El faro de la “Stella Maris” marca el acceso al puerto “interior”
En el Km 123 del Río Uruguay, emerge sobre un murallón de piedra labrada y se interna sobre las aguas del río, la imagen de la Virgen Stella Maris.
Una magnífica obra escultórica, cuyo faro indica la entrada, a las embarcaciones, a nuestro puerto.
La obra fue inaugurada el 11 de setiembre de 1949, a las 14 horas. Homenajeando al Primer Congreso Mariano Nacional (1947) y a el 60 Aniversario de la Coronación de la Virgen de Lujan, Patrona de nuestro país.
Este proyecto nace de una comisión de organización presidida por el Escribano Don Wenceslao Gadea, acompañado por el Rector del Colegio Justo José de Urquiza, Don José María Nadal.
La obra fue dirigida por quien ideara el proyecto, Ing. Civil Don Carlos Augusto Diez Figueras.
Ese día se trasladó a la gente en embarcaciones del M.O.P., en pontones del Ejército, lanchas de la Sub-Prefectura, algunos particulares fueron en botes y chalanas. También la unidad Militar, Sección Pontoneros construyo un puente que unía el muelle con la isla y la gente se trasladó hasta el lugar a pie.
Bendijo la Imagen, el Señor Arzobispo Monseñor Zenobio Guilland, hizo uso de la palabra Don Wenceslao Gadea y el Ministro de Obras Publica de la Nación, Don Juan Pistarini, ante la multitud que asistió junto a autoridades Municipales, Provinciales y Nacionales.
Por la noche en el Escuela Normal Mariano Moreno, se entregaron los premios del certamen de poesías, organizado por el evento, teniendo como figura principal a la Virgen. El Poeta Laureado: Dr. Alfredo Meyer. En esta oportunidad se repartieron recordatorios equivalentes a un folleto con la imagen de la Virgen Stella Maris y una frase que decía:
“FORASTERO: ¡LLEGAS AL PUEBLO DE LA VIRGEN!”
(Texto: Abescat, Francisco, “La Ciudad de Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay”)
Foto aparecida en el libro de los 75 años del Colegio del Uruguay, en el año 1924. era el “paso obligado” de los fraternales hacia “La Salamanca”
La “Alcantarilla de los Ilustres” fue declarada, por la Ordenanza 9.810, como “Lugar Histórico Municipal”, en el año 2016. Esta ordenanza se originó mediante la presentación realizada por la Concejal Karina Percara del Bloque y fue sancionada el veinticinco de agosto del año dos mil dieciséis por el HCD de la Municipalidad de Concepción del Uruguay. La misma declara a “La Alcantarilla de los Ilustres”, situada en las calles Erausquin y Estrada, “Lugar Histórico Municipal”
Los motivos centrales por lo cual se declaro como “Lugar Histórico Municipal” la citada alcantarilla fueron que “en los paredones y dinteles que conforman la alcantarilla y que sirven de sostén a la línea férrea que corre en su parte superior, se leen, aún hoy nombres grabados a punta de cortaplumas, de hombres que en el correr del tiempo tuvieron protagonismo en el quehacer de la vida institucional y política del país. Valen como ejemplos los nombres de Juan Hortensio Quijano y de Francisco Barroetaveña” y que la propuesta busca resaltar acontecimientos históricos que sucedieron en nuestra ciudad; y con ellos recuperar nombres de estudiantes residentes hacia mediados del Siglo XX, en el internado de la Asociación Educacionista “La Fraternidad” y que lograron actuación destacada en diferentes aspectos de la vida de la Nación Argentina”.
Con esta Declaración se proponía “…invitar a los alumnos avanzados de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Concepción del Uruguay a la presentación de proyectos para lograr la conservación de los nombres allí grabados.
De estos considerandos se desprende que el motivo central para rescatar este sitio eran los “nombres grabados a punta de cortaplumas” que se podían ver en sus muros, hecho significado para la historia y el turismo de Concepción del Uruguay.
No obstante ello, pese a ser los muros de la alcantarilla de ladrillo a la vista, en la actualidad se encuentran estos muros todos cubiertos por pintura blanca, minimizando de esta manera la razón por la cual se la declaró como “Lugar Histórico Municipal “
Féretro proporcionado por la Casa Mirás de Buenos aires, quienes, el 1896 habían realizado las ceremonias fúnebres de Dolores Costa de Urquiza. (Fotos: Jorge Duarte)
Se encuentra ubicado en el interior de Basílica de la Inmaculada Concepción, de Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Por medio del decreto N° 22.236 del 11 de julio de 1946, fue designado Solar Histórico este lugar por guardar los restos mortales de Justo José de Urquiza.
El hallazgo de los restos de Urquiza.
La tragedia de San José, así fue llamado asesinato del Gral. Urquiza, que ocurrió el 11 de abril de 1870. El cuerpo fue traído a la ciudad y luego de su velatorio en la casa de una de sus hijas, Ana Urquiza (Hoy EET N° 1) sus restos fueron colocados en el panteón familiar en el cementerio local hasta el 25 de agosto de 1871 en que son trasladados a la Basílica y depositados en una cripta, seguramente hecha junto con la construcción del templo, junto con sus pares de y dos de sus hermanos. Con el tiempo se perdió el conocimiento de dónde se encontraban sus restos hasta que los mismos son descubiertos el 21 de mayo de 1951. El 6 de octubre de 1951, una Comisión determina que los restos hallados en la fecha anterior, efectivamente pertenecen al general Urquiza (Del análisis de los restos, en esa oportunidad se establece que la herida en el maxilar no fue mortal, como se creía hasta ese momento, ya que la bala no atravesó el hueso y si lo fueron las puñaladas que recibió el cuerpo del general).
El Mausoleo
En 1965, ya fundada la Comisión de Lugares y Monumentos Históricos local, su presidenta Doña María del Carmen Miloslavich de Álvarez, presenta a la comisión la idea que se debería hacer un Monumento al Gral. Urquiza en la ciudad. Con motivo de la inauguración de la Central hidroeléctrica “Caseros”, visitan la ciudad el Vicepresidente de la Nación Dr. Carlos Perette, el Gobernador de la provincia Dr. Carlos Contin, a quienes les solicitan ayuda económica para tal proyecto (3 de febrero de 1965). Ese mismo día frente a la tumba del Gral., los mandatarios al referirse al caudillo entrerriano manifiestan que merecía tener un gran mausoleo. Por supuesto que las autoridades locales no dejan pasar este comentario y se ponen a trabajar.
Se solicita permiso a las autoridades eclesiásticas, el Obispo de Gualeguaychu Monseñor Jorge Chalup, no se opone, pero manifiesta: “Habrá que ver como se hace, pues los restos del Gral. Urquiza no pueden ponerse a la altura del piso – y agrego –pues todo lo que está sobre el piso es materia de culto”.
Siempre con el trabajo de la Comisión de Monumento se fueron llevando adelante los tramites que llevaron a concretar el Mausoleo que hoy tenemos en la Basílica.
Se trabajó en un proyecto inicial que estuvo a cargo de Luis Gonzaga Cerrudo, el que no prospero. La Comisión de Monumentos, Lugares Históricos Nacional, mando a nuestra ciudad al Arq. O’ Conord, quien ya traía una idea de cómo debía ser la obra “un recinto cerrado en forma oval que tuviera en la parte de arriba una baranda de hierro forjado desde donde se podría mirar el mausoleo que estaría abajo y en un pedestal de mármol levantado algo del piso que sostendría en su parte superior el ataúd”, que a la postreresulto muy parecida a la obra final.
La Dirección de Arquitectura de la Provincia hace los planos, los que fueron aceptados por el cura Párroco de la Basílica padre Fiorotto, por la Comisión de Museos y Monumentos Históricos Nacional y bisados por la Asesora de Historia del Gobierno Srta. Beatriz Bosch.
Logrado esto, el 25 de abril de 1966, se abren los sobres de los oferentes presentados para la construcción de la obra. Fueron dos: Atilio Nichele y Peresson-Cimiotti, ambos locales. Recayó la elección en la empresa de Nichele.
Fue construido en el lugar donde se encontraron los restos del Gral. en el año 1951. Tiene mármoles argentinos, contando con uno central que posee un medallón de bronce del busto del Gral. Urquiza, realizado por el escultor Sr. León Nux y en la plaza se lee en letras de bronce:
URQUIZA
1801-1870
PRONUNCIAMIENTO 1851
CASEROS 1852
PRIMER PRESIDENTE CONSTITUCIONAL
DE LA REPUBLICA ARGENTINA
1854 – 1860
A los costados en otros mármoles se ven los escudos de la República Argentina y de la Provincia de entre Ríos, también obras del Sr. León Nux. Esta obra esta coronada por una artística reja realizada por el Sr. Martin Corrado. Los apliques de luz están bañados en oro y son de la casa Castriotta y Pozzetti- La empresa del Sr. Alberto Neyra pintó la nave donde se había construido el mausoleo.
El Gral. Urquiza, está acompañado en este Mausoleo por sus padres: Don Josef de Urquiza y Doña Cándida García, dos hermanos (Juan José y Matilde) y por su esposa Doña Dolores Costa.
La inauguración
Estando al principio la inauguración para el 1° de mayo, finalmente fue realizada el 7 de mayo de 1967, con la presencia del Presidente de facto, General Juan Carlos Ongania, El Gobernador de la Provincia Brigadier Fabre, el Intendente Dr. Lucilo B. López y demás autoridades.
Bibliografía: Zaffaroni, María L. “Anales” (2ª edición) y Miloslavich de Álvarez, María del C. “Los Restos del Gral. Urquiza. Construcción del Mausoleo”
Monolito que recuerda el lugar del nacimiento del general Justo José de Urquiza
Este monumento, ubicado en inmediaciones del Arroyo Urquiza (y a la vera de la Autovía Artigas, seguramente pasará desapercibido para muchos de nosotros. Fue emplazado en ese lugar decidido por Ordenanza N° 996 del 18 de septiembre de 1936 del Honorable Concejo Deliberante de Concepción del Uruguay.
Es una pirámide realizada en piedras del lugar, en la cara que da a la ruta tiene la leyenda:
“La Municipalidad de Concepción del Uruguay al Capitán Gral. D. Justo José de Urquiza”. “Nació en este sitio el 18 de octubre de 1801”
Esta placa no se encuentra en la actualidad como se puede apreciar en la imagen.
La Ordenanza N° 996, también contemplaba la reposición de la placa colocada en el año 1901 por el Magisterio de la Provincia en una casa que existía. Dicha placa expresa lo siguiente: “Al Capitán General Justo J. de Urquiza, en el sitio de su nacimiento, las escuelas primarias del Uruguay. 1801 – 18 de octubre – 1901”
El Monumento se bendice e inaugura el 18 de octubre de 1837, con un acto de grandes proporciones, estando presentes autoridades nacionales, provinciales y municipales, la Banda Militar. La Unidad Militar dispuso de automotores para el traslado de alumnos del primario y secundario. Este ejemplo es una muestra más de cómo vamos dejando en el olvido a monumentos que intentan recordar hechos de suma importancia para nuestro país, provincia y ciudad, si lo comparamos con lo que fue su inauguración hace más de 80 años.
Los discursos fueron varios: Intendente Dr. German Ravena, Prof. Raúl Fernández por Asociación Departamental de Maestros, Dr. T. Dante devoto por el Colegio Nacional, J. Hernández, representando a los alumnos del Colegio y para cerrar el Dr. Panizza, representante de la Comisión Nacional Honoraria del Palacio San José y Ex-alumnos del Colegio Nacional.
Dos anécdotas se rescatan de los discursos:
El Sr. Prof. Fernández, hace entrega de una ofrenda que tenía en custodia expresando:
“Que hacía 36 años se había realizado una excursión al mismo lugar, que muchos fueron a pie y una caravana de muchachos partieron de la ciudad con las estrellas, los mas a caballo y en carro, y en coches los privilegiados.”
Esa excursión fue organizada por los maestros que trajeron una placa, la que fijaron en un viejo Tala. Pero el Tala no ofrecía seguridad alguna y se traen la placa a nuestra ciudad y en esta oportunidad el Profesor la traía para dicho Monolito en nombre de los maestros de 1901.
Y el Dr. Delio Panizza, por su parte, se refiere a la tradición que dice que este es el lugar donde nace el Gral. Urquiza, pero en una oportunidad se escribió con Lola Urquiza de Sáenz Valiente, quien le comentaba:
“Era más o menos alrededor de 1860 y yo, niña aun, volvía con mi padre de un viaje a la Colonia San José, por el fundada. Habíamos concurrido a una fiesta de aniversario, habíamos estado en casa de Peyret, habíamos visitado las granjas y recibido grandes agasajos. Volvíamos a la ciudad del Uruguay en la volanta usual en esos años y al pasar por “Los Corrales” (hoy Villa Teresa) y donde aún existe de pie un antiguo corral de piedra, mi padre señalándome la casa, me dijo, más o menos: – “ves, hija, ahí he nacido yo”.
Esta referencia de mi propio padre, que recuerdo muy bien, me ha hecho dudar siempre sobre el sitio que la tradición ha señalado como lugar de su nacimiento EL TALAR”.
Y termina su alocución diciendo: “sea o no el sitio preciso de su nacimiento, la tradición así lo señala y los hechos y documentos que acabo de referir así lo corroboran”.
Texto: Abescat , Francisco Javier “La Ciudad Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay”
Plano de la ciudad y sus alrededores en 1930. (Imagen: Rubén Bourlot)
Con la denominación de “Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay”, utilizada en pocas ocasiones, se conoció a nuestra ciudad primitivamente; y más tarde fue citada en la misma forma por algunos historiadores y escritores.
La vieja costumbre generalizada en el país de simplificar o de inicialar parte del genérico de las poblaciones, hizo que la nuestra se conociese en diversas formas, dentro de un concepto que contribuyó a los equívocos actuales, teniendo en cuenta que el país vecino modifico el patronímico.
Analicemos, prácticamente Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay, fue fácilmente suplantada por Concepción del Uruguay y después apocopada por Uruguay simplemente que es como generalmente, aún hoy decimos.
Tan es así, que el Histórico Colegio Nacional fundado por el Gral. Urquiza, fue bautizado por su fundador “Colegio del Uruguay”. En la correspondencia oficial y particular de ese tiempo se utilizó también el “Uruguay”, y en cartas geográficas, mapas, planos, etc., se calificó de “Uruguay” o “El Uruguay”.
Respetando aquella designación, leemos en el frente del Colegio, la leyenda “Colegio del Uruguay Justo Jose de Urquiza”.
Posteriormente se generalizo el “C. del Uruguay”, hasta el punto de que, tomando esa forma oficializada por la costumbre en toda documentación, papeles de gobierno impresos, etc., la Empresa de Ferrocarriles Ingleses al construir la Estación coloco el gran letrero del nombre, los tableros de los coches de pasajeros y los estampados de los vagones, como así boletos, formularios, etc. de esta antedicha forma.
Virtualmente desaparecieron “Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay”, “Uruguay”, “el Uruguay” y “Concepción del Uruguay”.
La ciudad argentina mantuvo durante décadas, su independencia de nombre mientras el país vecino fue la “Banda Oriental”. Fueron las edades de las Provincias unidas del Rio de La Plata bajo el Triunvirato y Directorio, y de la Confederación Argentina bajo el Gobierno de Don Juan Manuel de Rosas. Luego de la Constitución de la República Argentina, organizada y sancionada bajo el Gobierno de Don Justo José de Urquiza, la Banda Oriental paso a ser “República Oriental del Uruguay” y posteriormente como actualmente “El Uruguay”.
Ahí comenzó para los argentinos del resto del país y para los extranjeros el equívoco, pues a “C. del Uruguay” y aun a “Concepción del Uruguay”, se la tuvo y se la tiene por desconocimiento lamentable, como una ciudad que pertenece al “Uruguay”, la nación limítrofe.
Con referencia a este asunto, y como iniciativa periodística destinada a la comuna y opinión pública, el Diario “El Telégrafo” de propiedad y dirección del señor Ernesto Bourband T (hoy publicación desaparecida), realizo una campaña pro-cambio de nombre de nuestra ciudad y entre sus proyectos proponía al consenso general los patronímicos de “Concepción” o “Concepción del Río” o “Concepción de Entre Ríos”. Sobre el particular no hubo novedad.
En el “Año del Libertador General San Martin-1950” el Miembro de la Comisión Municipal de Cultura don Ismael Ali Brouchoud presento un proyecto que fue aprobado por unanimidad, por el cual la Intendencia municipal debía adoptar en toda documentación, correspondencia, impresos, etc., el nombre de “Concepción del Uruguay” y no dar entradas a expedientes, solicitudes oficios, etc., que fuesen presentados con el nombre inicialado, y además gestionar ante Ministro de Transporte de la Nación, el cambio en la Estación. (Siendo estas ya de FF.CC argentinos). La resolución se cumplimentó en todas partes y el Ministerio de Transporte accedió a lo solicitado por la comuna.
Texto: Abescat, Francisco Javier, “La Ciudad Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay”, 1953
Para hablar de los italianos en Concepción del Uruguay, debemos remontarnos a la década de 1870, donde la colonia italiana crecía día a día, muchas de ellos venían desde Europa, otros desde Paysandú, y habían cruzado el río después del sitio de la ciudad uruguaya por las tropas de Venancio Flores. Dedicados a diferentes profesiones sobre todo a sastrería, la panificación y el arte de la construcción.
Acta Nº 1 de la Sociedad Italiana “La Benevolenza”
Es así, que se fue pensando en fundar una sociedad que nucleara a los italianos residentes en la ciudad. Esta idea se concreta el día 24 de mayo de 1874. Se reunieron ese día alrededor de veinte Italianos que respondieron a la convocatoria, la historia le adjudica ese relativamente bajo número a las malas condiciones climáticas de esa fecha. En esa primera oportunidad se reunieron en la casa denominada “La Bomba”. Como presidente de esa primera Comisión fue electo el Señor José Donatti. Como Secretario Aniello Giugliano, y como vocales Antonio Pirovani, Luis Scappatura, José Agnese, Horacio Giuliani, Juan Yuranice, Amborosio Lantelme, Pedro Volonterio y José Scelzi
Esta comisión tenía como cometido “Redactar un Reglamento” o “adaptar el de otra sociedad italiana a las condiciones y circunstancias locales”. Es importante destacar que en esta primera reunión no se le asigna nombre alguno a la nueva Asociación, sino que será recién en la Asamblea del 26 de junio, dónde se le asignará el nombre de “Unione e Benevolenza”.
Un mes más tarde, ya en el teatro “1º de mayo”, y con la presencia de más de 400 italianos, se lleva a cabo la primera Asamblea General Ordinaria (26/06/1874), donde se nombra la Comisión Directiva, y se aprueban los reglamentos. Esta Sociedad italiana se la denomino Sociedad Italiana de Unione e Benevolenza.
Francisco Ratto, socio fundador y presidente
El presidente, recayó la elección en Francesco Ratto y como vicepresidente fue electo Juan Fossati.
Diversas circunstancias producen un desdoblamiento de esta sociedad quedando por un lado “Unione e Benevolenza” y por otro “Italiani Uniti”, quien tendría como presidente a Francisco Ratto.
Al año siguiente este desdoblamiento se deja de lado, pero los volvería a separar la imposición del nombre.
En efecto el 18 de abril de 1875, se reúnen las Comisiones Directivas de ambas entidades y resuelven “Refundir” a las dos asociaciones existentes, para lo cual se nombra una Comisión que tendrá como fin “…redactar un estatuto básico de la nueva sociedad, cuyo nombre sería aprobado por una asamblea de ambas asociaciones reunidas, (…) pero teniendo en cuenta que ambas desistían de imponer a la nueva entidad el nombre de una de sus componentes”. Esa Comisión “conciliadora” estuvo integrada por Donatti, Sartorio, Volonterio, Ratto, Scappatura, Sobrero, Fossati, Francioni y Sartorio.
Esta Comisión, se pone de inmediato a trabajar, y tomando como base el estatuto de “Italiani Uniti”, finalmente y luego de varios días de trabajo, queda redactado el nuevo Estatuto que tendría 39 artículos y, a indicación de su presidente Giuseppe Donati, se denominará de ahora en más “Benevolenza degli Italiani Uniti”. Demostrando un avance respecto de esos tiempos, el Art. 7 expresaba que “”La madre, esposa e hija del socio podrán formar parte de la sociedad con igualdad de derechos”.
Todo lo actuado por la comisión “conciliadora” fue aprobado el 6 de junio de 1875 por la soce9dad “Italiani Uniti”, pero no lo fue por la “Unione y Benevolenza”, quien en la reunión del 30 de mayo, si bien aprobó el nuevo reglamento no se mantuvo firme en que la nueva sociedad debía llevar su nombre, a contrapelo de lo resuelto en la reunión del 18 de abril de ese mismo año
Pasaron cuatro años y se lleva a cabo una nueva Asamblea, el 26 de setiembre de 1880, donde se forma una nueva comisión presidida por Pietro Riva y el nombre aceptado fe “La Benevolenza”.
Como toda sociedad de socorros mutuos, uno de los objetivos fue ofrecer atención médica y farmacia. También se ofreció servicio fúnebre completo (cajón, carro fúnebre y carroza) y educación, contando con una escuela en la sede.
La sede social.
La primera inversión sobre inmuebles fue realizada el 7 de octubre de 1875, cuando se adquirió la casa de Fortunato Falchi, ubicada en la calle Real, por la que se pagó la suma de 933 pesos al contado. No obstante, con el objeto de aumentar los recursos de la Sociedad, la casa fue alquilada a don Alfredo Parodié, vicerrector del Colegio, por 30 pesos mensuales, Además, la institución poseyó otra propiedad, ubicada en calle San José (hoy Tibiletti), donde por varios años funcionó la sede social. Muchos años después, en 1888, por iniciativa del consejero Natale Pelletti, se resolvió la adquisición de un terreno ubicado en la calle 3 de Febrero, entre las actuales calles Sarmiento y Almafuerte.
Carlos Gatti, propuso la construcción de una nueva sede social
Ya en el año 1893, surgía la idea de construir un edificio para que en el funcione definitivamente la sede social. En la asamblea realizada el 10 de septiembre de ese año, el señor Carlos Gatti, que terminaba de ser electo vicepresidente, pide a la asamblea que autorice a la Comisión Directiva para formalizar los trámites para la “…construcción de un nuevo edificio social con las comodidades inherentes al rango de la sociedad, autorizando a vender propiedades” y a vender “…las cedulas hipotecarias para destinar los recursos a tal fin”. Esta propuesta fue aprobada por unanimidad.
En la asamblea realizada el 21 de marzo de 1897, y a propuesta del socio Domingo Yannielli, se aprueba por unanimidad que ésta dote de amplios poderes a la Comisión Directiva para elegir el terreno dónde se construiría la nueva Sede.
El 26 de diciembre de 1897, se realiza una nueva asamblea, ésta muy numerosa, con 138 socios presentes, dónde luego de una prolongada discusión, se resuelve nombrar una comisión de 7 socios, que tendrá como fin la concreción de la idea del nuevo edificio y también tendrá facultades para vender bienes sociales y emitir acciones para destinar los fondos al objetivo de la construcción de la sede social. La comisión, electa en la misma asamblea, quedo integrada por Octavio Cometta, Francisco Ratto, Francisco Franceschi, Bautista Sai, Juan Manzini, Carlos Canavessi y Antonio Colombo. Posteriormente, el 4 de enero de 1898 se nombra presidente de la comisión a Francisco Franceschi y se la autoriza a funcionar en la sede socila para sus deliberaciones. Como vice es designado Francisco Ratto, como tesorero Antonio Colombo y como secretario Julio Cometta (8 de julio de 1898).
No fue inmediato seleccionar un lugar para construir el nuevo edificio ni obtener los fondos necesarios para ello, recordemos que la sociedad tenía dos posibles lugares, el terreno de calle 3 de febrero y la casa de la calle Tibiletti. A esto se sumó la oferta, tratado en la reunión del 22 de enero de 1989 del señor Carlos Canavessi de vender su terreno frente a plaza Ramírez, cosa que finalmente no prosperó, a pesar de que muchos socio lo veían como algo muy positivo para la institución.
Entre las acciones para obtener fondos se dispuso que se realizara una rifa de 800 números que tendría como premio la casa de calle Tibiletti y se vendería al costo el terreno de calle 3 de Febrero. Luego de varia postergaciones, y a pedido del socio Bautista Sai, en la asamblea del 25 de agosto de 1898 se resuelve suspender la rifa ya que solo se habían vendido 328 números. Respecto del terreno, solo se había recibido una oferta, la que fue rechazada por inconveniente (22 de enero de 1898).
En 1898, después de superar ciertos inconvenientes financieros y aun criterios dispares dentro de la Comisión Directiva, se decidió llevar adelante la construcción del edificio actual. Ello significó la desestimación de la opinión de algunos asociados que sostenían que el lugar era inadecuado, porque su ubicación “no respondía a la importancia de la Sociedad, y, por lo tanto, no merecía gastarse en ese lugar el tesoro social acumulado durante veinticinco años”. En efecto en la reunión realizada el 25 de julio de 1899 se resolvió aprobar la nota presentada por la “Comisión de edificación” determinando proceder a la edificación de la sede en el terreno de calle 3 de Febrero, “sin jardín en el frente, con un salón en el piso superior, largo total 21,75 por 10 metros”, realizar los planos correspondientes y Realizar la colocación de la piedra fundamental el 10 de agosto de ese mismo año. La propuesta fue aprobada por la Comisión Directiva con la sola oposición de Francisco Ansaldi que expreso que “hubiese deseado que la casa social se construyera en un lugar más céntrico, lo que se hubiera logrado si la Comisión Edificadora hubiera aplicado mayor empeño en encontrarlo”
No obstante haberse aprobado el proyecto, y en función del pedido de 86 socios, se lleva a cabo una reunión extraordinaria el 31 de agosto de 1899 para tratar la nota elevada por quienes se oponían al proyecto. En ella se hacía el pedido de que se convocase a una asamblea extraordinaria para que trate la posibilidad de que no se construya el edificio en calle 3 de febrero. La nota, avalada como se dijo por 36 firmas, decía lo siguiente, “1º No somos de la opinión de que se construya el edificio social en el terreno de la calle 3 de Febrero, porque esa ubicación, no responde a la importancia de la sociedad, y no merece gastarse en ese lugar el tesoro social acumulado durante 25 años siendo un lugar que desmerece completamente y sin ninguna esperanza, o remota, de una posible valoración; 2º Que en tal decisión de la Comisión Edificadora no se ha tenido en cuenta para nada la opinión de 400 y más socios; 3º Que la decisión de la misma carece de valor en cuanto por la muerte de su vicepresidente Francisco Ratto, no podía legalmente reunirse y tomar la decisión que adoptó, porque actualmente está reducido el número de sus miembros a seis, no habiendo la Asamblea nombrado sustituto”.
También se oponían al “gasto de 500 pesos presupuestado para celebrar las bodas de plata de la sociedad puesto que el día de la fundación no es el veinte de septiembre”.
Para tratar estos temas se convocó a una asamblea extraordinaria que se llevó a cabo el 4 de septiembre y contó con la presencia de 116 socios. En la misma se aprobó que la celebración de los 25 años de la sociedad se celebrara el 20 de septiembre como estaba previsto y, a pesar que gran parte de los firmantes de la nota pidiendo que la nueva sede no se construyera en el lugar previsto, no hay mención de que eso hubiera sido tema de debate, evidenciando que los opositores habían modificado su opinión.
Ellos querían que el edificio social se levantara frente a la Plaza Ramírez, máxime que se había recibido una oferta del socio don Carlos Canavessi, poniendo en venta un terreno de su propiedad justamente en esa ubicación. Finalmente, privó el criterio que ya hemos señalado y poco después comenzó a levantarse el edificio de “La Benevolenza”, en el terreno ubicado en calle 3 de Febrero.
Luego de esas turbulencias, finalmente el proyecto fue aprobado y el 20 de septiembre de 1899 en un gran acto es colocada la piedra fundamental de la nueva sede social. El acto se llevó a cabo a las 10 de la mañana, fueron padrinos la señora Rosa Risso de Scelzi y Miguel Ricardini, en su calidad de Cónsul de Italia, además, estuvieron presentes los miembros de la Comisión Directiva, encabezada por su presidente Luis Delfino y sus vicepresidentes 1º y 2º, Domingo Yannielli y Severio Barone, además de los miembros de la Comisión pro-edificio. Entre los presentes se hallaban los integrantes de la Comisión de las fiestas del 25º aniversario y casi todos los socios de la entidad.
José Scelzi, socio fundador e impulsor de la sociedad y del nuevo edificio
Acto seguido se procedió a firmar el acta por todos los presentes y depositarla en un cofre de plomo junto a los estatutos de las dos sociedades anteriores junto con diversos objetos como ser monedas, medallas y otros elementos llevados por lo asistentes al acto. El cofre fue enterrado dentro de la piedra angular del edificio, el que “fue sepultada solemnemente en medio de un profundo silencio y de las honda emoción circundante”. A su término, dirigió unas palabras el Dr. José Scelzi uno de sus más entusiastas impulsores. Es de destacar que al momento de la colocación de la piedra fundamental, ya se habían comenzado los trabajos del nuevo edificio y ya se encontraban cavas las fundaciones y levantados los marcos de las aberturas y se comenzaban a levantar ya algunas de sus paredes.
Finalmente se pudo concluir con la construcción, que había comenzado en 1898, bajo la presidencia de Luis Delfino, el nuevo, y actual edificio de “La Benevolenza” fue inaugurado el último día del año 1900, con lo que conjuntamente se celebró la iniciación del nuevo siglo.
Texto: Civetta, María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuentes: Urquiza Almandoz, Oscar, “Historia de Concepción del Uruguay”, Tomo III y “Bodas de diamante de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos “La Benevolenza””, editado por su Comisión Directiva, 1949
Vista de la Basílica con sus dos torres-campanarios con sus respectivas campanas (Foto: Jorge Duarte)
Probablemente no lo sepas, pero las campanas de la basílica, tanto las viejas, de la época de su construcción (1859), como las nuevas (2014) tienen nombre.
Desde sus orígenes, el templo basílica de la Inmaculada Concepción, cuenta con campanas, si bien no tuvo originalmente las torres-campanario, que fueron agregados al templo original en los trabajos realizados entre 1920 y 1930 y, en una de ellas, la ubicada al norte de la Basílica se ubicaron las tres campanas originales. Ahora, con tres campanas más que se sumaron desde su última puesta en valor, serán seis los instrumentos de bronce sonoro, que convocarán al pueblo cristiano para la asamblea litúrgica y celebrarán los principales acontecimientos de la comunidad local desplegando su llamado al viento.
Históricamente, la Iglesia ha guardado la tradición de otorgar nombres a las campanas, como una forma de honrar el nombre de la Virgen y/o de santos, como de personas que han contribuido al crecimiento del Reino de Dios entre los hombres, Dice la tradición que las viejas campanas de la torre norte, fueron llamadas con los nombres de: “La Misionera”, con data en 1727, “La Justa” donada en mediados del siglo XIX por Doña Dolores Costa de Urquiza y “La campana del General”, entregada por el Presidente Justo José de Urquiza al momento de inaugurarse el edificio.
Siguiendo la tradición, se otorgó nombre a las nuevas campanas, intentando de esta manera homenajear a aquellos hombres que acompañaron el hacer no solo religioso, sino también al origen e historia de esta ciudad. Pero, particularmente que fueron parte del nacimiento de la Parroquia de la Inmaculada Concepción. Atentos a la documentación existente y al relato de diferentes historiadores locales, se propusieron distintos nombres, resolviéndose bautizar a cada uno de estos instrumentos con nominaciones de tres hombres íntimamente relacionados con la génesis parroquial.
Por ende, se confirió a la campana mayor de la torre sur el nombre de Don Tomas de Rocamora, quién como comisionado del Virrey del Río de la Plata, Juan José de Vértiz y Salcedo no solo funda la ciudad el 25 de junio de 1783, sino también intercedió ante él para que la villa llevará en su denominación el nombre de la Patrona de la Parroquia: la Purísima Concepción; llamar a la campana menor ubicada a la derecha de la campana mayor con el nombre de Don León Almirón, lugareño de la Villa del Arroyo de la China, que hacia 1778 solicitó a las autoridades virreinales la autorización para levantar una capilla (hoy templo basílica de la Inmaculada Concepción); y finalmente conferir a la campana menor ubicada a la izquierda de la campana mayor el nombre del sacerdote franciscano Fray Pedro de Goytia, primer sacerdote designado oficialmente a cargo de la capilla por el Cabildo de la Catedral en Sede Vacante de Buenos Aires con “todas las facultades parroquiales, cargos, cargas, gravámenes y obligaciones comprendidas y expresadas en el ritual romano de Paulo V y a las que se añade la novísima declarada por la Santidad de Benedicto XIV…” según dice el Libro 1 del Archivo Histórico de Templo Basílica de la Inmaculada Concepción. (Fuente: Adrián Bertolyotti )
El 14 de agosto de 1950, se sanciona la Ordenanza 1413, por la cual se denomina “Año del Centenario del Pronunciamiento” y se dispone el levantamiento de un monolito recordatorio en Plaza Ramírez, homenaje de los trabajadores.
El 1 de mayo de 1851, se lee el Bando del Pronunciamiento, en presencia del Gobernador de la Provincia el Gral. Justo José de Urquiza. Fue leído por el Escribiente 1° de la Jefatura de Policía Juan Andrés Vázquez y a continuación se leyó en diferentes lugares de la ciudad a cargo del Oficial del Ejercito Entrerriano Pascual Calvento. Se festejó en la plaza con desfile militar y diversas actividades.
Cuando se inaugura el Monolito, se hace un acto sencillo con la presencia del Intendente Municipal D. Juan Antonio Sansoni, secretario Gral. De C.G.T. Don Patricio González, de la A.T.E., cuyo representante era Juan Ramón Lima y delegaciones de diversos gremios y autoridades invitadas.
Este Monolito se ubica en Plaza Ramírez en la esquina de calles Galarza y Eva Perón.
(Fuente: Abescat, Francisco, La Ciudad de Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay, 1971)
La Escuela Avellaneda a principios del Siglo XX. Observe el molino que sobresale a la fachada del establecimiento y la fuente en el lugar que hoy ocupa el monumento a San Martín.
El 20 de abril de 1888, a solo tres meses de haberse dispuesto su creación, la nueva Escuela Graduada de Varones, hoy “Nicolás Avellaneda” inauguró sus cursos en presencia de autoridades locales. La casa que se destinó para su funcionamento, fue la que ocupara el telégrafo provincial y estaba por entonces destinada a dormitorios de “La Fraternidad” (Luego Maternidad Piñón).
Esta circunstancia y la de no tener el Consejo local material alguna para empezar su instalación de inmediato, postergó su apertura oficial. El Ministro de Instrucción Pública de la Nación, a pedido del Director cedió los pupitres necesarios que fueron sacados entonces del Colegio Nacional, por renovación de gran parte de su material, eran los viejos pupitres de la época de histórica.
Su primer personal fue el siguiente: Director: Profesor Sr. Justo V. Balbuena. Vicedirectora: Maestra Normal Srta. Vicenta Rosa Colombo. Maestras normales: Srtas. Cecilia Sartorio. Laura Provenza. Ángela Briozzo. Alcira Hiriart. La escuela funcionó sin tropiezos, no obstante haber transcurrido todo el año 1889, sin que su personal percibiera un centavo de sus haberes, lo que ocurrió con todas las escuelas del departamento y gran parte de las de la provincia.
El director renunció en marzo de 1890 para ocupar el cargo de la Vice Dirección de la Escuela Normal, con retención de su cátedra en el Colegio, después de haber hecho pagar a todo el personal del departamento, sus haberes correspondientes al año atrasado, mediante la eficaz influencia del entonces senador del departamento y presidente del Consejo local Sr. Benito E. Pérez.
Los directores que se sucedieron fueron: Domingo Plandolit, Laura Ratto, Francisco Heredia, Arturo Melo. Belisario Flores, Antonio Rodríguez, Juan Carponi Flores, Matilde Pérez de Fernández, Aurora Naveira, Francisca Plazaola de Mangia. De entonces hasta 1902, la escuela fue ocupando diversos locales.
En el año 1.897 se le otorga el nombre y categoría de “mixta” y de “superior” y con los grados establecidos de 1° Inferior a 6° y el primero de enero de 1903, se inaugura el nuevo edificio en el que actualmente se desarrollan las actividades, siendo su dirección calle Onésimo Leguizamón N° 337. El 28 de Marzo de 1901 Se iniciaron los trabajos de construcción de la Escuela Nicolás Avellaneda, en el predio que fuera, originalmente, destinado a la Plaza Rocamora, delimitada por las actuales calles Congreso de Tucumán, Artusi, Estrada y Onésimo Leguizamón. La empresa constructora de la escuela previamente de iniciar las obras desenterró del sitio la caja que fuera colocada en oportunidad de la inauguración de la Plaza Rocamora, la que contiene documentación alusiva, la que fue entregada a la Municipalidad local.
En ocasión de celebrarse los 75 años de la creación de la escuela, en 1963, la señora Ofelia Deut de Correa, leyó los versos de lo que sería, luego, el himno de la escuela, la obra de la que ella era la autora se llamaba “Canto a la Escuela”.
Algunos alumnos destacados: Julián Martínez, Benigno Teijeiro Martínez, Simón Toledo Osvaldo Fernández, Benjamín Piñón, José Haedo, Juan Piñón Dionisio Bodega, Francisco Martínez, Emilio Ricciardi e Ismael del Sel.(Abescat, Francisco, “Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay” y diario “La calle 20/04/1963)
Vista del edificio de la Policía de Entre Ríos, al fondo puede verse la cárcel pública.
Este edificio que data del año 1875, fue diseñado por el Arq. Bernardo Rígoli quién, además, fue el realizador de la Escuela Avellaneda en Concepción del Uruguay y de la Casa de Gobierno en Paraná, entre otras obras. Su fachada es muy similar a la de las Jefaturas Departamentales de las ciudad de su diseño es similar al de las Jefaturas de Gualeguaychú y La Paz. Hasta las primeras décadas del siglo XX, en la parte de este edificio que da a calle Alberdi (esquina con Moreno) funcionaba la cárcel pública. La cárcel contaba con 3 plantas que fueron demolidas al trasladarse ésta a su actual ubicación.