Hallazgo de los restos del general Justo José de Urquiza

Los restos del general Urquiza son depositados en el nuevo féretro.

El Prof. Oscar Urquiza Almandóz, narra en el Tomo III de su “Historia de Concepción del Uruguay”, los pormenores del traslado de los restos mortales del Gral. Urquiza, a la Basílica de la Inmaculada Concepción, el día 25 de agosto de 1871, luego  de permanecer los mismo más de un año en el panteón familiar en el cementerio local.

Luego de los trámites realizados por Dolores Costa ante las autoridades eclesiásticas, policiales y civiles, se realiza el traslado de los restos y efectúa una  ceremonia con la presencia de familiares y amigos. Los restos fueron depositados en una cripta que el mismo Urquiza había hecho construir para sus padres y hermanos.

La viuda hizo colocar una placa de mármol en la nave izquierda, sobre la que se suponía era la cripta, que dice:

“R.I.P.

AQUÍ YACEN LOS RESTOS MORTALES

DEL

EXMO. SR. CAP. GRAL.

DON JUSTO JOSÉ DE URQUIZA

1er PRESIDENTE CONSTITUCIONAL

DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE ENTRE RIOS

QUE MURIÓ ASESINADO

EL 11 DE ABRIL DE 1870 A LA 7 1/2 DE LA NOCHE

EN SU PALACIO SAN JOSÉ

A LOS 69 AÑOS DE EDAD

SU AMANTE ESPOSA E HIJAS

LE CONSAGRAN ESTE TRISTE RECUERDO”

Durante muchos años se le rindió homenaje al prócer junto a esta placa, pero nadie sabía si el féretro estaba detrás o debajo de la misma, o en la base de alguna columna o debajo de algún altar. Había, por lo tanto, diferentes versiones sobre dónde estaban realmente los restos del general Urquiza.

En 1901, para el centenario del nacimiento del Gral. Urquiza, se realizaron investigaciones al respecto que estuvieron a cargo del entonces Presidente Municipal Don Wenceslao Gadea, quien no tuvo el apoyo de la iglesia y no se llegó a buen fin.

Años más tarde toma la posta el Director entonces del palacio San José, Don Antonio P. Castro, quien comprueba que el cuerpo de Urquiza no se encontraba detrás de la lápida, ni debajo, ni en la columna, ni debajo del altar. Solo quedaba la cripta subterránea. Lugar casi inaccesible físicamente y por no contar con el apoyo eclesiástico. Pero en aquellos tiempos, se pudo mirar el interior, sin bajar, y no se divisó nada, siguiendo con la gran incógnita.

En la mitad del Siglo XX, precisamente el día 6 de octubre de 1951, y con la presencia de familiares descendientes del Gral. Urquiza (Campos Urquiza y Sáenz Valiente), se reanuda la búsqueda. Se examina la bóveda, y se descubre que una de las paredes no era tal, sino un tabique. Se realiza una perforación donde se pueden ver ataúdes y restos semis destruidos por el tiempo y la humedad. Estos fueron rápidamente identificados por contar con placas de bronce. En esa oportunidad, no se toca nada.

Las personas que protagonizaron este hallazgo dan cuenta a la Comisión de Museos y Monumentos Históricos, solicitando la intervención ante la Iglesia de Concepción del Uruguay a efectos de verificar la existencia de los restos del Gral. Urquiza.

Esto se llevó a cabo el día 6 de octubre de 1951, donde se labra una extensa acta donde consta lo encontrado y su estado. Describen el ataúd que guarda los restos del Gral. Urquiza, cuyos restos fueron examinados por los doctores Gracia y Castro O´ Connor, quienes lo reconocen, mediante comparación de la foto y mascarilla existente. El Acta levantada en la oportunidad dice textualmente lo siguiente (A pesar de su extensión, se trascribe en su totalidad por lo interesante de los detalles que narra la misma): El Acta levantada

El 6 de octubre de 1951 se constituyó en la Iglesia Parroquial de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, la Comisión Especial designada por la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos, juntamente con los señores, descendientes del general Urquiza, Fiscal General (R) doctor Luis María Campos Urquiza y don Francisco J osé Sáenz Valiente, Cura Párroco de la Iglesia, presbítero Zoilo Nicanor Bel, Juez Nacional de Primera Instancia, doctor Ventura Ramón Ojeda Fevre, doctores en medicina Ricardo Castro O’Connor y Oscar E. García, designado éste como legista por el señor Juez Nacional, Director del Palacio San J osé, don Manuel F. Macchi, Administrador del mismo, don Tomás Castagnino, Secretario del Colegio Nacional del Uruguay, don José Maria Nadal, don José A. S. Nadal Sagastume y don Enrique Federico Fuchs. La parte pertinente del Acta está concebida en estos términos: “. . . levantaron la losa de mármol exterior… que cubre la entrada de una cripta que resultó medir 4,50 por 2, 55 metros y 2,55 de alto, con paredes revocadas en cal, saturada de humedad. Descendiendo a la misma los señores arriba nombrados, se procedió a demoler el tabique descubierto por los señores Campos Urquiza y Sáenz Valiente (…) encontrándose dos ataúdes y varios restos humanos (huesos), así como restos de maderas y metales. Uno de los ataúdes está a nivel del suelo, en una elevación de 0, 20 cuya tapa de madera ha desaparecido por la acción de la humedad, y que se supone contener los restos de don Juan José de Urquiza, hermano del prócer, según se desprende del acta de exhumación de los restos de la familia labrada en Buenos Aires con fecha 2 de mayo de 1860, cuyo original se encuentra en la Iglesia Parroquial de esta ciudad, y de una placa con este nombre. También se hallaron entre los escombros de madera dos pequeñas chapas de metal con los nombres de “Cándida Garcia de Urquiza” y “José de Urquiza”, padres del prócer, lo que hace suponer que corresponden a los restos humanos arriba citados, cuyas urnas de madera han sido destruidas por la acción del tiempo y la humedad, a que también se refiere el acta de exhumación citada precedentemente. Asimismo se hallaron tres vasos votivos, de metal, con sus respectivas tapas y numerosos herrajes, cerraduras, manijas y otros adornos. Sobre dos barras de hierro cuadrangulares de tres centímetros de espesor, colocadas paralelamente detrás del tabique demolido y a un metro de altura del piso, se encontró asentado en ellas un ataúd cuya caja exterior de madera había desaparecido por la acción del tiempo y la humedad, por lo que se presentaba a la vista con una cobertura total de plomo. Se procedió a descenderlo. Enseguida se abrió la plancha de plomo que lo recubría, apareciendo una caja de madera de ocho centímetros de espesor. Levantada la tapa de ésta se encontró el ataúd, sobre cuya tapa de madera se hallaba una cruz de metal y una placa grande, también de metal, con la inscripción de “Gloria Deo”. Desclavada esta tapa de madera, apareció una caja de zinc, dentro de la cual se hallaba un cadáver cubierto con una mortaja, ésta última en excelente estado de conservación. Apartada ésta, se vio que el cadáver estaba reducido a estado esquelético, hallándose vestido con pantalón de brin, camisa, chaleco, saco, medias de lana y botines de color negro con elásticos en la parte superior, todo en bastante buen estado. Inmediatamente los doctores Castro O’Connor y Garcia efectuaron el examen médico legal de los restos, con el siguiente resultado: cadáver de sexo masculino, de una altura de 1,68 a 1,70 metros, según las tablas antropométricas de Rollet para esqueleto y concordante, aproximadamente, con la medida que se tomó desde los tales al hueso dejado por el cráneo en el cabezal de la mortaja. Cadáver de unos 80 a 100 años de antigüedad, a juzgar por la desaparición total de las terceras falanges de los dedos de las manos. Sobre el fondo de la mortaja se observa la presencia de grandes cúmulos de cabellos largos pertenecientes a las zonas occipital y parietal izquierda, de color castaño. El cráneo se hallaba inclinado hacia la derecha y el maxilar inferior desarticulado. Tomándose con las manos dicho cráneo, se observa que el maxilar superior izquierdo había desaparecido casi totalmente, (…) y unas pequeñas zonas de su articulación con el molar (…);el seno maxilar se hallaba totalmente abierto en su cara anterior y hacia la boca. Presentaba, además, una destrucción de la apófisis pterigoides izquierda del esfenoides. En el maxilar superior derecho se encuentra solamente el segundo molar en el maxilar inferior, portador de una prótesis de caucho rojo conteniendo dos incisivos centrales y el lateral izquierdo y que estaba sujetada por orificios en donde penetraban el canino, primer premolar y el segundo molar; en dicha mandíbula estaban in-situ: incisivo lateral derecho, primer molar derecho, segundo molar derecho y en el lado izquierdo sólo el primer premolar. Algunas piezas dentarias se desprendieron al levantar el cráneo. Resto del cráneo: normal. No se halló proyectil alguno, ni incrustado en los huesos craneanos ni en el interior del cráneo, pero en el fondo del cajón debajo del cráneo se halló una prótesis metálica superior portadora de los incisivos centrales , con su lado izquierdo deformado a al altura exacta de la perforación traumática del maxilar superior correspondiente. El examen del atlas, muestra a esta vértebra dividida en dos, pero por origen destructor del tiempo. En costillas no es dado observar impresión alguna de arma blanca. El resto del esqueleto no presenta particularidad alguna. El cadáver se hallaba vestido en su tronco, con el miembro superior derecho colocado en la manga correspondiente, y el izquierdo suelto, viéndose la manga de ese lado cortada en toda su extensión. Del examen del cadáver se desprende que pertenece a un hombre adulto que ha sufrido un traumatismo por herida de bala en el maxilar superior izquierdo, de trayectoria al parecer recta, que no ha penetrado en la cavidad craneana. Dicha lesión concuerda en un todo con la fotografía del cadáver que nos fueron exhibidas como del General Urquiza y con la mascarilla del mismo, existente en el Palacio San J osé y las prótesis dentarias guardadas en dicho Monumento Histórico, también concuerdan con las prótesis hallada en el cadáver y la falta de piezas dentarias en los maxilares. En conclusión, los presentes manifestamos: que los restos del cadáver examinado, pertenecen al Capital General don Justo José de Urquiza, en virtud de razones médicas, históricas y familiares, dejando así cumplida la misión que se nos recomendara (…) “y para mayor seguridad se clausuró la lápida con una faja debidamente rubricada (…)”.

Habían pasado ochenta años del traslado del cuerpo de Urquiza y el misterio quedaba develado.

Cuatro años más tarde el Gobierno adquiere un féretro nuevo para nuestro caudillo, el mismo fue comprado en Casa Mirás de Buenos Aires a un costo de $ 23.000. Al tratar de pasar los restos al nuevo cajón se encuentran con que los huesos estaban pegados a las telas que pertenecían la uniforme, tenía medias de lana y bota de cuero, se lavan los huesos y se arma el esqueleto.

Bibliografía: Urquiza Almandóz, Oscar, “Historia de Concepción Del Uruguay” (Tomo III) y Miloslavich de Álvarez, María del C. “Los Restos del Gral. Urquiza. Construcción del Mausoleo”

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