorenzo Cot, Domingo Ereño y Genaro Rodríguez.

El sacerdote era solventado económicamente por el dueño de la residencia. Estaba encargado de dar los sacramentos y los días domingo daba la misa, al igual que los días festivos.

Los elementos del culto fueron comprados en Barcelona, al igual que los adquiridos para la basílica de la Inmaculada Concepción.

Edición: Civetta, Virginia/Ratto, Carlos. Texto: Folleto impreso por Presidencia de la Nación, La Capilla del Palacio San José, 2002