Historia de un libro y de un chantaje

Libro original, del año 1866

Nota: Esta publicación es un artículo inédito del Prof. Celomar Argachá, cedido para su publicación por el Centro Cultural Urquiza en la persona de su Presidente Hugo Barreto.

Historia de un libro y de un chantaje

Realmente es conmovedor viajar por Salta, donde todos sus habitantes, en forma unánime, elogian y enaltecen Ia figura de Martin Miguel Güemes; de la misma manera ocurre en La Rioja donde exaltan las virtudes de su caudillo Facundo Quiroga; nada distinto ocurre en Santa Fe con Estanislao López e incluso con los porteños que admiran al dictador Juan Manuel de Rosas, el “patrón de los ríos”, el dueño de la Aduana única de los porteños y el jefe de los estancieros de la provincia de Buenas Aires. De la misma manera podemos hablar de otras provincias, donde sus héroes son figuras tomadas como ejemplo.

Sin embargo en la provincia de Entre Ríos el General Justo José de Urquiza, que fue primero figura destacada como caudillo provincial y luego como impulsor de la institucionalización del país. Sin embargo no es elogiado, ni defendido, ni admirado por muchos entrerrianos, por el contrario es denostado por quienes gozaron y gozan de una gran Constitución, por sus enormes aportes a la educación, fundando este primer colegio laico del país y convirtiendo a Entre Ríos en la segunda provincia de la Nación en importancia.

Cuál es el motivo? Sin duda el poder porteño, especialmente el económico, que no le permitió ni le permite que un hombre del interior haya terminado con la aduana, nacionalizándola, es decir poniéndola al servicio del país y que con la libre navegación de los ríos interiores terminé con el sojuzgamiento económico que las provincias debían pagar a Buenos Aires impuestos para entrar y salir con sus mercaderías.

Esto no fue perdonado por sus enemigos, tanto unitarios como federales, porque trató de romper con el hegemonismo porteño, Qué hicieron? Pagaron a un corrupto hombre que trabajaba en la Secretaria privada de Urquiza, que por supuesto no era el ayudante principal, para que escribiera una obra contra el “Señor de San José”. Fue realizada por Juan Coronado, llamada “Los Misterios de San José”, donde en forma crítica y malintencionada dice de todo del General Urquiza, realmente algunas son barbaridades, utilizando la palabra traidor en cada capítulo, Io acusa de todo aquello que hasta hoy se  repite de él y que los entrerrianos reiteran lastimosamente sin saber el origen de esta inequidad.

Esa obra fue publicitada en todos los diarios porteños, porque detrás estaba desde Mitre y otras figuras relevantes que acompañaron Ia publicación del libro para desprestigiarlo al hacedor de la república, proporcionándole incluso algunos redactores especializados y dinero para la impresión de 2.000 ejemplares, cantidad enorme para la época de una publicación.

Pero Juan Coronado cometió un grave error. A través de amigos de Urquiza ofreció retirar la obra de la imprenta, devolver los documentos hurtados del escritorio privado del General Urquiza y además exigió una importantísima suma de dinero, muchísimo para la época. Un verdadero chantaje.

El General Urquiza conoció el contenido del libro a través de su yerno Benjamín Victorica y de su hijo Diógenes y también por las gestiones de algunos de sus amigos para que la obra no se hiciera pública, a Ios cuales desautorizó de inmediato y le encomendé a sus parientes y abogados, iniciar un juicio al perverso secretario.

Todo este proceso de extorsión e intimidación fue expuesto por el Profesor Manuel E. Macchi en 1962 en una obra titulada “Historia de un libro”, con abundante y esclarecedora  documentación, donde muestra y demuestra la infamia de la obra que muchos entrerrianos repiten, sin defender a quien no sólo terminó con la dictadura de Rosas sino que, teniendo todo el poder en sus manos, decidió darle al país una Constitución, naciendo así la Republica.

Sobre este hecho extorsivo deberíamos hablar mucho más para entender, comprender y desagraviar Ia figura de Urquiza, que no solamente no es defendida por los entrerrianos, sino que por contrario apoyamos y sostenemos las falsedades del hegemonismo unitario porteño que como sabemos es defendido por el rosismo y sus adláteres, representado por la aduana (mica y Ios hacendados y terratenientes bonaerenses.

Alaban a Rosas como campeón del nacionalismo y a Urquiza como vendepatria, cuando la realidad es inversa. El primero firmó tratados de amistad y comercio con Ias grandes potencias (lnglaterra y Francia), privilegiándolas económicamente, pero cuando el segundo firmo alianza con el gobierno portugués del Brasil para derrotar al dictador, que no reconoció ningún tratado anterior, como la independencia de Paraguay y el Uruguay, sin embargo Io llamaron títere de otros imperios.

Es decir que en la tierra del General Urquiza, donde se hizo realidad una Constitución Federal, con mandato presidencial no reelegible, democrático, con Poderes independientes, prefieren a quién obtuvo y mantuvo “facultades extraordinarios” primero, propio de toda “dictadura” y después solicito la “suma del poder público”, transformándose en una “tiranía”.

Sin embargo hay entrerrianos que prefieren lo último, criticando a quién se esforzó para que económica y políticamente fuera la segunda provincia del país en importancia; con una industrialización en crecimiento; con la presencia do colonos que emigraron de Europa para explotar nuestro fértil suelo con inmigrantes suizos; con la llegada de intelectuales que habían tenido que emigrar pero que lentamente decidieron venir a Entre Ríos, donde se habían creado establecimientos para formar los futuros dirigentes, especialmente el primer colegio laico de Argentina como fue el Colegio del Uruguay y que por último, que como dijo Beatriz Bosch, Entre Ríos era un “remanso de paz”. Urquiza después de haber paseado heroicamente su famosa caballería por la provincia, por otras hermanas y la Banda Oriental, sostuvo y mantuvo el sistema federal.

Entre Ríos, los entrerrianos en general, deben manifestar apoyo y ponderar Ia labor desarrollada por quién hizo de nuestra tierra un Iugar habitable, con tranquilidad, con trabajo y sostener, al igual que sus hermanas, al caudillo que se transformó en estadista, dándose cuenta tempranamente que las peleas entre hermanos sólo llevan al caos, a la anarquía, al atraso, a la pobreza, a la miseria y a la muerte. Una muestra de ello fue la muerte prematura del líder y las guerras jordanistas que terminaron en una fisura, una división, que llevo años superar y precisamente ellos reivindican estos procederes que terminaron por empequeñecer a nuestra patria chica. No se pide una Lealtad obsecuente o genuflexa, pero si un reconocimiento a pruebas evidentes.

Concepción del Uruguay, muy especialmente, debe sentir orgullo y pasión para defender al que hizo de nuestra ciudad la capital de la provincia y el centre político mas importante del país. Todas sus grandes construcciones lo tuvieron a él en forma activa y no reconocer su obra es una forma de criticar o al menos de ignorar.

Es incomprensible Ia existencia de un revisionismo retrogrado, admirando a quién tanto daño hizo a nuestra provincia y sus hermanas, pero también a quién representa los intereses y recibió los beneficios de un gobierno centralista, representante de los ricos hacendados y terrateniente de Buenos Aires, creador de una fuerza parapolicial (la mazorca) para reprimir a todo aquél que pensara o actuara distintos a quién Ia conducía.

Que Buenos Aires lo tenga como caudillo ponderado a Rosas nos parece hasta normal pero que un entrerriano admire y elogie a quien con tanto empeño quiso quebrarla económicamente a Entre Ríos, no nos parece adecuado.

Por eso escribimos este articulo para mostrar que el desprestigio que canalizaron los dirigentes porteños se realizó a través de un libro, solventado y publicitado a través de los medios capitalinos más importantes de aquel entonces, pero que no tuvo otro objetivo que difamar y menospreciar a Urquiza, ya que algunos le llamaron y le llaman a su residencia del Palacio San José “la guarida del tigre”, es decir una especie de refugio o cueva donde vive un depredador sanguinario. Sabemos que esa imagen fue la que trataron los porteños de crear y que otros desaprensivamente hoy repiten.

Creemos que fue todo lo contrario e incluso el que utilizó esa frase se vio conmovido de cómo vivía el caudillo, con adelantos técnicos y agua potable distribuida en red que ni siquiera conocía la Capital, profesores de inglés, francés, música para sus hijas, un hermoso y arbolado  jardín, llegando a decir sorprendido “Ahora si me siento Presidente”.

Si los entrerrianos no defendemos nuestros caudillos federales qué puede esperarse de quienes solo lo conocen a través de la obra señalada al comienzo de este artículo. Muchos Iectores ni siquiera lo saben y a muy pocos les intereso hacerlo conocer. Con verdades a medias no se hace la historia sino con documentos e investigaciones serias. Pretendemos que todos los hagan para tener el reverso y anverso de la moneda, pero los uruguayenses no lo necesitamos porque podemos palpar y ver cotidianamente la obra del general tan sólo caminando por nuestras calles, donde se puede apreciar, a cada momento, su formidable labor pionera. (Por Argachá, Celomar)

 

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