El Pronunciamiento en Concepción del Uruguay, según sus actores directos

Plaza “General Ramírez”

El Pronunciamiento fue la culminación pública de los trabajos secretos que se gestaron a través de varios años, el Gobernador Urquiza había pensado efectuar el acto de alzamiento contra la tiranía rosista el 25 de mayo de 1851, en homenaje a la fecha patria que unía a todos los argentinos; y como efemérides que iba a simbolizar simultáneamente el comienzo de la Independencia y el inicio de los trabajos constituyentes.

Pero razones circunstanciales -evitar que los preparativos, conocidos por Rosas, pudieran ser cruzados- modificaron los planes, adelantando en varios días la ceremonia. Sin ocuparme de los precedentes ideológicos y de los jalones que marcaron el proceso, voy a presentar de manera correlativa varios testimonios sobre el acto que tuvo lugar el 1° de mayo, uno de ellos inédito.

A fines del mes de abril de 1851, el joven secretario político del Gral. Urquiza, Dr. Juan F. Seguí -que como tantos otros hombres que rodeaban al mandatario impulsaban a éste a decidirse sin más dilaciones-, según propia declaración fue quien obtuvo el ansiado pronunciamiento público. Cuenta en sus “Memorias” que en aquellos días se vivía un ambiente festivo con motivo de unas carreras de caballos que habían congregado a varios jefes entrerrianos y correntinos, y dice:
“En una de esas noches invité al Gral. Urquiza a seguir la serenata, y dándome el brazo marchamos entre la ciudad a recorrer algunas calles del Uruguay. En cada bocacalle se detenía la música, y una mitad de tiradores hacía una descarga.

Aprovechando aquella oportunidad inicié algunos; vivas diferentes de los acostumbrados en reuniones análogas, y sin mueras, lo que principió a llamar la atención. Poco a poco mis vivas eran más significativos y la población que nos acompañaba se iba enardeciendo y el entusiasmo aumentaba por grados.

¡Mueran los enemigos de la organización nacional!, dije, y todos me rodearon para preguntarme qué había. -¡Muera el traidor al Pacto Federal de 1831, y ya no quedó duda de que el blanco era Rosas. El Gral. Urquiza me dijo en voz baja: –No me comprometa, mire que si Rosas me lo pide tendré que mandárselo.  Comprendí que el General estaba convencido, y para no dejar escapar la ocasión, de regreso ya en la plaza, esforcé mi voz y lancé la exclamación siguiente:
-¡Excomunión eterna a los tiranos! ¡Muera el tirano Juan Manuel de Rosas!
— ¡Sí, contestó el General, muera el tirano Juan Manuel de Rosas! Lo que
sucedió en ese momento no puede describirse. La multitud se lanzó hacia
el General, y levantándolo en peso, exhaló un grito uniforme, sonoro y prolongado: –¡Muera el tirano Rosas! Las lágrimas corrían de todos los ojos. El General, que también lloraba, fue llevado en triunfo hasta la Comandancia y luego a su casa.” (Juan Antonio Solari, “De la Tiranía a la Organización Nacional”, 1951).

Palacio San José, entrada posterior (Foto: Omar Gallay)

Así es como quedó todo dispuesto para que el día 19 de mayo tuviera lugar una solemne ceremonia. Un alumno del flamante Colegio Entrerriano, relató años más tarde: “La víspera del pronunciamiento se notaba en la residencia del Gral. Urquiza (estancia de San José) un movimiento extraordinario. Habían concurrido allí gran parte de los jefes del Ejército de Entre Ríos y muchos orientales y correntinos. A las cuatro de la mañana del 1° de mayo de 1851 se tocaban dianas en el campamento de San José, y momentos después los cuerpos se ponían en marcha con dirección a Concepción del Uruguay, marchando detrás, a pocas cuadras de ellos, el Gral. Urquiza con un numeroso Estado Mayor, compuesto de jefes entrerrianos, correntinos y orientales.

Juan Francisco Seguí

Al coronar una de las altas cuchillas, los rayos de un sol espléndido brillaban en las lanzas de los cuerpos en marcha, alumbrando el rostro de los que muy pronto debían ser vencedores de las tiranías que humillaban los pueblos del Río de la Plata. Era un día espléndido. La Naturaleza parecía
regocijada del acto solemne que iba a tener lugar, anunciando a los pueblos argentinos que pronto iban a romperse las cadenas de una sangrienta y larga tiranía. Poco después de las doce del día, los cuerpos que habían salido del campamento de San José, y un batallón de cívicos, componiendo una división de las tres armas, formaban en la plaza de Concepción del Uruguay. Algunos momentos después, en el centro de la extensa plaza, al pie de la pirámide erigida a la memoria del Gral. José Francisco Ramírez, tenía lugar la proclamación solemne del pronunciamiento contra Rosas, leyendo el Dr. Juan Francisco Seguí, el elocuente vocero de la libertad en aquella memorable cruzada, la declaración solemne del primer acto oficial de la gloriosa revolución.

Terminada la lectura de ese importante documento, se hizo una salva de artillería, a la vez que dos bandas de música tocaban el Himno Nacional. Inmediatamente después se distribuyó una proclama firmada por el Gral. Urquiza dirigida al pueblo y al Ejército. Esa proclama había sido redactada por el mismo Dr. Seguí. (Martín Ruiz Moreno, “La revolución contra la Tiranía y la Organización Nacional”, 1905).

Un error se deslizó en la versión precedente: el Dr. Seguí, de poca salud, si bien redactó el memorable decreto, no lo leyó personalmente, encargándose de esto un joven de distinguida familia, Pascual Calvento, seguramente de voz más potente. Fue este mismo quien en el año 1915, ya anciano, contó aquel momento histórico que le tocó vivir, a un grupo de estudiantes que como todos los años, iban a saludarlo el 1° de mayo, y que uno de ellos difundió después como sigue:

“Entré a la plaza General Ramirez escoltado por un batallón de artillería, a cuya cabeza iban tambores y clarines.

La noticia del pronunciamiento se había difundido por todo el pueblo, que estaba reunido en enorme número en el centro, ahí al lado de la columna. Cuando llegamos allí, frente al Colegio Nacional, los clarines hicieron un toque acompañado de un redoble de tambores. El silencio que precedió era tremendo. El abanderado levantó tan alto como pudo la bandera argentina, y entonces, en medio de un silencio impresionante, empecé a leer el bando. El momento que siguió, yo no lo puedo describir. Hombres y mujeres se abrazaban llorando, vivas atronadores a Urquiza y a su ejército y mueras al Tirano. ¡Qué sé yo!
Aquello parecía una cosa de Dios… ¡Dios mío, qué entusiasmo! El que vio eso ya se podía morir, porque nunca volvería a ver otra cosa parecida.

Era de tardecita y cuando la noche empezó a caer se organizó una serenata, que delirante de entusiasmo recorrió el pueblo, recogiendo las bendiciones de todos, que lloraban de agradecimiento. ¡Qué día aquel!” (Isaac E. Castro en “Caras y Caretas” del 13 de noviembre de 1920, transcripta en Comisión Nacional de Homenaje, Urquiza. El juicio de la posteridad, Buenos Aires, 1921).

Acto seguido de efectuada la ceremonia principal en la plaza, un pregonero muy jovencito se encargó de difundir por toda la villa la trascendental decisión, conforme al documento inédito que sigue a esta reseña.

En cuanto a lo ocurrido al caer la tarde de esa histórica jornada, veamos cómo la pluma de D. Carlos Terrade describió el cierre de los festejos desde el periódico La Regeneración del 4 de mayo: “El viernes a las siete de la noche súbitamente se armó una serenata, compuesta de la población en masa y precedida de las dos elegantes bandas militares de la guarnición.

Justo José de Urquiza

“La columna formada por el pueblo rompió su marcha en la plaza General Ramírez, llevando en su centro, simbolizando el gran corazón de un cuerpo inmenso, invencible, glorioso, predestinado a la obra providencial de la restauración de los principios sociales y cristianos de la República del Plata, al invicto Urquiza. Era de verse la falange tremenda que formaban a su lado los Virasoro, Velázquez, Palavecino, Urdinarrain, Basabilbaso, Almada, Arredondo, Paso, Berón, González. López (Jordán) y otros muchos bravos del Ejército Entrerriano y Correntino reunidos y fraternizando en torno del grande hombre cuya espada por doquier resplandece, y a todos los guerreros como el sol a los astros oscurece. La serenata recorrió las calles principales de la ciudad, parándose en diversos puntos y entonando estrofas del Himno Nacional y del entrerriano a las que se hacía coro con tremendas y simultáneas vivas que surgían del entusiasmo de la convicción de cada uno.

“Fueron momentos solemnes aquellos. (…) asomó al labio, resonó en los aires la inmensa maldición vibrada acumulada, pronunciada por el odio ya rencor de todo un pueblo de hombres libres contra la tiranía y el Tirano; contra el degüello y los degolladores; contra la expoliación y los que engordan con ella; contra el embrutecimiento y la barbarie, con todos sus efectos de prostitución, de degradación y esclavitud. ¡Oh! La tierra, la tierra argentina que pisábamos en esos momentos parecía estremecerse con supremo regocijo al escuchar los gritos de sus hijos, que victoriaban a los hombres y a las cosas proscriptas. (…) Todo eso y mucho más fue elocuentemente expresado en los vivas siguientes, que entre infinitos pronunciados en la serenata recordamos y transcribimos: ¡Viva la Confederación Argentina!, ¡Mueran los enemigos de la Alianza de los pueblos! ¡Viva Urquiza y Virasoro! ¡Abajo el enemigo del Pacto Federal! Una voz: ¡Los pueblos no pueden existir sin leyes, garantías y libertades! ¡Viva el invicto Urquiza que las sostiene, defiende y restaura!, ¡Muera el Tirano! ¡Viva la alianza federal de los pueblos argentinos! ¡Muera el traidor a su confianza! ¡Viva la restauración de los principios en ambas Repúblicas del Plata! ¡Abajo el tirano que los conculca, ataca y destruye!” (Leandro Ruiz Moreno, Centenarios del Pronunciamiento y de Monte Caseros, Paraná, 1952).

La carta que sigue demuestra que el Pronunciamiento no fue un impremeditado arranque de entusiasmo circunstancial, sino que se trató de un proyecto largamente madurado, tal como surge de una entrevista que Vázquez mantuvo con el Gral. Urquiza en 1849. En esta fecha el mandatario entrerriano mostró su ánimo ya predispuesto a la lucha contra la Tiranía.

El autor del testimonio, nacido en Montevideo, se radicó en Entre Ríos, donde con el tiempo ocupó los más altos cargos en la Administración de Justicia de la Provincia. La epístola dirigida al Dr. Ruiz Moreno cuando éste reunía datos para componer la obra citada más arriba –y en cuyo archivo se encuentra-, contiene ligeras variantes de los anteriores relatos, producidas como en esos casos por el transcurso de los años; pero de ella; y del conjunto de las versiones utilizadas, puede tenerse una idea bien completa acerca de lo que ocurrió en aquella fecha.

“Compañero y amigo: Acuso recibo a su apreciable 26 del corriente. Ud. me obliga a hacer gimnasia intelectual al recordar detalles de sucesos ocurridos hace más de medio siglo. He estado meditando por muchas noches sobre aquellos magnos sucesos para coordinar mis ideas, y después de torturar mi memoria apenas puedo ofrecerle los siguientes detalles.

Vista aérea de la ciudad a fines del S. XIX

“Lo grandioso del Pronunciamiento no está en la pobre localidad en que tuvo lugar, pues Ud. sabe lo que era esto hace medio siglo, ni en el aparato de que se le revistió, muy pobre en verdad, sino en la concepción de la idea y en su feliz ejecución; cuando Entre Ríos flanqueado, puede decirse, por Rosas y Oribe, pudo ser arrasado por estos dos malvados sin que los aliados, Montevideo y Brasil, hubieran podido hacer nada por esta tierra generosa. Pero Dios ciega a los que quiere perder, y Oribe no se movió del Cerrito, donde capituló, y Rosas de Caseros.

“El Pronunciamiento tuvo lugar de once a once y media de la mañana del día 1° de mayo: el vecindario se reunió en la Comandancia Militar, y de allí se dirigió a la habitación de D. Francisco de la Torre, esposo de la Sra. Da. Teresa de Urquiza, donde esperaba el Gral. Urquiza, Gobernador entonces de la Provincia. Incorporado el General, la columna popular se puso en marcha, haciendo alto en cada bocacalle, donde se leían los siguientes documentos: Una circular de Rosas a los Gobiernos de todas las Provincias, renunciando la dirección de las relaciones exteriores y los asuntos de paz y guerra para que había sido expresamente autorizado, alegando el mal estado de salud, el cúmulo de trabajo y responsabilidades, más que todo, su abatimiento por la pérdida de su amada Encarnación.
“La Resolución del Gobierno de Entre Ríos aceptando la renuncia de Rosas reasumiendo la arte de soberanía que había sido delegada; y una proclama explicando estos sucesos, incitando al pueblo a poner término a estos hechos vergonzosos, excitándolo a reconquistar por las armas sus libertades comprometidas.

“Después de la lectura de estos documentos se hacía un disparo de cañón con una pequeña pieza que acompañaba la columna popular. Este inolvidable día fue el primero en que en las calles de una ciudad entrerriana se oyeran mueras a Rosas y Oribe con los epítetos más vergonzosos. Al lector de los documentos, entonces un niño, Ud. lo conoce.

“Acompañaban al Gral. Urquiza muchos jefes y oficiales de la Provincia de Corrientes, aliada de Entre Ríos en la heroica empresa, el Gral. Gregorio Aráoz de Lamadrid, los coroneles Galarza, Almada, Palavecino, Basavilbaso, C. Arredondo, J. A. Reyes, M. Caraballo, Barragán, E. Castro, M. Pacheco, y oficiales como Panelo, Posadas, etc.

En esos tiempos publicábase en esta ciudad un periódico titulado “La Regeneración” redactado por D. Carlos Terrada, que fue puede decirse el portavoz de la revolución, donde Ud. encontrara los documentos más importantes de la época. Más tarde, yo reproduje en “El Uruguay”, periódico de nuestro amigo el Gral. Victorica, los principales documentos en forma como para ser cortados y encuadernarlos como libro. A esa ciudad mandábanse muchos ejemplares, pero era en tiempo del Gobierno de la Confederación.

“Este hecho culminante del Pronunciamiento no nació en un día: yo recuerdo que a fines de 1849, recién llegado de Montevideo, pasé por “San Jose” a saludar al General, y éste se interesó en saber los detalles más ínfimos de lo que pasaba en la heroica ciudad; referí todo lo que sabía con el interés del que defendía la causa de sus hermanos.

“El General se rió mucho y disculpó a mis juveniles años todas las inconveniencias que tal vez dije, Y concluyó muy formal diciéndome: -Mire, yo me habría pronunciado ya en defensa de Montevideo si no hubiera allí tantas legiones de extranjeros.

Síntesis del Pronunciamiento del 1° de mayo: Setenta y ocho días después, el día 18 de julio, las Divisiones entrerrianas al mando del Gral. Urquiza echaban dianas en Paysandú, y una División de 1.000 orientales al mando del Gral. Servando Gómez se presentaban dispuestos a acompañarlo, y el 8 de octubre, ochenta y dos días más, la paz se firmaba en el Peñarol sin haberse tirado un tiro.
Confórmese con lo dicho hasta aquí y complete sus datos en fuentes más autorizadas. Se repite affmo. Amigo. Juan Vázquez

Edición: Civetta María Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Fuente: Juan A. Vázquez, “El Pronunciamiento en Concepción del Uruguay”, Primer Congreso Nacional de Historia de Entre Ríos, Resúmenes de trabajos presentados, 1982

 

 

 

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