Bernardo Victorica: Un pintor olvidado

Bernardo Victorica: Un pintor olvidado

Nadie puede dudar de la decidida protección brindada por el General Justo José de Urquiza a las más diversas manifestaciones del espíritu. Y, entre ellas, la pintura. Varios fueron los pintores de estimables condiciones artísticas que se acercaron a Urquiza y recibieron de él no sólo el estímulo moral sino también el apoyo material, tan necesario en muchos casos, para que las aptitudes artísticas puedan desarrollarse-

Y ello constituyó una circunstancia feliz para la historia de Concepción del Uruguay, pues algunos de esos pintores vivieron y desarrollaron su actividad, al menos por algún tiempo, en esta ciudad. Los más importantes fueron, sin duda, el uruguayo Juan Manuel Blanes, el francés Amadeo Gras y el porteño Bernardo C. Victorica. Me referiré a este último, a quien Mariluz Urquijo llamara con razón: el pintor olvidado.

Bernardo C. Victorica

Por diferentes razones los tres hermanos Victorica que estuvieron radicados durante varios años en Concepción del Uruguay, han inscripto su nombre en la historia argentina: Benjamín, jurisconsulto y militar; Julio, periodista y diplomático; y Bernardo Cornelio, pintor y fotógrafo. Fueron hijos de Bernardo Victorica, que cobrara notoriedad como jefe de policía durante el gobierno de Rosas, y de Juana Vivanco. Quien llevara el nombre de su padre, fue el mayor de los hermanos, ya que había nacido en Buenos Aires en 1830.

Hizo sus estudios en el Colegio Republicano Federal, donde fueron sus maestros de dibujo y pintura Juan L. Camaña y Eustaquio Carrandi. Después de Caseros se trasladó con su familia a Concepción del Uruguay, donde estableció su taller. En 1860, sabedor de sus aptitudes artísticas, Urquiza lo hizo designar profesor de dibujo en el histórico Colegio del Uruguay. Dos años después, inauguró la “Fotografía del Uruguay” donde por casi una década combinó los recursos del arte pictórico con el procedimiento mecánico de la fotografía.

En efecto, en diciembre de 1862, abre sus puertas la “Fotografía del Uruguay” propiedad del Sr. Bernardo C. Victorica ofreciendo “tarjetas y álbumes para colocarlas” funcionando primeramente en la casa de comercio del Sr. Pedro M. Irigoyen sobre la calle Urquiza a una cuadra al norte de la plaza principal”,

Posteriormente se muda frente a la Plaza General Francisco Ramirez (octubre de 1863) y en abril de 1863 se encuentra instalada en calle Del Comercio (actual Rocamora) a una cuadra al oeste del “Mercado”, esquina Paraná ( actual Congreso de Tucumán) frente a la casa de comercio de Darío del Castillo.
Este “salón fotográfico” (así se lo denominaba) es puesto en venta en febrero de 1869 con motivo de ausentarse de la ciudad su dueño quién publica en el Periódico El Uruguay del 13 de febrero de ése año el siguiente aviso:
“Fotografía del Uruguay”: quién se interese en su compra puede tratar con él (se refiere a Bernardo Victorica) en el teatro 1º de Mayo desde las 6 AM a las 4 PM. Se avisa que se venderá por menos de su valor y en términos ventajosos para el comprador, para no contrariar al propietario de la casa que me apura para que la desaloje….”

Pronto fue reconocido como un artista de mérito y su pericia solicitada con frecuencia, cuando era necesaria la tasación de alguna obra de arte. Su fama trascendió los límites de la provincia, a tal punto que se le requirió desde Buenos Aires para que realizase el
decorado del telón de boca del antiguo teatro Colón, ubicado por ese entonces frente a la Plaza de Mayo.

Por ello debió alejarse de nuestra ciudad, para radicarse en Buenos Aires, a fin de realizar la tarea que se le había encomendado. Lamentablemente, mientras llevaba
adelante su labor, tuvo una conmoción cerebral que produjo su deceso el 20 de noviembre de 1870 cuando sólo contaba cuarenta años de edad.

Su labor en la ciudad

Entre la producción pictórica realizada por Victorica, durante su residencia de casi veinte años en nuestra ciudad, puede mencionarse el retrato del general Manuel Antonio Urdinarrain, que se conserva en el Museo Histórico Nacional. A pesar de su objetable perspectiva y de cierta debilidad en el dibujo, traduce con acierto la contextura espiritual del retratado. Urdinarrain, un manojo de nervios y músculos en tensión, parece haber aprovechado para posar en el alto de una marcha y se diría que espera impaciente el término de la sesión, para volver a saltar sobre el caballo y ponerse al frente de los soldados que lo esperan al fondo del cuadro.

Dos pequeños óleos, algo deteriorados y con el color empañado por los años, se conservan en el Museo Andrés García, de nuestra ciudad. Son ellos el retrato
del teniente coronel Mariano Troncoso, correcto y bien delineado, y el de su hija María Dolores. Este último fue comenzado después de la muerte de la niña y debió ejecutarse en pocas horas, bajo el apremio de la próxima descomposición del cadáver. La pequeña modelo, reclinada sobre una almohada, mira hacía lo alto con expresión grave y serena, mientras ofrece en una mano la flor de la inocencia.

Otra obra interesante nacida del pincel de Victorica fue la titulada “La patria en peligro”. cuyo paradero actual se desconoce. Pero una antigua fotografía de este cuadro permite calificarla como una obra romántica, en la que, mas allá de toda mesura, el artista recurre al contraste estridente que llega directamente al alma popular, a la metáfora inflamada que golpea a la sensibilidad antes que a la razón. En medio de su turbulencia, “La patria en peligro” refleja con sinceridad una arraigada idea del autor, que marcaría todos los actos de su vida: la necesidad de terminar con las discordias civiles que ensangrentaban el país e impedían su progreso.

La permanencia de Bernardo C. Victorica en Concepción del Uruguay se prolongó hasta 1869, lapso en el cual realizó una vasta labor que habrá de culminar con la decoración del teatro “1° de Mayo”, levantado frente a la plaza Ramirez.

El Teatro “1° de Mayo”

El 21 de noviembre de 1867, aniversario de la gloriosa jornada en que el pueblo uruguayense rechazó la invasión porteño-correntina de 1852, se colocó la piedra fundamental de lo que, al poco tiempo, sería el teatro “1° de Mayo”. Tanto la iniciativa como la financiación de la obra estuvieron a cargo de la Asociación Promotora del Progreso, con algún apoyo oficial.

La construcción del edificio se realizo aceleradamente, pues estuvo listo para la inauguración un año después de la colocación de la piedra basal. Contó con una capacidad para 450 personas, con la siguiente distribución: 200 plateas, 16 palcos altos, 16 palcos bajos y paraíso con 120 asientos. Constituía una hermosa concepción arquitectónica para su medio y en su tiempo. Pero el buen gusto y la expresión estética no estuvieron referidos únicamente al edificio en sí, sino también a su ornamentación.

Elogiosos comentarios

Y en ella mucho tuvo que ver Bernardo C. Victorica, quien fue el encargado de decorar el interior del edificio y pintar las escenografías.

Las crónicas de la época elogiaron particularmente los adornos del cielorraso, en el que se destacaba un ángel cubierto con una túnica transparente, cuya carne parecía palpitar a la luz de los reverberos.

Como bien lo ha señalado Mariluz Urquijo, aunque no hubiera otros motivos, el nombre de
Victorica merecería ser recordado por haber sido el primer pintor argentino que, sin limitarse a la pintura de caballete, intentó con éxito la decoración de grandes superficies murales. Pero, como suele ocurrir, ni los uruguayenses de aquel tiempo ni los de hoy, han tomado debida nota de que un pintor criollo, llamado Bernardo C. Victorica, que vivió en nuestra ciudad por casi dos décadas, superaba a muchos de los pintores europeos que estuvieron de paso por las tierras del Plata, cosechando fortuna y renombre.

Edición: Civetta, maría Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Texto: Urquiza Almandóz, Oscar, “Hace 140 años. Un pintor olvidado” Diario “La Calle” 18 de marzo de 1997. 

 

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