Urquiza Almandoz, el ciudadano ilustre de Concepción

Prof. Oscar Urquiza Almandoz (Foto: El Miércoles Digital)

(Colaboración: Lic. José Vernaz). Oscar Fernando Urquiza Almandoz, nació el martes 2 de febrero de 1932, en la ciudad de Concepción del Uruguay, en el día de Nuestra Señora de la Candelaria. Sus padres lo llamaron Oscar, teniendo en cuenta que en el santoral católico, al día siguiente se celebra la fiesta de este santo. El nombre de Fernando, fue elegido en honor a su padre. El sábado 12 de marzo de 1932 fue bautizado en el templo de la Inmaculada Concepción por el Padre Ignacio Jacob. Sus padrinos fueron Salustiano Urquiza y Vicenta Almandoz de Fernández. Por entonces, el párroco era el Padre Andrés Zaninetti.

Oscar Fernando Urquiza Almandoz es descendiente de Cipriano José de Urquiza, hermano del Organizador de la República. Fue hijo único de María Raimunda Almandoz y de Fernando Urquiza. Su mamá fue maestra de grado en la escuela Avellaneda y su papá director de comunicaciones del correo. Cuando Oscar tenía 6 años de edad, su padre falleció de cáncer. Al enviudar, su madre va a vivir a lo de su abuela materna junto a su tío, soltero, que era farmacéutico de la farmacia “Almandoz y Peano” (negocio que desarrollaba sus actividades desde el año 1888, en la esquina de calles San Martín y Alem.)

Cursó el 1º grado inferior en la Escuela Nº 93 “Santiago del Estero”,  más conocida como Escuela Bezzi. Posteriormente, hizo el 1º grado superior en la Escuela Normal “Mariano Moreno”. Allí continuó el resto de la primaria y todo el secundario, graduándose de Bachiller y Maestro Normal. Su carrera terciaria transcurrió en la ciudad de Buenos Aires, en el Instituto de Profesorado “Mariano Acosta”. Se recibió de Profesor en Letras cuando contaba solamente 21 años de edad.

Caricatura de Urquiza Almandoz, realizada por Juan Carlos Sito, en El Miércoles, 2001.

Con 27 años recién cumplidos, el 17 de febrero de 1959, recibió el sacramento del matrimonio junto a Mary Beatriz Esquivo, en el templo “María Auxiliadora” de nuestra ciudad. Presidió la ceremonia el Padre Alberto Metz, primer cura párroco de dicha comunidad. Ambos tuvieron la bendición de un hijo, quien junto a su esposa, prolongaría la dicha en nietos.

En el ámbito futbolístico, era simpatizante de Independiente de Avellaneda, en lo nacional. Mientras que en el plano local,  alentaba a Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguay. Solía frecuentar el estadio “Manuel y Ramón Núñez”, pues gustaba de asistir a los partidos de fútbol en los que “El Lobo”  jugaba en su cancha.

Desempeñó su carrera docente por espacio de cuarenta años, en ámbitos como: el Histórico Colegio del Uruguay “Justo José de Urquiza”; en el Profesorado de Concepción del Uruguay “Mariano Moreno”, más tarde en el IES (Instituto de Enseñanza Superior) “Victoria Ocampo”; en la UCU (Universidad de Concepción del Uruguay); y en la UTN (Universidad Tecnológica Nacional) Facultad Regional Concepción del Uruguay. Se jubilaría de su labor profesional en el año 1993.

Célebre historiador, vinculado a diversas organizaciones académicas. Especialmente, se destaca su participación en la Academia Nacional de la Historia al haber sido elegido académico en 1968, con tan sólo 36 años de edad, convirtiéndose en el miembro más joven del país.

Primera edición de la “Historia de Concepción del Uruguay”

Escribió obras vinculadas a la historia nacional y provincial. Entre ellas, merece citarse con especial predilección a la Historia de Concepción del Uruguay. Es una obra desarrollada en tres tomos. Fue editada en ocasión del bicentenario de la fundación de la ciudad de Concepción del Uruguay en 1983,  reeditada en el año 2002 y editada por tercera vez en 2019 con el apoyo del gobierno municipal. La misma es el resultado de un gran esfuerzo personal y familiar, ya que, sacrificaba fines de semanas, feriados, posibilidades de vacaciones, resignando así tiempo para compartir con su esposa e hijo. Tan magnífica obra fue elaborada a lo largo de unos veinticinco años, dado que, simultáneamente desarrollaba clases y escribía otras publicaciones. Esta investigación lo llevó a recorrer archivos locales, como el de la Municipalidad de Concepción del Uruguay, el del Museo “Delio Panizza”, el del Palacio San José y el de la Basílica de la Inmaculada Concepción. También, visitó otros archivos fuera de la ciudad, tales como los de Buenos Aires, Gualeguaychú, Paraná, Santa Fe y Corrientes, entre otros. Él mismo fue quien se abocó a la tarea de pasar en limpio la obra en su casa; proceso que le insumió los dos últimos años previos a su conclusión.

Sería difícil enumerar en pocos renglones sus galardones y reconocimientos a nivel nacional e internacional, o bien, detallar la inmensa cantidad de realizaciones en favor de la cultura y la educación, tanto en el campo histórico como en el de la lengua y la literatura.

La cultura de Buenos Aires a través de su prensa periodística, Historia económica y social de Entre Ríos y La cuestión capital, son algunas de sus tantas y variadas publicaciones. Desgraciadamente, no pudo concluir el último de sus proyectos: Vida y obra de Manuel Urdinarrain. Sus problemas de salud le impidieron concretar este anhelo.

Urquiza Almandoz ha afirmado que el estudio de la historia debe hacerse desde la contextualización de los acontecimientos, para no pecar de anacrónicos. Y que un buen historiador debe de evitar las filias y las fobias si quiere transmitir una historia objetiva y equilibrada.

En el lustro final de su vida, su salud se tornaba cada vez más frágil. Y, se resintió severamente tras el fallecimiento de su compañera inseparable, sostén y fortaleza de todas sus horas,  aquel  29 de noviembre de 2017.

En las primeras horas del miércoles 12 de junio de 2019, Concepción del Uruguay se conmovía al saber que aquel ciudadano ilustre, el gran historiador, ya no estaría más entre nosotros. El día 13 de junio, mientras el féretro se retiraba de la casa fúnebre, se descolgó una intensa y copiosa lluvia. Parecía como si la ciudad sobre la que él escribiera la mejor de sus historias, lo despedía emocionada y agradecida. El cortejo fue recorriendo calles cuyos nombres habían salido en repetidas ocasiones de sus labios en sus magistrales clases: Artigas, Ereño, San Lorenzo, San Martín, hasta llegar al campo santo. Lugar erigido en octubre de 1856, por aquel hombre que cautivó su vida, aquella personalidad cuya labor tantas veces se encargara de pregonar, el Gral. Justo José de Urquiza.

Quienes gustamos de la investigación, le continuaremos mostrando nuestra admiración en tanto y en cuanto sigamos indagando y explorando apasionadamente pero con el compromiso de ser responsables y minuciosos en este trabajo. A todos, nos compete rendirle un perpetuo homenaje divulgando sus obras, la mayor parte de las cuales han tenido como eje la gran labor del Gral. Urquiza, personaje a quien tanto admiró y a quien – para los que tenemos la certeza de la fe cristiana – ya conoce personalmente en la eternidad.

Acompañamos el hondo pesar de quienes lo despiden con dolor, pero con la esperanza cierta del reencuentro. A toda su familia, llegue nuestra sincera gratitud por haberlo compartido con toda una ciudadanía que se ha visto beneficiada por sus invalorables aportes.

Permitámonos llorar la partida de nuestro eminente profesor y elevemos una confiada oración por su descanso eterno luego de tan fecunda labor.

Lic. Prof. José Alejandro Vernaz (Centro Cultural “Justo José de Urquiza”)

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